Defender a los niños y jóvenes de la enfermedad y la muerte: los PROFESORES de Chile ante la “educación bancaria” en tiempos de Pandemia.

Los profesores de Chile en este momento crítico solo están dando cuenta de un rasgo fundamental de su vocación y de un “deber ser” que está fuertemente arraigado en su ethos profesional: el amor por su profesión y por los niños y jóvenes a quienes educan.

profesores de Chile
profesores de Chile

El gobierno de Chile no escatima esfuerzos para que los niños, jóvenes y profesores regresen a las clases presenciales. De hecho, se ha usado un conjunto de argumentos y medidas para que las escuelas – empresas, continúen funcionando (emplear recursos para sanitizar las aulas, distanciamiento entre estudiantes, uso obligatorio de mascarillas, etc.) de tal forma que todo continúe su “curso normal” y con ello, no perder el año escolar arguyendo que los educandos están perdiendo oportunidades de aprendizaje que resultarían ser vitales.

En este sentido, la postura del gobierno es bastante clara y elocuente: lo que importa es regresar a la “normalidad”, dar cobertura al currículum escolar, seguir aplicando evaluaciones estandarizadas (SIMCE, PSU, PISA) y también evaluar el desempeño de profesores y escuelas para de esta forma distribuir premios y castigos, en pos de mejorar la calidad de la educación en Chile. Además, es importante para el sistema que no exista un cuestionamiento del orden establecido, que lo más pronto posible “la maquina” siga funcionando, de tal forma que no tengamos la oportunidad de preguntarnos: ¿Qué es la educación? ¿Por qué educamos? ¿Para qué educamos?

Pues bien, en un escenario de educación de mercado, lo realmente importante es la producción y mantener el orden anterior al del estallido social (18 de octubre de 2019) y el de la pandemia. Y esto se logrará a toda costa: sin importar que los niños, jóvenes y profesores se contagien, ya que valdría la pena pagar “un pequeño precio” para lograr retornar a un orden anterior, en donde las fuerzas del mercado reinan y en el que existe una “normalidad” en la que todos consumen educación, producen mercancías y vuelven a consumir objetos que no necesitan. Para los actuales gobernantes de Chile, el mercado no se puede paralizar, sería un pecado capital, ya que van casi 4 décadas de funcionamiento continuo.

Ante esta postura gubernamental que desprecia la vida, reifica a la educación de mercado y desprecia hasta cierto punto la vida de estudiantes y educadores, han sido los propios docentes quienes han levantado la voz y se han pronunciado al respecto: NO VOLVERÁN a dictar clases presenciales hasta que la pandemia sea controlada y hasta que no exista ningún tipo de riesgo hacia la salud y la vida de los niños, jóvenes, sus propios colegas y de las familias que han confiado a los profesores y a la escuela una función tan crucial como lo es la educación.

Esta marcada posición de los profesores chilenos se puede comprender considerando que los educadores se han legitimado como DEFENSORES de la salud y la vida de sus “queridos” alumnos. Lo anterior se ha conceptualizado por la investigación sobre identidad docente como una “vocación apostólica”, un rasgo de su profesión que los empuja a buscar lo mejor para sus estudiantes, poniendo a disposición de éstos, su trabajo profesional, su tiempo de recreación y hasta sus propios recursos económicos para que sus alumnos logren aprender y progresar como seres humanos íntegros.

Sin duda alguna, esta perspectiva de los docentes como “HÉROES” no solo ha emergido durante esta pandemia, ya que históricamente todos quienes han optado por la educación y la pedagogía como campo de desempeño profesional, han considerado que el bienestar, la integralidad y la vida de los niños y jóvenes que están a su cargo, son de su responsabilidad. Es por ello, que ante un ESTADO IRRESPONSABLE que busca arrojar a su suerte a todos los actores educativos en un escenario en donde cunden las preguntas, la incertidumbre, la tensión y el miedo de contagiarse y de eventualmente perder la vida, es que el profesorado vuelve a recodarnos uno de los aspectos más relevantes del acto de educar: el aprendizaje para la vida, de tal forma de humanizar y dotar de sueños y esperanzas a quienes no las tienen. Para los profesores siempre “los niños estarán primero” y no como rezó cierta propaganda neoliberal que defiende este gobierno.

Y no, no hay que “endiosar” a los maestros y maestras de Chile, como tampoco hay que sacar conclusiones simplistas y apresuradas como: los profesores “son flojos” y no quieren volver a las escuelas, ya que en este escenario cada docente con las clases vía online, tiene que lidiar con distintas dificultades en sus casas y compatibilizar el trabajo y su vida cotidiana en un panorama incierto en el que se encuentran con mayor frecuencia, hoy más que nunca ansiosos y tensos. Los profesores de Chile en este momento crítico solo están dando cuenta de un rasgo fundamental de su vocación y de un “deber ser” que está fuertemente arraigado en su ethos profesional: el amor por su profesión y por los niños y jóvenes a quienes educan.

Esperemos que esta emergencia sanitaria, nos lleve a reflexionar sobre el valor de la vida, de la educación y de quienes educan a nuestros niños y jóvenes. No solo se requieren reconocimientos que se quedan en el discurso, se necesitan mejoras en el desarrollo profesional docente, en la formación inicial y principalmente en un salario de quienes dan su vida por la educación de las futuras generaciones.

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Profesor de educación primaria, Magíster en educación mención dificultades del aprendizaje, Doctor (c) en Educación.

Temáticas de interés: Políticas educativas, Sociología de la educación, inclusión escolar, justicia social, derechos y desarrollo del profesorado.

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