Conquista de México (II)

Conquista y colonización española en Norteamérica nº 8

Batalla de Otumba
Batalla de Otumba

Tras la negativa de los caciques y sacerdotes mexicas de convertirse al catolicismo, las tensiones estaban a punto de estallar en la capital mexica.

En esos días, Cortés y sus hombres reciben terribles noticias desde Veracruz. Un ejército castellano, organizado por el gobernador de Cuba Diego Velázquez de Cuellar y liderado por Pánfilo de Narváez, había atracado en Veracruz con 19 buques y unos 1.300 hombres.

Enterado también Moctezuma de la situación y habiendo asumido ya el terrible error que había cometido siendo tan condescendiente con los castellanos, envía en secreto emisarios a Veracruz para reunirse con los nuevos extranjeros recién llegados. Además, estos emisarios tenían orden del emperador mexica de asegurar que los nuevos invasores fueran bien acogidos y bien alimentados por las poblaciones cercanas a Veracruz.

Narváez recibió a los emisarios de Moctezuma y les dijo que exigía a Moctezuma que entregara a Cortés y a todas sus tropas castellanas, ya que habían sido acusados de traición a la Corona y tenían que ser apresados y enviados a Castilla.

Entonces una pequeña comitiva del grupo de Narváez, liderada por el padre Guevara y por Anaya, al parecer pariente del gobernador Velázquez, es recibida por los mexicas en Tenochtitlán. Mientras tanto, Narváez decide instalar su cuartel general con la mayoría de sus tropas en Cempoala.

A Cempoala llegan emisarios de parte de Cortés para intentar conseguir una tregua y que el ejército de Narváez se uniera al de Cortés, pero este decide no recibir a dicha comitiva.

Además, el objetivo era ver cómo estaba el ambiente entre los capitanes y principales soldados de Narváez, por si existieran disidencias poder ser aprovechadas por Cortés.

Pedro de Alvarado
Pedro de Alvarado

Finalmente, y viendo que la situación no iba a poder resolverse por medio de la diplomacia, Cortés decide atacar al ejército de Narváez. Deja un grupo de soldados en Tenochtitlán al mando de Pedro de Alvarado y monta un ejército con 260 castellanos y unos 5000 tlaxcaltecas y se dirige hacia Cempoala.

Obviamente, el ejército de Cortés era unas 6 veces inferior en tamaño al liderado por Narváez. Debido a esto, Cortés y sus capitanes deciden evitar a toda costa el enfrentamiento directo en campo abierto y deciden penetrar sigilosamente en Cempoala aprovechando la cerrada noche y la intensa lluvia.

Consiguen penetrar hasta el interior de la ciudad sin ser vistos, llegar hasta los tres templos donde las tropas de Narváez estaban durmiendo e inutilizar los 16 cañones que habían traído desde Cuba.

Entonces se desarrolla una lucha de unos pocos minutos en las escalinatas de los templos entre ambas facciones castellanas hasta que Narváez es herido en un ojo y capturado, lo que termina por provocar la rendición de su facción.

Cortés ofreció a los soldados de Narváez que se unieran a él prometiéndoles una gran cantidad de oro, y estos no pudieron negarse. Con esta victoria, Cortés triplicó el número de hombres de su ejército.

Además, Cortés aprovechó las naves apalancadas en Veracruz con las que había llegado a México el ejército de Narváez. Una parte de esas naves fueron dirigidas a Panuco para realizar la conquista y posterior poblamiento de la ciudad y otras naves fueron dirigidas hacia Jamaica para la compra de ganado con el que alimentar a tan vasto ejército.

