¿Cómo medir la desocupación en la crisis por el coronavirus?

Tratando de aportar en tiempos del SARS-CoV-2 (COVID 19).

desocupación en la crisis por el coronavirus
desocupación en la crisis por el coronavirus

1Un agradecimiento especial a Sebastián Dinerstein de la Universidad de Buenos Aires (UBA) por las correcciones editoriales, y al Dr. Leandro de la Mota por los valiosos comentarios que permitieron mejorar notablemente este manuscrito.Ante la pandemia del COVID-19, las economías se cerraron y paralizaron, y las sociedades se encuentran en cuarentenas más o menos severas, medidas solo comparables a las de situaciones de guerra. Dejando de lado – en caso de ser posible– el dolor generado en el corto plazo para la salud de los trabajadores y de sus familias, nos enfrentamos a un descontrolado aumento del desempleo2En los países en desarrollo, las restricciones al movimiento de personas y mercancías en el marco de la cuarentena, puede afectar el efecto amortiguador del empleo por cuenta propia (Servais, 2020).. La OIT estima que hay entre 5,3 millones (hipótesis “prudente”) y 24,7 millones (hipótesis “extrema”) nuevos desocupados a partir de un nivel de base de 188 millones de desocupados en 2019 a nivel mundial (OIT, 2020a) –la brecha de 19,4 millones de desocupados en la predicción refleja la dificultad de la crisis sanitaria del COVID 19–. Para establecer una comparación, la crisis financiera mundial de 2008-9 aumento la cantidad de desocupados en 22 millones. Además el organismo resalta que 1,25 billones de trabajadores se encuentran en riesgo de despido, reducción del salario y posible disminución de horas trabajadas (OIT, 2020b).

El objetivo de esta reseña –sin ánimo de exhaustividad, sino meramente orientativo–, es dar cuenta de la complejización del concepto de desempleo en función de los cambios en la estructura laboral –carente de consenso en su explicación por parte de la teoría económica–, y establecer el interrogante respecto a la interpretación adecuada de la definición del desempleo, ante la actual crisis, que no es similar a la de otros períodos de desempleo extensivo (Blustein, et al., 2020). Existe la necesidad de analizar de manera apropiada este indicador en un contexto que implica tomar medidas de emergencia3Fortalecer sistemas de protección social que atienden a los sectores más vulnerables y de estratos medios a través de transferencias directas, seguros de desempleo, beneficios a subempleados y trabajadores por cuenta propia. Así como también, preservar la capacidad productiva y crear las condiciones para la reactivación de la actividad económica a través de mecanismos de liquidez para las empresas, en particular las pymes (Bárcena, 2020). Roubini recomendó ampliar los créditos a las pequeñas y medianas empresas (ilíquidas pero solventes), así como implementar un estímulo fiscal masivo a través de transferencias directas a las familias (Roubini, 2020). Otras medidas propuestas incluyen transferencias directas en efectivo y subsidios al salario (Gopinath, 2020)., como por ejemplo, un seguro del desempleo a nivel nacional (Esquivel, 2020), pero dando cuenta de la heterogeneidad de situaciones de los desempleados y cuentapropistas sin ingresos –mayoritariamente de ramas de servicios no esenciales–, que no gozan de derechos a prestaciones.

