Ciudadanía moderna en contexto de globalización

Los sistemas de comunicación han venido a acercar a las personas de una manera antes impensada, haciendo que el mundo sea cada vez más chico pero no por eso menos fragmentado.

Ciudadanía
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Introducción

En 1.989 se produjo un hecho social y político muy importante. Todos pudimos ver por televisión la caída del Muro de Berlín, en mi caso tenía trece años. Este hecho fue la culminación de un proceso en Europa del Este que proclamó la caída de la “cortina de hierro” y el mundo socialista, con la vieja URSS a la cabeza. A su vez en la Argentina un gobierno democrático se retiraba antes de tiempo merced a la crisis económica fuertemente apalancada por los medios de comunicación y grupos económicos dominantes.

Al respecto Cornelius Castoriadis dijo: “… con el hundimiento del comunismo en el Este de Europa a partir del otoño de 1989, no sólo los periodistas sino incluso algunos autores serios empezaron a hablar del triunfo de la democracia, de su irresistible marcha sobre el planeta…

Otros autores más aventurados proclamaron el “fin de la historia” con el triunfo de la democracia liberal, como Francis Fukuyama, también en 1989, quien por esos años expone su polémica tesis de que la Historia, como lucha de ideologías, ha terminado, con un mundo final basado en una democracia liberal y con ello el triunfo del mundo occidental, que se ha impuesto tras el fin de la Guerra Fría.

Por consiguiente las ideas de “Revolución”, “Ciudadanía”, “Democracia” y “medios de comunicación” se manifestaron juntos y, de hecho, el avance de las comunicaciones globales fue un elemento importante que jugó en favor de la caída del comunismo y la URSS como hecho más relevante de ese año.

Ahora bien, desde 1989 han pasado más de treinta años. Nos metimos de cabeza en lo que algunos científicos sociales han denominado genéricamente “sociedad posmoderna”, “modernidad líquida” o “sociedad moderno tardía”, que usaré en forma indistinta para referir al proceso de globalización comenzado unos años antes.

Esta moderna sociedad, merced a una transición entre una sociedad industrial hacia una denominada como sociedad del conocimiento es la que ha abierto más dudas que certezas en la vida cotidiana y política.

Se constata así la entrada en un nuevo mundo que enfrenta nuevos miedos y preguntas, y que ha perdido el optimismo que imperó hasta la década de 1960 con respecto a tres elementos:

a) la tecnología, siendo el máximo referente Ulrich Beck con su “Teoría del Riesgo”;

b) a la par de que se entró en un mundo económicamente menos previsible, más complejo y del que las políticas públicas se encuentran impotentes y por último;

c) un mundo en el que se establece en la sociedad un “distanciamiento” en el que la falta de confianza en el prójimo se traduce también en desconfianza hacia los gobernantes y/o actores políticos tradicionales.

Estos cambios tan abruptos de la “modernidad tardía” han provocado una entrada en un estado de crisis de prácticamente todos los conceptos políticos y sociales y al decir de Charles Taylor: “…creo que en este punto nos derrota nuevamente la complejidad de la realidad y la multiplicidad de sus facetas…” dado que las grandes transformaciones en curso conllevan una transformación de la política misma.

Al decir de Seyla Benhabib: “... la norma para el siglo xxi es la ‘ciudadanía flexible’ (Ong, 1999). Las extrañas multiplicaciones de nuestro tiempo y la desagregación o flexibilidad de la ciudadanía están estrechamente vinculadas. Justas anuncian transformaciones profundas en el sistema del Estado-nación moderno.

La globalización trajo la redefinición de las funciones materiales y administrativas del Estado en donde por un lado es demasiado pequeño para enfrentar problemas globales y por otro demasiado grande para comprender las identidades regionales. No sin razón es Zigmunt Bauman quien mejor lo refleja al hacer famosa su frase: “nos enfrentamos al dilema de que no existen soluciones locales a problemas globales”. Si viviera para ver la epidemia del SARS-COVID.

Es en esta “modernidad líquida” donde los sentidos de pertenencia se encuentran diluidos tanto también como el sentido de pertenencia política o unidad colectiva o política.

