Charlas de un limpia vidrios

Los pobres no elegimos la cuna en la que vamos a nacer. Venimos al mundo porque tenemos que venir, porque también nosotros tenemos que vivir.

Charlas de un limpia vidrios
Charla de un limpia vidrios

El mundo desde sus inicios, nunca fue distribuido de forma equitativa. El hombre y la mujer desde que se concibieron en sociedad, nunca se manejaron de manera igualitaria con aquellos que eran y son sus pares. Lo bueno y lo malo de la mujer y el hombre, son solo categorías que hacen que entre todossolo nos miremos como diferentes, excusa suficiente para separar a los unos de los otros.

Los pobres no somos pobres porque así lo queremos, es solo que, a veces, el tarot de la vida se porta injusto con nosotros. Uno no es pobre porque así lo desee, a veces uno es pobre porque no le tocó de otra. Los pobres no elegimos la cuna en la que vamos a nacer. Venimos al mundo porque tenemos que venir, porque también nosotros tenemos que vivir.

Los pobres somos miles y millones, y siendo los que más habitamos este mundo, somos los que menos nos beneficiamos de sus bienaventuranzas. Así, a los pobres nos categorizan, nos dan un valor en la estadística, y nos dicen a qué clase pertenecemos, alta, media o baja ¡A quien carajos le importa!, si los pobres solo reciben lo necesario para sobrevivir.

Los pobres tenemos hijos y queremos siempre que nuestros hijos no sean pobres como nosotros, por ello, nos rompemos el lomo trabajando y ahorrando, y muchas veces lo logramos… ¡Nuestros hijos ya no son pobres!, pero, en la mayoría de los casos, se convierten en lo que más detestamos: “personas que oprimen a otros pobres”.

Antes a los pobres ni siquiera nos dejaban entrar en las ciudades, éramos vetados por los ciudadanos, vivíamos en los alrededores como simples proveedores de servicios y si algunas veces nos requerían, era solo para hacer los trabajos más humillantes. Hoy, poco han cambiado las ciudades, los pobres estamos en ellas, pero de muchas maneras seguimos siendo aislados, y seguimos haciendo los trabajos más humillantes.

Los pobres tenemos muchas formas y estamos por todas partes, en las calles, esquinas, plazas, pero también estamos en las tiendas y oficinas, y cuando nos juntamos creamos barrios enormes, villas miseria, lugares que poco a poco crecen y van mejorando en calidad, y con ello vienen los impuestos, facturas del agua y la electricidad, pagos por tener una tierra o pagar por el asfaltado de una calle, y con eso, lo poco ganado por los pobres se nos es arrebatado.

Los pobres servimos para las campañas políticas, porque siempre somos el plato fuerte en los discursos de los candidatos. A los pobres nos prometen todo, y somos la causa y el motivo de las grandes aspiraciones de una sociedad más justa, pero muchas veces, pasan las elecciones, los candidatos y pasan los gobiernos, y los pobres seguimos siendo pobres.

Los pobres de hace cincuenta años atrás sabíamos que éramos pobres, aunque no sabíamos bien la causa de nuestra pobreza. En cambio, los pobres de estos tiempos no saben porque son pobres, y culpan a los gobiernos liberales y al libre mercado, aunque a veces ni sepan que significa eso.

Los pobres de nuestro tiempo se lamentan de su pobreza, pero poco hacen por salir de ella, porque hasta la pobreza es una forma de vivir, y a muchos pobres les gusta vivir de la desgraciada lastima.

Yo soy pobre y lo sé, y cada día vivo con ello. Cargo mi bidón con agua en una mano y balde, esponja y goma en la otra. Sí, en una esquina limpio los vidrios de los coches. Antes usaba cualquier detergente, pero ahora me he convencido de que el champú tiene mejores resultados a la hora de sacar brillo a los vidrios.

Todos los días es una aventura en mi esquina, los clientes no siempre están de buen humor y no quieren soltar ni siquiera una monedita. Tampoco soy el único en esta labor, en realidad somos muchos en esta esquina y, a veces, casi nos linchamos por una nada, y es que el alcohol, el thinner, terokal y otras drogas más sofisticadas creadas por el hombre, hacen que nos volvamos animales y nos matemos entre nosotros.

Yo ya estoy acostumbrado a esta vida con mis compañeros, pero ellos, no son malos, es solo que son pobres, y los pobres de alguna manera tenemos que zafar, incluso dañando a otros pobres.

Las personas en sus vehículos, nunca me han dirigido la palabra, a lo mucho escucho de ellos una sola cosa… ¡NO!, palabra que la utilizan con fuerza para decirme que no puedo trabajar y que no habrá moneda. Ese es el dilema de nosotros los pobres, siempre los que se creen mejores, nos dicen que NO.

Todos los días transcurren así, y yo sé que de allí no podré salir. Ser pobre no es una maldición, es solo una forma de vida. Pero, cuando termina el día, y noto en mis bolsillos la pobreza, sé que algo me falta y que soy diferente a los demás. Llego al hogar de mi pobreza y veo a mis hijos que no tienen que comer, entonces sí, maldigo el ser pobre, pero no reniego de mi pobreza, maldigo la pobreza que les voy a heredar a ellos, que no tienen la culpa por haber nacido aquí, pero que tienen que pagar por ello.

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Autor

Licenciado en Sociología por la Universidad Mayor de San Simón de Bolivia.

Postgrados en Gestión e innovación educativa y Educación Superior por la Universidad de Ciencias Adminitrativas y Tecnológicas UCATEC.