China y la disputa por el poder mundial: tecnología, negocios y geopolítica (II)

Abdiel Hernández Mendoza1

Bernardo Israel Valdez Robles  2

 

En consecuencia de lo escrito en la entrega anterior, es posible ver la existencia de un partido de Estado que controla la expansión de la economía a través de un modelo flexible que permite, entre otras cosas, generar condiciones de trabajo para su población, mismas que posibiliten su especialización en aras de fortalecer una cadena de valor de alcance mundial. Para ello, a los chinos les fue necesario expandir su comercio, pero no sólo en términos de la mercancía, sino de un encadenamiento de la producción diferenciado a lo que en su momento representaron otras economías asiáticas fuertes, como es el caso de Japón.

Deng Xiaoping (1978-1983 en el poder) entendió que era necesario para China diferenciarse del modelo de crecimiento capitalista japonés (gansos salvajes); sin alejarse de las prerrogativas del capitalismo, comprendió la conveniencia de establecer en China Zonas Económicas Especiales. Las cuales le permitieron independencia geopolítica y geoeconómica a diferencia de Japón que, no sólo permaneció bajo el paraguas de seguridad nuclear estadounidense, sino que subordinó su crecimiento a la nación de las barras y las estrellas. China desde el principio marcó esa diferencia.

Dentro de las prerrogativas de crecimiento pensadas por Deng Xiaoping, es la estrategia de reorganización industrial espacial que quisiéramos destacar. A través de esta industrialización escalonada (o desarrollo escalonado) en las regiones Costera, Centro y Oeste, privilegiando las zonas costeras del Sur, inició la caminata china de entendimiento con la naciente globalización. La estrategia desde entonces fue más compleja, dado que le apostó al establecimiento de programas piloto que permitieran una industrialización lenta pero irreversible. En los pasos a seguir se encontraba la inserción de China a los mecanismos de integración más importantes, como el regreso al Acuerdo General sobre Tarifas y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) y al entendimiento geopolítico con la región (incluyendo para entonces un diálogo con el llamado primer mundo incluyendo a la agónica Unión Soviética).

La persistencia en el seguimiento de los planes nacionales no es casual en el pensamiento estratégico, irrestricto e histórico chino (Liang & Xiangsui, 1999). Así, el ajuste y control del proceso completo, entendido como el objetivo estratégico de posicionar a China, mediante sus productos en el mundo, se evidenció con el establecimiento de cuatro zonas especiales: Shenzhen, Zhuhai, Shantou y Xiamen, las primeras tres frente a Hong Kong y la cuarta frente a Taipei. Estas se fundaron bajo la idea iterativa del establecimiento de programas piloto que, si no funcionan, se reestructuran hasta conseguir el objetivo. Es de mencionar también que, a partir de este momento, el control del Partido Comunista Chino (PCCh) se robusteció.

Aquí es importante señalar que el proceso de crecimiento urbano acompañó a la existencia de dichas zonas, debido a que permitieron desde ese momento la migración y por lo tanto una constante transformación de población rural a citadina. Por ejemplo, en 1984 fueron creadas 14 nuevas ciudades abiertas costeras (Ramón, 2016), todas ellas siguiendo el mismo objetivo mencionado. Aquí es más visible el principio de omnidireccionalidad propio de la geopolítica china. Estas ciudades compartieron una serie de propiedades para lograr dicho objetivo, sustentadas en: impulsar a China al exterior, combatir y librarse de los problemas internos, proteger el acelerado crecimiento e impulsar las reformas socioeconómicas, todo ello bajo el principio irrestricto de sincronía.

Para este momento la fábrica del mundo logró atraer Inversión Extranjera Directa, aprovechando la internacionalización de capitales occidentales que buscaban fuentes de mano de obra barata para la producción, combinada con ínfimas condiciones laborales. Este contexto no es lineal, existen elementos que a mediados de la década de los ochenta estableció Estados Unidos –de la mano de Ronald Reagan– para obligar a los países de Asia Oriental a «abrir sus mercados a las exportaciones estadounidenses y a la inversión [extranjera] directa», lo cual fundamentó el llamado Acuerdo de la Plaza de 1985 (Arrgihi, 2007), que le permitió a China alentar esa inversión en las zonas especiales ya creadas. Es en esta coyuntura cuando su acceso al GATT (1986) confirmó los pasos seguros de la omindireccionalidad propuesta.