El concepto de trabajo se viene complejizando dada su relación con el tiempo y con el dinero. El hecho de que ciertas actividades sean remuneradas en dinero o en especie llevo a la humanidad más o menos 70.000 años, desde que en el Paleolítico superior se empezaron a diversificar y especializar las funciones y los roles de los miembros de un clan para la caza (Salazar, 2011). En el siglo XVIII con la Revolución Industrial y la generalización de las relaciones capitalistas, se produce la diferenciación entre trabajar para el núcleo familiar y trabajar en la fábrica. El trabajo4El trabajo, como categoría homogénea, se afianzó allá por el siglo XVIII junto con la noción unificada de riqueza, de producción y la propia idea de sistema económico, para dar lugar a la economía como nueva disciplina (Naredo, 2002). Además Smith postula que la riqueza procedía del trabajo y no del dinero o la producción agrícola de un país, como sostenían los mercantilistas y fisiócratas, respectivamente. Desde entonces se considera que la humanidad ha estado inmersa en el paradigma del trabajo (Salazar, 2011). paso a ser una tarea remunerada (Medá, 1995), mediante la venta de la fuerza laboral. El nuevo modo de producción también implicó el pasaje de una sociedad rural y tradicional a una urbana e industrial, en la que surge el desempleo5Esta sobrepoblación relativa, la denomino Marx como ejercito industrial de reserva (Marx, 1867), cumpliría la función de ajustar el empleo según las necesidades de la acumulación capitalista –la competencia laboral reduce el salario y precariza las condiciones laborales (Feliz y Neffa, 2006) –, permaneciendo disponible para cuando la producción lo requiera (Marx, 1978). como fenómeno distinto a la pobreza – el concepto de desempleo en sentido moderno6Sean cuales sean sus causas, el desempleo es un fenómeno endémico evidente en la sociedad industrial moderna, que se acentúa en las épocas de crisis. Presentándose fenomenológicamente de manera diferente según el tipo de desarrollo económico y los diversos contextos sociales (Pugliese, 2000). surge recién a principios del siglo XX– (Pugliese, 2000). En 1905 se evidenció el desempleo involuntario (Webb, 1909), en tanto problema inmanente a la producción industrial. En consecuencia, se erradicaron los calificativos despectivos hacían quienes no trabajaban –considerados ociosos y vagos (Murray, 1908)7Por ejemplo en Argentina en las primeras décadas del siglo XX, los desocupados eran considerados como mendigos, vagos o atorrantes (Armus, 1984). Asimismo, entre los responsables de las estadística no existía consenso para la categorización de los desocupados (Topalov, 1994). ¿El mendigo, el vagabundo, el trabajador callejero, debía o no ser contado como desocupado?, temiendo que las personas negaran su condición de desocupado por el temor de que “les tom[ara]n por vulgares vagabundos” (BDNT 36, 1918, p. 53). Téngase en cuenta que en discursos científicos como el de la criminología argentina se postulaba que el trabajador irregular o desocupado se convertía más tarde en delincuente (Salvatore, 2000).–, determinado el desempleo como un problema involuntario y de carácter social, causado por el mal funcionamiento del mercado de trabajo (Beveridge, 1930), que además requiere la acción del Estado8A principios del siglo XX en Inglaterra, el estado nombro a la comisión para la reforma de la ley sobre los pobres, en donde se definieron plantean una serie de medidas para prevenir el desempleo –bolsas de trabajo, formación profesional de los jóvenes y proyectos de obras públicas– (Webb y Webb, 1909). para su solución (Salazar, 2011).

El énfasis por el desempleo involuntario9La implementación de la cadena de montaje genero notables incrementos en la productividad –de hasta 40% en la industria norteamericana entre 1920 y 1927– (Rifkin, 2004), así como también una gran aumento del desempleo (Salazar, 2011). Tras la crisis del crack de 1929, la medición de los desocupados cobro otra relevancia (Desrosières, 1996) –hasta entonces cuestiones técnicas como a quiénes considerar desempleados, o cómo calcular la tasa de desempleados, habían sido escasamente planteadas (Daniel, 2011)–, en un contexto donde los demócratas reclamaban al gobierno republicano una política nacional de lucha contra el desempleo (Topalov, 1994, p. 294). por parte de Keynes, implico una ruptura al interior la escuela de pensamiento económico dominante10En el año 1913 en Argentina desocupación fue un tema de interés en la opinión pública (Anuario Estadístico del Trabajo, 1913). La discusión de medir o no el desempleo enfrentaba a dos posiciones: por un lado, los liberales “clásicos” que lo consideraban un desequilibrio coyuntural que el mercado resolvería, y por otro, los que reclamaban la acción del estando siendo la información estadística una condición necesaria (Daniel, 2011). (Keynes, 1936), la cual consideraba al desempleo como transitorio y autorregulado por el mercado de trabajo11Say fue uno de los primeros en afirmar que cada oferta crea su propia demanda. Cuando se produce un producto se pagan salarios, renta de la tierra y beneficios. Por tanto, cualquiera que sea su precio, siempre está el dinero para comprarlo –la economía genera automáticamente pleno empleo– (Heilbroner, 1977). Esto fue puesto en discusión por Hobson –que se auto definió como un hereje de la economía–, quien afirmaba que cuando el ahorro no es destinado a la producción se genera subporoducción y subempleo (Hobson, 1896).. Así, el desempleo masivo y permanente (Cabrales, 2011), que destaca al capitalismo avanzado (Márquez, 2005), continua siendo un problema sin explicación profunda en la teoría económica convencional (Asenjo, 1992).

