Crítica a la política desde una perspectiva tecnoenergética y ecológica (II)

El pilar fundamental que impide un verdadero progreso y un profundo cambio ideológico es el elemento en torno al cual se centran o enfocan todas las acciones que, para el caso, es el ser humano.

Crítica a la política desde una perspectiva tecnoenergética y ecológica (II)
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critica a la politica desde una perspectiva ecológica

En el escrito anterior, se abarcó y expuso la brecha existente entre la ciencia y la política, específicamente, quienes están en posesión del poder y por ende están en capacidad de tomar grandes decisiones. Dicha brecha es solo una parte del mundo político por lo que aquí se tratará de los partidos/movimientos políticos y sus ideologías, de los gobiernos y su formación, del Estado y de su ley fundamental por el que se rige, es decir, la Constitución.

Los partidos políticos son identificados como de izquierda y derecha. Sin entrar en el análisis del discurso de éstos, la actual izquierda busca o procura el bienestar, justicia e igualdad social, dentro del capitalismo mundial en un claro marco antropocentrista-desarrollista. Sin embargo, ante la bien conocida crisis ecológica (Latouche, 2009), la izquierda ha tomado partida y se ha identificado en este campo, adaptando dentro de su ideología el desarrollo sostenible. Estas consideraciones habrían tenido sentido en el siglo pasado bajo las circunstancias socioeconómicas, tecnológicas, políticas y ambientales del aquel entonces, no obstante, dadas las agravantes del presente siglo, aquello ya no tendría cabida. La izquierda de hoy se halla en una cadena de contradicciones que por una parte ponen en cuestión la propia ideología que predica y por otra, debilita y merma la capacidad y acción política una vez en el poder.

El pilar fundamental que impide un verdadero progreso y un profundo cambio ideológico es el elemento en torno al cual se centran o enfocan todas las acciones que, para el caso, es el ser humano. Los movimientos de izquierda de manera general mantienen el antropocentrismo, el cual tuvo origen en el siglo XVI al mismo tiempo que se daba paso a la Modernidad. Al adaptar en su ideología de base cuestiones como el desarrollo (tal como se lo concibe en la actualidad) y en consecuencia el desarrollo sostenible y/o sostenibilidad, los partidos de izquierda o aquellos que se autodenominan ecologistas caen en contradicción. Para la izquierda el ser humano sigue siendo el ser supremo, dejando en segunda instancia la naturaleza con lo cual no se procuraría un verdadero equilibrio entre el mundo natural y antropogénico. Lo segundo es que, como ya ha sido expuesto por varios autores, el desarrollo sostenible es un oxímoron y un pleonasmo, un invento más para mantener el capitalismo, que en conjunto con la búsqueda del crecimiento económico, ahonda y agrava más la crisis ecológica (Latouche, 2009; Kallis, 2018). Como lo señala este último autor, “a new Left has to be an ecological Left or it won´t be left at all”.

Un tercer punto a exponer es que se cree que la tecnología es la panacea y la solución a los problemas actuales. Sin dejar de negar sus contribuciones, la tecnología y su modelo de desarrollo tiene más perjuicios que beneficios (Kallis, 2018). Paralelamente a esto, y debido a las mismas contradicciones, los partidos de izquierda han impulsado las mismas contradicciones que han dado paso a que se conciban de manera errada y mal interpreten otras alternativas al desarrollo. En el caso de Ecuador, que a través del discurso político, se puso a la par y como sinónimos el desarrollo sostenible y buen vivir ambas totalmente diferentes en sus contenidos. De esta manera, es claro que la izquierda como tal tiene que darle un giro rotundo a su ideología de base; pasar del antropocentrismo al ecocentrismo, dejar de procurar el extractivismo, un desarrollo y crecimiento constante; procurar una nueva manera de alcanzar un verdadero estado de bienestar, en equilibrio con el planeta en el que podamos satisfacer nuestras necesidades básicas. Colocar todo los esfuerzos en procurar un estado de bienestar a la par que se contaminan y destruyen los ecosistemas no tiene lógica alguna, ya que al afectar nuestro entorno y el medio natural del cual nos beneficiamos, nos perjudicamos directamente (MEA, 2005). Por tanto, el bienestar de la naturaleza es bienestar para el ser humano y no al revés. En el marco de lo expuesto, una vía posible es el ecosocialismo que compagina el ecocentrismo con principios marxistas pero que excluye el productivismo (Lowy, 2012). Por supuesto, ser de izquierda o derecha es algo meramente humano; la naturaleza no tiene ideología. Los problemas ecológicos actuales no deben ser solo preocupación de unos cuantos sino de todos por lo que, la existencia de partidos políticos como los ya constituidos alrededor del mundo con su ideología, estarían en disonancia con lo que acontece mundialmente. Parecería ser que luego de cuatro siglos, el antropocentrismo estaría llegando a su fin.

