Capítulo 4. Para lo que debemos…

Cancelar la reforma educativa en México. Un kit para luchar contra la educación neoliberal

DescargarLa cancelación prometida, como hemos visto, tiene varios caminos y muchos propósitos. Es polivalente, en su significado y en sus objetivos. Puede ser el inicio de transformaciones profundas, pero también un simple desbloqueo funcional o un modo de regresar al pasado. Todo eso puede ser y para todo eso puede servir.

Esto es lo mismo que decir que la cancelación de la reforma es un significante vacío, flotante dicen algunos teóricos: se le puede dotar de contenido según las fuerzas en lucha. Por tanto, es un concepto en disputa.

Hay que asumirlo. No es un problema académico, de asesorías, de técnicos o intelectuales: es de fuerzas políticas que actúan en todos esos campos para comandar su definición y dirigir las políticas resultantes. Ese es el objetivo de este capítulo: identificar las condiciones para hacer posible la cancelación de la reforma educativa, en una perspectiva constituyente y no reformadora, menos aún funcional y de ninguna manera restauradora.

4.1. Reorganizar las resistencias: ir a la ofensiva

Durante más de cinco años, una gran parte de los y, sobre todo, las maestras mexicanas lucharon denodadamente contra la reforma educativa. Hicieron paros, marchas, mítines, plantones, tomas, eventos, conferencias, asambleas, reuniones, congresos y bloqueos (todo el repertorio de movilización del que hablan los técnicos); sufrieron linchamientos mediáticos y morales, cárceles, heridas, muertes, procesos legales, suspensiones de pagos, quita de prestaciones y de conquistas laborales, acosos interpares (bullying), abusos de jefes (bossing), delaciones (whistleblowing), maltratos, suspensiones, despidos, agresiones y vigilancias de diverso tipo.

Se movilizaron, negociaron y se movilizaron otra vez; fueron a la capital de la república, regresaron a sus pueblos y a sus escuelas; se refugiaron en los estados; fueron denunciados, enfrentados, agredidos por pobladores, militares, policías, marinos, narcos, ladrones, lumpenproletarios, alumnos, padres de familia y hasta por sus propixs compañerxs.

También fueron apoyados; en algunos lugares acompañados por las asociaciones escolares; por partes importantes de la población; de las autoridades territoriales; muy pocas veces por las presidencias municipales, pero si por comunidades indígenas, académicxs, intelectuales, periodistas y comentaristas.

A veces lograron formar frentes sociales, como en Guerrero, Michoacán y Chiapas, otras negociaron con los gobiernos de los estados, solo para ser engañados y sometidos por el Ejecutivo Federal y la Suprema Corte de Justicia. Crearon una concepción de la reforma, la calificaron de laboral, administrativa, parcial, mal hecha, impuesta por los organismos financieros internacionales y los empresarios, basada en una evaluación punitiva, estandarizada, agresiva, pésimamente implementada, deficiente, descontextualizada, inapelable, con reactivos espurios, hasta con faltas de ortografía, sintaxis defectuosa y errores elementales.

Realizaron grandes acciones colectivas; en todo el país, en lugares impensados, como Nuevo León, Jalisco y el Bajío; desde Yucatán hasta Baja California; desde Tamaulipas hasta Nayarit, Sinaloa y Sonora; protestaron por oleadas, por rachas, con ritmos diferentes, en contingentes distintos, acciones descoordinadas o en proceso de ensamble; en negociaciones interrumpidas, con demandas heterogéneas; dentro y fuera del SNTE; en la CNTE, sin duda, pero también en los Movimientos Magisteriales de Base, en nuevos colectivos que se formaron en la lucha, que se ligaron con otros sindicatos educativos y del sector público, con escuelas normales y normales rurales.

Fue una gran experiencia de movilización colectiva, en ciclos de diferente duración, profundidad, dirección, alcance, significación, composición política, ideológica y social, que logró muchas cosas:

  1. La construcción colectiva y heterogénea de la respuesta magisterial y en algunos casos, popular a la reforma.
  2. La articulación, aun a destiempo y con dificultades, de formas de lucha diferentes, por contingentes distintos, en lugares alejados.
  3. Una relación con sectores periodísticos, académicos e intelectuales.
  4. El surgimiento de nuevos colectivos magisteriales, que trabajan en redes, con objetivos definidos, por ejemplo, sindicales, comunicativos, pedagógicos, editoriales, digitales, sociales, culturales y políticos.
  5. La ralentización de la evaluación de permanencia; su postergación, reconocimiento de las dificultades de implementación, de su descontextualización, agresividad y deslegitimación en el magisterio.
  6. Y, quizá las más significativa para el momento actual, la conformación de una fuerza político-electoral, a veces manifiesta, otras subrepticia, que llevó a más del 70% de las maestras y los maestros a votar por el único candidato que se comprometió a CANCELAR la reforma educativa.

