Contra una política que huele y duele

La política se ejerce a través de las movilizaciones y luchas populares en calles y plazas, pero también desde los medios de comunicación y redes sociales.

Política en Perú
Política en Perú

“En política no me meto”. “La política es para gente deshonesta”. “No politicemos la educación”. “No politicemos el debate”. “La política es sucia”. “En política todo vale”, “la política es corrupta, se dice con normalidad. En el Perú pareciera que la política es todo menos bueno para ser practicada por gente decente. Si creemos que es así, cómo vamos a exigir que nuestros representantes políticos actúen de otro modo que no sea la indecencia.

La política nos dice el filósofo Emilio Lledó – estudioso de la obra de Platón y Aristóteles –, debería ejercerse desde la directriz de la decencia, un concepto tan sencillo y tan bonito como ser decente (Lledó, 01/03/2018, párr. 10). Y, Enrique Dussel – destacado filósofo con una vasta producción teórica en materia política –, nos dice que “la política es una actividad que organiza y promueve la producción, reproducción y aumento de la vida de sus miembros” (2009, p. 24). Si la política es como dicen estos pensadores, ¿por qué en la práctica se la relaciona con la corrupción?

La política es ante todo despliegue de poder. En esto estamos todos de acuerdo. El concepto de poder que ha prevalecido en la filosofía y teoría política contemporánea – es suficiente abrir un manual de filosofía o teoría política para comprobarlo – es el formulado por Max Weber: “la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad” (Weber, 2002, pág. 43). Este concepto resulta funcional a lo que muchos representantes políticos vienen haciendo en el Perú, como en otros países de América Latina: imponen sus intereses en contra de los intereses del pueblo; si se resisten se les asesina o encarcela.

Desde esta perspectiva ninguna persona honesta podría ejercer el poder político. No es casual entonces que actualmente el Perú tenga 2 expresidentes (Alberto Fujimori y Alejandro Toledo) encarcelados; otros 2 investigados por corrupción (Ollanta Humala y Pedro P. Kuczynski); y 1 que se suicidó para evadir la justicia (Alan García). A ello debemos sumarle muchos parlamentarios y jueces involucrados en actos de corrupción (Caso Odebrecht y Caso Cuellos Blancos), y los más de 2.289 gobernadores y alcaldes investigados por actos de corrupción en 2018 (La República, 06/05/2018, párr. 1). Pareciera que en el Perú delinquir es condición necesaria para ejercer la representación política. Con toda razón la expresión politizar es utilizada en sentido peyorativo.

En el Perú urge transformar el modo de practicar la política. Para ello en necesario pensar y sentar dudas sobre la misma, porque en las certezas estamos desde hace mucho tiempo y lo que sucede es que esas certezas no nos ayudan a comprender ni a buscar salidas a los problemas de todos. Lo que pensamos sobre lo que es la política determina nuestro modo de practicarla. Si se cree que la política es un negocio – como al parecer cree la gran mayoría de representantes políticos –, es entendible que se la vea como una oportunidad para enriquecerse. Por eso, a continuación proponemos concebir la política como un servicio al pueblo.

Evo Morales desde sus experiencia como presidente del país hermano de Bolivia nos enseña que “la política debe ser la ciencia de cómo servir al pueblo y no cómo servirse de él” (Bautista, 2014, p. 38). El filósofo Enrique Dussel, sostiene que la idea de poder político como dominación auspiciada por la filosofía política moderna es funcional a los intereses de las clases dominantes. Sin embargo, los movimientos populares necesitan tener una visión del poder político que sea positiva. Nos dice que “la voluntad de vivir es la esencia positiva, el contenido como fuerza, como potencia que puede mover, arrastrar e impulsar”. En su fundamento la voluntad de poder es voluntad de vivir (Dussel, 2006, p. 23).

En efecto, el concepto de poder político propuesto por Dussel es pertinente para producir una compresión y, en consecuencia, una práxis política que favorezca a los millones de personas que no tienen acceso a la salud, a la educación, a la vivienda, al agua potable. En suma, nos permite pensar el ejercicio del poder político no ya como la posibilidad de dominar (Weber), sino como la posibilidad de liberar al pueblo de los flagelos sociales como la desigualdad, la pobreza y la exclusión social; favoreciendo el acceso a los medios de vida como la salud, educación, vivienda, agua potable para todos.

