Cultura y Economía: entre la expropiación cultural y la falsa conciencia

Buena parte de las culturas de los Pueblos Originarios en México y América Latina se han visto inmersos en este proceso como una forma de subsistencia económica, pero también como consecuencia de las políticas públicas que tienden a incorporar el turismo en zonas rurales o con vestimentos históricos.

expropiación cultural
expropiación cultural

La cultura como campo de investigación se ha vuelto un tema complejo no sólo por las disciplinas desde las cuales se estudia, sino por las interrelaciones que se configuran dentro de un mundo en constante comunicación, interconexión y globalización.

No obstante, es justamente en ese nuevo escenario donde no sólo se encuentra la Cultura, sino todo el conjunto de actores, prácticas, intereses y finalidades que ciernen sus raíces para reivindicar una cosmovisión alterna a la occidental-capitalista o para insertar nuevos ciclos de acumulación en lo que Marx definió dentro de la superestructura.

Clase alta y la masas

Desde la Escuela de Frankfurt se identificó el avance del capitalismo en el seno de la cultura bajo la inserción de las industrias culturales para iniciar de procesos de mercantilización y producción en serie de ciertos elementos para una gran parte de la población. De allí que Adorno hablara de los procesos de decadencia de la Alta Cultura por productos seriados carente de lo que se venía desarrollando por las bellas artes; de acuerdo con Benjamin, era el proceso de la pérdida del aura sobre la originalidad y sentido cultural de las obras. De allí que se hable de producción en serie para una masa de personas que las consumirían.

No obstante, esa crítica emanada de un proceso de mercantilización también reviste una dinámica de diferenciación entre lo que la ‘cultura’ debería ser: la Alta Cultura estaba en riesgo no sólo de ser desplazada por lo mercantil, sino que esto daba paso a que otras formas y productos culturales ascendieran de la marginalidad histórica y económica en la que se habían encontrado.

Es por ello que la Cultura encuentra allí su primera condicionante, es decir, a qué se le puede llamar cultura y desde dónde esa cultura realmente representa las cosmovisiones y prácticas que las sustentan a nivel local, regional, nacional o universal. De esta manera, la idea de cultura debe desmontarse de una existencia de Alta Cultura, ya que su condición no es más que el resultado de un proceso histórico entre las diferentes percepciones del mundo que confluyen en un sistema económico que ha caracterizado sus lógicas como depredadoras.

El término de ‘Bellas Artes’ encarna el proceso de la lucha de clases en constante disputa en el plano cultural en tanto que aquello que es considerado verdaderamente cultura no es más que el conjunto de elementos culturales que las clases dominantes han implantado para su paulatina aceptación en las clases alienadas (Althusser, 2007). Es decir, que quienes detentan el poder del Estado y los Medios de Producción desplegarán todo su arsenal simbólico y cultural para alienar a las clases oprimidas o en proceso de organización; cuando un obrero se siente culto por incluir la cultura dominante y defenderla mediante la desvalorización de otras prácticas, entonces se produce lo que Marx definió como falsa conciencia.

Así se presenta lo que realmente debe ‘ser’ la cultura en Occidente, que para fines prácticos es parte de la cultura centralizada en Europa, por lo que los países inmersos en la lógica occidental sean por gusto o procesos históricos de conquista (como en América Latina), deben aprender no sólo una historia mayoritariamente ajena, sino prácticas y elementos que les son socialmente indiferentes.

Para ello hay que referirse a la metáfora de Paulo Freire sobre los procesos de aprendizaje, donde a los alumnos se les enseña/explica con certezas, cuando en su habiente de desarrollo social, su vida cotidiana, no existe ese elemento… ese es el proceso de desplazamiento y construcción de falsa conciencia.

Esto no sólo se presenta en el caso occidental y particularmente europeo, sino también en los países latinoamericanos donde existe una alteridad cultural diversificada en los pueblos originarios.

Así, América Latina se consolida como el campo en disputa no sólo con la reivindicación de los culturalmente disidente, sino contra las prácticas actuales que le dan sentido a procesos de mercantilización del folk.

