Carnaval: Época de expresar resistencias y disputar sentidos

¿Cómo se ha dado esa fiesta en este año, una vez que la realidad está cada vez más intragable? ¿Una vez que hay tanto que reivindicar, tanto que excederse, tanto que denunciar? ¿Una vez que podríamos estallar a cualquier momento? ¿Una vez que el orden vigente nos está reprimiendo cada vez más, incluso en estos espacios que eran resguardados al pueblo?

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Fábio Tito/G1

Curitiba – la ciudad al sur de Brasil, donde 76% de la población eligió Bolsonaro como presidente, donde Lula estuvo encarcelado por más de un año con larga aprobación de lxs curitibanxs que apodaron su pago: La República de Curitiba – haciendo referencia al juez Sérgio Moro, y su supuesta victoria en encarcelar, por convicción, sin pruebas, a uno de lxs presidentes más populares del país. Con el cambio político, post primer año bolsonarista, unx puede imaginar el perfil de la ciudad.

Sin embargo, un fin de semana gris del enero de 2020, conmemorando las previas al carnaval, una comparsa, solamente de mujeres, subía la calle del centro histórico curitibano. Tocaban redoblantes, zurdos y tamborines. Cantaban, en portugués, acompañadas por una multitud:

“Sai fascista.
Engole as minas que votaram ele não, ele não.
Se prepara, as batuqueiras vão fazer revolução, ele não! ele não!
Somos muitas. Branca, preta, macumbeira e sapatão. Ele não.”

La traducción al castellano, sería más o menos, así :

“Vete fascista
Trague las minas que votaron él no, él no.
Prepárate, la batucada va hacer revolución, él no! Él no!
Somos muchas. Blanca, negra, hechicera y lesbiana. Él no”.   
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Comparsa: «Ela pode, Ela vai» – Fotofolia Curitiba

 

Esa comparsa, creada en el carnaval de 2018 se intitula: “Ela pode, ela vai” (Ella puede, Ella va). Es una contestación al movimiento del: “Ele não” – también del 2018, que luchaba contra la candidatura a la presidencia de Bolsonaro. Desde el feminismo, crearon un proyecto para valorar las mujeres y las minorías, amenazadas delante del periodo político y social que se vive en Brasil.  Más allá del mensaje político, la gente usaba disfraces, tomaba cerveza, bailaba y se divertía, como cualquier fiesta carnavalesca.

Las fiestas de Carnaval que ocurren entre Febrero y Marzo, tiene más de 5000 años, y antecedentes en fiestas paganas europeas. Tuvieron su adaptación al cristianismo, lo que marca la fecha de la celebración en época pre cuaresma. Sin embargo,  su difusión al mundo se dio gracias a la sociedad victoriana del siglo XX.  Más allá que tenga cierta conexión con el cristianismo, lo cierto es que muchos pueblos en diferentes partes del mundo, siempre tuvieron fiestas donde celebraban la abundancia, los deseos y la alegría. Esas celebraciones fueron adaptadas al carnaval, lo que le atribuye, netamente, una característica universal. Por tal razón, tal vez este sea el periodo del año más festivo, en todo el mundo.

Lo cierto es que el carnaval es una festividad donde las normas son excluidas. A partir de disfraces y la música, está en su ADN burlarse de la clase dominante, y soltar al máximo el descontrol. De tal manera, cierto descontrol también tiene su lado turbio: machismo, demasiado alcohol y confusiones. Octavio Paz en “El Laberinto de la Soledad”, al hablar de las fiestas populares mexicanas, afirma que no son solamente un tiempo de excepción, donde los excesos reinan – sino también, un tiempo de revuelta, “una súbita inmersión en lo informe”, “en la vida pura”. Es en este sentido, que lxs mexicanxs en las fiestas, viven el desorden, el descontrol y la exacerbación de todos sus sentimientos, porque en el restante del año se reprimirán, obligadxs a vivir en la pobreza y desigualdad. Podemos hacer una analogía de ese sentimiento mexicano de las fiestas tal como se vive el carnaval en toda la región, no solo en las tierras del mezcal. Octavio Paz, dice, que con la realidad tan triste que nos atraviesa, sin la fiesta “estallaríamos”.

A partir de analizar el carnaval desde esta perspectiva, podemos establecer algunas preguntas: ¿Cómo se ha dado esa fiesta en este año, una vez que la realidad está cada vez más intragable? ¿Una vez que hay tanto que reivindicar, tanto que excederse, tanto que denunciar? ¿Una vez que podríamos estallar a cualquier momento? ¿Una vez que el orden vigente nos está reprimiendo cada vez más, incluso en estos espacios que eran resguardados al pueblo? Cada lugar tiene sus prácticas culturales distintas en esta época. Sea un carnaval cantando coplas en Veracruz, bailando murgas en Uruguay, tarkas en los Andes o enredos de Samba en Brasil, estas preguntas pueden ser hechas y aplicadas en cada caso, una vez que vivimos todxs en una realidad coyuntural sistémica de agudización del neoliberalismo, y la violencia estatal que le acompaña.