A partir de la década del setenta en Latinoamérica, región caracterizada por la heterogeneidad de sus mercado laborales, se enfatiza el excedente de mano de obra12Suelen destacarse otros problemas adicionales a la reducida demanda de trabajo, como son: el desbalance de poder entre el trabajador y las empresas (De la Garza, 1993; Zapata, 2003); la persistencia de la heterogeneidad productiva frente a los cambios en los modelos de desarrollo (Rodríguez, 1998; Hernández et al ,2003; Infante, 2011; CEPAL, 2011; CEPAL, 2012), la falta de capacidad de regulación de las instituciones laborales (Bensusan, ´2006; Cook, 2007; Bensusan, 2010), entre otras. –una masa marginal que no es absorbida ni siquiera en los perıodos de expansión (Nun, 1969)–, que se dirige al mercado laboral informal (Perez Sainz y Mora Salas, 2006), debido a la apremiante situación económica de los hogares –con escasos márgenes para el desarrollo de estrategias de sobrevivencia13Los trabajadores responsables de la manutención económica del hogar tienden a menor duración del desempleo, debiendo insertarse en un empleo aun cuando no sea a tiempo completo (Arndt et al., 1980), o realizar actividades de manera independiente que permitan generar un mínimo nivel de ingreso (Kritz et al., 1976). Mientras que los trabajadores/as sin familiares dependientes pueden mantenerse por más tiempo en condición de desempleado (Garro y Rodrıguez, 2002; Rodrıguez Oreggia, 2002). (García, 2012), incrementando su vulnerabilidad14El desempleado además de enfrentar el corte de ingresos corrientes –ante la ausencia de un seguro de desempleo–, puede sufrir la descapitalización social, tras la pérdida de credenciales y vínculos con el trabajo (Granovetter, 1974), disminuyendo las chances de reinsertarse en el mercado de trabajo (Benoıt-Guilbot y Gallie, 1994), llegando a provocar en última instancia la exclusión del mercado laboral (Márquez, 2015). (Hintze, 1996)–. La informalidad domino el análisis durante toda la década del ochenta, ubicando al subempleo15El subempleo refiriere a las situaciones de falta parcial de trabajo (OIT, 1998). como el principal problema, restando importancia al fenómeno del desempleo (Márquez Scotti, 2015), considerado una situación existente en los hogares con ingresos medios y altos, que podían permitirse el “lujo” de permanecer en la desocupación mientras buscaban un empleo adecuado (PREALC, 1976).

En el desempleo actual –propio del post-fordismo y de la desindustrialización masiva–, se reduce la demanda de empleo estable y dependiente, al mismo tiempo que continua incrementándose el desempleo industrial de tipo tradicional (Pugliese, 2000). Siendo predominante en los jóvenes en búsqueda de su primer empleo y en los trabajadores precarizados –el desempleo coincide con las posibilidades de trabajo en la economía informal–. A diferencia del desempleo de la economía industrial16Conforme se amplía la inserción de los desempleados en actividades informales, se modifica la naturaleza del desempleo (Pugliese, 2000)., integrado mayoritariamente por obreros (Pugliese, 1987).

