Comunidades utópicas: procesos de colaboración transdisciplinares.

Colaboración, diálogo e identidades relacionales

Existe un momento en el que no hay otra cosa más que el proceso, un momento que constituye la posibilidad de que algo pueda surgir; una disposición a hacer e imaginarse haciendo, este momento es posible pensarlo como un “vacío fértil” (Robine, 2000) y  se presenta recurrentemente como parte de los procesos de colaboración. Al mismo tiempo, en la interacción y disposición a hacer con el otro, se producen aprendizajes y se generan comunidades emergentes en las cuales la experimentación y los movimientos de la identidad son aspectos fundamentales de la colaboración. El aprendizaje puede ser visto como un vaivén entre la intimidad y la socialización, en donde el diálogo es lo que sostiene y posibilita la reflexividad y la manera como se sintetiza el proceso interactivo, por medio del cual cada participante puede ser el investigador de su propio quehacer. Al producirse tanto un sentido de colectividad como un espíritu lúdico durante un tiempo prolongado, se abre la posibilidad de compartir los hallazgos y se da paso a la profusión de ideas.

Esta visión del proceso colaborativo en comunidad, se vincula con una idea de aprendizaje en la práctica  o “comunidades de práctica”. Etienne Wenger (2001) propone pensar estas comunidades como asociaciones informales, en  el sentido de no institucionalizadas, que se constituyen para lograr un fin conjunto, que se transforman en el tiempo, que se mueven en el entramado social, al estar asociadas con el significado y la identidad. Desde esta perspectiva, la teoría social del aprendizaje está íntimamente relacionada con las teorías de la experiencia situada, las cuales a su vez, dan un peso primordial a la improvisación, la cotidianidad, la coordinación y la coreografía de la interacción. Cuando Wenger relaciona la comunidad con la práctica busca alejarse de términos menos conmensurables como cultura, actividad o estructura. Desde este punto de vista, hacer algo en comunidad implica una complejidad social manifestada en el proceso dialógico y en las “respuestas conjuntas” vinculadas a repertorios de relatos, artefactos, eventos históricos, ritmos de colaboración, interacciones corporales, discursos y conceptos.

La idea de comunidades de práctica en Wenger, se sitúa en la intersección entre: colectividad, práctica, identidad, significado y experiencia. Las comunidades de práctica, se definen y se comprenden en su dimensión espacial y temporal y puede decirse que son historias compartidas de aprendizaje. Para Wenger, la práctica no es estable, sino que combina continuidad y discontinuidad y por lo tanto no es un objeto sino una estructura emergente y elástica que genera cosificaciones u objetivaciones, recurrencias y memoria. La comunidad en este sentido es un espacio abierto plenamente al contacto, que no necesariamente requiere compartir un territorio o lugar; lo que se comparte es un repertorio de aprendizajes, el goce en el reconocimiento mutuo. Los hallazgos se abren, las posibilidades  y soluciones en la práctica crecen. La comunidad se va definiendo también, a partir de la integración del cambio y la maleabilidad como parte de su proceso.

En la colaboración subyace un proceso sutil de movimientos de la identidad, al experimentarse el yo por la relación con los otros y al pensarse más en trayectorias de aprendizajes que en identidades definidas o estáticas. Wenger reflexiona y afirma que: “Cuando nos comprometemos con la totalidad de nuestra persona en la práctica, nuestras identidades abarcan dinámicamente múltiples perspectivas en la negociación de nuevos significados” (Wenger, 2001, p.201). La comunidad de práctica es un contexto viviente en el que la identidad se forma y transforma y donde el aprendizaje emerge como negociación en la práctica.

Los procesos de co-creación y colaboración se experimentan también como comunidades de práctica efímeras, organizadas en torno a preguntas y desafíos, tanto conceptuales como prácticos; en la necesidad de producir otras formas de relación con el contexto, con los otros y con el conocimiento. En este sentido, podemos hablar de identidades relacionales, que se manifiestan como parte del proceso de co-creación en comunidad, y pensar en  la relación dialógica con el otro y el contexto, como lo planteara Bajtín “Una cultura ajena se descubre  más plena y profundamente sólo a los ojos de otra cultura; pero tampoco en toda su plenitud porque llegarán otras culturas que verán y comprenderán aún más. Un sentido descubre sus honduras al encontrarse y toparse con otro sentido ajeno: entre ellos se establece una especie de diálogo, que supera el carácter cerrado y unilateral de ambos sentidos, de ambas culturas” (Bajtín, 2000, p.159) Es decir, la cultura se genera como un diálogo continuo entre sujetos y contextos diversos, de tal manera que necesito la otredad para existir, mi voz está llena de ecos, mi ser es polifónico, proviene de la apropiación de otros discursos, de otros enunciados. La dialogicidad establece la posibilidad de afectación mutua, de contacto y de relación. El conocimiento se genera también en esta posibilidad dialógica.

