Expedición de Hernán Cortés a México (II) – 1519

Conquista y colonización española de Norteamerica nº5

Hernán Cortés
Hernán Cortés

Tras la fundación de la Rica Villa de Veracruz por parte de Hernán Cortés y sus tropas, la expedición permaneció en la ciudad recién fundada, donde a diferencia de lo ocurrido en Potochán fueron muy bien recibidos por los nativos de la zona. Además, por primera vez tuvieron contacto con un emisario de Moctezuma II, que fue enviado allí para averiguar quiénes eran esos hombres blancos y barbudos y cuáles eran sus intenciones e intentar, si fuera posible, convencerles de que no siguieran su camino hacia su territorio. Cortés y sus capitanes engañan al emisario de Moctezuma II diciéndole que van en son de paz y que solamente quieren comerciar.

Al día siguiente llegó a la zona el gobernador local que agasajó a los españoles con alimentos y oro. Cortés pidió entrevistarse con Moctezuma II, pero le dijeron que era imposible. Los súbditos de Moctezuma retrataron a los españoles  y todo lo que veían y le llevaron al líder mexica los retratos para que se hiciera una idea más exacta de cómo eran los hombres que habían invadido sus dominios. Los castellanos posaron orgullosos e incluso hicieron una demostración con los caballos y con las armas de fuego, que asustaron a los representantes mexicas.

Estos volvieron rápidamente con más regalos y más oro. Las riquezas aparecían continuamente en el campamento castellano, mucha más riqueza de la que los castellanos habían visto en las islas del Caribe.

Pero la zona donde vivían los españoles era muy inhóspita debido al calor, la humedad y los mosquitos. Cortés envió hacia al norte a uno de sus capitanes,  Francisco de Montejo, en busca de un lugar más propicio para instalarse, pero volvió al poco tiempo ya que las corrientes marinas no le habían permitido navegar más allá de Panuco.

La expedición de Cortés había reunido una impresionante cantidad de oro mientras estuvieron en Veracruz. Pero no todo el oro les pertenecía. Como habían realizado la expedición bajo el mando del Gobernador de Cuba, Diego Velázquez de Cuellar, si la expedición volvía a Cuba debía entregar una parte importante del botín al gobernador.

Cortés sabía que tenía que desligarse de la tutela del gobernador para poder quedarse tanto con el oro conseguido como con las tierras descubiertas y por descubrir. Comentó a algunos de los soldados que querían volver a Cuba (más leales al gobernador que a Cortés) que al día siguiente comenzarían los preparativos para el viaje de vuelta, pero esa misma noche se reunió con sus capitanes para saber si contaba o no con su apoyo. La respuesta de los capitanes fue afirmativa.

Al día siguiente, Cortés comenzó a preparar la ceremonia de fundación de Veracruz, pero no lo hizo en nombre del Gobernador de Cuba, sino directamente en nombre de Carlos I, saltándose así la autoridad del gobernador. Además, Cortés formó el primer Cabildo de la América continental. Nombró a varios de sus principales hombres como regidores, alcaldes mayores, alguaciles y aparte nombro un tesorero,  un contador, un procurador, y un escribano. La ciudad quedó bajo la autoridad real.

En la reunión de fundación del Cabildo, Cortés renuncia al cargo de Capitán General de la expedición de Velázquez de Cuellar. La renuncia fue aceptada por sus hombres, que inmediatamente lo nombran Justicia Mayor de Veracruz y también Capitán General de la expedición, pero bajo autoridad real.

Un movimiento muy inteligente de Cortés para poder desligarse jurídicamente de la autoridad del gobernador y proseguir así con la conquista de territorios en el actual México, ya que las comunicaciones en el siglo XVI eran muy lentas, y su majestad iba a tardar meses en conocer la artimaña realizada por Cortés, lo que le dejaba a este vía libre para seguir amasando riquezas y territorios. Desde ese momento, Velázquez de Cuellar no tenía ninguna autoridad sobre los hombres que componían la expedición ni sobre las tierras conquistadas o por conquistar.

La expedición permaneció un tiempo en Veracruz, pero la vida en la zona estaba siendo muy dificultosa para los castellanos. Era una zona mala para la agricultura y la caza escaseaba. Realmente, los españoles estaban sobreviviendo en Veracruz gracias a la comida que traían los nativos de la zona. Sin ella, hubieran perecido de hambre.

Estando Cortés un día buscando caza se encontró con unos nativos de la zona que todavía no habían conocido a los extranjeros. Les ofrecieron a Cortés gallinas y pan de maíz y lo más importante, les invitaron a conocer Cempoala.

Cempoala estaba a un día aproximado de camino desde Veracruz y era la capital de los Totonacas, pueblo maya que estaba sometido a la autoridad de los Mexicas y que tenía que pagarles tributo.

Una vez allí, Cortés fue agasajado por varios Caciques locales, que además le contaron que Moctezuma II se llevaba varios jóvenes todos los años para ser sacrificados, les cobraba un impuesto anual muy alto y abusaban de sus mujeres. Cortés les promete que intercederá para acabar con tales abusos.

La conversación es tremendamente importante en el inmediato devenir de los acontecimientos, ya que Cortés y sus hombres se dan cuenta de la división que existe entre los diversos pueblos que habitaban ese territorio y lo útil que podría ser utilizar en su favor esa división.