Los partidos y movimientos sociales-políticos no son la única esfera en la que harían falta posibles cambios. Comprendido como el conjunto de instituciones las cuales tienen la autoridad y potestad para establecer normas que regulan una sociedad (Gordon, 2002; Hay, 2001), el Estado fue conceptualizado desde los tiempos de Platón y debido a los diferentes acontecimientos históricos, ha tenido procesos de transformación, llegando a constituirse lo que se conoce como un Estado de bienestar (moderno) a mediados del siglo XX. Desde aquel entonces, la estructura y el funcionamiento del Estado no han tenido una evolución importante, a diferencia de las sociedades y su comportamiento, las cuales han ido modificando sus dinámicas en el tiempo sobre todo por la presencia del mercado. Los Estados se componen básicamente de la población, el territorio, la soberanía, además de la ley, autoridades, monopolio del uso legal de la fuerza física y armas (a través de instituciones como policía, ejercito). La ley fundamental del Estado se conoce como Constitución, la cual es definida como el “conjunto de principios, instituciones y normal que fijan la organización de la población y del territorio, instituyen los órganos por medio de los cuales el Estado ejerce sus funciones e intenta la realización de sus fines, señalas la materia de sus competencias y les asignan atribuciones en tales materias” (Torré, 2003)

Dado que el Estado controla el territorio, controla por ende todo el espacio natural y lo que en este se origina. Con ello, el Estado tiene la autoridad para explotar los recursos naturales tanto renovables como no renovables, o en su defecto otorgar concesiones para la explotación de éstos. Es preciso recordar que el capitalismo y el Estado moderno nacieron y se desarrollaron a la par, dando lugar a una relación en la que el segundo ha estado condicionado por el primero (Sánchez Rodríguez, 2015). Ante lo expuesto, el Estado moderno concibe todo el territorio (espacio natural) como un espacio de propiedad privada el cual puede usurpar y explotar cuando considere conveniente para producir en este caso, materia prima, dando lugar a que se lo denomine como Estado capitalista, es decir, el Estado se comporta como una gran empresa privada (Oszlak, 1978). “El capitalismo sólo triunfa cuando es el Estado” cita Sánchez Rodríguez (2015). En efecto, el Estado hace juego con el capitalismo: garantiza 1) la estabilidad social y política para que se puedan llevar a cabo inversiones, 2) protección legal y coactiva de la propiedad privada, 3) un ambiente jurídico estable, 4) infraestructura e instituciones base ineludibles para el desarrollo del capitalismo; 5) se hace cargo de empresas no rentables pero necesarias para el capitalismo y 6) se encarga de crear y mantener instituciones necesarias para el funcionamiento y desarrollo del capitalismo (Sánchez Rodríguez, 2015). Esta condición del Estado ahonda más en la crisis ecológica mundial, ya que al mantener el sistema capitalista, promueve el continuo extractivismo y destrucción de la Naturaleza. “Capitalism requires constant expansion, an expansion predicated on exploitation of humans and non-humans, that irreversibly damages climate” cita en su libro Giorgos Kallis, lo cual tiene base y está en concordancia con lo ya mencionado por K. Marx en su momento: el capitalismo tiende a destruir sus dos fuentes de riqueza, el ser humano y la Naturaleza.