Método utópico y comunidades utópicas

A partir de pensar en identidades relacionales y en el proceso dialógico, surge una visión transdisciplinar, que retoma la idea de un proceso colaborativo y de creatividad compartida en la intersección entre diversos campos. En este caso me interesa vincular el concepto de “método utópico”, definido como un acto especulativo que busca  la intersección entre una posibilidad científica o constructiva y otra crítica o creativa (Ruyer,1971) con el concepto de “juego infinito”, el cual se presenta como un proceso abierto y continuo de apropiaciones, conversaciones y descubrimientos (Carse,1986) marcados por la voluntad de transformación de las condiciones sociales y la producción de conocimiento, en donde el trabajo conjunto abre la generación de posibilidades y formas de dialogar con otros, enfatizando la producción de narrativas y experiencias colectivas. Para plantear que dentro de los procesos de colaboración en comunidad se generan también “juegos utópicos” que de acuerdo a Ruyer, son juegos de anticipaciones, especulaciones, apropiaciones; los juegos utópicos generan conexiones inesperadas y en ellos se vincula la emoción con el descubrimiento y la imaginación.

Así la colaboración vista como una suerte de juego infinito y juego utópico, produce “comunidades utópicas” como espacios de co-creación, las cuales son en cierto sentido comunidades de práctica que integran la visión transdisciplinar. Esta manera de comprender y experimentar la comunidad, implica  una nueva actitud epistemológica al reconocer que la base dialógica de las culturas hace posible hablar de zonas de contacto, que es un concepto de mayor movilidad que el de frontera e incluye a la vez, un desplazamiento y una afectación entre quienes participan de esta zona. En estas zonas de contacto es donde emergen las traducciones que suponen procesos de interpretación y conversión de discursos y objetos. La comunidad puede ser entendida también como una zona de contacto.

El proceso de colaboración, es una cadena de propuestas y respuestas que producen cambios, innovaciones e invenciones. Surge entonces el vínculo entre innovación e imaginación creadora que proviene de la Fenomenología de Merleau-Ponty y Bachelard; quienes coinciden en afirmar que no existe una fenomenología de la pasividad, pues la experiencia fenomenológica es siempre una participación, una acción-percepción, una toma de conciencia. Bachelard en La Poética de la ensoñación, afirma que toda toma de conciencia es un esfuerzo de la coherencia psíquica. La imaginación, el sueño y el ensuaño, muestran actos vivos donde el sí mismo se transforma. En este sentido, es posible pensar en una relación estrecha entre invención y ensoñación como dos aspectos del mismo proceso de toma de conciencia (Tovar,2009). Desarrollar la idea de “comunidades utópicas” es una  forma de respuesta a una sociedad compleja e interconectada, a partir del cuestionamiento de la autoridad profesional y de la puesta en práctica de procesos colaborativos y de co-creación. Las comunidades utópicas son espacios de resistencia y de transformación simultáneamente, son espacios transdisciplinares.

Transdisciplina y complejidad en los procesos de co-creación

A partir de la segunda mitad del siglo pasado, se comenzó un movimiento hacia una posición epidisciplinar. La visión disciplinar al basarse en una lógica binaria, desarrolla metodologías de investigación tradicionales de aceptación o refutación de hipótesis que se presentan de manera ordenada y sistemática de inicio a fin. La epidisciplina rebasa los presupuestos, las anticipaciones, las expectativas, las hipótesis y los límites de los investigadores, se construye y define a sí misma en el transcurso de la investigación. En este sentido, surge un avance en las propuestas de generación de conocimiento interdisciplinarias, a partir de diálogos para producir campos de estudio.

Con el surgimiento de las teorías de la complejidad y de una visión holística del conocimiento se propone a  la transdisciplina como el esfuerzo de coordinar distintos conocimientos y prácticas en un lenguaje común, intenta trascender las relaciones entre las disciplinas para producir un sentido de unidad en el conocimiento.

