¿Cómo se mide la mortalidad? Tratando de ayudar en la crisis por el coronavirus (COVID-19)

Una forma de mejorar la medición del nivel y cambio de la mortalidad general del COVID-19 de una población, o para ciertas edades de la misma, es a través del uso del indicador años de esperanza de vida perdidos (AEVP).

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Artículo elaborado en colaboración con Griselda Russo1neuropsquiatras.com. Av. Forest 1179, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Rep. Argentina. Email: dragriseldarusso@gmail.com .

La lamentable cantidad de muertes causada por el COVID-19 está en función de dos indicadores: el nivel de mortalidad2El análisis demográfico de la mortalidad se basa en que los diversos aspectos del comportamiento de esta variable están relacionados a la estructura por edad y sexo, así como también de la composición por causas de muerte (Alba, 1974). La información para cuantificar la mortalidad se nutre de las estadísticas de defunciones y de la información de los censos de población. No obstante, los datos sobre las edades y los registros administrativos de las estadísticas vitales en la mayor parte de los países pueden ser incompletos o sesgados, afectando en alguna manera los resultados de los indicadores de mortalidad (Cardona, et al., 2008). – o probabilidad de morir por esta enfermedad –, y la cantidad de población de una sociedad o área particular –siendo determinante, para esto último, la estructura de edad–.

La sola información de la cantidad de muertes o el porcentaje de muertes debido al coronavirus 2019 –en adelante COVID-193El COVID-19 se originó en Wuhan (China), y en poco tiempo esta enfermedad superó las fronteras geográficas y acrecentó las notificaciones de cantidad de casos en distintas regiones del mundo (Arteaga-Livias y Rodríguez-Morales, 2020). –, no nos permite saber cuál es el nivel de mortalidad de esta enfermedad en una población determinada, así como tampoco realizar comparaciones entre dos áreas geográficas, debido a que no cuenta con el registro de las edades en que fallece cada una de las personas a causa del COVID-19.

Existen varios índices –ninguno de orden general–, que miden diferentes aspectos de la mortalidad, siendo los más utilizados: las tasas brutas de mortalidad; las tasas específicas de mortalidad por edad; las tasas brutas de mortalidad estandarizadas; las esperanzas de vida; los años de vida potencialmente perdidos; y los años de vida perdidos. Como consecuencia, el nivel de la mortalidad no es único, sino que es dependiente del índice que se utilice para medirlo, mientras que el cambio de la mortalidad representa el cambio experimentado por el “nivel” de mortalidad, tras producirse variaciones en la mortalidad a una edad, diversas edades o en todas ellas (Arriaga, 1996). El profesor Arriaga (2014), señala que los índices para medir el nivel y el cambio de la mortalidad son usados frecuentemente de manera inadecuada4Para profundizar este aspecto, se recomienda consultar: Arriaga (2014). “Análisis demográfico de la mortalidad”. , lo que puede conllevar a inconsistencias en las interpretaciones de los niveles y tendencias de la mortalidad.

