Diálogos para un feminismo de los pueblos

Entrevista a Francisca Fernández Droguett y Lorena Garrón Rincón.

feminismo de los pueblos
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DescargarEn esta entrevista queremos aprovechar la coyuntura ofrecida por la temática del dossier para invitar a dos activistas feministas de diferentes contextos para que nos puedan ofrecer, en diálogo, sus experiencias, conocimientos y reflexiones. En la conversación hemos partido de cada una de las experiencias concretas de nuestras invitadas para analizar la cuestión del feminicidio, acompañando el dossier de este número de Iberoamérica Social, así como la importancia de las políticas públicas y educativas como clave para el combate preventivo del feminicidio. En concreto, en esta conversación vamos a confrontar el contexto español como referente de los grandes avances de la lucha feminista occidental, con el caso chileno, uno de los principales actores en las revueltas antigubernamentales del último año, en los que se pusieron sobre la mesa las diferentes dimensiones del feminismo latinoamericano, desde el medio ambiente hasta la lucha transnacional coordinada. El objetivo es señalar y compartir diferencias, similitudes, vivencias y necesidades con la vista puesta en un acercamiento entre el feminismo europeo y el latinoamericano, hacia un feminismo de los pueblos.

Nos acompañan desde Chile Francisca Fernández Droguett, integrante del Comité Socioambiental de la Coordinadora Feminista 8 de Marzo y del Movimiento por el Agua y los Territorios; desde España Lorena Garrón Rincón, Concejala Delegada de Feminismos y LGTBI del Ayuntamiento de Cádiz y militante de Anticapitalistas.

Iberoamérica Social (IS): Empezamos con una pequeña presentación para contextualizar nuestra charla. ¿Cómo perciben y viven el feminismo en sus respectivos contextos locales y continentales, sobre todo en los últimos años donde, si por un lado se está hablando más de feminismo, gracias a los grandes movimientos sociales, a las grandes manifestaciones, al #metoo, …, por el otro se ha afirmado y sigue afirmándose un cierto conservadurismo y autoritarismo en la política y en la sociedad?

Francisca Fernández Droguett (FFD): Hola, soy Francisca Fernández Droguett, integrante del Comité Socioambiental de la Coordinadora Feminista 8 de Marzo y del Movimiento por el Agua y los Territorios (Chile). Creo algo importante a destacar es la forma que hemos ido posicionando un feminismo de los pueblos, que nos acerca a nociones como el feminismo comunitario, territorial o del Abya Yala. Nos pensamos desde un feminismo anclado en las vivencias territoriales, tanto de nuestros cuerpos como desde los espacios en que habitamos. Es por ello que un feminismo de los pueblos es asumirnos diversas, que estamos cruzadas y entretejidas por diversas realidades, y que en América Latina, el ser indígena, negra, migrante, campesina o de un sector popular, nos marca como mujeres, niñas y disidencias sexo-genéricos, y en ese marcaje nos reconocemos como herededas de memorias y luchas de nuestras ancestras.

Francisca Fernández Droguett - Entrevistada

En mi caso me he ido acercando cada vez más al eco.feminismo, un feminismo socioambiental del carácter anti-extractivista, en que nos hemos ido dando cuenta, desde las luchas territoriales por el agua, que el extractivismo es una economía masculinizada, en que las mujeres, niñas y disidencias somos las más afectadas en torno al despojo y la contaminación de los ecosistemas, en que se nos ha considerado como un objeto a ser explotado al igual que la Naturaleza.

No ha sido fácil establecer este vínculo, ya que también podemos observar que existe una tendencia a ciertas prácticas autoritarias desde el propio Estado y los partidos políticos tradicionales, en que se invisibiliza las diversas opresiones que nos cruzan, minimizando el carácter estructural de la actual crisis ecológica y sanitaria.

En Chile estamos en Revuelta desde Octubre del 2019, el 08 de marzo fuimos casi dos millones de mujeres y disidencias movilizadas por todo Chile, y en todo este proceso no hay duda que el feminismo ha sido un elemento sustancial para la configuración de una alternativa ante la precariedad de nuestras vidas en un país donde se consolidó el neoliberalismo.

Lorena Garrón Rincón (LGR): Buenas, yo soy Lorena Garrón Rincón, activista feminista desde hace muchos años e integrante del Café Feminista de Cádiz desde su creación en 2018. Soy también Concejala Delegada de Feminismos y LGTBI del Ayuntamiento de Cádiz y militante de Anticapitalistas.