En definitiva y con esta breve introducción al tema que me enfocaré en lo subsiguiente en un recorrido sobre la construcción o redefinición del concepto de ciudadanía en este no tan nuevo contexto en el que en particular interfieren los medios de comunicación y los nuevos representantes sociales contra las viejas instituciones que hoy han perdido peso específico en materia de representación de las personas de una sociedad.

Algunos conceptos. Lo viejo y lo nuevo

La democracia siempre fue entendida como un sistema que implica competencia efectiva entre partidos políticos que buscan el poder en donde hay elecciones periódicas en que los miembros de la población eventualmente votan en mayor o menor medida, etc.

Y si bien, durante el s. XX, otros sistemas han querido arrebatar el liderazgo (nazismo, gobiernos militares, fascismo, populismo de izquierda, etc.), la combinación en occidente de democracia y libre mercado han triunfado extendiendo la idea de democracia hacia prácticamente todo el mundo.

Pero ello no implica que no surjan  cuestionamientos o paradojas: a la par de que las ideas democráticas se expandieron por el mundo, en las viejas democracias se observa una desilusión generalizada, en particular con los procesos democráticos.

Asimismo este estado de incertidumbres que genera la modernidad tardía no escapa a la Ciencia Política y el concepto de ciudadanía moderna, que se encuentra atravesada por distintos cuestionamientos por la crisis de representatividad que enfrentan  los viejos conceptos tales como los movimientos sociales clásicos, los sindicatos, los partidos políticos, entre otros; todos viejos elementos de aglutinación.

En la actualidad estos viejos actores no alcanzan, como sí lo hicieron en el Siglo XX, a aglutinar a las personas en torno a un ideario y, junto a la pérdida de destrezas sociales por parte de las personas para relacionarse, se ha creado un nuevo escenario en el que como tantos otros conceptos el de ciudadanía se reconstruye.

Así lo entiende Seyla Benhabib con absoluta claridad cuando establece que: “A pesar del dominio de este modelo sobre nuestro imaginario institucional y político … vivimos en un mundo en el que las democracias liberales deberán reconocer  que la ciudadanía  unitaria ha llegado a su fin. Los movimientos multiculturales con una manifestación  de estas transformaciones y asimismo tienen un papel fundamental en modelar el futuro…

Importancia de las TIC’s

No cabe duda que vivimos en un mundo altamente tecnologizado y de grandes cambios vertiginosos ocurridos en lo que se ha dado en llamar la “globalización”. Este proceso se profundizó desde fines del Siglo XX y ha calado profundamente en todos los miembros de la sociedad.

Por tal razón esta visión, con matices, fue profusamente estudiada por los grandes teorizadores de la Sociología contemporánea, entre otros, Giddens dice: “… La globalización está reestructurando nuestros modos de vivir, y de forma muy profunda… la globalización influye en la vida diaria tanto como en los acontecimientos que se suceden a escala mundial…”

Los sistemas de comunicación han venido a acercar a las personas de una manera antes impensada, haciendo que el mundo sea cada vez más chico pero no por eso menos fragmentado: “La globalización es … tecnológica y cultural, además de económica. Se ha visto influida, sobre todo, por cambios en los sistemas de comunicación.”

Es que como más adelante acota Giddens: “La globalización es, pues, una serie compleja de procesos, y no uno solo. Operan además de manera contradictoria o antiética. … es la razón del resurgimiento de identidades culturales locales en diferentes partes del mundo”.

Asimismo en este mundo cada vez más pequeño el libre mercado todo lo abraza y a todos los lugares del mundo llega en todas sus formas. Frente a esta intromisión del mercado en todas las formas de la vida se alzaron distintos movimientos sociales y quejas poniendo en evidencia la crisis de la política para resolver estos problemas modernos.

Así, tenemos cuestionamientos internos y externos. A nivel interno encontramos crisis de legitimación política, de los mismos partidos políticos, de recursos, sociales y/o culturales y a nivel externo las presiones económicas de las empresas transnacionales, crisis de identidad nacional, etc.

En este contexto el concepto de Estado Nación pierde la fuerza que tuviera un siglo atrás al perder soberanía y como consecuencia de ello el poder de regulación, que se da con la pérdida de capacidad política de maniobra sobre estos cambios vertiginosos. En definitiva el viejo concepto de Estado Nación queda sin poder de regulación o facultad para intervenir en forma efectiva.