Mientras Cortés y sus hombres se encontraban en Cempoala, llegan a la ciudad 5 recaudadores de impuestos de los Mexicas, los cuales se enfadan al ver la presencia de los extranjeros y reclaman a los Totonacas por haber alojado a los castellanos, y además les instan a que les entreguen 20 jóvenes para sacrificarlos y una gran suma en impuestos. Los Totocanas estaban dispuestos a cumplir con la exigencia de los recaudadores de Moctezuma, pero Cortés observó la situación y vio una oportunidad de oro. Capturó a los recaudadores y los encerró. Aseguró a los Totocanas (que temían las represalias de los Mexicas por la acción de Cortés) que les protegería militarmente contra un posible ataque Mexica.

Pero a su vez, en cuanto pudo liberó a los recaudadores de prisión antes de ser quemados en la hoguera para que volvieran a territorio Mexica y le comunicaran a Moctezuma II que los castellanos eran amigos suyos y que solo querían comerciar.  Así intentaba conseguir el apoyo de ambos grupos.

Las cosas entre castellanos y Totocanas pronto empezaron a ir mal. Cortés exigió a los Totocanas que renunciaran a su religión y que adoptaran la religión católica. Además les exigió que abandonaran algunas de sus prácticas sexuales, muy habituales en la zona pero que repugnaban a los castellanos. Obviamente, los Totocanas se negaron.

Entonces los castellanos subieron al templo y tiraron los ídolos locales escaleras abajo. Los Totocanas sacaron las armas pero los castellanos consiguieron acercarse a varios de los líderes principales y amenazarles de muerte. Finalmente, los Totocanas se rindieron y Cortés les prometió que serían un pueblo independiente una vez que acabaran con los Mexicas.

Al día siguiente se instaló una cruz y una imagen de la virgen María y se oficializó misa. También se bautizó a 8 esclavas Totocanas ofrecidas a los castellanos. La alianza entre Cortés y los Totocanas era ya una realidad y se demostraría clave en la conquista del imperio Azteca.

Una vez consolidada la alianza con los Totocanas y antes de iniciar la marcha hacia Tenochtitlan, los castellanos comienzan a realizar trabajos para reforzar las defensas de Veracruz. En la ciudad se quedaría un reducido grupo de hombres pendiente de una posible llegada no amistosa de tropas castellanas (leales a Velázquez de Cuellar desde Cuba) para poder contenerlos en Veracruz y sobre todo para poder avisar lo más rápido posible a Cortés cuando este ya estuviera de camino a la capital de los Mexicas.

Por otra parte, Cortés decide adelantarse a un posible movimiento de Velázquez de Cuellar y manda a España un barco pilotado por Antón de Alaminos y capitaneado por Alonso Hernández Portocarreño y Francisco de Montejo con el objetivo de entrevistarse con el rey, entregarle el quinto real (la quinta parte de todo lo obtenido en las expediciones americanas iba para la corona) y una carta escrita por Cortés. El objetivo era que el monarca se aliara a favor de la causa de Cortés y así legitimara todo los conquistado y por conquistar en su expedición. La nave partió de San juan de Ulúa el 26 de julio de 1519 dirección La Habana y de allí viajaron hacia Sevilla.

Una vez llegados a Sevilla, fueron informados de que Carlos I se encontraba en Flandes. El obispo Juan Rodríguez de Fonseca (Toro, Zamora, 1451 – Burgos, 1524), primer organizador de la política castellana en América, estaba en contra de todo lo realizado por Cortés y se apresuró en ponerse del lado de Velázquez de Cuellar. A pesar de eso, los hombres de Cortés consiguieron enviarle al rey a Flandes todo lo que traían por medio de salvoconductos reales.

Mientras Alaminos, Portocarreño y Montejo viajaban a España, las cosas se le complican a Cortés entre sus hombres en Veracruz mientras terminaban los trabajos de defensa de la ciudad. Parte de sus tropas estaban molestas por la forma en la que se había repartido el oro y además parte de las tropas deseaban ya volver a Cuba. Los ánimos andaban muy encendidos y existía una posibilidad muy real de enfrentamientos entre las tropas.

Entonces Cortés ideo una estratagema que resultó fundamental para la supervivencia de la idea de conquista del imperio Azteca. Embarrancó en la costa todas las naves que conservaba y así las inutilizó para la navegación, impidiendo así que su ejército se disgregara en dos grupos.

Una vez asegurado Veracruz y todas las tropas castellanas disponibles, hecho el movimiento oportuno para asegurarse el beneplácito real, y con la ayuda de pueblos esclavos de los Mexicas, Cortés tenía todos los elementos necesarios para comenzar la conquista del imperio Azteca. Os contaremos todo lo referente a la misma en siguientes entradas de este serial.

En el siguiente enlace podemos visualizar un largo documental sobre todo lo referente a la expedición de Hernán Cortés en México.

En la próxima entrada hablaremos sobre la rebelión o revolución de los barrios de Quito, una revuelta ocurrida en la actual capital de Ecuador en el año 1765 liderada por los criollos de la ciudad en contra del incremento de impuestos promulgados por la corona.

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Master en archivística por la UNED. Licenciado en Historia por la Universidad de Cádiz.

Especialista en Paleografia y Diplomática.

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