En el Estado español, el feminismo tuvo su auge a finales de los 70` y principios de los 80`, después de la dictadura. El Partido Socialista Obrero Español se ocupó en los siguientes años de cooptar al movimiento y muchas de las líderes de entonces se institucionalizaron y abandonaron los principios del feminismo o, al menos, de un feminismo de clase. Se dieron muchos años en los que el movimiento feminista fue minoritario, y donde los colectivos feministas eran vistos como mujeres radicales que nada tenían que ver con el resto de la población.

Lorena Garrón Rincón

El 2014 el ministro de la derecha, Alberto Ruiz-Gallardón intenta aprobar una ley en contra del aborto, mucho más restrictiva que la que teníamos (que no era, ni es muy buena). Mujeres de muchos colectivos sociales, partidos, de forma individual…nos unimos para parar esa ley y ¡lo conseguimos! Y no sólo eso, sino que hicimos dimitir al ministro. Era la primera vez que eso pasaba y lo había conseguido el movimiento feminista. A partir de ahí, el movimiento feminista empezó a hacerse fuerte, pero aún nos costaba calar en la sociedad con normalidad.

Durante estos años se fueron fraguando varios movimientos que no se reconocían como feministas, pero que, protagonizados por mujeres, en el fondo sí lo eran: movimiento por la vivienda, lucha de la Kellys, etc. Esto y el empuje de otros países, dio lugar a la gran movilización de marzo de 2018.

En los meses previos, empezamos a ver la creación de muchos colectivos, especialmente jóvenes. Algunos de ellos iban muy ligados a las redes sociales y a las vivencias personales de las compañeras, otros los fueron conformando gente que se había ido a casa durante años o que nunca había participado en nada, fruto no sólo de cómo estaba el movimiento feminista, sino también la política española en general. A partir de ahí, el movimiento ha tomado mucha fuerza, se ha ido extendiendo y asumiendo muchos planteamientos que venían de otros movimientos: ecologismo, anticapitalismo, antiracismo…y en la sociedad se han ido normalizando nuestras líneas políticas.

Pero no todo es maravilloso. En toda Europa la extrema derecha ha ido subiendo. Aunque en el Estado español se ha ido frenando, las ideas antifeministas, racistas, etc. se han ido propagando por la sociedad y hay un movimiento muy fuerte en contra del feminismo, tanto a nivel político como a nivel social.

IS: En Iberoamérica Social, hemos decidido crear un dossier especial sobre feminicidios porque sentimos como urgencia la necesidad de hablar del tema. Los feminicidios son el culmen más atroz de un sistema de violencia y abuso estructurado hacia las mujeres. Un término aún poco utilizado y aceptado por la comunidad políticas, por los medios de comunicación, que aún tienen dificultad en ver las causas estructurales que llevan a este crimen. ¿Cuáles son, para vosotras, las políticas públicas y educativas fundamentales para luchar activamente en contra de la violencia de género en todos sus aspectos?

FFD: Toda política pública y educativa para luchar activamente en contra de la violencia de género en todos sus aspectos implica primeramente problematizar respecto a este tipo de violencia. Lo primero que se debe señalar es que responde a una violencia estructural, dada por la precarización de la vida las mujeres, niñas y disidencias sexo-genéricas en todas sus dimensiones. Lo segundo, es que en tanto es estructural, más bien deberíamos llamarle violencia patriarcal, ya que es producto de un sistema-mundo de opresión y explotación, que articula todas las violencias, a través del control y el dominio por sobre los cuerpos de las mujeres y de todas las identidades que no responden al patrón hegemónico (hombre, blanco, propietario, heterosexual, ….). Si bien son los hombres quienes violentan, no podemos descontextualizar sus prácticas y su origen, debemos situar esta violencia en una forma de vida, un modelo político y económico que violenta día a día, que trasciende a lo que podríamos llamar violencia machista.

Francisca Fernández Droguett - 2Entender los feminicidios en el marco de la violencia patriarcal nos plantea el gran desafío de entretejer acciones micro y macro para un cambio social de raíz. Es posicionar la idea que a las mujeres y disidencias se nos mata por el sólo hecho de ser quienes somos, producto de relaciones históricas de poder y dominación que nos han ido cosificando e invisibilizando, pero sobre todo configurando un ideario de propiedad hacia nosotras, lo que termina en ciertos casos en una política del desecho. Somos objeto de explotación, de deseo, pero también de muerte.