Todo eso se logró y sin embargo, la reforma educativa continúa: sigue vigente en la Constitución, en las leyes secundarias y reglamentarias; los programas escolares permanecen; el INEE contempla decenas de evaluaciones, de todos los tipos; el Sistema Nacional de Evaluación permanece, los CIEN ya implican una deuda disfrazada de miles de millones de pesos; la autonomía de gestión se enlaza cada vez más con la autonomía curricular y la evaluación; se dejó la operación del nuevo modelo educativo para el último semestre del gobierno de EPN; es decir, le tocará implementarlo al gobierno que prometió cancelar la reforma educativa.

La síntesis es muy interesante: después de años de movilizaciones, las resistencias a la reforma no lograron detenerla en las calles pero si consiguieron derrotarla en las urnas.

Se entiende: eso no hubiera sido posible sin que la mayoría del magisterio no hubiera desarrollado una gran fuerza política, cognitiva y electoral para que arrasara en la elección presidencial AMLO.

Aquí nos encontramos: con un presidente electo que prometió cancelar la reforma educativa y un conglomerado de colectivos latentes, que no se expresan como lo hicieron hasta 2016, pero que si se movilizaron en la contienda electoral para alcanzar el triunfo.

En las luchas contra la reforma educativa ocurrió una de esas extrañas vinculaciones que producen los atractores caóticos. No lograron ensamblarse en tiempos, protestas y demandas, pero sí de manera molecular o individual en una gran movilización electoral triunfante.

Los caminos de la vida, dice el vallenato, no son como yo pensaba, como los imaginaba, no son como yo creía. Así suele pasar: cuando la reforma parecía seguir su camino inexorable, la movilización electoral creó las condiciones para cancelarla.

Y, sin embargo, hay que decirlo con todas sus letras: solo eso, creó las condiciones, pero el problema sigue.

¿Por qué decimos esto? Porque solo se ha logrado un compromiso retórico: cancelar la reforma, hacer una verdadera, consultando a padres, maestros e investigadoras. Solo eso.

Muy bien, puede decirse, este es un triunfo político y hasta cierto punto conceptual: ya se concibe el problema de otro modo, ya no son dificultades de implementación, pequeñas cuestiones que hay que reformular, se trata de cancelar esta reforma y hacer una nueva. Ese es el compromiso, esa es la promesa.

La cuestión es cómo se vuelve realidad. Esa es la bronca actual. ¿Cómo lo conseguimos? ¿Supondremos acaso que el asunto es de técnica jurídica, de voluntad política o de movilización callejera? ¿Se lo dejaremos a los representantes electos, que entran en funciones en septiembre? ¿Esperaremos a que nos llamen para dar nuestro punto de vista?

Y luego, ¿los puntos de vista de quién? ¿De quienes se auto-reconocen como los únicos, los más importantes contingentes de las resistencias?

¿Repetiremos esas historias de contingentes que se cuatrapean, que se bloquean, que se desconocen y se nulifican? Más aún: ¿reaccionaremos tan tarde, tan despistados, tan desconocedores como en 2013? ¿Negociaremos del modo como se hizo en 2016 o en 2018?

¿Qué hemos aprendido de las luchas llevadas a cabo desde el 2013 hasta la actualidad?

¿No será tiempo de realizar un balance, sin contemplaciones, sin flagelos ni culpas, pero lo más objetivo posible? Y no solamente en términos organizativos, sino más aún: conceptuales y de movilización. ¿Repetiremos las sandeces de que es una reforma laboral solamente, cuando tenemos enfrente al Nuevo Modelo Educativo y sus demandas en la formación, la práctica y los perfiles docentes? ¿Repetiremos las estrategias de construir leyes estatales que se contrapongan a la Constitución? ¿Continuaremos con el modelo negociación-movilización-negociación, que sirve para los logros locales, pero no pudo parar la reforma ni tampoco las leyes estatales? ¿Continuaremos cambiando las demandas de la cancelación por beneficios seccionales y/o cupulares?

Sobre todo, si la reforma educativa de 2012-2013 nos tomó de sorpresa, con una andanada conceptual, comunicativa, institucional, militar y policíaca, que nos llevó a atender preponderantemente los aspectos laborales, suponiendo que no tenían relación alguna con los procesos educativos, en esa típica estrategia de atender lo local suponiendo que no tiene efectos sistémicos; en esa típica estrategia defensiva de las resistencias, ¿no es tiempo, ahora que ganamos electoralmente el compromiso de cancelar la reforma, de pasar a la OFENSIVA?