El desempleo mundial causado por la última crisis del 2007 ha tenido efectos más nocivos en las economías industrializadas que en las economías emergentes (Salazar, 2011). Sin embargo, el aumento del desempleo en América Latina fue también una de las principales consecuencias de esa crisis (OIT, 2009).

A continuación se examina la forma de medición del desempleo actual en la región establecida por la OIT en 198217En la Decimotercera Conferencia Internacional de Estadísticas del Trabajo (OIT, 1982). –la aplicación en cada país puede diferir según sus particularidades (Garate, 2011) – (Negrete, 2001).

El indicador utilizado para medición es la tasa de desempleo abierto18La tasa de desempleo abierta es una de las variables más importantes en el análisis del mercado laboral, su evolución temporal refleja fuertemente el comportamiento de la economía, razón por la cual cambios en las encuestas de hogares, que proporcionan la información requerida para su cálculo, inciden fuertemente en los análisis que se hagan a partir de la misma (Correa y Castro, 2006).. Incluye a las personas que tengan más de cierta edad –especificada por cada país–, y que durante el período de referencia se encuentran: a) “sin empleo” –no trabajaban en relación de dependencia ni como cuentapropistas–; b) disponibles para trabajar; y c) realizando acciones para encontrar empleo (OIT, 1987).

El concepto que está detrás de esta medición considera dos aspectos: una situación y un comportamiento. La situación comprende la falta de empleo –no haber realizado actividades económicas más de una hora a la semana19Este escaso periodo de tiempo busca cubrir la temporalidad e irregularidad de los distintos trabajos. La encuesta especializada en empleo de los Institutos Estadísticos Nacionales permite la construcción de tasas complementarias de empleo y desempleo para reflejar la diversidad de condiciones de condiciones laborales existentes (Márquez, 2015).–, y la disponibilidad para trabajar en caso de tener la oportunidad –excluyendo a los que están buscando trabajo para empezar en un periodo posterior al de referencia (Garate, 2011) –. El comportamiento refiere a realizar acciones concretas de búsqueda de empleo (Freyssinet, 1993), no basta con que la persona declare su intención de buscar empleo (Hussmanns, 1992), sino que debe indicar las gestiones realizadas para emplearse como asalariado o para hacer actividades por cuenta propia, la ventana temporal suele ser de cuatro semanas.

Muchos autores han considerado que la medición basada en estos criterios, generan una subestimación del desempleo (Fleck y Sorrentino, 1994; Martin, 2000), dado que solo considera a quienes ofertan su fuerza de trabajo20Básicamente, serian dos los fenómenos de subutilización que se estarían dejando fuera del conteo: el desaliento, conformado por el contingente de población que pese a estar dispuesto a trabajar no busca empleo y el subempleo, es decir a quienes tienen jornadas reducidas en contra de su voluntad o por razones de mercado. Hay quienes postulan que hay un desempleo oculto en la inactividad y un desempleo oculto en la actividad (Neffa, 2005). El primero fue planteado en la década del cincuenta (Duran Sanhueza, 2008) y en América Latina desde principios de los setenta (Jusidman, 1971). (Márquez Scotti, 2015), dejando afuera el resto del contingente que necesita trabajar, imposibilitando además conocer la magnitud del déficit de oportunidades laborales (Márquez, 2015). Debido a ello se ha propuesto una ampliación conceptual de los desocupados abiertos (Revenga y Riboud, 1993; Garro y Rodríguez Oreggia, 2002), que incorpore a los inactivos que suspendieron la búsqueda pero que están disponibles para trabajar21También se propuso considerar como empleados a quienes trabajaron por ganancia o para la familia, pero con ingreso en dinero o en especies (Márquez, 2015)., a quienes comenzaran a trabajar en las cuatro semanas posteriores a la semana de referencia y también a los trabajadores ocupados sin ingresos (Garro y Rodrıguez Oreggia, 2002). Esto se encontraba en sintonía con lo expresado por la OIT (1982), quien recomendaba eliminar la condición de búsqueda22En el contexto latinoamericano, el trabajo está muy vinculado a la economía informal, lo que reduce la importancia de la búsqueda activa como criterio de corte rígido entre la ocupación y el desempleo (Standing, 1981). –criterio basado en el comportamiento– en los mercados no tan institucionalizados y formales (Márquez, 2015).

