Catalina Bustamante. La primera maestra de América

La mujer española en América. Siglo XVI. (VII)

Catalina Bustamante
Catalina Bustamante

En esta nueva entrada del serial sobre mujeres castellanas que emigraron a América en el siglo XVI, os traemos la historia de vida de Catalina Bustamante, considerada como la primera mujer docente de América.

Nacida aproximadamente alrededor del año 1490 en Llerena, Extremadura, Catalina  probablemente perteneciera a una familia hidalga, ya que era muy poco común en la época que las mujeres supieran leer y escribir, solamente aprendían las mujeres nobles o hidalgas.

No tenemos constancia de la infancia y la adolescencia de nuestra protagonista en Castilla. La primera referencia la encontramos en los libros de pasajeros a Indias de la Casa de Contratación. Catalina Bustamante parte de Sanlúcar de Barrameda hacia América el 5 de mayo de 1514 junto a su marido, Pedro Tinoco, sus dos hijas, María y Francisca, y las hermanas de su marido, llamadas María y Juana.

Tras varias semanas de viaje, la familia Tinoco-Bustamante al completo desembarca en Santo Domingo. No tenemos datos fehacientes de la vida de la familia en Santo Domingo y de su forma de sustentarse económicamente. Es bastante probable que nuestra protagonista comenzara en Santo Domingo su vocación como maestra, enseñando a las hijas de capitanes y nobles que estuvieran asentados en la isla.

Hay que reseñar que nuestra protagonista era terciaria seglar de la Orden de San Francisco (por debajo de frailes y monjas en la jerarquía de la orden, estas personas podían casarse y tener hijos, pero seguían una serie de normas estrictas en su vida diaria).

Años después, Catalina enviuda y pasa de Santo Domingo a México junto a sus dos hijas. Catalina había visto las injusticias que sufrían las niñas indígenas en la nueva sociedad novohispana y estaba decidida a cambiar las cosas.

Así, aprovechando su pertenencia a los franciscanos, contacta con el franciscano Fray Toribio de Benavente (Benavente, actual provincia de Zamora,  1482- México, 1569) y este consigue que la Orden le ceda un antiguo palacio en Texcoco, donde Catalina establece un colegio para niñas indígenas.

En su colegio, nuestra protagonista enseñaba la religión católica a sus alumnas, condición impuesta por los franciscanos para cederle el palacio; les enseñaba a leer y escribir y además intentaba que las niñas indígenas dejaran de ser considerada en su sociedad como mercancía para sellar alianzas entre tribus de la zona con matrimonios, como era bastante común, y que empezaran a considerarse con derecho a elegir a su propio esposo y a formar una familia monógama sin que su padre tuviera poder de decisión. Sin duda, algo bastante revolucionario dentro de las tribus mexicanas en el siglo XVI.

Catalina tuvo desde el principio que rodearse de un grupo de mujeres que tuvieran dotes pedagógicas y que supieran la lengua náhuatl, ya que prácticamente todas las alumnas del colegio desconocían aún la lengua castellana.

Disponían de una rudimentaria cartilla para enseñar a leer y escribir según el método silábico. En la primera página se mostraba el alfabeto y las vocales. Posteriormente, se presentaban las sílabas que formaban vocales y consonantes. Finalmente, mediante signos, cedillas y rayas, se indicaban las variantes de pronunciación de las consonantes.

Catalina Bustamante - MaestraAdemás de aprender a leer y escribir, Catalina dedicaba gran parte del día a las clases prácticas. Las muchachas indígenas aprendían la forma de vestir y de hablar de las doncellas españolas; administración doméstica, esto es, cocina, atención al esposo e hijos. Posteriormente, cuando ya eran adolescentes, se les instruía en un oficio. Ya fuera para una actividad social o una religiosa, en definitiva se trataba de enseñarles  las costumbres españolas.

Todo iba bien en el colegio dirigido por nuestra protagonista hasta una noche del mes de mayo de 1529. El alcalde mayor de la villa de Antequera del valle de Guaxaca, Juan Peláez de Berrio, se había enamorado y obsesionado con Inesica, hija de un cacique local. Peláez de Berrio manda a unos indios a que salten la tapia del convento y raptan a Inesica y a su criada mexica.

Catalina  no se queda con los brazos cruzados. Esa misma noche visita al obispo Juan de Zumárraga (1468-1548, primer obispo y posteriormente primer arzobispo de la diócesis de México), exigiendo la devolución de sus alumnas. El obispo manda a sus tropas rápidamente al palacio de Peláez de Berrio, pero éste no se encuentra allí. Entonces, Zumárraga,  dando misa, insta a Peláez de Berrio a que devuelva a las muchachas y que pague una multa por los daños morales que las niñas y el colegio habían sufrido.

Visto que estas proclamas de Zumárraga no estaban dando frutos, nuestra protagonista denuncia a Peláez de Berrio a la Audiencia de México, pero esta audiencia la presidía un hermano de Peláez de Berrio y este consigue acallar el tema.

Pero Catalina no iba a rendirse fácilmente y escribe una carta al rey Carlos, avalada por Zumárraga y por los franciscanos que impartían clase en el valle de México.

El rey Carlos no se encontraba en la Península cuando la carta de Catalina llegó, ya que se encontraba viajando por Europa ultimando su coronación como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, que se produjo en Bolonia el 24 de febrero de 1530.