¿Esperaremos acaso que se hagan iniciativas de ley para comentarlas?

¿Para exigir participación? Y más importante: ¿sobre qué? ¿Sobre los artículos de una ley secundaria; sobre artículos constitucionales; sobre programas de capacitación; sobre reactivos; sobre cuestiones de contexto?

La primera condición es reconocer que si las condiciones de la lucha política contra la reforma educativa han cambiado, lo menos que podemos hacer es cuestionar nuestras estrategias defensivas o reactivas.

Luego, problematizar la cancelación de la reforma; en sus dos vertientes: qué significa cancelar, cómo, hasta dónde, desde cuándo; y, más importante, qué es eso de la reforma educativa: ¿la evaluación que seguimos diciendo que solo es punitiva sin ver la relación que tiene con el concepto constitucional de calidad como máximo logro de aprendizaje? ¿Los procesos evaluatorios, sin analizar la plaza perdida? ¿La LGSPD sin relacionarla con los programas de formación y el NME? ¿En el país o en nuestros estados? ¿Qué haremos con tantos programas alternativos existentes, cuya historia nos remite más a su papel de piezas de negociación, que de programas que alteran las condiciones estructurales de la educación? ¿La reforma solamente o el sistema educativo nacional?

En este momento, el tema es pasar a la ofensiva, reconociendo lo que hemos hecho y hasta dónde hemos llegado; lo que sigue es materia de otros textos, de una discusión colectiva que no le corresponde ni a unas secciones, ni a un sindicato, ni a las dirigencia: que nos compete a todas y a todos.

Pero no hay que tardarse, en el triunfo ya hay muchos con agendas bien establecidas; ya hay muchos que colocaron a sus personeros, como Esteban Moctezuma; que tienen sus proyectos, como las Redes Sociales Progresistas; que tienen sus exigencias, como los del INEE y los de Mexicanos Primero.

Ya están trabajado, en silencio o desbordados, como Esteban y sus proyectos de reconfiguración de la LGSPD y la evaluación contextualizadora y retroalimentadora, para dejar intacto todo lo demás; si, todo lo demás.

Este es el riesgo: la victoria electoral creó las condiciones para cancelar la reforma y crear una nueva, que haga sentido, que responda a los demandas de la educación en el siglo XXI; o que sirva para quitar los obstáculos de implementación y legitimidad que tenía la reforma neoliberal y seguir su curso o volver al pasado. Desde esta lógica, esos son los caminos:

    • remendar para restaurar el poder perdido
    • desbloquear la implementación de la reforma neoliberal
    • cancelar para iniciar la refundación postneoliberal del SEN

Los tres son posibles. El primero ya se observa en las reuniones de la asociación civil Maestros por México, en las que se encuentra en primer lugar Tomás Vigil, en las RSP y en los Acuerdos de Zacatecas; el segundo, en algunas declaraciones de Moctezuma, en las demandas de Mexicanos Primero y la Unión Nacional de Padres de Familia. Por desgracia, el tercero todavía no está claro, quienes pueden hacerlo siguen escuchando las bellas voces de las sirenas de la reforma: los moderadores de las resistencias.

4.2. Elaborar un Programa Mínimo

Para no hablar de generalidades, abstracciones o con esas consignas que sustituyen al pensamiento, van aquí algunas consideraciones sobre lo que hemos llamado “Puntos Mínimos de un programa de cancelación de la reforma educativa”.

