Discriminación: la otra cara de la desigualdad

Las víctimas deben atender dichas acciones, las mismas que en su conjunto son políticas que reproducen la discriminación y las injusticias; esas personas que son categorizadas como peligro no son más que producto de las lógicas depredadoras del Capitalismo.

Discriminación
Discriminación

Nos han engañado. La ‘aldea global’ que se profetizó en el siglo XX y la noción del ‘fin de la historia’ con su consecuente resignación al capitalismo innato al humano no fueron más que una justificación para la construcción de un sistema económico integrado hacia todos lados y en todas las direcciones.

Lo que se vive actualmente con los procesos de segregación, racismo, xenofobia y discriminación a nivel internacional no son más que la otra cara de la moneda que la globalización nunca se interesó en integrar dentro de sus dinámicas. De allí que la discriminación encarne diversas formas de materialización, sin embargo, ¿cuáles son las bases de su construcción? Eso es lo que en esta entrada se indagará para dar atención a uno de los problemas internacionales que en los últimos años ha incrementado desafortunadamente para mal.

Los cambios en el mundo de la vida: reconfiguración espacial y cultural

La globalización trajo consigo un conjunto de reglas propias para la libre circulación del capital, no obstante, conforme se abrían las puertas al libre flujo de dinero, también se cerraban las puertas para la libre movilidad de las personas. No es sorpresa que las grandes migraciones se hayan vuelto un objeto de estudio, sino un problema diplomático y cultural ya que los Estados-Nación han identificado que las barreras geográficas circunscritas a la Política han dejado de ser útiles.

No se puede seguir restringiendo al sujeto dentro de límites emanadas de nociones territoriales que no encuadran con la libertad que se profetiza en el Capitalismo. El problema que se presenta ante la globalización es que no se le notificó a la gente que este proceso sería más que una cuestión económica; se pretendía tener productos de diferentes latitudes, pero manteniendo las relaciones asimétricas de poder entre el centro y la periferia.

Las sociedades se centraron en mantener su desarrollo hermético, sin que existieran procesos de integración e inclusión más allá de la económica, por ello la discriminación cultural que yace en Europa y América Latina es resultado de procesos de segregación y defensa ante la otredad. Es el miedo continuo de perder la identidad propia y colectiva ante la llegada de ‘ajenos’ lo que permite que haya una resistencia contra lo nuevo, contra aquello que siempre estuvo allí, pero alejado, sin posibilidades de llegar o de presentarse ante el sujeto que lo conocía de palabra, pero no en carne.

Enojo, injusticia, impotencia y otros sentimientos se presentan en ambas partes, es decir, en los que discriminan y quienes son discriminados; es la noción de cambio e inclusión lo que fundamenta a los victimarios para realizar acciones diplomáticas que no permiten la homogeneidad cultural y social que tanto se pretendía llevar a cabo después de ser económicamente abiertos, competitivos y en constante expansión.

Las víctimas deben atender dichas acciones, las mismas que en su conjunto son políticas que reproducen la discriminación y las injusticias; esas personas que son categorizadas como peligro no son más que producto de las lógicas depredadoras del Capitalismo. Su movilidad no es espontánea ni carece de sentido, es la lucha constante por una mejor condición, la utopía individual que mueve al sujeto, lo que obliga al individuo a separarse de su grupo social para materializar otra vida.

Los campos para refugiados, los centros de migración y todas aquellas políticas afirmativas (Young, 2012) que son promovidas por los Estado-Nación no son más que la antesala de la desigualdad; se priva al sujeto de la posibilidad de una mejor opción de vida porque es ajeno y extranjero, pero además existe otro elemento característico: su condición económica.

Ajeno y pobre: la maldición de las migraciones del siglo XXI

Migraciones internacionales
Fuente: https://histogeomapas.blogspot.com/2017/07/movimientos-migratorios-actuales.html

Así como la movilidad del campo a la ciudad, las migraciones culturales entre países se dan por cuestiones políticas, ambientales, sociales y económicas. Es esta última la que en mayor medida ha generado discursos que dan paso a la discriminación: la idea de que la otredad viene como depredadora y modificadora del statu quo es lo que deriva en xenofobia; la pérdida de empleo, que tengan una mejor vida, que puedan ser y vivir como uno del ‘nosotros’ genera conflicto porque no lo merecen, porque en esa discriminación existe una resistencia que emana de la desigualdad estructural innata al sistema actual.

El miedo al otro surge no porque sea ajeno, sino porque está en búsqueda de una mejor vida, igual que todos los demás. Los ejemplos sobran: el discurso de Estados Unidos hacia la ola migratoria latinoamericana (México y Centroamérica) se basa en la idea de que los que vienen se quedarán con el trabajo y las mujeres; en México sucedió lo mismo con las caravanas provenientes de Centroamérica en búsqueda del sueño americano ya que entre la sociedad mexicana surgió todo un discurso xenofóbico por el miedo a perder empleo, por la asignación de recursos económicos para ayudarles en su tránsito, por la posibilidad de que se quedaran en México…

Sin embargo, una arista que sustenta fuertemente este miedo es de corte económico ya que la otredad que quiere llegar, la que está presente en mayor medida en el mundo de la vida es aquella que no posee un ingreso económico propio que le permita presentarse y representarse ante la sociedad en la que se inserta. Si como menciona Pedro Lemebel (La conjura, 2017) en su poema Manifiesto (Hablo por mi diferencia) “Pero no me hable del proletariado/ Porque ser pobre y maricón es peor”, lo cierto es que la noción económica es un detonador de conflicto en un mundo que se ha construido en gran medida a la imagen y semejanza del Capital.

Lo anterior no sólo es la necesidad constante de diferencia, sino de una confrontación con lo distinto (Han, 2018) que es de hecho una consecuencia de la lógica de acumulación; los flujos migratorios se deben a cuestiones geopolíticas por la disputa de recursos naturales o por la constante dinámica de creación-destrucción (Berman, 2011) que se materializa en la guerra hacia todos lados y en todas direcciones (Carral, 2006).

En cualquier caso, son los desplazamientos forzados por las palancas de acumulación las que potencian la necesidad obligada de movilizarse, de aventurarse a otras realidades y por supuesto, de enfrentar procesos de deshumanización generados por aquellos que viven en la gran aldea y cuyos filtros sólo permiten el ingreso de mercancías selectas.

Bibliografía

Berman, M. (2011). Todo lo sólido se desvanece en el aire. México: Siglo XXI.

Han, B.-C. (2018). La expulsión de lo distinto. Barcelona: Herder.

Lemebel, Pedro (2017) Manifiesto (Hablo por mi diferencia). En línea: http://laconjuradeloslibros.com/pedro-lemebel-poema-manifiesto/

Torres Carral, G. (2006). Poscivilización: guerra y ruralidad. México: Plaza y Valdes.

Young, J. (2012). El vértigo de la modernidad tardía. Buenos Aires: Didot.

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Profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de México (UNAM)

Formado en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e Ingeniería Agrónoma, Especialización en Sociología Rural en la Universidad Autónoma Chapingo (UACh).

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