Cuando la carta fue leía por Isabel de Portugal (Lisboa, 24 de octubre de 1503- Toledo, 1 de mayo de 1539, esposa del rey Carlos y la persona que atendía los asuntos de Estado cuando su marido estaba de viaje por Europa), se indigna con el rapto de las muchachas y a su vez queda impresionada con la labor educativa que se está realizando en México. Isabel enseguida ordena a su secretario que responda a Catalina Bustamante. En Real Cédula del 24 de agosto de 1528, fechada en Toledo y dirigida al Obispo Zumárraga, Isabel “rogaba y encargaba que proveyera y cuidara que a las religiosas de Texcoco no se les hiciera agravio alguno”

Una semana después, la reina envía otra carta a los miembros de la Audiencia de México en la que confirmaba su apoyo a Catalina Bustamante, además de prohibirles:

“que a la dicha casa [el colegio] y monasterio le sean quebrantados sus privilegios e inmunidades, antes en todo se guarden como se hace en estos reinos”.

En el caso de que no lo hicieran, la reina concluía:

“serían castigados con el pago de 10.000 maravedíes para su cámara [del colegio y monasterio]”

Está bastante claro que la carta de Catalina Bustamante había hecho mella en la conciencia de la Reina regente.

Posteriormente, llega a manos de Isabel de Portugal una carta de Zumárraga, respondiendo a la carta enviada por Isabel. En esa carta, el obispo mexicano relata la violencia contra las doncellas y la soberbia del alcalde Peláez de Berrio. Además, Zumárraga le relata a Isabel la falta de maestras y el enorme esfuerzo que deben realizar las pocas maestras existentes en el valle mexicano.

Vista la situación, la reina regente designa a un fraile de su confianza que busque mujeres cultivadas y de conducta ejemplar que fueran a instruir a las niñas y mujeres de la Nueva España.

Un pequeño grupo aceptó la propuesta y estaban decididas a viajar a México para dar clases.  El grupo estaba formado por Elena Medrano, terciaria franciscana que vivía en San Juan de Bárbalos, a 40 kilómetros de Salamanca, que viajaría con su sobrina. También viajaría Juana Grau y su sobrina. Completaba la plantilla la viuda Catalina Hernández y su hija.

Las cinco beatas, la niña y el fraile llegan a Sevilla a la espera de poder embarcar hacia América. Mientras están resguardados en un convento sevillano, algunas beatas desertan debido al miedo a la travesía. Son sustituidas por las beatas sevillanas Ana de Mesa y Luisa de San Francisco.

Finalmente, la expedición partió de Sevilla el 15 de agosto de 1530. En diciembre de ese año ya estaba todas en Ciudad de México esperando los distintos destinos en los colegios de niñas indígenas. Al colegio dirigido por Catalina Bustamante llegó Catalina Hernández.

Años después de la llegada de las nuevas educadoras al valle mexicano, en 1535, Catalina Bustamante decide viajar a la península para quejarse por la falta de apoyo a la labor educativa que las autoridades del Virreinato de la Nueva España estaban proporcionando.

Por segunda vez, Catalina es ayudada por la Reina regente. Isabel de Portugal le concede a Catalina que busque a tres terciarias franciscanas de Sevilla para que enseñara en su colegio mexicano. Parten de Sevilla el 3 de octubre de 1535 y semanas  después desembarcan en el puerto de Veracruz sin contratiempo ninguno. Tras su vuelta desde la península, la vida de nuestra protagonista se vuelve cada vez más difícil de seguirle el rastro.

Durante la segunda mitad de la década de los 30 del siglo XVI, la labor educadora, liderada por el obispo Zumárraga, se desarrolla cada vez más intensamente en el valle de México. En 1536, por ejemplo, este obispo administraba en su jurisdicción diez colegios, con 400 alumnas aproximadamente en cada colegio.

Ya a inicios de la década de los 40 del siglo XVI, una primera generación de maestras nacidas en México, prácticamente todas mestizas o indígenas, fueron sustituyendo a las maestras nacidas en la península, debido a algunas de estas maestras peninsulares volvieron a Castilla y otras maestras ya habían fallecido.

Finalmente, Catalina Bustamante y la mayoría de las nuevas maestras mexicanas mueren debido a la peste que asoló Nueva España en los años 1545, 1546 y 1547, y que mató aproximadamente a 800 mil personas. Es bastante probable que nuestra protagonista falleciera al principio de la epidemia, en 1545.

Su legado en favor de la educación de las niñas mestizas y mexicas, y su intento de mejorar sus vidas al intentar que dejaran de ser mercancía para sellar tratos entre caciques locales no ha sido olvidado.  Una estatua en su honor, en Texcoco, inmortaliza su vida y obra con el lema: “Maestra Catalina de Bustamante, primera educadora de América”.

En la próxima entrada comenzaremos un serial sobre las diversas culturas existentes en América antes de la llegada de los europeos. En la primera entrada, analizaremos todos los elementos característicos de la cultura moche, así como las diversas teorías existentes en torno a su decadencia y desaparición.

Bibliografía 

Gómez-Lucena, E. (2013): “Españolas del Nuevo Mundo”. Cátedra. Madrid.

Maura, J.F. (2005): “Españolas de ultramar en la Historia y en la Literatura. Universidad de Valencia. Valencia.

Muriel, J. (1995):”La sociedad novohispana y sus colegios de niñas”. Instituto de Investigaciones Históricas UNAM. Vol. 1. México.

Ruíz banderas, J. (2013): “Catalina de Bustamante, primera educadora de América”. En España, el Atlántico y el Pacífico y otros estudios sobre Extremadura. Lorenzana de la Fuente, F (coord.) pp. 155-168.

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Master en archivística por la UNED. Licenciado en Historia por la Universidad de Cádiz.

Especialista en Paleografia y Diplomática.

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