Luchar contra la violencia patriarcal requiere necesariamente, como primer gesto, reconocer esta realidad, que además cruza todas las esferas de la vida, y no sólo a las mujeres, sino a todos quienes sobran, quienes no son funcionales ni productivos para este capitalismo neoliberal, como por ejemplo abuelos y abuelas, migrantes, personas que viven en la calle. Sólo basta ver cómo estos sectores han sido los más expuestos a los efectos de la pandemia actual del Covid-19.  Es reconocer que quienes son más precarizadas y violentadas son las mujeres y disidencias de pueblos originarios, afro, migrantes, campesinas y de sectores populares, sobre todo los cuerpos racializados. Por ello toda política pública y educativa contra los feminicidios requiere transformaciones de fondo, desde un carácter multidimensional, que exceden a la propia política institucional pero que también sitúan la violencia en esa política.

Creo profundamente en un plan de cuidados y autocuidados desde las propias mujeres y disidencias organizadas en sus territorios, desde un feminismo de los pueblos como señalé anteriormente. Sólo los pueblos cuidan a los pueblos, lo que ha quedado claro bajo la inoperancia de los estados latinoamericanos ante la expansión del Coronavirus. Esto implica generar rondas, círculos de ayuda mutua en los barrios, en los campos, de manera periódica, desde colectividades organizadas en contra la violencia patriarcal. Pero también implica interpelar a los propios estados, ampliando las casas de acogida a mujeres y disidencias que han sido violentadas, exigiendo la aplicación de protocolos y sanciones en torno a las denuncias, para que sean efectivas. Pero insisto, en Latinoamérica las políticas públicas y educativas son deficientes, y en algunos casos inexistentes, por lo que las organizaciones feministas y territoriales han sido un pilar fundamental para abordar esta temática.

LGR: Hemos visto cómo, a lo largo de nuestra Historia reciente, la violencia contra las mujeres no ha descendido, a pesar, de que supuestamente, muchos gobiernos llevan décadas poniendo recursos para acabar con esa “lacra”. ¿Cuál es entonces el o los problemas?

El primer problema para mí es que se parte de un error de base. La mayor parte de los gobiernos asume que la violencia de género es algo puntual o que se deriva de las condiciones concretas de determinados individuos. Nada más lejos de la verdad. La violencia de género, violencia machista o violencia patriarcal es un problema estructural y, como tal, parte de una estructura, de un sistema: el patriarcal, del que emanan multitud de violencias, discriminaciones y problemáticas, en las que las mujeres somos el principal objetivo, y si no se cambia el sistema en sí, no seremos capaces de eliminar sus consecuencias.

Lorena Garrón Rincón - 2El segundo problema es creer que el patriarcado opera solo. Podemos hablar de varias teorías, pero en resumen, lo que debemos entender es que patriarcado y capitalismo son la base de nuestras sociedades y del mundo. De esa unión se derivan aún más violencias, discriminaciones y problemáticas, en las que el 99% de las mujeres somos el principal objetivo. Y que a patriarcado y capitalismo se unen múltiples discriminaciones que jerarquizan también a las propias mujeres.

El tercer problema (y aquí me detengo con los problemas porque la pregunta iba sobre las soluciones) es que la derecha, especialmente pero no sólo, creen que la principal solución de la violencia machista y de los feminicidios pasa por la vía judicial o penal, endureciendo las penas de los agresores. Está más que demostrado que esto no reduce la violencia machista, entre otras cosas, porque como venimos diciendo, estas violencias tienen una base mucho más profunda y múltiples dimensiones.

Las soluciones, por tanto, pasan por asumir que el problema es estructural y que hay que acabar con sus raíces. Pasan por asumir que todos los campos de la vida hay que mirarlos con una perspectiva feminista y pasan por asumir que todo el mundo tiene un papel en la erradicación del patriarcado y sus consecuencias: el Estado, pero también, y especialmente, la sociedad.

En ese sentido, las políticas públicas tienen que ir dirigidas a garantizar las condiciones materiales de las personas (eso hace que las mujeres puedan ser independientes económicamente y autónomas), a eliminar las discriminaciones y precariedad laboral que sufrimos las mujeres y las personas LGTBI, y hacer posible la compatibilidad del trabajo con la vida; configurar las ciudades para que la movilidad y el disfrute en ella sean posibles para todas las personas; eliminar toda publicidad vejatoria o de cosificación de las mujeres; implantar un sistema educativo que eduque en el feminismo, en los cuidados, en las emociones; poner recursos transversales para aquellas mujeres que hayan sufrido violencias machistas…

Pero esas políticas también pasan por hacer partícipes a las mujeres, y a la población en general, de la configuración de dichas políticas y no coartar la participación de la sociedad en la configuración de su propia realidad. Pasa por no perseguir, ni criminalizar, sino facilitar la autoorganización y autodefensa de las mujeres.