Esta definición amplia de la desocupación –permite evitar la fuerte restricción del concepto de desempleo abierto (Márquez y Mora Salas, 2014), que si bien fue aplicada a nivel empírico con anterioridad (Jusidman, 1971; Standing, 1981), ha sido implementada por muy pocos países en la región. Mientras que varios países incluyen preguntas para cuantificar a los desalentados o el desempleo oculto23La persona debe cumplir las siguientes condiciones: a) En la semana de referencia carecer de trabajo; b) No haber buscado trabajo en las últimas cuatro semanas, pero sí en el último año, y c) La razón de no búsqueda activa debe estar justificado. Las razones válidas de desaliento según el DANE son: 1) No hay trabajo disponible en la ciudad; 2) Está esperando a que lo llamen; 3) No sabe cómo buscar trabajo; 4) Está cansado de buscar trabajo; 5) No encuentra trabajo en su oficio o profesión; 6) Está esperando la temporada alta; 7) Carece de la experiencia necesaria; 8) No tiene recursos para instalar un negocio; y 9) Los empleadores lo consideran muy joven o muy viejo (DANE, 2001). Cabe destacar, que para algunos autores el desempleo oculto o encubierto, es un concepto más amplio que el de desaliento (Castillo, 1998). en la actualidad. Conformada por la población disponible para trabajar pero que no busca trabajo –se tienen en cuenta razones de mercado para no sobreestimar el volumen de este desempleo (Márquez, 2015)–. Suelen discriminarse dos grandes tipos de desaliento: el ex-post, en el que la persona desiste de la búsqueda activa de empleo ante reiterados fracasos, y el ex-ante, donde las personas se encuentran desanimadas de ingresar a un mercado de trabajo donde las oportunidades de encontrar empleo son limitadas (Duran Sanhueza, 2008; Márquez Scotti, 2015).

Existen varias investigaciones que dan cuenta que el vínculo de los desalentados con el mercado de trabajo, dista de ser nulo, cuestionando su asociación con la inactividad24Cabe destacar: Jardim (2005) para Brasil, Durán Sanhueza (2008) para Chile, Groisman y Sconfienza (2013) para Argentina y Márquez y Mora Salas (2014)” para México.. En síntesis, existen tres expresiones distintas del fenómeno de la desocupación:

  1. Desempleo abierto: las personas que en la semana de referencia buscaron ejercer una actividad en la producción de bienes y servicios (Correa y Castro, 2006).
  2. Desempleo encubierto o desalentado: población sin empleo que está disponible, pero no ha buscado por los reiterados fracasos o por el tipo de trabajo e ingresos ofertados, o imposibilitada por el costo de salir a buscarlo (Hintze, 1996).
  3. Desempleo general: corresponde a la sumatoria del desempleo abierto y el desempleo encubierto o desalentado (Márquez Scotti, 2015).

De acuerdo con la CEPAL, la pandemia por COVID-19 tendrá efectos devastadores en la economía mundial, más intensos que los de la crisis de 2008- 2009. La CEPAL estima una contracción económica para la región de 1.8% del PIB y que quizás el desempleo alcance 10.0%, en promedio (CEPAL, 2020a). Similarmente, Roubini (2020), expresa que el impacto de la crisis actual es peor que el de la crisis de 2008-2009 e incluso puede ser más severo que el de la crisis de 192925Desde la crisis de los 1930 no se presentaba una situación en la que confluyeran una reducción en el comercio internacional y caídas en el precio de las materias primas en todo el mundo; por lo que deben utilizarse todas las herramientas de política fiscal y monetaria necesarias para evitar que esta emergencia sanitaria se convierta en una crisis financiera (Reinhart, 2020).. En los episodios mencionados, el mercado bursátil cayó cerca del 50%, los mercados de crédito se congelaron, hubo bancarrotas masivas, el desempleo aumentó a cerca del 10% y el PIB se contrajo a una tasa anualizada del 10% o más; sin embargo, estos resultados se obtuvieron a lo largo de 3 años, mientras que en la crisis actual se han materializado en tan solo unas semanas.