Contra esta emergencia se alzan en algunas regiones los nuevos sentimientos de nacionalismo extremos o un populismo teñido de democracia como en Latinoamérica. En este contexto una de las preguntas que nos podemos hacer es saber si el pueblo ante todo este proceso de crisis se encuentra o no despojado de poder.

En definitiva, desde principios de los ‘90 del siglo pasado, estamos viviendo en un nuevo mundo con nuevas reglas de juego, reglas que vamos construyendo a tientas en un ensayo permanente de escribir y reescribir esas reglas que no son otra cosa que la forma de relacionarnos con el resto de la sociedad, nuestros pares, nuestra familia, el trabajo y la cosa pública.

Al respecto dice Giddens: “A medida que los cambios que he descrito en este capítulo toman cuerpo, crean algo que no ha existido antes: una sociedad cosmopolita mundial. Somos la primera generación que vive en esta sociedad, cuyos contornos solo podemos adivinar…”

Por esa razón es que al ser la primera generación que se zambulle en los mares de la sociedad líquida de Bauman es que vamos acomodando nuestras conductas a las nuevas reglas que constantemente reescribimos y la redefinición de lo que somos no solo como ciudadanos están escribiéndose.

“El advenimiento de la proximidad virtual hace de las conexiones humanas algo a la vez más habitual y superficial, más intenso y más breve … Las conexiones demandan menos tiempo y esfuerzo para ser realizadas y menos tiempo y esfuerzo para ser cortadas. La distancia no es obstáculo para conectarse, pero conectarse no es obstáculo para mantenerse a distancia… La proximidad virtual puede ser interrumpida, literal y metafóricamente a la vez, con sólo apretar un botón.” (pag. 87/88)

El gran factor que introduce esta modernidad líquida está relacionada con los grandes avances tecnológicos relativos a las comunicaciones. Hoy es un principio insoslayable que quien carece de conectividad y de acceso a las redes sociales es casi un muerto civil dado que muchas, sino la gran mayoría, de las relaciones humanas transcurren mediadas por dicha tecnología.

Un referente es el libro “Amor Líquido” de Zygmunt Bauman: “El habitante de nuestra moderna sociedad líquida – y sus sucesores de hoy deben amarrar los lazos que prefieran usar como eslabón para ligarse con el resto del mundo humano, basándose exclusivamente en su propio esfuerzo y con la ayuda de sus propias habilidades y de su propia persistencia. Sueltos, deben conectarse … sin embargo, ninguna clase de conexión que pueda llenar el vacío dejado por los antiguos vínculos ausentes tiene garantía de duración”. (Prólogo. Pag. 7)

Por ello la moderna ciudadanía se encuentra atravesada por la dicotomía de las relaciones líquidas: “La moderna racionalidad líquida recomienda los abrigos livianos y condena las corazas de acero. La moderna razón líquida ve opresión en los compromisos duraderos; los vínculos durables despiertan su sospecha de una dependencia paralizante… Las ataduras y los lazos vuelven “impuras” las relaciones humanas…”. (Pag. 70) Por ello los lazos con las instituciones tradicionales son cada vez más laxos, no escapando a ello los partidos políticos que como se dirá más abajo enfrente la crisis de representantes que son una imagen y un votante volátil que no puede ser cobijado como antes por un partido político o un grupo social como un gremio.

 La conducta del individuo está condicionada por sus interacciones sociales próximas, siendo los pequeños entornos comunitarios los que determinan las conductas de los individuos y en definitiva, las que definen y modifican las normas, roles o creencias y entre ellas la pertenencia a un ideario político.

Asimismo las TIC´s, y en especial las redes sociales, han modificado drásticamente las relaciones sociales en todos los ámbitos de la vida, transformando inclusive la incidencia de la formación de comunidades de personas con actividades afines, entre ellas los ideales sociales y las peticiones políticas frente al descubrimiento de algunos actores sociales que “… luchamos contra molinos de viento. Pues, en la mayoría de los casos, los representantes elegidos apenas tienen poder … El poder pertenece a instancias ‘políticas’ extraparlamentarias, los partidos políticos, y, siempre, al partido mayoritario….”.

Algunas ideas de Ciudadanía

Para Benjamin Constant no es necesario que el ciudadano participe del debate político, sino que solamente se dedique a votar, ya que todas sus energías debe entregarlas al trabajo, el comercio o a estudiar y que en definitiva, de la cosa pública se encarguen los expertos.