Tal y como afirma Fragoso (2009)

Un abordaje transdisciplinario del conocimiento se comenzó a desarrollar en las ciencias naturales y humanas desde mediados del siglo anterior, principalmente con el desarrollo de la cibernética y la física cuántica. Sin embargo, la necesidad de encontrar respuestas a problemas que no son resueltos por el conocimiento existente se extiende a todas las ramas del saber humano. La transdisciplina, como concepto distinto a la interdisciplina, fue planteada en la década de los 70 por Piaget. El término trans implica cruzar, atravesar, estar entre, ir más allá. La transdisciplina no significa una nueva disciplina, es una forma de hacer dialogar las disciplinas, borrando los rígidos límites que marcaban separación entre las fronteras del conocimiento, permite una relación más incluyente, más tolerante, de tal suerte que en la interacción se obtenga una síntesis adecuada a la complejidad del objeto que se estudia (p.100).

La transdisciplina permite y propicia los cruces disciplinares para generar visiones holísticas frente a la complejidad del mundo. “La principal tarea de la transdisciplina es la elaboración de un nuevo lenguaje, de una nueva lógica y de nuevos conceptos que permitan un diálogo genuino entre diferentes dominios. La transdisciplinariedad no es una nueva disciplina, una herramienta teórica, o una súper disciplina. Es el arte de descubrir puentes entre diferentes objetos y áreas de conocimiento” (Klein, 2001, p.35). En contextos marcados por la proliferación del conocimiento, la interconexión y la necesidad de unidad. Los procesos transdisciplinares, sus metodologías de investigación y de producción requieren de encontrar formas concretas de aplicación y cobrar así mayor relevancia. De acuerdo con Martin Barbero (2005) se requiere establecer relaciones cada vez más fuertes entre las ciencias sociales y las ciencias exactas, así como con el arte y la literatura, el sentido común, la intuición, la vida cotidiana y la imaginación social (Fragoso, 2009, p.101).

La transdisciplina unida a la idea de procesos colaborativos en comunidades utópicas, se presenta como un camino posible  y crítico de las formas disciplinares ya institucionalizadas, representa a su vez  una nueva posibilidad de generar procesos complejos de producción de ideas y relaciones. Existen avances metodológicos importantes que van en esta misma dirección, como los expuestos en el libro: Art as a thinking process (2013), en el cual se discute la producción visual del conocimiento y la utopía como una manera de provocar cambios tanto en las formas de organización social como en la manera de comprender el mundo, proponiendo que la utopía no puede ser conceptualizada como la representación de un deseo personal. Y el proceso artístico se entiende como un proceso de traducción, que por otra parte tiene la posibilidad de mostrar que el mundo material comienza con el mundo de las ideas (Ambrozic y Vettese, 2013, p. 55) lo cual coincide plenamente con los argumentos de Ruyer (1971) acerca del asombro como el inicio del conocimiento científico. Es necesario entonces, considerar al arte como una experiencia cognitiva. Por otra parte, existe una pluralidad de prácticas científicas y espacios que pueden ser pensados como “trading zones” una idea propuesta por Peter Galison (Vettese, 2013, p. 81) en relación a laboratorios o zonas virtuales de encuentro y de intercambio de conocimientos. Es posible pensar que tanto la ciencia como el arte son procesos relacionales.

La búsqueda es enfatizar el proceso y el pensamiento creativo. En el modelo de Ikujiro Nonaka y Ryoko Toyama (citado por Vettese, 2013). Su “Model of knowledge creation” plantea precisamente, la generación de conocimiento a partir de una relación entre el cuerpo, la  internalización de conocimientos, la socialización y la empatía.

Nonaka y Toyama, proponen que el conocimiento se genera en una espiral que emerge de una interacción dialéctica entre el conocimiento tácito y el explícito (Jacob en Vettese, 2013, p. 105) al mismo tiempo la palabra japonesa “Ba” alude a la idea de contexto compartido en el cual hay una apertura para que ocurra la experimentación y el cambio. Este proceso fluido se relaciona también con el “Circulo de co-creación” del colectivo de Venecia “Art way of thinking”. Este  círculo de co-creación une: intelecto, emoción, cuerpo y energía, con recursos, potencialidades, conocimientos y relaciones, a través de la co-creación, observación, integración y acción (Vettese, 2013).  De tal manera que el proceso de co-creación y de re-invención se entiende como ciclos que se renuevan o como espirales progresivas; una espiral engendra a otras para obtener nuevos conocimientos (Jacob en Vattese, 2013, p.105). En este modelo, el énfasis está en la interacción. El propio concepto “Ba” puede asimilarse a la idea de arte, en el sentido de que el proceso artístico se experimenta como una zona de interacciones, un espacio abierto a todos, donde la comunicación y el entendimiento suceden y  donde el cambio y el nuevo conocimiento pueden ocurrir (Jacob en Vattese, 2013, p.106). Ahora bien, qué preguntas están implícitas tanto en la idea de comunidades utópicas como en los modelos cíclicos de co-creación respecto de los procesos cognitivos. Al parecer nos estamos moviendo de la fragmentación a la unidad de los procesos cognitivos. Esto se vincula con las teorías de la complejidad. “El término complejidad proviene del latín complecti (entrelazar) y complexus (red), lo que implica un acento en la no linealidad de la complejidad concebida más como una red de enlazamientos, en donde el eje de estudio se desplaza de las estructuras a los acontecimientos que se dan en las interacciones, las relaciones e interdependencias, desplazando así el centro del conocimiento de lo cuantitativo a lo cualitativo, en donde es más importante el tipo de interacciones y bifurcaciones en la red del sistema que la cantidad de elementos que lo componen” (Fragoso, 2009, pp.103-105). El cuestionamiento central es a un modelo de saber occidental y cartesiano para repensar la relación entre orden y caos. “Maturana y Varela lo han llamado el camino por el filo de la navaja: a un lado encontraremos la mensurabilidad de un mundo expresado en objetos que nos informan y por el otro lado, el caos y la arbitrariedad de la ausencia de lo objetivo” (Maturana y Varela en Correa, 2012, p.156).  Se trata de salir, superar, las nociones de mente, cerebro y cognición.