Hausmann (2020) advierte que la situación económica será peor en las economías en vías de desarrollo. En países como Estados Unidos y Reino Unido el gobierno está aplicando grandes paquetes fiscales para contrarrestar la crisis, pero las economías en desarrollo poseen una capacidad de endeudamiento menor y márgenes más estrechos de política monetaria.

Según las estimaciones de los organismos internacionales, la actual crisis sanitaria repercutirá adversamente en el mundo del trabajo en tres aspectos fundamentales:

  1. Aumento del desempleo y del subempleo;
  2. Precarización laboral –con respecto a los salarios y el acceso a protección social–; y
  3. Efectos en los grupos específicos más vulnerables CEPAL, 2020b; OIT 2020c) –suelen ser las mujeres, los jóvenes y los inmigrantes que poseen una situación laboral más precaria vinculada con la temporalidad, y los empleos menos cualificados que desarrollan ocupaciones elementales26Se las ramas de la economía más afectadas – comercio, turismo, hotelería, entre otros servicios– son las que generan mayor cantidad de puestos de trabajos en la zonas urbanas (Mora, 2020). que no pueden adaptarse al teletrabajo (Heras, 2020).

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Notas   [ + ]

1.Un agradecimiento especial a Sebastián Dinerstein de la Universidad de Buenos Aires (UBA) por las correcciones editoriales, y al Dr. Leandro de la Mota por los valiosos comentarios que permitieron mejorar notablemente este manuscrito.
2.En los países en desarrollo, las restricciones al movimiento de personas y mercancías en el marco de la cuarentena, puede afectar el efecto amortiguador del empleo por cuenta propia (Servais, 2020).
3.Fortalecer sistemas de protección social que atienden a los sectores más vulnerables y de estratos medios a través de transferencias directas, seguros de desempleo, beneficios a subempleados y trabajadores por cuenta propia. Así como también, preservar la capacidad productiva y crear las condiciones para la reactivación de la actividad económica a través de mecanismos de liquidez para las empresas, en particular las pymes (Bárcena, 2020). Roubini recomendó ampliar los créditos a las pequeñas y medianas empresas (ilíquidas pero solventes), así como implementar un estímulo fiscal masivo a través de transferencias directas a las familias (Roubini, 2020). Otras medidas propuestas incluyen transferencias directas en efectivo y subsidios al salario (Gopinath, 2020).
4.El trabajo, como categoría homogénea, se afianzó allá por el siglo XVIII junto con la noción unificada de riqueza, de producción y la propia idea de sistema económico, para dar lugar a la economía como nueva disciplina (Naredo, 2002). Además Smith postula que la riqueza procedía del trabajo y no del dinero o la producción agrícola de un país, como sostenían los mercantilistas y fisiócratas, respectivamente. Desde entonces se considera que la humanidad ha estado inmersa en el paradigma del trabajo (Salazar, 2011).
5.Esta sobrepoblación relativa, la denomino Marx como ejercito industrial de reserva (Marx, 1867), cumpliría la función de ajustar el empleo según las necesidades de la acumulación capitalista –la competencia laboral reduce el salario y precariza las condiciones laborales (Feliz y Neffa, 2006) –, permaneciendo disponible para cuando la producción lo requiera (Marx, 1978).
6.Sean cuales sean sus causas, el desempleo es un fenómeno endémico evidente en la sociedad industrial moderna, que se acentúa en las épocas de crisis. Presentándose fenomenológicamente de manera diferente según el tipo de desarrollo económico y los diversos contextos sociales (Pugliese, 2000).