Sin dudas para esta concepción liberal clásica la principal crítica que se le puede hacer es que la participación de la ciudadanía como tal no se agota en el sólo hecho de votar periódicamente.

Esto nos lleva a la idea de que cuando un Estado define el concepto de ciudadanía define el nivel de incorporación que desea en la esfera política.

La democracia no es únicamente un conjunto de garantías institucionales, una libertad negativa. Es la lucha de unos sujetos, en su cultura y libertad, contra la lógica dominadora de los sistemas…”.

Una de las crisis más importantes es la disminución de la participación política, “… y lo que justamente se denominó una crisis de representación política … la conciencia de ciudadanía se debilita, ya sea porque muchos individuos se sienten más consumidores que ciudadanos y más cosmopolitas que nacionales…”.

En particular también se le puede achacar a la sociedad que cierto número de sus miembros sufren la marginación o exclusión de la sociedad en razón de la falta de participación por cuestiones económicas, étnicas o culturales.

Desde el punto de vista estrictamente institucional la democracia se ordena y se legitima por la actividad electoral, pero esta resulta insuficiente para constituirse en su fundamento único.” Por eso la democracia no funciona en el “aire” dado que está delimitada por mecanismos institucionales propios de un Estado de Derecho.

Ahora bien, los nuevos movimientos sociales que se manifiestan sobre todo en las grandes urbes pero que desde hace un tiempo se vienen manifestando en ciudades más pequeñas dan cuenta de este fenómeno que intenta apropiarse del monopolio del intercambio de opiniones que es el campo en que más dificultades ha tenido la Argentina.

Según Javier Peña “El concepto de virtud cívica está inseparablemente ligado a la ciudadanía en la más antigua y robusta concepción de la misma: la republicana… sin embargo, esta apelación a la virtud cívica fue tornándose con el tiempo extraña a la concepción común de la ciudadanía”. La democracia se cree ejercer en la calle con los “acampes”, los “escraches” y las presiones mediáticas antes que con el debate parlamentaria y las elecciones periódicas de las personas que nos representan.

Asimismo ocurre con los partidos políticos que, a la par de que en el siglo XX se profesionalizan hoy las campañas mediáticas fuertemente organizadas desde la imagen y no desde el contenido y desde fuera del partido político y desde un slogan han hecho de la participación política un nuevo escenario en el que la “crisis de representación” está en boca de todos. ….

Esta representación política se basa en figuras personalistas y con alto poder “ejecutivo” que crea confianza en los votantes, así llegamos al populismo. Estas periódicas crisis de representación en Argentina obedecen fuertemente a la rápida decepción con los candidatos y con las instituciones, llevando a la renovación del liderazgo.

Además de la crisis de representación descrita, la exclusión social es otra de las limitaciones que sufre la ciudadanía. Esto lleva a que los elegidos como gobernantes sólo  pueden acercarse a los deseos de la ciudadanía a través de la posible pérdida del poder en el futuro, dejando fuera otras razones para hacerlo, tales como el respeto a los deseos y demandas de la ciudadanía.

Los nuevos actores sociales

Si bien como se dijo antes la idea de la democracia ha triunfado en prácticamente todo el globo, no deja de suscitar fuertes críticas hacia dentro de su funcionamiento. La erosión de la confianza de los ciudadanos en sus clásicos dirigentes políticos y en las instituciones políticas fue otra de las consecuencias de la modernidad.

Entre ellos encontramos a los movimientos sociales “piqueteros”, “acampes”, “el voto en blanco”, las revoluciones como la primavera árabe o las quemas de coches en Francia organizadas desde dentro de las redes sociales por youtubers y expertos en redes sociales y hacia afuera, hacia el mundo real.

Como contrapartida de esto algunos autores plantearon el “mito del ciudadano pasivo”. Lo cierto es que el concepto de ciudadanía ha mutado o reconceptualizado en función de que nuevos grupos se han adueñado de la interpretación de las necesidades e inquietudes ciudadanas a través de asociaciones de diversos tipos.