  1. El problema central de la reforma es la calidad educativa. Para resolverlo, se incorporó como criterio en el artículo 3º. Constitucional y se propuso una definición: máximo logro de aprendizaje. A partir de ahí, se estableció la serie calidad-aprendizaje-evaluación. En otros lados hemos dicho que evaluación y calidad son las dos caras de la misma moneda. ¿Qué es calidad? Máximo logro de aprendizaje. ¿Qué es logro de aprendizaje? Resultados medibles y cuantificables ¿Cómo sabemos si hay máximo logro de aprendizaje? Evaluando. ¿Cómo se evalúa? Con pruebas estandarizadas. En pocas palabras, el aprendizaje no existe sin medirlo, utilizando pruebas más o menos generalizadas; porque el aprendizaje es la reducción del conocimiento y la comprensión del mismo, a repeticiones y demostraciones de ejecución de competencias clave, independientemente del contenido. No es casual que en su famosa obra, Delors distinguiera muy claramente aprender a conocer y aprender a aprender. El segundo debía ser aprendizaje de métodos y herramientas para descubrir, innovar, plantear problemas y resolverlos. Los neoliberales redujeron esta perspectiva a aprendizajes claves, es decir, a competencias muy elementales dirigidas hacia el mundo del trabajo precarizado. Por tanto, el verdadero punto de apoyo de la reforma es el concepto de calidad basado en el aprendizaje. De ahí se deriva todo lo demás. En consecuencia, no habrá cancelación de la reforma si no se elimina la definición de calidad como máximo logro de aprendizaje en el artículo 3º. Constitucional.
  2. Una de las grandes trampas de la reforma fue el concepto de idoneidad. En los considerandos se reconocía que en el aprendizaje, aún en su misma definición, intervienen muchos factores, pero que el más importante era el desempeño docente. Era el punto fuerte de la argumentación: garantizando la idoneidad de los docentes, se podría avanzar significativamente en el máximo logro de aprendizaje. La lógica es endeble, pero tiene su fundamento en los estudios de economía de la educación, sobre todo en los determinantes de los aprendizajes escolares. Se suponía que la idoneidad más los programas específicos podrían lograr la calidad educativa. Sin embargo, lo cierto es que la reforma se focalizó en la idoneidad y esta no significa lo mismo que el desempeño docente. Aquí hay una evidente contradicción: el desempeño alude a un trabajo realizado, de acuerdo a ciertas normativas y programas, mientras que la idoneidad refiere la adecuación a ciertos perfiles, parámetros e indicadores. Las evaluaciones, en el mejor de los casos, miden la cercanía a un tipo ideal, mientras que el desempeño refiere al trabajo realizado, con evidencias específicas. Es otra discusión, sobre la que muchos reformadores de la reforma ya están trabajando, y denunciaremos en su oportunidad. Por lo pronto, cancelar la reforma implica eliminar la idoneidad del texto constitucional.
  3. Sin duda, desde un principio, la focalización de la reforma educativa en las evaluaciones de ingreso, permanencia, reconocimiento y promoción docente, ha copado las críticas y el rechazo magisterial. Principalmente por las evidentes afectaciones que ocasionaron en el estatuto laboral del magisterio, en sus derechos, en su plaza y prestaciones conseguidas durante décadas. Los y las mismas maestras, consideraron a la evaluación como la pieza fundamental de la reforma, si no es que la reforma misma. Sin embargo, no es autónoma; como dijimos antes, resulta de una concepción del problema de la calidad: la idoneidad docente como determinante en el máximo logro de aprendizaje. Una va ligado con la otra. Sobre todo en las cuestiones de ingreso y permanencia. Algún crítico de la reforma y asesor de la CNTE decía que podrían aceptarse todas las evaluaciones menos la de permanencia. Suponemos que ha cambiado, porque la realidad no es que la evaluación NO es un examen o dos, es un dispositivo, una máquina abstracta que a través de la obligatoriedad, de la turbiedad, del anonimato, la variabilidad en parámetros, perfiles e indicadores, la perennidad, produce incertidumbre permanente en las maestras y los maestros, afectando consecuentemente su desempeño, o peor, adecuando su desempeño a los dictados de esa evaluación. Por eso, el problema es más complicado que una afectación laboral, se trata de un dispositivo pedagógico de formación de sujetos neoliberales. Por eso es que para cancelar la reforma educativa se deben eliminar todas las evaluaciones con efecto en la situación laboral del magisterio.
  4. A partir del dispositivo evaluador se generaron el Servicio Profesional Docente (SPD) y el Instituto Nacional para la Evaluación Educativa, el tristemente célebre INEE, que en los hechos se ha vuelto un organismo con tremendas dificultades operativas, institucionales, organizativas y, sobre todo, políticas, cuya función deberá ser cambiada radicalmente, para devolver a la SEP la rectoría educativa, y no estar sujeto a las orientaciones cambiantes de notables de dudosa objetividad y neutralidad política. Por eso es que para cancelar la reforma educativa se deben eliminar del texto constitucional (arts. 3 y 73) las figuras del SPD y el INEE y, en consecuencia, abrogarse las leyes respectivas.
  5. La autonomía de gestión fue la cabeza de playa conceptual de la reforma educativa. Recordemos que fue bajada del dictamen de la Comisión de educación del Senado, pero regresada al pleno por el favorcito realizado por una senadora de infausto nombre, expriista para más señas, de esas acomodaticias a las que el PRD y MORENA daban cabida, Martha Palafox. Pues como se sabía la autonomía de gestión, que no aparece en el artículo 3º. Pero si en los transitorios de la reforma constitucional del 2013, ha servido de cobertura para todos los procesos de privatización y charterización que hemos denunciado una y otra vez en Cortocircuitos y desmenuzamos en Anatomía política de la reforma educativa. Por eso es que para cancelar la reforma educativa debe eliminarse la autonomía de gestión de los transitorios de la reforma constitucional de 2013.
  6. Como puede advertirse, los fundamentos de la reforma educativa se encuentran en las reformas al artículo 3º y 73 que aparecieron en el Diario Oficial de la Federación el 26 de febrero de para cancelar la reforma educativa del Pacto por México, deben derogarse esas reformas en su totalidad.
  7. Si alguien cree que esto es excesivo, podríamos dejar los cambios de la fracción III referidos a la opinión de los gobiernos de las entidades federativas y de…los maestros y los padres de familia en la determinación de los planes y programas de estudio de la educación preescolar, primaria, secundaria y normal para toda la República; así evitaremos toda acusación de maximalismo.
  8. Por supuesto, una vez que caigan todas las reformas constitucionales, deberán abrogarse las leyes secundarias y reglamentarias respectivas; así como las correlativas, en especial los cambios a la LGE, a la Ley de Coordinación Fiscal, y revisarse detenidamente las normativas de los CIEN, las escuelas al CIEN y demás.