El fin de la década de los ochenta sirvió a Occidente para identificar que en un futuro no lejano para esos momentos, China se convertiría en objeto de señalamientos axiales derivados de su sistema político nacional. Fue la matanza de Tiananmen el recurso que se utilizó para distanciar los valores occidentales en los temas de soberanía y derechos humanos (Moncada, 2011). Sin embargo, los principios del capitalismo que China comenzó a mostrar no fueron cuestionados sino metonimizados.

Esta metonimia se identificó en el discurso en el XIV Congreso del PCCh de 1992 dictado por Jiang Zemin (1993 a 2003 en el poder), al mencionar a su sistema de producción como «socialismo de mercado». Con ello justificó el asenso de una clase en el poder, la cual lejos de empobrecer a su población ha logrado reducir desde entonces los niveles de pauperización en la nación de Confusio. Hoy se observa que fue necesario para China seguir ese camino y así distanciar su socialismo (flexible) del que representó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que en esos momentos dejó de existir como sujeto de derecho internacional (1º de enero de 1992).

Deng Xiaoping (ahora como referente político de China) fraguó en 1993 la estrategia de los 24 caracteres: «Observar con calma; asegurar nuestra posición; afrontar los hechos con tranquilidad; esconder nuestras capacidades y ganar tiempo; mantener un perfil bajo; y nunca reclamar liderazgo», muestra de la geopolítica irrestricta que para entonces ya se estaba ejerciendo. Paso siguiente fue el establecimiento del grupo Shanghai 5 (1996) donde el espíritu de Shanghai se convirtió por primera vez en el eje ordenador de un mecanismo de integración a nivel regional.

Siguiendo este análisis, China tejió para entonces una estructura económica que puso a prueba su resistencia en 1997, cuando la crisis asiática estalló y el socialismo de mercado confirmó su eficiencia, al detener el efecto dominó que provocó la crisis en Asia y al normalizar sus relaciones políticas con Estados Unidos. Ello se llevó a cabo a través de una estrategia de política comercial activa bajo el Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC), un acercamiento más fuerte con la Asociación de las Naciones del Sudeste Asiático y el reforzamiento paulatino de sus relaciones (a la postre estratégicas) con Rusia.

El comercio con el exterior en esta época impactó a las políticas nacionales, a grado tal que la regulación del PCCh al interior se vio imperante para crear y regular la competencia (respecto al número de inversiones extranjeras que llegaban al país) como uno más de los motores de cambio en China. Cabe señalar que en ese periodo se establecieron tres bancos estatales: el Banco de Desarrollo de China (BDC), el Banco de Desarrollo Agrícola de China (BDAC) y el Banco de Exportación e Importación de China (BEIC), con el objetivo de empujar las políticas del gobierno central.

De esta manera se comenzaron a observar resultados de la política china. Que en 1999 se estableciera la zona económica agrícola súper industrializada es muestra de ello. Hasta ahora es la única zona industrial de alta tecnología agrícola en el país: Yangling AHIDZ en la provincia de Shaanxi. En este espacio es posible percibir el alcance y la coordinación de todos los planes del desarrollo geopolítico del gigante asiático.

En esos momentos, la actitud proactiva de China apoyada por Estados Unidos (1995-1998) para ser parte de la OMC, permitió ver el éxito de una geoestrategia china que evoluciona y se adapta a los tiempos políticos que se le presentan.

El año 2001 China ingresó a la OMC. Ya, dentro de la Organización, logró una mayor penetración a distintos mercados internacionales, así como a las cadenas logísticas vinculadas a estos; es decir, el libre comercio permitió acerlerar el crecimiento de Beijing, quien no ha dejado de hacerse de parte importante de la producción mundial apoyándose de su ventaja de capacidad productiva masiva. La adaptabilidad que Beijing presenta para los negocios es también uno de los elementos a destacar sobre su desarrollo económico.

El hombre sabio no solo acumula.- para comprender a cabalidad las estrategoas de esta nación, recomendamos poner atención a su capacidad china de pasar de una producción limitada a la autosuficiencia controlada por el PCCh a un sistema donde coexisten la inversión extranjera y la producción destinada a la exportación en ZEE, mismas que despertaron el carácter mega comercial de la población Han. De la misma manera, prestar atención a la persistencia de un esquema agrícola –también dirigido por el PCCh– con libertad de usufructuar en el mercado mundial sus excedentes.

 

Notas

Notas
1 Profesor de Tiempo Completo en la UNAM ENES Juriquilla
2Egresado de la UNAM, FES Aragón, analista internacional en medios independientes, temas de investigación hacia la geopolítica euroasiática con énfasis en China

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