Las nuevas formas de participación “no convencional”, con la consiguiente caída de participación en los partidos políticos tradicionales, abrió el camino hacia nuevos movimientos sociales. Son lo que Hugo Quiroga denomina “el costado informal de la democracia” cuando se refiere a los movimientos informales, entre ellos los “piqueteros” o “grupos cívicos”, que “… conforman la otra cara de la vida democrática, que extiende el clásico campo de la acción política más allá de las formar representativas tradicionales…

Entonces tenemos a estos actores informales que se erigen en un “contrapeso” que “…buscan delimitar los abusos del poder y su concentración, y orientar una distribución más equitativa de los bienes colectivos, a través de la acción informal de ciudadanos y grupos”.

Así la calle se ha convertido en la arena política pública y horizontal en un ámbito, al decir de Hugo Quiroga, de interpelación a la sociedad, y de presión al Estado que reclaman diferentes necesidades.

Ahora bien no es difícil advertir que en nuestro sistema de gobierno la idea de representación marca una distancia obvia entre gobernados y gobernantes. Con nuevos actores informales se rompe esta lógica obligando a repensar la idea misma de democracia representativa.

Estos nuevos actores, al apropiarse de parte de la representación ciudadana y del espacio público, provocan la entrada en agenda de temas que los partidos políticos soslayan encontrando en estos nuevos actores una capacidad de veto y control y poder mediático que antes era privativo de los partidos políticos a través del parlamento.

La democracia argentina ha tenido … dificultades para construir una esfera pública relativamente abierta a la deliberación y a la argumentación colectiva…”, que al ganar la calle estos movimientos deja de invisibilizar las necesidades de esos colectivos adquiriendo un profundo significado político pero que a la par abre un peligro juego de deliberación y gobierno desde la calle.

El termómetro se corre de la democracia de partidos hacia la “democracia de lo público” en donde las características centrales se dan por el errático comportamiento electoral, la personalización de la opción electoral y el gobierno a través del debate plesbicitario en defensa de un líder.

La errática variación electoral, en contextos sociales, económicos y culturales de la ciudadanía obedece a que los electores cada vez votan más una persona, una imagen, un slogan o frase que a un partido o un programa de un partido. Esto crea una idea de crisis de representación dado que rompe con la clásica o normal comportamiento del electorado en una democracia representativa con la consiguiente “personalización” del poder que se refleja en largos períodos democráticos con un mismo referente o líder que refleja un ideal o un modo de leer el mundo.

Así también lo refiere Cornelius Castoriadis: “… hablar hoy de ‘separación de poderes’ es, en buena medida, una engañifa … Los representantes son parlamentarios, y la mayoría … hace lo que el líder (o la dirección) de su partido ha dicho que haga”.

Aunque los partidos políticos hoy sean aparatos burocráticos, están gobernados por la imagen de lo mediático y la emergencia de la necesidad a corto plazo.

Ciudadanía

La influencia de los medios de comunicación.

La imagen sustituye al contenido. Alain Touraine en “¿Qué es la democracia?” plantea que desde la perspectiva de la globalización el estado moderno, democrático y liberal, se lo observa como atrapado por las redes de interconexión mundial, permeado por fuerzas supranacionales, intergubernamentales y transnacionales y en principio, sin capacidad para determinar su propio destino.

Las aspiraciones democráticas, las leyes y las decisiones, deben estar determinadas por el pueblo. Pero esto no es tan sencillo. Esto significa, siguiendo a C. Taylor, que: 1) la mayoría de las personas tiene voz y voto; 2) su opinión debe ser genuinamente suya y no manipulada por la propaganda, la desinformación, los temores irracionales, etc.; y 3) reflejar sus aspiraciones y opiniones meditadas y no los prejuicios automáticos e ignorantes.

Así explicada en detalle, la toma de decisiones verdaderamente democrática ha parecido utópica a muchos observadores. Se ha sostenido que la tercera condición prácticamente nunca se cumplió en las democracias de masas, en las que el votante medio está muy pobremente informado y marginalmente  interesado como para emitir un voto ilustrado…” Y con la sobreinformación que existe en las redes sociales estas operan como factor de distracción en el mejor de los casos o como elemento de direccionamiento del pensamiento.