Los Puntos Mínimos anteriores tienen tres repercusiones:

I. La cancelación definitiva de la reforma educativa acordada por el Pacto por México y las fuerzas de la Coalición Ciudadana por la Calidad de la Educación, Mexicanos Primero y demás aliados, tiene que empezar por una nueva reforma constitucional; de otro modo, cualquier modificación a las leyes secundarias, como la Ley General del Servicio Profesional Docente, que es la apuesta de las Redes Sociales Progresistas, de los gordillistas y de los charros sntistas, será inviable en el corto plazo, por la cantidad de demandas, amparos y demás recursos legales interpuestos por esas mismas fuerza y sus aliados en el INEE, en los gobiernos estatales y en la mismísima Suprema Corte de Justicia de la Nación; así que no habrá más salida que intervenir constitucionalmente la reforma educativa.

II. Las leyes secundarias, así como las modificaciones a la LGE y demás, deberán ser abrogadas y derogadas según sea conveniente. El tema de fondo es no dejar cabos Si la reforma educativa fue un dispositivo complejo de múltiples determinaciones, expresado en diversos ordenamientos jurídicos, estos deberán ser eliminados uno a uno, para impedir los procesos de auto-organización y auto-reproducción de su ADN neoliberal.

III. En consecuencia, de todo lo anterior se derivan dos momentos claves de la cancelación de la reforma educativa:

a.La fase de la cancelación, propiamente, abrogando y derogando el dispositivo jurídico e institucional;
b.La fase de la creación de una Nueva Política Educativa, del primer gobierno post-neoliberal.

Las formas no son menores en una cuestión de fondo. Son prácticamente lo mismo. La vía que se está siguiendo, de foros presenciales, estatales y digitales, es un mal remedo de las estrategias de legitimación del régimen neoliberal y corporativo. Lo que está ocurriendo en los Foros de Escucha para trazar la Ruta de la Pacificación del País y Reconciliación Nacional (Un desastre, los Foros para la Pacificación; Foros de pacificación de AMLO, una farsa, Mireles) , es una advertencia de que en política el fondo es forma y viceversa.

Los Foros de la Reforma Educativa, por su forma y su contenido, a lo único que llevan es a un vulgar y anacrónico remedo de la ANMEBN de raigambre salinista y deriva zedillista, que tan bien conoce Esteban Moctezuma Barragán.

4.3. ¡Comenzar una insurrección pedagógica!

Este no es un tiempo muerto. Ni de manera literal, ni figurada. Tampoco es un tiempo para nadar de muertito, esperando que llegue el primero de diciembre e inicie el nuevo gobierno.

¡No! La espera, la confianza y la expectativa son acciones subalternas. Esperamos que llegue el otro, al que le dimos nuestros votos para que cambien las cosas. Tenemos confianza de que cumpla su promesa y cancele la reforma educativa. Abonamos a las ilusiones de que la magisteria sea otra vez reconocida, de que nos regresen todo lo que nos han quitado, de que nos regresen todo lo que se llevaron.

Espera, confianza y expectativa: acciones pasivas, acciones de quienes entregaron su soberanía a otro.

En realidad es peor. Se trata de una típica gestión de las resistencias; del control de la multitud: de las singularidades que trabajan en común sin renegar de su voluntad, ni de sus deseos, ni de sus diferencias, ni de su libertad.