Much of the History of modern philosophy, from Descartes and Kant forward, consists of failed models of the brain…that is the way even today people know more about their automobiles than they do about their own minds, and why the fundamental explanation of mind is an empirical rather than a philosophical or religious quest (Wilson. 1999, p.113)1“Gran parte de la Historia de la Filosofía moderna, de Descartes a Kant y más allá, consiste en modelos fallidos del cerebro. Esta es la manera como incluso en la actualidad, la gente sabe más de sus automóviles que de sus mentes y el por qué la explicación fundamental de la mente es más una cuestión empírica que filosófica o religiosa”..

Al cuestionar los procesos cognitivos en relación con los procesos colaborativos  y transdisciplinares, resurge la idea de cuerpo como totalidad en donde la distinción cuerpo-mente se torna obsoleta. Se trata de un cuerpo abierto y activo que no se limita o se reduce a un nivel instrumental como “cuerpo dócil” (Foucault) Sino que se manifiesta como una compleja red de posibilidades y enlaces, el cuerpo es también una pluralidad: cuerpo vivido, cuerpo sonoro, cuerpo tocado, cuerpo soñado. La vivencia del cuerpo también es dialógica.  Y en ese sentido toda producción de conocimiento es una experiencia vivida2En este sentido los aportes de la fenomenología son fundamentales en la redefinición de los procesos cognitivos, desde la fenomenología de la percepción de Maurice Merleau-Ponty, hasta el nuevo campo de estudio llamado microfenomenología.. En el proceso colaborativo el cuerpo interactúa con el entorno y con los otros cuerpos, generándose así lo que yo llamo la “circularidad del entendimiento”, un proceso complejo en el cual se van generando capas de interacciones cada vez más elaboradas; la red resultante es la totalidad del pensamiento colectivo, hasta cierto punto indescriptible y al mismo tiempo concreta y contundente.

Los participantes de procesos colaborativos, se tornan en “sujetos transdisciplinares” los cuales no están predefinidos, sino que se generan y regeneran en la interacción, a partir de la cual desarrollan “una visión compleja del mundo, del conocimiento, pero sobre todo de sí mismos, particularmente en el momento de la reflexión y la actualización de la realidad, la cual deja de ser una abstracción idealista” (Fragoso, 2009, p.102). Se trata entonces, de generar experiencias creativas y experimentales a partir de un pensamiento relacional.  Se trata también de comprender la relación entre la fuerza del arte para influir  y transformar el universo simbólico de los seres humanos y el deseo de saber.

En la práctica de los procesos colaborativos transdisciplinares, podemos hablar de “imaginación dialógica” (Bajtín) como ese espacio en donde  nuestras  representaciones están en contacto con los otros y en ese sentido transformándose y prefigurando respuestas. Es decir, hay un desplazamiento constante que ha sido acentuado por las formas sociales de la contemporaneidad, marcadas cada vez más por la interconexión, la velocidad y lo itinerante. Estamos inmersos en un juego entre lo familiar y lo extraño. El planteamiento de procesos colaborativos transdisciplinares y a su vez de comunidades utópicas, en un contexto donde las redes de comunicación y sus dispositivos tecnológicos describen también nuevas relaciones de poder o en otros términos donde el ejercicio del poder parece carecer de un centro, conduce a pensar en un movimiento total y constante, que produce redes de relaciones y trastoca las jerarquías. Retornamos aquí a la idea de “juego infinito”,  en esta clase de juego hay una apertura constante a la transformación (Carse, 1986). Mientras que en el juego finito se busca mostrar y demostrar poder, mediante alianzas y estrategias; en el “juego infinito” se participa desde la voluntad y la fuerza; la voluntad es una manera de hacer que el juego continúe y desde la fuerza se produce la transformación, pero no la destrucción o el abatimiento del adversario. La colaboración puede pensarse entonces como una suerte de juego infinito y de ejercicio de la voluntad.

