Descentralización en tiempos constituyentes

Una descentralización que no plantee explícitamente un Estado Plurinacional, con derechos sociales universales garantizados (educación, salud, vivienda) y que declare constitucionalmente los Derechos de la Naturaleza, corre el riesgo de ser un mero Estado neoliberal pero de carácter descentralizado

Descentralización en tiempos constituyentes 1
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Chile se encuentra en un momento inédito de su historia, luego de la aplastante
victoria del apruebo en el plebiscito constitucional del pasado 25 de octubre, el
cual ha generado muchas expectativas sobre las grandes discusiones que se
vendrán a nivel país durante los próximos meses.

Una de esas discusiones hace referencia a la necesidad de una profunda
descentralización del Estado Unitario de Chile, la cual ha sido una demanda
impulsada por distintos sectores provenientes de la sociedad civil y de también
partidos políticos.

Es así como las críticas al Estado por su carácter centralizado y burocrático, se
han evidenciado en la gran desigualdad histórica entre Santiago con el resto de
las regiones del país, la cual se puede reflejar en el nivel de ingresos, el acceso al trabajo, a la educación, a la salud, a la vivienda, a la infraestructura y a la misma representación de sus autoridades regionales, las cuales recién en el año 2021 se elegirán de manera democrática por la ciudadanía.
No obstante, si bien uno puede estar de acuerdo con la crítica que se hace, con
respecto a que la toma de decisiones ha estado históricamente en Santiago de
manera hiper presidencialista, ésta se hace completamente insuficiente, en la
medida que no se plantee explícitamente desde qué lugar ideológico estamos
entendiendo la descentralización del Estado.

Planteo esta inquietud, ya que muchos de los sectores que han buscado impulsar
en Chile la llamada descentralización, desde la década de los 80 en adelante, han sido fervientes seguidores del modelo neoliberal impuesto en dictadura y
profundizado en democracia por la elite política imperante, a través de un
regionalismo de mercado.

Los caso de la Corporación para la Regionalización de Chile (CorChile), el
Consejo Nacional para la Regionalización y Descentralización (CONAREDE), la
Corporación Privada del Desarrollo de la Región del Biobío (CorBío-Bío) y la
Fundación Chile Descentralizado, todas ellas impulsadas por nombres como
Claudio Lapostol y Heinrich Von Baer (hermano de Erik Von Baer y tío de Ena VonBaer), han respondido más bien a una descentralización de carácter funcional a los grandes grupos económicos, como ha planteado el historiador Patricio Ruiz Godoy.

De ahí que necesariamente la crítica a la descentralización del Estado, deba ir
acompañada también de una crítica del carácter monocultural, extractivista y
privatizador del Estado, el cual ha usado a los territorios del país como meras
fuentes de extracción de recursos naturales para satisfacer las necesidades de las élites.

Me parece que si no se plantea de esa forma la crítica, la descentralización
terminará siendo una demanda conservadora de ciertos sectores empresariales y
gremiales, lo que podrá derivar finalmente en una mera distribución del poder
político y económico entre las élites de Santiago y del resto de las regiones.
Ante este escenario, lo que se trata es impulsar una descentralización en donde el Estado cambie no solo administrativamente, dándole más atribuciones a los
gobiernos regionales y a los municipios, sino que también su estructura económica y productiva, la cual ha impuesto modelos de desarrollo insostenibles para los distintos territorios, pueblos y comunidades.

Por tanto, no basta un Estado descentralizado, con gobiernos regionales y
municipios fuertes, si a las grandes empresas extractivas nacionales y
transnacionales existentes en el país, no se les ponen límites sociales y
ambientales claros en las distintas localidades, las cuales son literalmente
saqueadas por la mega minería, el negocio forestal, agroalimentario y también
inmobiliario.

En otras palabras, se queda corta una descentralización administrativa que sigue
reproduciendo un discurso centrado en la inversión privada y en una idea de
crecimiento económico ilimitado, sin políticas redistributivas ni ecológicas
consistentes, ya que está condenada a generar un Estado subsidiario 2.0.
Por el contrario, la descentralización tiene que servirnos para frenar, y no para
profundizar una concentración de la riqueza brutal en Chile, vinculada
principalmente a la venta de materias primas y al despojo territorial para explotar
bienes comunes.

En síntesis, una descentralización que no plantee explícitamente un Estado
Plurinacional, con derechos sociales universales garantizados (educación, salud,
vivienda) y que declare constitucionalmente los Derechos de la Naturaleza, corre
el riesgo de ser un mero Estado neoliberal pero de carácter descentralizado.

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mm

Sociólogo, Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable, Magister en Comunicación y Cultura Contemporánea y con cursos de Doctorado en Estudios Sociales de América Latina.

Editor del Observatorio Plurinacional de Aguas.

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