¿Cuál es el límite de la libertad económica?

El liberalismo económico (siglo XVIII) es la doctrina económica desarrollada durante la ilustración (que se desarrolló desde fines del siglo XVII hasta el inicio de la Revolución Francesa), formulada de forma completa en primer lugar por Adam Smith y que reclama la mínima interferencia del Estado en la economía del siglo XIX.

Adam Smith (1776, La riqueza de las naciones), consideraba al ser humano como un individuo cuya única motivación es huir del dolor y buscar el placer , lo que le hace conducirse como empujado por una mano invisible hacia el bien común cuando se le deja en libertad,  sin interferencias del Estado.

El escritor venezolano Fernando Salas Falcón presenta al neoliberalismo económico, paradigma que mantiene el monopolio de las currículas de todos los cursos de economía en la actualidad, mediante el siguiente  el decálogo:

  1. Defienden un mercado altamente competitivo.
  2. Aceptan la intervención del Estado en la economía, como árbitro o promovedor de la libre competencia.
  3. Se oponen al acaparamiento y a la especulación.
  4. Se oponen a la formación de monopolios y oligopolios
  5. Se oponen a la fijación compulsiva de salarios por el Estado.
  6. Rechazan la regulación de precios por el Estado, ya que deben fijarse en base a la relación oferta/demanda.
  7. Se oponen a la creación compulsiva de empleo.
  8. Se oponen al gasto público burocrático.
  9. Defienden el libre comercio internacional.
  10. Defienden la libertad de contratación del trabajo y la libre movilidad de los factores de producción.

Pero, ¿por qué los “los creyentes” de la economía neoclásica no pronuncian reclamos sobre el último punto, específicamente sobre la libertad de  los trabajadores a desplazarse libremente a través de las fronteras internacionales?

La realidad actual demuestra como de la mano de los avances en las telecomunicaciones globales se producen aumentos en la velocidad y en la cantidad de los capitales financieros, así como también un incremento en la proporción de la producción de servicios que se desplazan entre países, debido a que es cada vez más rentable, para las grandes empresas, por ejemplo, trasladar sus sistemas de contabilidad hacia los países en desarrollo.

Sin embargo, los mercados laborales nacionales persisten como compartimentos cerrados con fronteras fuertemente protegidas –generando reservas laborales nacionales dentro de sus propias fronteras–, para cuando sea necesario liberar exportaciones de fuerza de trabajo –con destino a  aquellas actividades que son inmovibles–, con el objetivo de bajar los salarios de los trabajadores y sabotear el papel de los sindicatos.

Mientras que cada vez es más fácil para el capital moverse libremente de un mercado laboral a otro,  mayores son los controles a los trabajadores para que puedan cruzar una frontera para acceder a un nuevo empleo. ¿Por qué ningún liberal exige que se respete el punto 10, la libre movilidad del factor trabajo?

No es que porque falten evidencias de motivaciones de huidas del dolor y búsqueda del placer. Como prueba de estos podemos remitirnos a los siguientes artículos –entre los abundancia existente-, considerados al azar:

Reino Unido prepara más controles y más vallas frente a la crisis migratoria

Europa levanta siete vallas contra el mayor éxodo humano desde la II Guerra Mundial

Las ‘devoluciones en caliente’ ya son legales