Con la espera, la confianza y la ilusión nos controlan. Así nos dirigen: a nivel incluso de nuestros modos de pensar, de desear, de decir, de sentir. Hay que estar muy atentxs.

Decíamos: No se trata de un tiempo muerto, hay una parafernalia discursiva para que esperemos mientras los que van a gobernarnos trazan líneas de acción, definen programas, elaboran la agenda, marcan territorios, diseñan estrategias y empiezan a tejer las narrativas del poder.

¡No es un tiempo muerto! Es de creación, de preparación, de atención: de movilización: ¡pero de ellos! ¿Y nosotros? A esperar, a tener confianza, a aguantar: ojalá que lo hagan bien. ¡Ya lo dijo AMLO: no nos va a defraudar!

¡No! Hay que rebelarnos ante esa concepción de la democracia y la soberanía. Hay que independizarnos de ese poder político que dice que unos gobiernan y otros esperamos a ser gobernados. Es el modelo soberano del poder. Lo comparten todos, de derecha y de izquierda.

Pues bien, con eso hay que romper. Eso es lo que nos trajo hasta aquí. Por eso hay que acabar con él. Pero no es tan fácil. Es una práctica cotidiana. Cuesta. Pero no tanto, una vez que nos liberemos de esa servidumbre voluntaria que trae consigo el poder soberano.

Recordemos: el poder, el que sea, trabaja en silencio. Se mueve, circula, nos forma, nos atraviesa, nos usa y nos identifica. Veamos algunos ejemplos. Hace unos días, escribimos un artículo sobre Las confusiones de Esteban Moctezuma. Decía, sin remilgo alguno, que se trataba de tomar en serio sus explicaciones y de ponerlas a prueba, para analizar sus límites, contradicciones y posibilidades. Incluso reelaboramos, en un espíritu colaborativo, los puntos fuertes de su narrativa, en medio de tanta alharaca mediática sobre la reforma educativa y su cancelación. Desde nuestro punto de vista, era una contribución informada y crítica sobre el esquema de una estrategia política.

Sin embargo, los comentarios aparecidos en un grupo de maestros, de esos que abundan en FB, nos hicieron reflexionar. Uno en particular: “Ya déjense de su enfermedad… No escupan tan alto, que se pueden salpicar!

Era un diagnóstico y una amenaza. El diagnóstico ya tiene nombre: Trastorno Oposicionista Desafiante (TOD), de los mismos que produjeron el Déficit de Atención y otras linduras pseudopatológicas. La amenaza era evidente: con Esteban no se metan.

No era el único troll, otras maestras decían que cómo criticábamos a alguien que no ha llegado, que le diéramos tiempo, que le estábamos haciendo el favor al PRI y a la derecha. ¡Nosotrxs!

El tema podría derivar en el victimismo; denunciar la amenaza, convocar a la solidaridad e inquirir sobre los responsables. No iremos por ahí. No es lo nuestro. Lo referimos porque ilustra muy bien los meandros del poder: cómo son los mismos ciudadanos los que mandan a callar en nombre del soberano; es el poder en su forma más simple, el que marca límites, el que prohíbe actuar y hasta pensar mientras los gobernantes hacen su trabajo. Esteban no necesita decir nada: lo hacen por él algunos maestros y maestras. ¡Cállense, déjenlo trabajar, esperen a que llegue!

Desde luego, la negación y la prohibición son las formas más rupestres del poder. Hay otras, más sutiles, menos obvias, que trabajan en el orden de los conceptos, de los tiempos y las palabras. Las más recurrentes: la muerte de la reforma; la evaluación punitiva; la reforma parcial. Esos conceptos-consignas, cuya función es impedir pensar, ver otras cosas, analizar la profundidad y extensión de los programas reformistas. Y su ocultación mayor: el objetivo central de la reforma: reconfigurar las bases subjetivas e institucionales del SEN. Ponerle apellido: reforma educativa neoliberal.

Para no decirlo con todas sus letras y, sobre todo, con todas sus implicaciones, los críticos preferían decir que la reforma estaba muerta, mal hecha, que no había existido. Por eso hemos dicho, una y otra vez, hay que tener mucho cuidado con esa crítica, a veces es el poder el que habla en su nombre.

El tema nunca fue que la reforma estuviera mal hecha: ¡el problema es que era una reforma neoliberal! Si estaba mal hecha, entonces había que hacerla bien, ¡pero sin quitarle lo neoliberal! ¡En ese garlito cayeron las resistencias!