Días después de acabar la lucha en Cempoala, se reciben en Veracruz noticias desde Tenochtitlán. Por un parte, dos emisarios tlaxcaltecas llegan a la ciudad con noticias de una rebelión mexica que tiene acorralados a Pedro de Alvarado y sus hombres en el templo donde residían. Por otra parte, cuatro emisarios de Moctezuma llegan a Veracruz argumentando que anteriormente a la rebelión mexica, Pedro de Alvarado había realizado una matanza en el Templo Mayor el día 23 de junio de 1520  de una gran cantidad de sacerdotes y caciques que estaban allí realizando un ritual sin en apariencia haber mediado provocación y sin previo aviso.

Parece que la rebelión mexica era en parte ordenada por Moctezuma, ya que este pensaba que como según le habían contado sus emisarios, Narváez tenía un ejército muy superior en número a de Cortés, Narváez vencería y esta circunstancia podría ser aprovechada para librarse del yugo castellano en la capital.

Rápidamente, Cortés decide volver a la capital. En el camino decide parar en su ciudad amiga de Tlaxcala y recaudar a unos 2000 soldados Tlaxcaltecas más.

Cuando Cortés llega por segunda vez a Tenochtitlán, el recibimiento es muy diferente a la primera vez. Ahora el ejército castellano, reforzado con 1300 soldados, 96 caballos, 80 ballesteros y otros tantos escopeteros provenientes del ejército de Narváez, más los 2000 tlaxcaltecas aproximadamente, daba auténtico pavor. Las calles de la capital mexica recibe a Cortés y los suyos vacías de gente.

Nada más llegar, Cortés intenta averiguar qué había pasado realmente. Según la versión de Alvarado, los mexicas habían retirado los símbolos cristianos de los templos e iban a rebelarse pensando en una hipotética derrota de Cortés contra Narváez, y que lo que decidió Alvarado y sus tropas es hacer un ataque preventiva.

Realmente lo que realizó Alvarado y sus hombres fue una tremenda matanza sin piedad de sacerdotes y caciques, pero también de inocentes mujeres y esposas de importantes nobles mexicas.

Cortés reprende a Alvarado por su excesiva violencia. La situación de los castellanos en la capital azteca era realmente mala, ya que los ataques de los mexicas al palacio donde se reguardaban los españoles eran constantes. Cortés intentó en varias ocasiones sacar a sus tropas del templo para que pudieran luchar fuera del templo, pero todos los intentos acababan de la misma manera: tras conseguir andar unos pasos fuera del templo, los ataques mexicas, tanto desde la calle como desde las casas, obligaban a volver a refugiarse en el templo, donde el agua y los víveres estaban a punto de agotarse.

Además, las tropas de Narváez estaban tremendamente enfadadas con Cortés, ya que este les prometió oro y gloria y no solo no habían conseguido nada de eso, sino que además se veían atrapados en Tenochtitlán con poca agua y comida.

Vista la situación, Cortés le ordena a Moctezuma, que aún se mantenía retenido por los castellanos, a que subiera a la azotea del palacio e intentara calmar los ánimos de los mexicas. No solo no lo consiguió, sino que provocó que los ánimos del que había sido su pueblo se encendieran y empezaran a lanzarle piedras. Una de esas piedras le golpea en la cabeza y le provoca heridas por las que fallece días más tarde.

Moctezuma

Con la muerte de Moctezuma y tras ya demasiados días de asedios, los castellanos comprenden que intentar huir de noche es la única opción que les quedaba. Pero el plan tenía la dificultad añadida de que varios de los puentes que comunicaban la ciudad con el lago habían sido destruidos.

En la noche del 30 de junio de 1520, los castellanos se preparaban para huir dirección Tacuba. Antes, Cortés había reunido todo el tesoro de Moctezuma para sus hombres cogieran lo que quisiesen y sobre todo lo que pudiesen transportar ya que había oro de sobra.

Para los castellanos fue imposible huir sin ser descubiertos. La llamada “noche triste” estaba en marcha. Durante la noche fueron atacados por miles de mexicas desde los edificios y también desde canoas dentro del agua. Casi la mitad del ejército de Cortés y parte del oro se perdieron esa noche.