Por otro lado, y a la par del Estado, está la Constitución. Ésta recoge dos principios de la Modernidad: el antropocentrismo y la Naturaleza como objeto de propiedad privada. En base a ello, todas las constituciones modernas separan claramente lo humano de lo no humano, y recogen los derechos a los cuales son acreedores los seres humanos, o bien lo que se conoce en la actualidad como derechos humanos, dentro del Estado de derechos. En este marco, el ser humano es visto como sujeto (Briones Hidrovo, 2015). Si las Constituciones, con rango superior al resto de normas jurídicas, determinan las cualidades y rasgos de los Estados, por tanto, es concluyente que en todos los ámbitos la Naturaleza ha estado y sigue estando en una condición de objeto y que es “legalmente mal herida” (Galeano, 2008; Acosta & Martínez, 2009), es decir, que se otorgan permisos legales para destruir la Naturaleza. En el contexto del sistema capitalista, Gustavo Briones (2015) señala por una parte que “la cosificación impide que se reconozca en las constituciones modernas la existencia de un sistema de vida o, por ejemplo, las cadenas tróficas” y por otra que “…el concepto de naturaleza como objeto es funcional al sistema económico capitalista y su objetivo de mercantilización de todo cuanto existe para lograr la acumulación de capital monetario…” En el año 2008, en Ecuador se produce un hito mundial: se constitucionalizan los derechos de la Naturaleza en la Constitución ecuatoriana, la cual se denomina Sumak Kawsay o Buen Vivir1Concepto filosófico que se define como la vida plena, en conjunto con todos los seres que tienen vida y por tanto con la Naturaleza, lo cual demanda un manejo sostenible de los recursos naturales.; es decir, se reconoce a la naturaleza como sujeto acreedora de derechos, rompiendo así con los esquemas y preceptos del derecho moderno (Briones Hidrovo, 2015). No obstante, llevar a cabo la efectivización de los derechos de la Naturaleza es complejo ya que existirían conflictos con los derechos humanos, además de que dichos derechos son antagónicos a los intereses y valores que se manejan dentro del sistema capitalista. A pesar de las reformas a la constitución ecuatoriana, la madre Naturaleza no ha dejado de ser afectada. Posterior al año 2010, en el país se dieron varias concesiones a grandes empresas para explotación de recursos minerales con la consigna de que ayudaría al desarrollo del país y a alcanzar los objetivos del Buen Vivir. En el 2013, el gobierno de aquel entonces dio fin a la iniciativa Yasuní-ITT que procuraba mantener el petróleo bajo tierra a cambio de una compensación económica internacional. El yacimiento petrolífero se encuentra en la selva ecuatoriana, altamente biodiversa. Debido al fracaso de la iniciativa, el gobierno de turno decidió explotar dicho recurso no renovable. Como parte del discurso político, se dijo que solo se afectaría una mínima parte de la reserva natural en cuestión. A pesar de tener una Constitución tan avanzada, el extractivismo se mantuvo. Con la explotación de los recursos no renovables, vastas áreas naturales serían severamente afectadas, incluyendo recursos abióticos como el suelo y agua. Claramente, tener una Constitución pro Naturaleza no es garantía de nada.

Lo señalado en este escrito desvela que las soluciones a la crisis ecológica mundial no solo pasan por un cambio en el comportamiento humano (como dejar de consumir un determinado producto) sino también por una modificación y reorganización del mundo político-jurídico que está en función del sistema económico capitalista. Se ha visto como, en el caso de Ecuador, los intereses económicos y a razón de procurar un desarrollo, la madre Naturaleza ha seguido siendo objeto de explotación, a pesar de que la Constitución ecuatoriana la reconoce como un sujeto. “…Hacer respetar sus derechos es un deber de una sociedad que está en deuda con ella. Por eso, el compromiso es con la vida, con el sistema natural del cual se es parte” indica Gustavo Briones (2015) en el contexto de la constitucionalización de los derechos de la Naturaleza. Eduardo Galeano (2008) acertó cuando dijo que “si la Naturaleza fuera un banco, ya la habrían salvado”.

Bibliografía

Acosta, A. & Martínez, E., 2009. Derechos de la naturaleza. El futuro es ahora. Primera ed. Quito: Ediciones Abya-Yala.

Briones Hidrovo, G., 2015. El Sujeto Naturaleza: Representación y efectivización jurídica de sus Derechos Constitucionales en Ecuador., Buenos Aires, Argentina: s.n.

Galeano, E., 2008. La Naturaleza no es muda, Uruguay: s.n.

Gordon, S., 2002. Controlling the state: Constitutionalism from Ancient Athens to Today. First paperback edition ed. Cambridge: Harvard University Press.

Hay, C., 2001. Routledge Encyclopedia of International Political Economy. First ed. New York: Routledge.

Kallis, G., 2018. In Defense of Degrowth: Opinions and Minifestos. First ed. s.l.:Uneven Earth Press.

Latouche, S., 2009. La apuesta por el decrecimiento. Segunda Edición ed. Barcelona: Icaria.

Lowy, M., 2012. Ecosocialismo: La alternativa radical a la catástrofe ecológica capitalista. MAdrid: Biblioteca Nueva.

MEA, 2005. Ecosystems and Human Well-being, Washington, DC.: Island Press.

Oszlak, O., 1978. Capitalismo de Estado ¿Forma acabada o transición?, Buenos Aires: s.n.

Sánchez Rodríguez, J., 2015. Sociedad de clases, poder político y Estado., Madrid: s.n.

Torré, A., 2003. Introducción al derecho. 14a ed ed. Buenos Aires: Abeledo Perrot.

Notas   [ + ]

1.Concepto filosófico que se define como la vida plena, en conjunto con todos los seres que tienen vida y por tanto con la Naturaleza, lo cual demanda un manejo sostenible de los recursos naturales.