Es desde esta fuerza que es posible, imaginar y propiciar el surgimiento de comunidades utópicas y poner en marcha procesos colaborativos transdisciplinares. El primer elemento propiciatorio es el contacto vinculado al desplazamiento cultural. Lo que marca el inicio de  la relación dialógica es un “viaje” que se emprende como una manera de salir del entorno conocido, un traslado que realizan todos los participantes al encontrarse mirando de forma distinta su práctica, su lugar, su identidad. A través del contacto y del diálogo se generan zonas de no-resistencia, a otros conocimientos, espacios de intercambio y de experimentación como flujo continuo de ideas y conversaciones. De tal manera que las propuestas puedan surgir de cualquier participante y éstas se transforman y enriquecen o se reelaboran, se reapropian en el proceso colaborativo. Se trata de un proceso de co-creación en el que hay una libertad para la expresión y la intervención. En este proceso de comunidad, los acuerdos y negociaciones se tornan fundamentales para comprender los aportes, posibilidades y dar lugar a la toma de decisiones colectiva. Es importante integrar un nivel etnográfico a todo este complejo entramado de acciones conjuntas, el concepto de “descripción densa” de Geertz (1997) hace énfasis en la etnografía como proceso interpretativo de una multiplicidad de estructuras conceptuales complejas, muchas de ellas superpuestas o entrelazadas, que son al mismo tiempo, extrañas, irregulares, no explícitas e inconcebibles. La dimensión etnográfica del proceso colaborativo ocurre como un esfuerzo consciente de interpretación y reflexión conjunta, como una manera de vincular la acción con la interpretación. Del mismo modo que el texto etnográfico se construye a través de múltiples narrativas, el proceso colaborativo es una forma de desplazamiento constante y de encuentro con el otro.

Se trata entonces de generar una serie de registros usando diversos soportes visuales, sonoros, escritos y objetuales, como memoria compartida, como descripción densa conjunta del proceso de colaboración. Ello hace también inteligible la complejidad del diálogo y de la co-creación. Las comunidades utópicas desarrollan memoria y capacidad interpretativa. La colaboración y la co-creación son también largos procesos conversacionales.

El laboratorio transdisciplinario

Propongo trabajar a partir de la idea de “Laboratorio transdiciplinario” en donde se generen procesos de colaboración, reinvención y co-creación y se realice la comunidad utópica. Propongo generar una serie de detonadores y de estrategias de contacto a partir de módulos de reflexión, conversación y co-creación. Cada módulo incluye a la vez fases de trabajo e interacciones que se repiten.

Los módulos son procesos cíclicos en los que se va configurando el sentido de comunidad y se produce a la vez un refinamiento de las capacidades interpretativas, colaborativas y conversacionales de los participantes. Los momentos clave del ciclo son: la conversación a partir de textos o conceptos detonadores, es un proceso grupal, continuo y emergente entre todos los participantes y el espacio de internalización de los conocimientos, así como de la generación de propuestas. La comunicación ocurre entre lo verbal y lo no verbal, los cuerpos se disponen a conversar y el proceso comunicativo se torna orquestal. En el proceso conversacional la comunicación ocurre en todas direcciones y en todo momento, es decir es un continuum en el cual se va generando un ritmo de participación. El “modelo orquestal” de la comunicación (Winkin, 2008) permite pensar la ejecución de un evento comunicativo como un performance y como un evento musical que generaría su propio sonido, su propia partitura invisible.

La analogía de la orquesta tiene la finalidad de hacer comprender como puede decirse que cada individuo participa en la comunicación, en vez de decir que constituye el origen o el fin de la misma. La imagen de la partitura invisible recuerda más precisamente el postulado fundamental de una gramática del comportamiento que cada uno utiliza en sus intercambios más diversos con el otro. En este sentido podríamos hablar de un modelo orquestal de la comunicación, por oposición al «modelo telegráfico». El modelo orquestal, de hecho, vuelve a ver en la comunicación el fenómeno social que tan bien expresaba el primer sentido de la palabra, tanto en francés como en inglés: la puesta en común, la participación, la comunión (Yves Winkin, 2008, p. 24-25).