Debemos entonces tener presente que las nuevas tecnologías en comunicaciones, internet, redes sociales, etc., no son un instrumento de la democracia sino al decir de Rodota: “… La red es más bien el paradigma de un modelo de democracia nueva, una democracia sin referencias al centro, que ya no puede ser reducido a la forma de estado-nación…

Surgieron los miedos al cambio de paradigma desde un ideal de las tecnologías para la libertad hacia las tecnologías que nos controlan y que redefinen el rol del ciudadano, por lo que “… Queda así en evidencia que no nos enfrentamos solamente a un conflicto entre lo viejo y lo nuevo, sino a modalidades de funcionamiento de los mecanismos de la democracia profundamente diferentes…”.

Siguiendo a Hugo Quiroga, éste refiere a la legitimidad de la opinión pública que está asociada con el nuevo escenario de lo público, inclusive especio público transnacional, en el que se da la expansión de los medios masivos de comunicación y a la par la masificación del manejo – no control- de los medios electrónicos, llámese redes, que junto a los problemas ya puestos de manifiesto crea una “legitimidad más volátil, una especie de legitimidad intermitente … (que) cambia, en parte, las condiciones de la legitimidad…” y con ello crea el gobierno de opinión, muy emparentado con el gobierno de los medios de comunicación.

Conclusiones

Como pudimos ver, el cambio de siglo trajo consigo la redefinición de las reglas de juego en la política y en los conceptos en la Ciencia Política.

Si un siglo atrás se decía: “los soviets más la electrificación”, hoy la proclama es “la electrónica más la participación” y, ante los acontecimientos de público conocimiento como fue y es el affaire “Facebook-Cambridge Analytica”, conocidos por todos, la tecnopolítica ya está presente en nuestros sistemas.

Con ello se ha redefinido el concepto de “ciudadano” en el que se pasa a una lógica  “tecnológica” en la que se transfiere el poder a los algoritmos. La privacidad vale cada vez menos y desaparece a manos de estas corporaciones electrónicas poniendo de manifiesto la fragilidad y desprotección de los derechos del ciudadano.

Parafraseando a C. Taylor, ¿en qué momento los medios de comunicación comenzaron a dirigir o controlar al público? Cuál es el problema. Hoy no existe una reunión, como creo que nunca lo existió, de toda la población en un consejo, lo que sucede es que en realidad se da un “… proceso disperso de discusión pública a través de los medios de comunicación…

Frente a esta manipulación de la voluntad popular, ¿cómo se defienden las instituciones democráticas? Entiendo que con más soberanía y más democracia. Pero con qué contenido. En el diálogo cívico, en un intercambio racional y colectivo que no se da en la televisión ni en las encuestas de twitter.

Junto con las proclamaciones públicas surgen los líderes de popularidad sustentados por la opinión pública, contra ellos debe batallar la democracia.

Asimismo se debe seguir de cerca los elementos constitutivos de la ciudadanía –identidad colectiva, pertenencia política y atribución de beneficios y derechos sociales- cuya consecuencia del ingreso en la modernidad tardía es el desmantelamiento de esas dimensiones. En definitiva, la ciudadanía unitaria ha llegado a su fin merced a las transformaciones multiculturales.

Como propuesta de la nueva ciudadanía, esta deberá ser ejercida con más compromiso, responsabilidad y mejores vínculos frente a la pérdida de destrezas sociales puesta de manifiesto oportunamente.

Quizás una salida sea ampliar el concepto a una “ciudadanía cosmopolita” de Kant pero para ello se necesitaría una actitud ética en la que todos los ciudadanos del mundo sean participantes en el orden civil, situación que en la realidad de los hechos actuales dista bastante de poder ser efectivizado.

Ante la decadencia de los modelos unitarios de ciudadanía, … reimaginar nuevas instituciones de representación, gobierno y participación en el poder. Este es el desafío futuro en la tarea de sintetizar la igualdad democrática y la diversidad cultural.

Creo que un gran error sería negar la complejidad cultural y social de estos nuevos tiempos  y a la par el peligro de caer en la telaraña de poder de las redes sociales y su manipulación manifiesta dado que “… el mayor desafío de las democracias actuales será el de mantener los derechos civiles, las libertades políticas y las instituciones deliberativas y representativas … ahora nuestro destino está marcado por la negociación de diálogos culturales complejos en una civilización global.”

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Abogado graduado en la Universidad Nacional del Litoral de Santa Fe, Argentina y Mediador de la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe, Argentina.

Magistrando en Ciencias Sociales y Bioética.

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