IS: Por lo que habéis comentado, parece que se suele hablar de violencia de género como una emergencia, y nunca se ofrece un plano orgánico de acción. Ahora que estamos viviendo otra emergencia, una sanitaria causada por el COVID19, nos chocamos diariamente con la evidencia de que esta violencia está arraigada en nuestra sociedad.

Las mujeres están sufriendo especialmente las consecuencias de esta pandemia. Por un lado, la cifra de feminicidio y de abusos están aumentando (según el OMS las llamadas de ayuda han aumentado del 60%), y por el otro lado, las mujeres son las que más carga mental están teniendo en este confinamiento y las que se quedarán en casa hasta que las escuelas no vuelvan a abrir. ¿Cuál es la situación en vuestros países? ¿Piensan que existe el peligro de “volver atrás” y que, por culpa de esta “situación especial”, el problema de la violencia de género pase a segundo plano?

FFD: En Chile, al igual que en muchos países del mundo, la violencia hacia las mujeres se ha triplicado. El confinamiento ha develado las diversas violencias situadas en los hogares. Siendo que supuestamente es el espacio de protección y resguardo, la casa para muchas es el lugar cotidiano del peligro, viviendo con quienes le agreden, pero también el lugar del trabajo de los cuidados, lo que se ha visto intensificado y en muchos casos acentuado a causa del tele-trabajo. Hoy miles de mujeres al mismo tiempo que cocinan, cuidan a hijos, enfermos, abuelos, y limpian, se les suma tener que trabajar desde el mundo virtual mediante extensas jornadas laborales, que en algunos casos ocupan todo el día. Pero además las mujeres y disidencias sexo-genéricas nos toca resistir desde lo privado y lo territorial, para organizar y sostener la vida, en un país como Chile, donde la militarización y criminalización de las protestas sociales ante las medidas del actual gobierno de protección a las ganancias, se convierten en las políticas por excelencia de la cuarentena.

Las violencias patriarcales siguen perpetuándose desde la lógica de la protección de los capitales, de las grandes empresas, por lo que se consolidan diversos mecanismos de precarización de las vidas. Es así que las actividades extractivas han ido en aumento, se han elaborado leyes para proteger las ganancias y los negocios de los poderosos de siempre, se ha nombrado como ministra de la Mujer y la Equidad a una sobrina nieta del dictador Augusto Pinochet, entre otras medidas de perpetuación de la desigualdad.

En este devenir el seguir visibilizando las violencias hacia mujeres, niñas, disidencias, migrantes, entre otras colectividades y pueblos, se convierte en uno de los ejes de movilización de las feministas. Pero además hoy la política de los cuidados se ha convertido en un campo de disputa frente al peligro de cooptación por parte del gobierno de Piñera, quien constantemente hace referencia al término apelando a la responsabilidad individual que les recae a las personas frente a la expansión del COVID-19. Es por eso que hemos sido enfáticas, toda política feminista de cuidados es ante todo plurinacional y comunitaria, develando el carácter estructural de la opresión hacia las mujeres, y la politización y territorialización de los cuidados como horizontes posibles de transformación social para terminar de una buena vez con el patriarcado y el capitalismo.

LGR: En todas las crisis los derechos de las mujeres y de las personas trabajadoras entran en peligro. En el sistema en el que vivimos los beneficios de unos pocos está por encima de cualquier otra cosa y nosotras solemos ser las que salimos perdiendo.

Esta crisis no ha sido distinta en ese sentido. Por un lado, hemos visto cómo en la mayoría de casas, las mujeres se han ocupado preferentemente de las tareas del hogar internas, de l@s niñ@s y de las personas mayores. La carga material y mental ha sido enorme, porque no ha podido “liberarse” de ellas en ningún momento. Ahora, que los empleos vuelven a darse presencialmente, tenemos un problema enorme: no sabemos si los centros escolares abrirán, las abuelas (que mayoritariamente cuidaban de sus niet@s) son personas de riesgo, la capacidad económica de la gente ha disminuido en general… ¿quién cuidará de las personas dependientes, especialmente de l@s niñ@s? ¿quién se preocupará de encontrar una solución para dicho problema?