La comunicación orquestal como parte del proceso de laboratorio y de la generación de comunidades utópicas, es ese aspecto vinculante, lúdico e intuitivo que teje con hilos invisibles el proceso colaborativo y podemos considerarla como una de las bases de los procesos transdisciplinares, puesto que al no ser lineal, permite unir saberes diversos y atravesar diferencias. Así, el sentido de comunión o de comunidad se da en la disolución de la linealidad y en la circularidad del entendimiento.

El siguiente momento del proceso de laboratorio y de colaboración, tiene que ver con la capacidad de visualizar relaciones y generar cuestionamientos, asociaciones y trabajar en un proceso de indagación desde la curiosidad y la capacidad para establecer vínculos entre diversos campos de conocimiento o problemáticas y contextos. Este trabajo indagatorio es también especulativo y aquí se producen los “juegos utópicos” como narrativas alternas y proyección de conceptualizaciones y hallazgos. El cuerpo está imbricado en todo el proceso y se trabaja también desde su materialidad y desde su apertura a través de la ejecución de acciones corporales conjuntas, de encuentros con los cuerpos, para finalmente generar un cuerpo colectivo, la comunidad se conecta también energéticamente y produce movimientos orgánicos grupales, en una dinámica de reconocimiento mutuo y de cuidado del otro como una manera de entrar en el cuidado de sí. Esta dimensión de lo corporal en el proceso de co-creación, produce una relación entre la percepción, las acciones, las emociones y las situaciones que se generan dentro del laboratorio.

Las sociedades disciplinarias que imponen el castigo y el aislamiento como formas de establecer el control y convertirnos en cuerpos dóciles, atacan directamente al ser y al conocer.

La estulticia es por lo tanto el otro polo de la práctica de uno mismo. Para salir de la ignorancia es necesario echar mano del cuidado de uno mismo (…) Qué quiere decir por lo tanto estulto. En primer lugar, apertura a las influencias del mundo exterior, recepción absolutamente acrítica de las representaciones. En segundo lugar, estulto es aquél que se dispersa en el tiempo, el que se deja llevar, el que no se ocupa de nada, el que deja que su vida discurra sin más. Su existencia transcurre sin memoria ni voluntad. (Foucault, 1996, p. 55-57)

Para Foucault, la práctica de sí es una manera de conectar la voluntad con el sí mismo, y el cuidado de sí  es el placer de sí mismo. Una comunidad utópica como espacio para la colaboración es también el lugar para la superación de toda estulticia.

La siguiente etapa del laboratorio concebido como zona de contacto generadora de ideas, es la reconfiguración y la reinvención como modos de la co-creación. Reconfiguración de ideas, situaciones, espacios, procesos, artefactos, historias. Organización de los resultados, escritura de ficciones y retorno a la fase de conversación. Se trata de un delicado proceso interactivo en el cual se producen acciones, se generan ideas y especulaciones; se imagina, más que un objeto, un camino y una práctica de la ruptura de conceptos, una práctica de la utopía y de los juegos utópicos. La sensación de flujo ocurre, los cuerpos están presentes y relacionados, se siente ese estado de goce y de asombro (fig. 1).

Diagrama de proceso colaborativo
Figura 1 Diagrama del proceso colaborativo en el laboratorio transdisciplinario.

Los diversos momentos y niveles del proceso colaborativo pueden pensarse también como un entrenamiento; a medida que los ciclos se suceden, se desarrolla una mayor empatía y un entusiasmo por los desafíos conceptuales; algo que se pone en juego en un proceso transdisciplinar es la posibilidad de superar cualquier interpretación cerrada de los conceptos. La pregunta por el sentido del hacer con los otros, rompe las formas de apatía que también pueden presentarse en el proceso colaborativo, como una desconexión, un ensimismamiento que por momentos tiende a bloquear el proceso conversacional; el trabajo corporal reconecta, abre y produce la sensación de integración y de afectividad cooperativa. En el estado creativo y de conexión, hay sensaciones físicas, un hormigueo interno que como oleaje te lleva a un estado de euforia silenciosa, de suspensión del tiempo, de intuición de la totalidad. Este estado creativo va de la profusión arborescente de posibilidades, una especie de desenfoque, a una concentración potente que establece una búsqueda y produce la energía para lograrla, un proceso de focalización, centrado en la creación, el cual genera acciones y aprendizajes.