Yo, como brasileña, confieso que nunca fue lo mío, asistir las famosas comparsas brasileñas de carnaval,  que hacen los desfiles que pasan en la televisión. Durante años, huí de tal festividad, porque no me sentía representada. Sin embargo, desde el año pasado, eso ha cambiado. Descubrí que muchos enredos y disfraces retratan la situación del país y de su población. A partir de ese momento, empecé a fijarme más, en esa dimensión critica del carnaval brasileño. Si en el  año pasado, ya había muchas cosas para denunciar, en este año, seguramente hay más.

Cual fue la enorme sorpresa, en ver que las escuelas de samba de carnaval más relevantes del país, hicieron sus desfiles en su gran mayoría enfocando en temáticas sociales, y en respecto a las minorías. Entre las escuelas mejor votadas, hubieron desfiles enfocados en la cultura afro-religiosa, historia de líderes de las comunidades y de la población negra. La famosa escuela Mangueira, hizo un desfile contando la historia de Jesús Cristo, desde la subalternidad. En este desfile había varias representaciones de Jesús como negro, indígena y mujer – pensando en el amor y la lucha por los más necesitados como su verdadera lucha.  En el carro más importante del desfile, había un joven negro, contemporáneo y de las favelas puesto en  la cruz como Jesús Cristo, juntamente con el mensaje: “La intolerancia es la cruz”. En São Paulo, la escuela Águia de Ouro fue la ganadora del carnaval 2020, homenajeando el gran y humanitario educador brasileño Paulo Freire, que alfabetizó un montón de campesinos durante su vida.

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Comparsa de Carnaval: Grande Rio – Foto: Alexandre Durão – G1

A partir de estos desfiles, que pueden ser todos vistos por internet, podemos intentar contestar las preguntas hechas arriba sobre cómo se da el carnaval en tiempos actuales. Con la experiencia de este año, más allá de ser un espacio de fiesta y descontrol, parece que el carnaval ha exacerbado su dimensión crítica a las clases dominantes, para construir un espacio de resistencia, haciendo que las personas se conecten con su propia fuerza popular, que está en las calles, en sus líderes y en la diversidad cultural. Es este Brasil, negro, indígena, mestizo, mulato y pobre; en este Brasil de múltiples religiones, lleno de naturaleza y abundancia, lleno de líderes que dieron sus vidas a los pueblos, como: Paulo Freire y Joãozinho da Goméia, que el corazón brasileño aparece, y lucha para sobrevivir. Y una vez que estas manifestaciones han podido aparecer a todo el mundo y en red televisiva nacional, en esa liberación que el carnaval les permite, vemos que cada vez hay más represión. El presidente Bolsonaro ha hecho declaraciones que la escuela Mangueira se ha burlado de Jesus. La figura de Paulo Freire es atacado por muchas personas importantes.  En la Curitiba, que mencionamos allá al principio del texto, la municipalidad prohibió la ONG Mãos Invisiveis de hacer un carnaval para personas en situación de calle, incluso prohibiendo los voluntarios de alimentar a las personas. Al final, terminaron cantando canciones sin tocar instrumentos, resistiendo como podían, para llevar un poco de esa magia carnavalesca a las poblaciones marginales.

Cada vez se hace más difícil vivir el carnaval como realmente esta fiesta crítica y exacerbada, que puede llegar a ser. Donde podemos echar toda nuestra alegría, energía y descontrol, para poder seguirnos vivxs. Sin embargo, me queda la impresión que la dimensión critica que se construye, en estos días, es catalizadora  para nuestras luchas, más allá del reproche y represión que las clases dominantes y el Estado nos puedan echar arriba. Y sé que esas luchas no se dan solo en el carnaval de mis pagos. He pasado este carnaval lejos de esa intensidad brasileña, y también he podido vivir esas dimensiones desde el otro lado del continente. Desde los Andes, he aprendido colectivamente a tocar las tarkas – flautas andinas – con el colectivo de Mendoza 2 de Febrero y cantar con lxs mendocinxs : “Hasta acá llegamos, desde acá nos vamos organizando. Chau  megamineras, fuera fracking fuera. ¡Siempre en la lucha!  Pues que podamos,  sea donde sea que estemos carnavaleando,  en estos momentos especiales, conciliar la alegría siempre con la lucha!

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Estudiante de la Maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Nacional de Cuyo, Argentina.
Licenciada en Relaciones Internacionales por la UNICURITIBA, Brasil.
Creadora del proyecto itinerante Latinoamérica Desde Adentro.
Cantautora.

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