La tasa bruta de mortalidad5Las tasas específicas de mortalidad por edades se calculan igual que la tasa bruta de mortalidad, pero en lugar de tomar la información para el total de la población, se utilizan edades específicas. Ni la TMB como tampoco las especificas por edades pueden medir el nivel general de mortalidad de una población (Arriaga, 1996). A estos fines se han desarrollado procedimientos para estandarizar las tasas brutas de mortalidad con el propósito de evitar la distorsión de la distinta composición por edades de una población (Spiegelman, 1968; Kitagawa, 1955 y 1966; Das Gupta, 1993). Las tasas estandarizadas solamente indican en cuál población mayor o menor la mortalidad, pero no miden realmente el nivel de mortalidad. A su vez, tienen la desventaja de que si se cambia la población adoptada como estándar, se podrían producir cambios en rango del nivel de mortalidad entre las poblaciones analizadas (Arriaga, 1996, p. 11). (TBM) informa acerca de la cantidad de defunciones que suceden en un año en una determinada población, no siendo posible conocer el nivel de mortalidad, puesto que no se contempla en su cálculo las diferentes edades en que se producen las defunciones6El patrón de mortalidad por causas de muerte, presenta una gran heterogeneidad si lo desagregamos por grupos de edad, dado que la mortalidad por edad y sexo de cada diferente causa de muerte varían da manera considerable, así como también dentro la misma causa (Cardona, et al., 2008). Siendo más apropiada para conocer los cambios en los riesgos asociados a distintas causas, realizar la comparación de las Tasas de Mortalidad (específicas por causa) Estandarizadas por Edad (TMEE) (Grushka, 2014, p. 101). , por tanto, el valor de la TBM del COVID-19 no nos permite conocer adecuadamente el nivel de la mortalidad de esta enfermedad. Cabe destacar que el valor de la TBM por COVID-19 se encuentra fuertemente sesgado por la proporción de población envejecida (Arriaga, 2014), resultando significativamente superior en una zona con mayor peso relativo de adultos en relación a una población más joven (MSAL, 2012).

La esperanza de vida al nacimiento7La E0 representa el número medio de años de vida adicionales que una persona perteneciente a una cohorte ficticia de nacimientos podría vivir, si las tasas de mortalidad específicas por edad para un año determinado se mantuviesen constantes por el resto de su vida, por lo tanto, es una medida hipotética que se basa en las tasas de mortalidad actuales (Population Reference Boureau, 2003). Es un indicador más apropiado para informar sobre los cambios en la mortalidad general debido a que no se encuentra distorsionada por la estructura de edades de una sociedad (Grushka, 2014, p. 95). (E0) es un indicador demográfico adecuado para medir el nivel de mortalidad general en una población. No obstante, tampoco permite conocer correctamente el cambio de la mortalidad (Arriaga, 2014).

Una forma de mejorar la medición del nivel y cambio de la mortalidad general del COVID-19 de una población, o para ciertas edades de la misma, es a través del uso del indicador años de esperanza de vida perdidos (AEVP).

Mediante el cálculo de AEVP se puede conocer el número de años de esperanza de vida que se pierden o restringen por el virus del COVID-19 en una población determinada, siendo recomendable utilizar todas las edades, con excepción del grupo abierto de edad8El grupo abierto puede variar de acuerdo a la información disponible, en el caso de las tablas calculadas para el Total del país y provincias en Argentina, el grupo abierto final correspondió a 100 años y más, y El tiempo vivido (Lx) por los sobrevivientes se calculó se basó en la tasa central de mortalidad (INDEC, 2013). Respecto al uso de grupo cerrados, por ejemplo en “80 años y más”, existen divergencias dado la existencia de problemas en la declaración de la edad de las personas más envejecidas (Del Popolo, 2000; Blaconá, y Andreozzi, 2016). , debido a que no se conoce la edad de la última defunción. Al ser un cálculo entre dos edades, el resultado nos arroja la esperanza de vida temporaria entre tales edades – en caso de realizar comparaciones entre dos o más poblaciones, el intervalo de edades debe ser el mismo–. Cuanto más elevado sea el valor de AEVP, más alta es la mortalidad existente entre las edades consideradas, por consiguiente, se accede a una cuantificación del cambio en el nivel de mortalidad del COVID-19 –desagregado y total–, expresada en años de vida –con excepción del grupo de edad abierto–.

También podría utilizarse un instrumento sencillo para medir la mortalidad general del virus COVID-19, que son los años potenciales de vida perdidos (APVP) –no siendo necesario las construcciones de tablas de vida9Las tablas de vida se construyen con la información de mortalidad observada durante un corto periodo de tiempo –por lo general un año o bien un promedio de varios años– con una población estimada en el periodo observado (Ortiz, 1999; Mina, 2006). Para el estudio de la mortalidad se forma una cohorte hipotética, y se supone que en periodo de tiempo considerado toda la población enfrenta iguales condiciones de mortalidad (Martínez-Guzmán, et. al., 2015). –, disponiendo de la información de las defunciones por COVID-19 según grupos de edad y realizando un supuesto arbitrario sobre la edad límite que podría llegar a vivir la población10Esto permite estimar un número hipotético de años de vida que se pierden por el COVID-19, de manera más sencilla y rápida respecto al cálculo de AEVP (Arriaga, 2011). (Arriaga, 2014).