La experiencia del tiempo en el proceso de co-creación tiene una relación estrecha con el ritual, hay una vivencia de un presente expandido y de manera similar al proceso ritual, existe la posibilidad de diluir las dualidades y generar acciones conjuntas experimentadas, actuadas como totalidad, el tiempo de la co-creación es similar al del estado onírico. Este presente se une a la espiral del proceso creativo que, como ya dijimos antes, permite la renovación. En el proceso de co-creación  el cuerpo físico se vincula al cuerpo social, al cuerpo-comunidad. La espiral como metáfora, contiene al círculo como ciclo de renovación, aunado al fluir ascendente y descendente.  El movimiento en espiral, produce un ritmo que alterna tensión y distensión, aceleración y pausa. Hay una ética que se produce en la participación en comunidad, la cual se genera a partir de la reflexividad compartida y del reconocimiento del otro como fundamental para que la creación ocurra, así como en el ritual, es el otro el que propicia mi transformación y es por la interacción con los otros que es posible reconfigurar, profundizar o cambiar nuestro propio esquema conceptual.

La dimensión cognitiva de la colaboración está dada por la interacción y la relación entre mi cuerpo, el contexto y el cuerpo del otro, en ese sentido se opone éticamente a la globalización y la homogeneización, así como a la hiperestimulación producida por las redes virtuales de comunicación. Los medios electrónicos y las redes sociales privilegian una representación del mundo concreta y emotiva, sensitiva y dinámica, este placer inmediato se torna en una forma de control de la voluntad; hay que preguntarse, qué pasa con las capacidades perceptivas ante este vaivén entre la hiperestimulación y el control. Hay una relación directamente proporcional entre el bombardeo sensorial y las capacidades perceptivas (Ferrés, 2000) El mundo parece pensarse no de manera lineal sino simultánea, lo virtual es altamente gratificante, hay una seducción por la imagen que produce pequeños placeres, esta gratificación es destructiva. Uno de los factores que desvinculan y que quiebran la posibilidad de la co-creación, es justamente la necesidad construida de gratificación inmediata, la cual no puede ser evadida dentro de un espacio de colaboración; para responderle y desarticularla, propongo crear una “satisfacción diferida”, un placer postergado. La seducción de lo inmediato se puede vencer por la seducción del sentido. En la seducción disgregadora el seducido se anula a sí mismo; en la seducción integradora el seducido comprende las paradojas de la realidad y disfruta del saber, crece y construye sentido de un modo lúdico (Ferrés, 2000).

Podemos preguntarnos si esta seducción disgregadora pertenece al orden de lo cibernético, si como afirma Tiqqun hemos producido una nueva forma de gobierno:

la hipótesis cibernética es una teoría y una nueva forma de gobierno (…) que postula los comportamientos biológicos, físicos y sociales como íntegramente programados y programables. Una tecnología de poder, para la cual gobernar significa coordinar racionalmente los flujos de informaciones y decisiones que se producen espontáneamente en el cuerpo social (Tiqqun, 2015, p.9).

La comunidad como espacio para la colaboración, no pertenece al orden de lo cibernético, pero sí puede aparecer y desaparecer en el entramado virtual de comunicaciones. Se trata de intervenciones o disrupciones a los flujos de información. Del mismo modo como Tiqqun apuesta por “Devenires ingobernables. Es decir, opacos a la visión cibernética, ilegibles para sus códigos, imprevisibles para sus máquinas de computación y control” (Tiqqun, 2000, p.10). Las comunidades utópicas apelan a la transformación y la lucidez. En el cuento de Gibson “El continuo de Gernsback”  se describe la posibilidad de encontrarse con fragmentos del mundo onírico, abandonados en el presente. Se genera un conflicto, lo peor, lo más abominable se presenta como lo perfecto ¿Lo que queremos realmente es el futuro? Las visiones bizarras de “fantasmas semióticos”, que se le presentan al protagonista del relato, son esas desgarraduras por las cuales se cuelan fragmentos de sueños de masas, estereotipos que toman vida. Para librarse de ellos el cuento plantea una especie de sobredosis de banalidad. Habrá que proponer, mejor un exorcismo de los propios fantasmas por el ritual renovado de la conversación. “El nuevo modelo para este siglo depende de la co-creación y  la colaboración” (Tiqqun, 2015, p.34). El arte como una manera de ser y estar con los otros. La transdisciplina como la visión actual de generación de conocimiento. La ficción como una posibilidad de hacer aparecer otras formas de lo real. Las identidades relacionales y la circularidad del entendimiento como aspectos de las comunidades utópicas.