Entre la reivindicación y la expropiación cultural

En el caso mexicano, mucho se ha hablado e investigado sobre los procesos culturales alternativos que existen entre los Pueblos Originarios; su inserción en la historia e identidad nacional ha sido en parte de conmemoración en los museos; se enaltece la noción de indígena o grupos prehispánicos como si ellos ya no estuvieran presentes en la realidad mexicana, como si sólo se mantuvieran en el imaginario colectivo… y eso se debe no sólo al papel que el Estado ha desarrollado para integrarlos en la sociedad moderna, sino a los Museos como espacios aglutinantes y enajenantes de las culturas que en un momento histórico tuvieron su esplendor.

Y es que los Museos no sólo aglutinan parte de la historia de cualquier nación, sino que la concentración de reliquias, monumentos y elementos históricos deja de lado la extracción de ese sentido a las personas que lo reivindican. Uno de los casos más emblemáticos de esta extracción histórica se puede observar en el traslado del monumento de Tláloc (Dios de la Lluvia) del lugar de descubrimiento al Museo de Nacional de Antropología en la actual Ciudad de México. Una vez más vemos que la ‘cultura’ no sólo se define desde políticas públicas o lucha de clases, sino también con procesos de centralización de recursos económicos, culturales y simbólicos en las metrópolis.

Hablar de reivindicación y expropiación cultural debe hacerse desde la noción económica en tanto existen elementos culturales que sirven para cultivar al hombre y otros que sirven para su mercantilización mediante productos que encarnan la lógica del capital, más que la reivindicación de diferentes modos de ser/estar en sociedad.

La reivindicación cultural debe ser entendida como procesos de incorporación de elementos culturales dentro de la vida de las personas que la sustentan mediante las prácticas en la vida cotidiana que las implican. Las políticas públicas más allá de extraerlas para su exposición en centros de cultura (los cuales representan espacios simbólicos que dan sentido a una diferenciación entre lo que sí es cultura) deben fomentar su reproducción en los espacios donde se requieren, es decir con los individuos que la sustentan y en los contextos donde encuentran.

Por otro lado, entender la expropiación cultural (Olmedo, 2018) es un proceso que incluye la extracción de elementos culturales para insertarlos en lógicas de producción mercantil. Buena parte de las culturas de los Pueblos Originarios en México y América Latina se han visto inmersos en este proceso como una forma de subsistencia económica, pero también como consecuencia de las políticas públicas que tienden a incorporar el turismo en zonas rurales o con vestimentos históricos.

De esta manera, la aparente reivindicación mediante procesos turísticos para generar crecimiento económico socava la cultura que en esos espacios se reproduce. Las artesanías poco a poco dejan de ser producidas por artesanos y pasan a ser parte de la producción en serie; nos encontramos en un nuevo proceso de mercantilización, esta vez no de arriba hacia abajo, sino de abajo hacia arriba.

Conclusiones

La cultura se encuentra en un proceso de cosificación y materialización para su venta. Es necesario identificar que, en cada sociedad, la noción de lo que verdaderamente se considera como cultura responde a procesos históricos, sociales, políticos y económicos que van depurando ese campo para poder crear nociones compartidas dentro del Estado-Nación.

Sin embargo, en ese proceso de intervención y construcción de la identidad colectiva, se da paso a la conformación de procesos asimétricos sobre la selección ya que es de facto arbitraria. Mientras que algunos factores son seleccionados como parte de las ‘bellas artes’ otros más se desplazan a un campo económico como forma de subsistencia cultural y material, por lo que es necesario crear políticas que equilibren por un lado la presentación de todas las formas culturales que encarnan la diversidad que radica en cada país, como el caso de México, y por otro lado, la cada vez descentralización de la cultura en las ciudades… la gente no debe llegar a la cultura, sino la cultura a la gente.

Bibliografía

Althusser, L. (2007). Ideología y Aparatos ideológicos del Estado. México: Quinto Sol.

Olmedo Neri, R. A. (2018). La sociedad de consumo: mercantilización de la cultura rural mexicana (2000-2015). México: UNAM: Tesis Licenciatura. Obtenido de: https://www.academia.edu/38444583/La_sociedad_del_consumo_mercantilizaci%C3%B3n_de_la_cultura_rural_mexicana_2000-2015_

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Estudiante en Maestría en Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Formado en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) e Ingeniería Agrónoma, Especialización en Sociología Rural en la Universidad Autónoma Chapingo (UACh).

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