Crisis ministerial o crisis material. Disputa del poder político en el Perú.

Desde hace algunos años se buscan recetas, líderes y agendas que puedan renovar los partidos que la clase dominante necesita para sostener la democracia lo suficientemente creíble

Kuczynski

El aceleramiento de la descomposición del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski se debe a causas estructurales que al nivel del plano político no han sido tocadas por los medios de comunicación hoy por hoy. En primer lugar, habría que señalar de parte de la clase política peruana de la entrega de la cuestión publica a un grupo tecnocrático que no tiene mayor conocimiento de la realidad peruana que la le brinda su relación con sus intereses concretos, como clase social. Si bien para algunos la derecha peruana no hay más diferencias programáticas de fondo sí las hay en la experiencia dentro del Estado y de la disputa por el control del mismo.

A pesar de muchos, la izquierda está fuera de este escenario. Salvo algunos esfuerzos aislados, la izquierda no logra o no se propuso nunca tener un proyecto realmente alternativo que logre unirla frente a sus rivales de clase. Sin embargo, la base de su proyecto político es inocuo. Un papel muy bien desempeñado por el modelo político neoliberal es destrozar los grandes referentes desde donde se podría “anclar” las bases que le servirían a la izquierda para su reconstrucción. Dicho de otro modo, la contradicción izquierda – derecha ya no es la construye la agenda nacional. Todos los impulsos nuevos que se ven derrumbarse unos contra otros son demasiados rápidos y caóticos. Desde hace 10 años la izquierda intenta recomponerse a través de las agendas construidas desde espacios en conflicto sin poder crear una palanca desde donde puedan tirar todas las fuerzas en su conjunto. El ecologismo, el provincialismo, el indigenismo, el sindicalismo hasta el momento no tienen un mecanismo lo suficientemente resistente que los contenga. Los líquidos no tienen un recipiente donde ocupar.

Por otro lado, la derecha tampoco no le va muy bien. Tiene dos dificultades a saber. Uno, la capacidad de renovación política. Desde hace algunos años se buscan recetas, líderes y agendas que puedan renovar los partidos que la clase dominante necesita para sostener la democracia lo suficientemente creíble. Solo necesita ser lo suficientemente “plural”, intentar crear un escenarios y actores públicos distintos que les permita la alternancia en el poder y así crear las bases de la profundización del modelo.

Segundo, evitar la concentración de este poder en la esfera del estado que posibilite que alguno de estos partidos se les vaya de las manos. El fujimorismo en ese sentido cumple un papel ambiguo.  La clase dominante debe construir en el seno mismo del fujimorismo dos alas bien definidas. Primero, un fujimorismo “derecha” y otro de “izquierda”. Así se puede crear espacios “nuevos” que articulen una narrativa de un “Fujimorismo sin Fujimori”, esto es, el más claro negacionismo histórico para así crear dos tendencias que en lo fundamental son lo mismo.

Sin embargo, esto no es del todo bueno para el modelo. De necesitar demasiado al fujimorismo podrían caer en un autoritarismo solapado. Ya con Fujimori padre no hubo mayor contradicción para con el poder económico de turno, pero el costo social fue demasiado enorme (asesinatos, censura de la prensa, etc.) pues generó un desborde de los sectores más expuestos a desgaste y posibilitó la creación de un referente lo demasiado ambiguo para el gusto del poder económico.

La falta claridad y de visión del presidente Kuczynski ha perdido todo el norte y se le acaba de negar de parte del fujimorismo la cuestión de confianza de su gabinete, provocando la renuncia de este. Sin embargo, Kuczynski no ha perdido del todo, puede recomponer todo su gabinete de manera multipartidaria excluyendo al fujimorismo. Sin embargo, sus intereses son mucho más elevados como para hacerlo. Se necesitaría más bien, obedeciendo a sus intereses, a recomponer a su gabinete con Vizcarra como punta de lanza y ministros con capacidad probada en la cosa pública. En este ínterin se podría considerar – erradamente – la inclusión de Zavala en otras carteras u otro nivel de gobierno, algo predecible para un gobierno sin más perspectiva que lograr lo cinco años de gobierno.

Algunos portavoces han dicho que el congreso no se arriesgaría a una segunda censura ya que no pondrían su curul en riesgo. Pero eso se podría decir de cualquiera fuerza política, menos del fujimorismo pues es este partido el que mejor se ha desempeñado electoralmente a través de redes clientelares y tráfico de favores.

¿La vacancia está cerca? Creo que en este punto sería demasiado arriesgado incluso para el fujimorismo. En un escenario así la izquierda podría poner toda su apuesta en un esfuerzo que ayude a conquistar el terreno perdido. El escenario podría crear una crisis aún más aguda, incluso un segundo post-fujimorismo y la posibilidad de crear un populismo de derechas y en ese punto es de no retorno.

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Autor

Egresado de la Escuela Profesional de Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo.

Periodista y activista político.