Ficciones, juegos e interacciones

Entrar al juego de conversaciones de un laboratorio transdisciplinario, nos remite a la idea de “estética relacional” la cual puede pensarse como una teoría de la forma, la mirada y la interacción. “El arte actual muestra que sólo hay forma en el encuentro, en la relación dinámica que mantiene una propuesta artística con otras formaciones artísticas o no” (Bourriaud, 2013, p. 22).  En el trabajo dentro del laboratorio la dimensión artística está imbricada con la discusión científica y con las posibilidades de la ficción a través de la apropiación de relatos y generación conjunta de conexiones entre diversos campos de conocimiento. Los participantes del laboratorio, son jugadores empáticos, que van desarrollando gradualmente una capacidad para escuchar, sintetizar y reformular. Las ideas se crean y se abandonan en el juego de interacciones, las propuestas carecen de etiquetas, se guardan en una memoria colectiva transitoria, se registran por medio de narrativas que permitan su reapropiación futura. Hay una actitud despreocupada por el rigor académico, se establece la levedad de las posibilidades como un campo rico de indagación y cuestionamiento. Podemos pensar con Bourriaud, que efectivamente

La esencia de la práctica artística residiría en la invención de las relaciones entre sujetos; cada obra de arte en particular, sería la propuesta para habitar un mundo en común y el trabajo de cada artista un haz de relaciones con el mundo que generaría a su vez otras relaciones, y así sucesivamente hasta el infinito (Bourriaud, 2013, p.23).

Las trayectorias de relaciones, pueden leerse antropológicamente como un entramado que produce conocimiento y a su vez genera nuevas lecturas que intervienen en el entorno, es decir como acciones que producen transformaciones que provocan cambios. En el juego de relaciones que produce el laboratorio transdisciplinario, está implicada la fuerza del arte para influir y transformar el universo simbólico de los participantes de la interacción y su deseo de saber.

En el laboratorio se plantean cuestionamientos, se detonan reflexiones y producen diversas formas de interacción. La transdisciplina genera visiones holísticas frente a la complejidad del mundo. Uno de los aspectos centrales del laboratorio, es la comprensión del universo como una totalidad en movimiento y la generación del conocimiento como una intersección entre lo artístico, lo científico y lo ficcional. El laboratorio transdisciplinario se define en la práctica como un detonador de acciones, como un integrador de prácticas y disciplinas, como un generador de comunidades y de diálogos, como un campo de convergencia de conocimientos, como un provocador de comportamientos y de movimientos de la identidad, como un espacio utópico y visionario en el cual la singularidad se manifiesta y se desarrolla como consecuencia de la colaboración. Entendiendo la singularidad con Bernard Stiegler como una condición vinculada al deseo, a la libido y opuesta a la estandarización del consumismo. La singularidad como lo que se opone a la “miseria simbólica” que es también la fabricación artificial de deseos, la masificación de la libido y la estandarización de las conductas. En el espacio del laboratorio se genera un proceso contrario al estereotipo a la estandarización.

La comunidad utópica y el proceso de co-creación transdisciplinar, recuperan en la práctica, en la acción, la sensación de existir, de singularidad, la cual es inmensa y se recrea en el encuentro con la singularidad del otro. “Con la hipermasificación de los comportamientos, el capitalismo cultural, debe también masificar los deseos, cuando el deseo es precisamente lo que es singular. La contradicción sobre la cual se basa este sistema lo condena a su destrucción” (Stiegler, 2005, p.3). Trabajar y producir a partir del concepto de “comunidades utópicas” en un proceso de laboratorio transdisciplinario es contribuir también al desarrollo de la singularidad de las personas y en ese sentido un escape de la estulticia y de la estandarización cibernética. Más que un camino, un río que fluye con fuerza propia. El conocimiento como deseo y la co-creación como un “intercambio de inteligencias” a partir del proceso conversacional y del diálogo extenso que incluye el deseo, la afectividad cooperativa y el juego infinito3Este texto muestra varios de los hallazgos generados en “Sombrero Invisible”: laboratorio transdisciplinario de arte, diseño y ciencia ficción, el cual he credo y coordino en el MUAC, UNAM, en la Ciudad de México..

 

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Notas   [ + ]

1.“Gran parte de la Historia de la Filosofía moderna, de Descartes a Kant y más allá, consiste en modelos fallidos del cerebro. Esta es la manera como incluso en la actualidad, la gente sabe más de sus automóviles que de sus mentes y el por qué la explicación fundamental de la mente es más una cuestión empírica que filosófica o religiosa”.
2.En este sentido los aportes de la fenomenología son fundamentales en la redefinición de los procesos cognitivos, desde la fenomenología de la percepción de Maurice Merleau-Ponty, hasta el nuevo campo de estudio llamado microfenomenología.
3.Este texto muestra varios de los hallazgos generados en “Sombrero Invisible”: laboratorio transdisciplinario de arte, diseño y ciencia ficción, el cual he credo y coordino en el MUAC, UNAM, en la Ciudad de México.