Pero no sólo está la crisis de los cuidados, que se ha puesto de manifiesto de una forma brutal durante este tiempo. Es que vemos también como la crisis del COVID-19 ha afectado en muchos otros sentidos a las mujeres: somos nosotras quienes más porcentaje ocupamos en la sanidad y quienes más expuestas han estado al virus y también quienes más imprescindibles han sido; somos nosotras quienes más porcentaje ocupamos en la educación, haciendo malabares para que los niños y niñas puedan sobrellevar esta situación de la mejor forma posible; somos nosotras quienes más porcentaje ocupamos en la ayuda a domicilio, también hiper expuestas al virus e imprescindibles para las personas dependientes…Y todas estas profesiones son, a su vez, las que más recortes han sufrido en los últimos años en el país y las que más precariedad empiezan a sufrir.

Lorena Garrón Rincón - Trabajo

Por suerte, en este momento y sin ser triunfalistas, ni mucho menos, contamos con un Ministerio de Igualdad que se cree su trabajo y un movimiento feminista que, a pesar de la crisis, sigue muy activo. Y, aunque el movimiento ultraderechista está tomando fuerza, confío en que aprovecharemos esta crisis para poner en el centro la violencia de género y los problemas de las mujeres. No creo que la salida vaya a ser, como nos gustaría, una salida feminista pero, al menos, tengo la esperanza de que no daremos pasos atrás.

IS: Todas vuestras respuestas tienen como hilo conductor la invisibilización social de las mujeres: estamos en una lucha constante para visibilizar nuestros derechos y para reconstruir una nueva sociedad donde las mujeres tengan un rol en los procesos decisivos. Me gustaría seguir hablando con vosotras, pero ya se acabó nuestro espacio en la revista. Después de haber mostrado la experiencia de vuestros países, hemos visto que las reivindicaciones en parte son diferentes, aún si el fin es común. Me gustaría saber cómo viene visto el feminismo europeo en América Latina y viceversa.  ¿Cuál es el futuro del movimiento? ¿Hacia dónde tiene que ir la lucha para implementar un feminismo transnacional?

Francisca Fernández DroguettFFD: El futuro del movimiento siempre será en plural, ya que conviven muchos feminismos, y creo que justamente es uno de sus principales aportes, ser tanto un movimiento como un espacio de reflexión situado en contextos determinados. Por mi parte me identifico con un feminismo anticapitalista, anticolonial y antiextractivista, por lo que el horizonte de lucha se sustenta en una crítica estructural hacia la violencia patriarcal, la precarización de la vida de mujeres y disidencias y el racismo.

Considerando lo anterior la apuesta de los feminismos comunitarios, populares y territoriales es justamente articular y consolidar un feminismo transfronterizo, en que el centro sea la lucha contra el patriarcado como sistema mundo, pero también contra las otras formas de opresión, por lo que es una apuesta de transformación para los pueblos, que implica necesariamente el el mutuo apoyo y el (re)conocimiento de nuestras realidades histórica de los sures y nortes globales, y por lo mismo requiere un ejercicio de descolonización del feminismo mediante el diálogo de saberes y haceres.

LGR: Creo que en este momento el movimiento feminista de América Latina está siendo un ejemplo para el movimiento feminista europeo. Cuando vemos las manis, las acciones, etc. nos emocionamos muchísimo. Creo que se está construyendo, al menos en el imaginario, un feminismo internacional, diverso, donde sentimos que cualquier mujer del mundo que lucha por los derechos reales e interseccionales del colectivo, es nuestra hermana.

El futuro del movimiento lo tendremos que ir dibujando. En este momento la sensación es que el fuego que se encendió sigue en llamas, aunque la derecha, el patriarcado y el capitalismo intenten dividirnos y aplastar al movimiento, o adueñarse de él. Sea como sea, el movimiento feminista tendrá que incluir cada vez a más mujeres, a más personas, ya que una de las características fundamentales de éste es su inclusividad, a la vez que le da un papel protagonista a cada una de las subjetividades que conviven en él. Que sea interseccional, que construya lazos internacionales y con otros movimientos deberían ser objetivos primordiales.

Para construir esos lazos tenemos que reconocernos y entender que, en nuestra diversidad, perseguimos objetivos comunes: la destrucción del patriarcado, del capitalismo y de cualquier otra forma de opresión. Si conseguimos tener eso claro en los diferentes lugares del mundo, el movimiento feminista será imparable.

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Laurea Specialistica en Cooperación al Desarrollo por la Universidad de Bologna.

Especialista en Cooperación Internacional y gestión de proyectos.

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