La medición del nivel y cambio de la mortalidad por COVID-19 experimenta el inconveniente de contar con un único índice para poder mediar ambas cuestiones de manera correcta. Como hemos mencionado antes, la esperanza de vida es útil para medir el nivel, pero no así el cambio de la mortalidad. El uso del cálculo de años de vida perdido está limitado a ciertas edades – no es posible con el grupo de edad abierto- y permite conocer los cambios en la esperanza de vida, debido a los años de vida perdidos por el COVID-19 en cada una de las edades. Finalmente, un análisis que interrelacione el índice de años de vida por el COVID-19 junto con el conocimiento de la etiología del COVID-19 (Arriaga, 1996), sería de gran ayuda para generar políticas en términos de espacialidad del proceso salud-enfermedad.

Teniendo en cuenta que el espacio se construye a partir de las situaciones sociales que se reconfiguran permanentemente (Santos, 1996), y mediante el relevamiento de la heterogeneidad de los espacios humanos particulares, se podrá actuar de manera más efectiva y equitativa de acuerdo a dónde y cómo las colectividades viven en el territorio, con las acciones contra el COVID-19 (Iñiguez Rojas, 1998). Entendiendo que la reducción o prevención de la morbi-mortalidad por COVID-19 no solo le competen al área sanitaria, sino que también intervienen cuestiones relacionadas con aspectos socioculturales y económicos, así como con las políticas y servicios de seguridad de la población en cuestión (Bertone, et al., 2008).11Colaboradora en corrección: Victoria Allen. Licenciada en Letras. Universidad Central de Venezuela (UCV). 12Un agradecimiento especial al Doctor Leandro de la Mota por los valiosos comentarios que permitieron mejorar notablemente el tema desarrollado

Bibliografía

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. La lamentable cantidad de muertes causada por el COVID-19 est\u00e1 en funci\u00f3n de dos indicadores: el nivel de mortalidad((El an\u00e1lisis demogr\u00e1fico de la mortalidad se basa en que los diversos aspectos del comportamiento de esta variable...","image":{"@type":"ImageObject","url":"https:\/\/iberoamericasocial.com\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/coronavirus.jpeg","width":1200,"height":675},"datePublished":"2020-03-31T10:40:44+02:00","headline":"\u00bfC\u00f3mo se mide la mortalidad? Tratando de ayudar en la crisis por el coronavirus (COVID-19)","mainEntityOfPage":{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/iberoamericasocial.com\/como-se-mide-la-mortalidad-tratando-de-ayudar-en-la-crisis-por-el-coronavirus-covid-19\/"},"author":{"@type":"Person","name":"Fernando Manzano"},"publisher":{"@type":"Organization","name":"Iberoam\u00e9rica Social","logo":{"@type":"ImageObject","url":"","width":0,"height":0}},"dateModified":"2020-04-02T10:49:26+02:00"}

Notas   [ + ]