Muchos maestros lo siguen repitiendo. ¡Todavía hoy, cuando esperan que la reforma sea cancelada! ¿Pues no que estaba muerta? ¿No que desde 2014, 2015, 2016, 2017 y 2018 se había muerto? ¿Cómo vamos a cancelar algo fenecido? Ah, pero ahora dicen que no se puede abrogar, ¡porque nunca existió! ¡Cuántos malabares para no reconocer lo más simple: la reforma era más compleja, más siniestra, más perversa de lo que nos habían dicho, y ahora tendremos que remar contra todo eso para cancelarla. A menos que solo quieran maquillarla.

Esas son las otras formas de poder, las que trabajan sobre los conceptos, las que elaboran los marcos de referencia; es el poder que trabaja en los procesos de la cognición social, algunos le llaman el noopoder (Lazzarato, 2006), otros la psicopolítica (Byung-Chul Han, 2015).

Esto es más complejo, evidentemente, pero por ahora se trata de recuperar este análisis para indicar que no es necesario que desde arriba se ejerza el poder, que a través nuestro circula y produce distintos efectos. Porque el poder no es sino un conjunto de acciones que modela otras acciones, o saberes, o deseos, o sentimientos; en fin. Y entonces, en esta perspectiva, la espera, la confianza y las expectativas son conductas que resultan de un modo de concebir y practicar el poder, ese que se lo deja a los otros, a los elegidos, a Esteban y AMLO, mientras nosotras esperamos que resuelvan bien lo que prometieron. Luego vienen los desencantos y los desengaños. Y así inicia un círculo vicioso: el círculo de la soberanía: delegar el poder a los otros para que nos gobiernen, que sólo nos considerarán cuando ritualmente les refrendemos nuestra obediencia.

Nosotros afirmamos que esa forma del poder está en crisis. Contra esa forma de poder la multitud votó, echó al PRIANRD del gobierno y evitó otro más de los fraudes electorales. Cuando la población, es decir, cuando los y las diferentes nos juntamos y decidimos actuar de manera tan decidida, tan anticipada y tan plural, no hubo nada que nos detuviera, incluso cambiamos las expectativas y las acciones de los poderosos, que tuvieron que trazar otras estrategias y otros modos de enfrentar un escenario inédito: cuando el pueblo tomó la calle y las urnas y los expulsó del gobierno. ¡Qué enseñanza!

El problema es que ahora, nosotros, a los que se nos prometió cancelar la reforma, esperamos y confiamos que se haga sin participar, sin discutir, sin criticar, sin preguntarnos ¿cómo lo van a hacer, qué significa eso, hasta dónde, cuándo, cómo?

El problema es que dejamos que se elabore una narrativa para entonces agradecerla o lamentarla, y no nos involucramos en eso; sobre todo cuando nos están convocando a los talleres y cursos acelerados del NME, el del gobierno al que echamos pero todavía sigue en funciones. ¿Qué hacemos? ¿Lamentarnos en privado, en corrillos, en pasillos, en juntas?

¿Gruñir en voz baja “cómo vamos a capacitarnos en el modelo educativo de una reforma que se va a cancelar”? ¿O lo dejamos pasar porque es una cuestión educativa y la reforma sólo era laboral y punitiva, mientras siguen corriendo su curso las perversiones de las Escuelas al CIEN, los desastres de los calendarios, los nuevos programas de formación docente, y tantas cosas más? ¿Queremos eso?

Nosotros decimos que NO. No sacamos en las urnas al Pacto por México para regresarlo en forma de políticas y acciones de gobierno. No repudiamos al PRIANRD para resolverle los problemas de diseño e implementación de la reforma neoliberal.

¡No! ¡Nos negamos rotundamente a concebir la victoria electoral como mera sustitución de personajes y partidos en el gobierno! Nuestra perspectiva es otra: la población votó para cambiar las cosas, los maestros votaron para cancelar la reforma, no para adecuarla o parcharla, menos aún para maquillarla.

¡Se trata de cancelarla, de remover los conceptos y práctica neoliberales; se trata de crear e inventar una educación nueva, no de remendar al neoliberalismo! ¡Cómo si pudiera crearse un neoliberalismo con rostro humano! ¡Por favor!

¿Cómo hacerlo? No tenemos ninguna receta. No las hay. Debemos inventarlas. No tenerle miedo al éxito, como dicen. Se trata de hacerlo. Y el asunto es que las y los maestros conocen demasiado sobre esto, pero no hay todavía independencia cognitiva respecto al Estado, los líderes o el capital. Acostumbradas a una tradición corporativa, de derecha o de izquierda, nacionalista o revolucionaria, las maestras han reproducido todos los códigos de la subalternidad, incluso en las resistencias. Pero no para siempre, las luchas contra la reforma educativa han formado un magma crítico que está en ebullición; por eso mismo, el poder busca cómo regularlo, cómo dirigirlo, cómo conducirlo en estos momentos, cuando fue uno de los contingentes más importantes para la victoria electoral.