Al respecto, hay una distinción tradicional entre lo político y la política que merece la pena resaltar. La esfera de lo político comprende al Estado en tanto entramado jurídico-político de la sociedad. La esfera de la política, en cambio, comprende las praxis de organización y movilización popular (Feinmann, 2015). La primera corresponde al poder delegado y lo ejercen los representantes. La segunda corresponde al poder delegante o autorizante y lo ejercen los representados. En suma, la política funda lo político, y en consecuencia, lo político se subordina a la política.

Lo político se ejerce desde las instituciones del Estado (representantes). La política se ejerce a través de las movilizaciones y luchas populares en calles y plazas, pero también desde los medios de comunicación y redes sociales. La política la hacemos todos. No hay edad, sexo, condición social o económica para llevarla a cabo. Todos participamos de los asuntos que nos conciernen a todos. En este sentido la política es por naturaleza praxis creativa en vista de la afirmación de los medios de vida del pueblo, y lo político es la institucionalización de esa praxis. En resumen, la política es una lucha social permanente por ampliar las mediaciones que afirman la vida del pueblo. Si no hay lucha no hay política.

Sin embargo, históricamente hemos ido aceptado la palabra política como ajena a la participación del pueblo. Cuando aceptamos una palabra, aceptamos con ella sentidos, referencias. Las palabras – dice Emilio Lledó – “son la sustancia de las que la inteligencia se nutre”. ¿Qué política practicará un ciudadano que creer que es una actividad deshonesta? “Si nos acostumbramos a ser conformistas con las palabras, acabaremos siendo conformistas con los hechos” (Lledó, 2018). Por eso comprender la política en el sentido de servicio al pueblo en el que todos participamos, es imperativo. Y aquí quiero resaltar la última lección de política que nos están dando los pobladores del distrito de Cocachacra en el departamento de Arequipa, quienes a la fecha han logrado suspender la licencia otorgada por el gobierno al Proyecto Minero Tía María, el cual no solo les era perjudicial, sino que además fue otorgado sin contar con el consentimiento de la población, es decir, fue un acto ilegítimo del gobierno.

Finalmente, si bien la política representativa en el Perú huele y duele. Huele por su complicidad con la corrupción y duele porque sus actos delictivos impiden el acceso a los medios de vida de gran parte de la población peruana. No obstante, los movimientos populares están reivindicando el noble oficio de la política. Pero resulta que cuando empezamos a encontrar las salidas a nuestros problemas, los que se sienten amenazados empezaron a cerrarnos las puertas: criminalizando las protestas y movilizaciones populares y calificando de “populista” todo práctica política que cuente con la aprobación popular o que beneficio al pueblo. Tanto es así que Mario Vargas Llosa ha dicho que “el populismo es la enfermedad de la democracia”. Pero, ¿es el populismo el mal a erradicar? Volveremos sobre esto en nuestra siguiente entrada.

Referencias bibliográficas

Bautista, Rafael (2014). La descolonización de la política. Introducción a una política comunitaria. La Paz: AGRUCO/Plural.

Dussel, Enrique (2006). 20 tesis de política. México D.F: Siglo XXI.

Feinmann, Pablo (2015). El peronismo y la primacía de la política. Buenos Aires: Planeta.

Lledó, Emilio (2018). Sobre la educación. La necesidad de la literatura y la vigencia de la filosofía. Barcelona: Taurus.

Lledó, Emilio (2018). Emilio Lledó: “Lo importante es crear capacidad de pensar”. Entrevistado por Gabriel Anaiz. Disponible en: https://www.filco.es/emilio-lledo-capacidad-pensar/ . Consultado el 15 de agosto de 2019.

La República (06/05/2018). “Hay 2 mil 289 gobernadores y alcaldes investigados por casos de corrupción”. Disponible en: https://larepublica.pe/politica/1238473-hay-2-mil-289-gobernadores-alcaldes-investigados-casos-corrupcion/. Consultado l 15 de agosto de 2019.

Weber, Max (2002). Economía y sociedad. México D.F: Fondo de Cultura Económica

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Abogado y Filósofo. Universidad Nacional de San Agustín.

Director del Centro de estudios Disenso.

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