1.neuropsquiatras.com. Av. Forest 1179, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Rep. Argentina. Email: dragriseldarusso@gmail.com
2.El análisis demográfico de la mortalidad se basa en que los diversos aspectos del comportamiento de esta variable están relacionados a la estructura por edad y sexo, así como también de la composición por causas de muerte (Alba, 1974). La información para cuantificar la mortalidad se nutre de las estadísticas de defunciones y de la información de los censos de población. No obstante, los datos sobre las edades y los registros administrativos de las estadísticas vitales en la mayor parte de los países pueden ser incompletos o sesgados, afectando en alguna manera los resultados de los indicadores de mortalidad (Cardona, et al., 2008).
3.El COVID-19 se originó en Wuhan (China), y en poco tiempo esta enfermedad superó las fronteras geográficas y acrecentó las notificaciones de cantidad de casos en distintas regiones del mundo (Arteaga-Livias y Rodríguez-Morales, 2020).
4.Para profundizar este aspecto, se recomienda consultar: Arriaga (2014). “Análisis demográfico de la mortalidad”.
5.Las tasas específicas de mortalidad por edades se calculan igual que la tasa bruta de mortalidad, pero en lugar de tomar la información para el total de la población, se utilizan edades específicas. Ni la TMB como tampoco las especificas por edades pueden medir el nivel general de mortalidad de una población (Arriaga, 1996). A estos fines se han desarrollado procedimientos para estandarizar las tasas brutas de mortalidad con el propósito de evitar la distorsión de la distinta composición por edades de una población (Spiegelman, 1968; Kitagawa, 1955 y 1966; Das Gupta, 1993). Las tasas estandarizadas solamente indican en cuál población mayor o menor la mortalidad, pero no miden realmente el nivel de mortalidad. A su vez, tienen la desventaja de que si se cambia la población adoptada como estándar, se podrían producir cambios en rango del nivel de mortalidad entre las poblaciones analizadas (Arriaga, 1996, p. 11).
6.El patrón de mortalidad por causas de muerte, presenta una gran heterogeneidad si lo desagregamos por grupos de edad, dado que la mortalidad por edad y sexo de cada diferente causa de muerte varían da manera considerable, así como también dentro la misma causa (Cardona, et al., 2008). Siendo más apropiada para conocer los cambios en los riesgos asociados a distintas causas, realizar la comparación de las Tasas de Mortalidad (específicas por causa) Estandarizadas por Edad (TMEE) (Grushka, 2014, p. 101).
7.La E0 representa el número medio de años de vida adicionales que una persona perteneciente a una cohorte ficticia de nacimientos podría vivir, si las tasas de mortalidad específicas por edad para un año determinado se mantuviesen constantes por el resto de su vida, por lo tanto, es una medida hipotética que se basa en las tasas de mortalidad actuales (Population Reference Boureau, 2003). Es un indicador más apropiado para informar sobre los cambios en la mortalidad general debido a que no se encuentra distorsionada por la estructura de edades de una sociedad (Grushka, 2014, p. 95).
8.El grupo abierto puede variar de acuerdo a la información disponible, en el caso de las tablas calculadas para el Total del país y provincias en Argentina, el grupo abierto final correspondió a 100 años y más, y El tiempo vivido (Lx) por los sobrevivientes se calculó se basó en la tasa central de mortalidad (INDEC, 2013). Respecto al uso de grupo cerrados, por ejemplo en “80 años y más”, existen divergencias dado la existencia de problemas en la declaración de la edad de las personas más envejecidas (Del Popolo, 2000; Blaconá, y Andreozzi, 2016).
9.Las tablas de vida se construyen con la información de mortalidad observada durante un corto periodo de tiempo –por lo general un año o bien un promedio de varios años– con una población estimada en el periodo observado (Ortiz, 1999; Mina, 2006). Para el estudio de la mortalidad se forma una cohorte hipotética, y se supone que en periodo de tiempo considerado toda la población enfrenta iguales condiciones de mortalidad (Martínez-Guzmán, et. al., 2015).
10.Esto permite estimar un número hipotético de años de vida que se pierden por el COVID-19, de manera más sencilla y rápida respecto al cálculo de AEVP (Arriaga, 2011).
11.Colaboradora en corrección: Victoria Allen. Licenciada en Letras. Universidad Central de Venezuela (UCV).
12.Un agradecimiento especial al Doctor Leandro de la Mota por los valiosos comentarios que permitieron mejorar notablemente el tema desarrollado
13.neuropsquiatras.com. Av. Forest 1179, Ciudad Aut\u00f3noma de Buenos Aires. Rep. Argentina. Email: dragriseldarusso@gmail.com
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Doctor en Demografía por la Universidad Nacional de Córdoba.

Licenciado en Sociología y Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires.

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