7.Por ejemplo en Argentina en las primeras décadas del siglo XX, los desocupados eran considerados como mendigos, vagos o atorrantes (Armus, 1984). Asimismo, entre los responsables de las estadística no existía consenso para la categorización de los desocupados (Topalov, 1994). ¿El mendigo, el vagabundo, el trabajador callejero, debía o no ser contado como desocupado?, temiendo que las personas negaran su condición de desocupado por el temor de que “les tom[ara]n por vulgares vagabundos” (BDNT 36, 1918, p. 53). Téngase en cuenta que en discursos científicos como el de la criminología argentina se postulaba que el trabajador irregular o desocupado se convertía más tarde en delincuente (Salvatore, 2000).
8.A principios del siglo XX en Inglaterra, el estado nombro a la comisión para la reforma de la ley sobre los pobres, en donde se definieron plantean una serie de medidas para prevenir el desempleo –bolsas de trabajo, formación profesional de los jóvenes y proyectos de obras públicas– (Webb y Webb, 1909).
9.La implementación de la cadena de montaje genero notables incrementos en la productividad –de hasta 40% en la industria norteamericana entre 1920 y 1927– (Rifkin, 2004), así como también una gran aumento del desempleo (Salazar, 2011). Tras la crisis del crack de 1929, la medición de los desocupados cobro otra relevancia (Desrosières, 1996) –hasta entonces cuestiones técnicas como a quiénes considerar desempleados, o cómo calcular la tasa de desempleados, habían sido escasamente planteadas (Daniel, 2011)–, en un contexto donde los demócratas reclamaban al gobierno republicano una política nacional de lucha contra el desempleo (Topalov, 1994, p. 294).
10.En el año 1913 en Argentina desocupación fue un tema de interés en la opinión pública (Anuario Estadístico del Trabajo, 1913). La discusión de medir o no el desempleo enfrentaba a dos posiciones: por un lado, los liberales “clásicos” que lo consideraban un desequilibrio coyuntural que el mercado resolvería, y por otro, los que reclamaban la acción del estando siendo la información estadística una condición necesaria (Daniel, 2011).
11.Say fue uno de los primeros en afirmar que cada oferta crea su propia demanda. Cuando se produce un producto se pagan salarios, renta de la tierra y beneficios. Por tanto, cualquiera que sea su precio, siempre está el dinero para comprarlo –la economía genera automáticamente pleno empleo– (Heilbroner, 1977). Esto fue puesto en discusión por Hobson –que se auto definió como un hereje de la economía–, quien afirmaba que cuando el ahorro no es destinado a la producción se genera subporoducción y subempleo (Hobson, 1896).
12.Suelen destacarse otros problemas adicionales a la reducida demanda de trabajo, como son: el desbalance de poder entre el trabajador y las empresas (De la Garza, 1993; Zapata, 2003); la persistencia de la heterogeneidad productiva frente a los cambios en los modelos de desarrollo (Rodríguez, 1998; Hernández et al ,2003; Infante, 2011; CEPAL, 2011; CEPAL, 2012), la falta de capacidad de regulación de las instituciones laborales (Bensusan, ´2006; Cook, 2007; Bensusan, 2010), entre otras.
13.Los trabajadores responsables de la manutención económica del hogar tienden a menor duración del desempleo, debiendo insertarse en un empleo aun cuando no sea a tiempo completo (Arndt et al., 1980), o realizar actividades de manera independiente que permitan generar un mínimo nivel de ingreso (Kritz et al., 1976). Mientras que los trabajadores/as sin familiares dependientes pueden mantenerse por más tiempo en condición de desempleado (Garro y Rodrıguez, 2002; Rodrıguez Oreggia, 2002).
14.El desempleado además de enfrentar el corte de ingresos corrientes –ante la ausencia de un seguro de desempleo–, puede sufrir la descapitalización social, tras la pérdida de credenciales y vínculos con el trabajo (Granovetter, 1974), disminuyendo las chances de reinsertarse en el mercado de trabajo (Benoıt-Guilbot y Gallie, 1994), llegando a provocar en última instancia la exclusión del mercado laboral (Márquez, 2015).
15.El subempleo refiriere a las situaciones de falta parcial de trabajo (OIT, 1998).
16.Conforme se amplía la inserción de los desempleados en actividades informales, se modifica la naturaleza del desempleo (Pugliese, 2000).