Los supervivientes se dirigieron a Tacuba. Allí continuaron los ataques dispersos de los mexicas. Al ver los castellanos que los mexicas estaban rodeando la ciudad de Tacuba,  deciden abandonar la ciudad. Con la ayuda de los tlaxcaltecas, evitan los caminos principales y consiguen llegar a una colina, donde las tropas descansan e intentan curar a los heridos.

Tras unos días en la colina descansando y rechazando algunos ataques dispersos de los mexicas, Cortés y sus tropas deciden dirigirse hacia Tlaxcala para refugiarse dentro de la ciudad.

Pero en el camino hacia Tlaxcala a los castellanos les estaba esperando un inmenso ejército mexica con 40.000 soldados provenientes de Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopán que querían aniquilar definitivamente a los castellanos.

Ambos ejércitos se encontraron en la llanura de Otumba el 14 de julio. En esta ocasión la batalla podía ser letal para los castellanos, ya que contaban únicamente con 440 soldados y 20 caballos, por los 40 mil aproximadamente de los mexicas, y además, no tenían apenas artillería y nos les quedaban armas de fuego, en una batalla que se desarrollaría en campo abierto.

Batalla de Otumba
Batalla de Otumba

Vista las condiciones en las que iba a desarrollarse la batalla, Cortés y sus capitanes idean un plan para intentar ganar la batalla: mientras la infantería aguantaba como podía el asedio al que estaba siendo sometida por miles de soldados mexicas, iban a buscar la manera de matar al líder del ejército enemigo, conocido como Ciuacoalt, que era muy fácilmente identificable por su atuendo despampanante lleno de plumas y ricos adornos.

Cuando localizaron al general azteca en el campo de batalla, un soldado llamado Juan de Salamanca consiguió herirle con su lanza y además le arrebató el estandarte que poseía, símbolo muy importante para los mexicas ya que marcaba la victoria o la derrota dentro de su ejército.  Los soldados mexicas, al observar al soldado extranjero portando su estandarte se aterrorizaron y se produjo una desbandada general. De esta manera, el ejército de Cortés consiguió vencer la batalla con una inferioridad numérica tan destacada.

Tras la batalla de Otumba, los restos del ejército castellano y los soldados tlaxcaltecas se dirigen hacia Tlaxcala, donde son bien recibidos por los caciques locales.

En Tlaxcala el agotado ejército liderado por Cortés descansa mientras se organizan para el asalto definitivo a la capital mexica. Mientras tanto, envía emisarios a ciudades cercanas que habían sido aliadas de los mexicas diciéndoles que o se unían a su ejército o les atacaría. Así, los castellanos consiguen aumentar nuevamente su ejército, tanto en hombres como en suplementos.

Mientras el ejército castellano permanecía en Tlaxcala, nuevos acontecimientos ocurrieron en Veracruz. A la ciudad costera llegaron nuevamente barcos desde Cuba enviados por el gobernador Velázquez de Cuellar dando por hecho que Narváez habría vencido a Cortés o estaría cerca de hacerlo y le enviaba nuevos refuerzos para su ejército. Cortés y sus capitanes se cuidaron mucho de que en Cuba no se enteraran realmente de cómo estaban sucediendo las cosas en México y obligaron a los nuevos soldados a unirse a su ejército.

Además, llegan varios barcos  con suministros y hombres de la expedición que en 1519 había montado Francisco de Garay, gobernador de la Jamaica para poblar Panuco y que fue un completo fracaso por la belicosidad de los nativos.

Mientras tanto en Tenochtitlán y en ciudades cercanas la enfermedad de la viruela que habían traído los europeos empezaba a hacer verdaderos estragos. El sustituto de Moctezuma había sido su hermano Cuitláhuac, pero al poco de comenzar su cargo muere por la viruela y es sustituido por Cuauhtémoc, sobrino de Moctezuma. Cuauhtémoc organiza rápidamente la defensa de la ciudad esperando el ataque castellano.