17.En la Decimotercera Conferencia Internacional de Estadísticas del Trabajo (OIT, 1982).
18.La tasa de desempleo abierta es una de las variables más importantes en el análisis del mercado laboral, su evolución temporal refleja fuertemente el comportamiento de la economía, razón por la cual cambios en las encuestas de hogares, que proporcionan la información requerida para su cálculo, inciden fuertemente en los análisis que se hagan a partir de la misma (Correa y Castro, 2006).
19.Este escaso periodo de tiempo busca cubrir la temporalidad e irregularidad de los distintos trabajos. La encuesta especializada en empleo de los Institutos Estadísticos Nacionales permite la construcción de tasas complementarias de empleo y desempleo para reflejar la diversidad de condiciones de condiciones laborales existentes (Márquez, 2015).
20.Básicamente, serian dos los fenómenos de subutilización que se estarían dejando fuera del conteo: el desaliento, conformado por el contingente de población que pese a estar dispuesto a trabajar no busca empleo y el subempleo, es decir a quienes tienen jornadas reducidas en contra de su voluntad o por razones de mercado. Hay quienes postulan que hay un desempleo oculto en la inactividad y un desempleo oculto en la actividad (Neffa, 2005). El primero fue planteado en la década del cincuenta (Duran Sanhueza, 2008) y en América Latina desde principios de los setenta (Jusidman, 1971).
21.También se propuso considerar como empleados a quienes trabajaron por ganancia o para la familia, pero con ingreso en dinero o en especies (Márquez, 2015).
22.En el contexto latinoamericano, el trabajo está muy vinculado a la economía informal, lo que reduce la importancia de la búsqueda activa como criterio de corte rígido entre la ocupación y el desempleo (Standing, 1981).
23.La persona debe cumplir las siguientes condiciones: a) En la semana de referencia carecer de trabajo; b) No haber buscado trabajo en las últimas cuatro semanas, pero sí en el último año, y c) La razón de no búsqueda activa debe estar justificado. Las razones válidas de desaliento según el DANE son: 1) No hay trabajo disponible en la ciudad; 2) Está esperando a que lo llamen; 3) No sabe cómo buscar trabajo; 4) Está cansado de buscar trabajo; 5) No encuentra trabajo en su oficio o profesión; 6) Está esperando la temporada alta; 7) Carece de la experiencia necesaria; 8) No tiene recursos para instalar un negocio; y 9) Los empleadores lo consideran muy joven o muy viejo (DANE, 2001). Cabe destacar, que para algunos autores el desempleo oculto o encubierto, es un concepto más amplio que el de desaliento (Castillo, 1998).
24.Cabe destacar: Jardim (2005) para Brasil, Durán Sanhueza (2008) para Chile, Groisman y Sconfienza (2013) para Argentina y Márquez y Mora Salas (2014)” para México.
25.Desde la crisis de los 1930 no se presentaba una situación en la que confluyeran una reducción en el comercio internacional y caídas en el precio de las materias primas en todo el mundo; por lo que deben utilizarse todas las herramientas de política fiscal y monetaria necesarias para evitar que esta emergencia sanitaria se convierta en una crisis financiera (Reinhart, 2020).
26.Se las ramas de la economía más afectadas – comercio, turismo, hotelería, entre otros servicios– son las que generan mayor cantidad de puestos de trabajos en la zonas urbanas (Mora, 2020).
27.Un agradecimiento especial a Sebasti\u00e1n Dinerstein de la Universidad de Buenos Aires (UBA) por las correcciones editoriales, y al Dr. Leandro de la Mota por los valiosos comentarios que permitieron mejorar notablemente este manuscrito.
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Doctor en Demografía por la Universidad Nacional de Córdoba.

Licenciado en Sociología y Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires.

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