Mientras en Tlaxcala, Cortés y sus capitanes analizaron la mejor forma de atacar con éxito la capital mexica. Concretaron que entrar únicamente por la calzada como la primera vez sería un suicidio ya que serían atacados tanto desde el agua como desde tierra. Entonces, deciden construir 13 bergantines con los que realizar un ataque simultáneo por agua y por tierra y así dividir la resistencia mexica.

Una vez estuvieron construidos los barcos, los desmontaron para poder así transportarlos desde Tlaxcala hasta la ciudad de Tezcuco, situada en las cercaní­as de Tenochtitlán, y que iba a servir al ejército castellano de base para la organización de la conquista.

La expedición abandona Tlaxcala el 28 de diciembre de 1520. Esta vez, el ejército de Cortés estaba compuesto por aproximadamente 550 soldados, varios miles de soldados tlaxcaltecas, 40 caballos y 8 cañones.

Dos días después el ejército español entra en Tezcuco, donde es bien recibido por los caciques locales, enemigos de los mexicas.

Durante los siguientes meses estuvieron los castellanos montando los 13 bergantines. Los mexicas hicieron algún intento de conquistar Tezcuco pero fueron intentos sin casi ninguna posibilidad de éxito.

El 28 de abril de 1521, tras 4 meses completos en Tezcuco, el ejército de cortés estaba completamente preparado para la invasión definitiva del imperio azteca.

Cortés dividió su ejército en tres partes y nombró como capitanes de cada una de las partes del ejército a Gonzalo de Sandoval, Pedro de Alvarado y a Cristóbal de Olid.

Las tropas castellanas y sus aliados tlaxcaltecas llegaron sin ninguna resistencia hasta Tacuba. Mientras tanto, las tropas mexicas comienzan a ocupar las calzadas y el lago.

Cortés envía a los ejércitos de Olid y Alvarado a Chapultepec para destruir el acueducto que llevaba agua a Tenochtitlán y al ejército de Sandoval hacia Iztapalapa donde tuvo una dura batalla contra los mexicas.

Entonces Cortés sale de Tezcuco con sus 13 bergantines.  Estos barcos se vieron rápidamente rodeados por cientos de canoas mexicas, pero Cortés pudo vencerlas  embistiéndolas directamente aprovechando el mayor tamaño y velocidad de las naves castellanas.

Tras unos días de enfrentamientos entre ambos ejércitos, los castellanos que atacaban por la calzada empezaron a ganar terreno, ayudado por los bergantines desde el lago. Mientras avanzaban por las calzadas destruían las casas mexicas para evitar ser atacadas desde ellas.

Pasaron varios días más pero finalmente los castellanos y sus aliados consiguen llegar a la zona del Templo Mayor. El emperador mexica y sus principales nobles ya no estaban allí y habían huido a una zona de difícil acceso a pie.

Entonces, Cortés prepara un ataque con los bergantines liderado por Sandoval. Viendo Cuauhtémoc que las 13 naves castellanas iban a por el, intenta huir de la ciudad en canoa, pero el capitán Garcí­a Holguí­n identificó la canoa donde viajaba el líder mexica y tras amenazarle con dispararle, pudo retenerlo y entregárselo a Cortés.

Era el 13 de agosto de 1521. El imperio azteca había desaparecido.

Bibliografía

Benítez, F. “La ruta de Hernán Cortés”. Fondo de Cultura europea.

Thomas, H. “La conquista de México”.

Prescott, W.H. “Historia de la conquista de México”.

Vélez, I. “La conquista de México. Una nueva España”.

https://www.historiadelnuevomundo.com/index.php/2016/08/la-conquista-de-mexico/

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Master en archivística por la UNED. Licenciado en Historia por la Universidad de Cádiz.

Especialista en Paleografia y Diplomática.

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