El gran peligro para el poder es que la multitud revoltosa de la magisteria se ponga a reflexionar y actuar por sí misma en las escuelas, así como lo hizo en las calles, en las redes y en las urnas. Por eso despliegan hoy todas sus baterías conceptuales: ahí están los críticos haciendo malabares retóricos increíbles; ahí están Esteban, Romo y Tatiana para constreñir los márgenes conceptuales y políticos; ahí está el mismo dirigente espurio del CEN del SNTE enfilando baterías ¡contra la reforma! ¡Ese wey!

Ahí están muchos dirigentes de la CNTE, de los MMB, del CEND repitiendo por enésima vez el mismo discurso de 2013 y advirtiendo contra los enemigos del materialismo dialéctico y quien sabe cuántas cosas más, mientras la oportunidad histórica está ahí, mientras la magisteria tiene ya un largo período de luchas, de experiencias y de elaboraciones comunes que no han sido sistematizadas, problematizadas, compartidas, utilizadas.

El poder teme a una multitud libre; los líderes y los neoliberales comparten el temor de que las maestras se salgan del redil, se liberen de los lazos cognitivos, políticos e ideológicos; de que sus cerebros y sus corazones empiecen a trabajar en común; como lo hacen cuando es necesario, como lo saben hacer cuando se requiere. ¡Hoy es el momento!

El problema es la conducción de una base magisterial revoltosa que pasó de las calles a las urnas, sin renunciar a sus demandas y a sus batallas.

Ese es el problema actual, ligado a la definición conceptual, política e institucional de la cancelación de la reforma.

¿Qué hacer entonces? Lo primero es involucrarnos, no dejarle ni a AMLO, ni a Esteban, ni a Romo, ni a Tatiana, ni a los líderes, ni a los dirigentes, definir lo que significa cancelar la reforma educativa. No es un asunto de ellos solamente.

Esta es una cuestión central, la podríamos llamar la autonomía cognitiva de los y las maestras; indispensable para lo que sigue, la autonomía política y la construcción del común educativo, a través de reflexiones, estrategias y acciones.

Esto se va a hacer poco a poco, pero en lo inmediato significa un cambio político-conceptual: de un magisterio que denunció las afectaciones laborales de la reforma, a una magisteria que lucha contra los objetivos neoliberales de la reforma educativa, se plantea participar activamente en su cancelación y en la reconstrucción del Sistema Educativo Nacional, después de años y años de hegemonía neoliberal.

Repetimos, estos cambios conceptuales, de fondo, estratégicos, sólo tienen sentido si se realizan cotidianamente en las aulas, las escuelas, los cursos, los talleres, las reuniones. Por eso mismo, consideramos que ya es tiempo de la Insurrección Pedagógica de la Magisteria, en la que se consideren algunos de estos puntos:

    • Discutir y suspender la aplicación del Modelo Educativo de una reforma que se va a cancelar;
    • Iniciar una Movilización Pedagógica sobre las afectaciones, los efectos y las producciones de todos los programas de la reforma a nivel escolar, pedagógico, subjetivo, institucional, financiero, organizacional. Son las y los maestros quienes sufren, por ejemplo, las Escuelas al CIEN, ¿no podrán ser ellas y ellos quienes revelen las mil y una dificultades, corrupciones, operaciones? Se trata de desconectar los programas, desenchufarlos, exponerlos y provocar los cortocircuitos que el poder trata una y otra vez de ensamblar.
    • Atajar de inmediato todas las iniciativas ligadas con la reforma educativa, en particular las reformas a las normales, entre otras.

La nueva etapa de las resistencias magisteriales parte del componente pedagógico que durante años se quiso negar, eludir, evitar y evadir; abarca todos los programas de la reforma, que el NME sintetiza y corona. Desde ahí hay que empezar a cancelarla, desde ahí se empieza a construir la fuerza política y cognitiva de la revolución educativa que necesitamos.

4.4. Des-neoliberalizar las prácticas educativas

Durante todo el sexenio de Enrique Peña Nieto, las maestras y maestros denunciaron una y otra vez las múltiples afectaciones laborales que la reforma educativa trajo consigo. Las resistencias, protestas, movilizaciones y expresiones de rechazo, fueron múltiples y constantes; en determinados momentos subieron de intensidad, en otros parecía que se habían apagado; lo cierto es que nunca desaparecieron.

Luego vinieron las elecciones; en las urnas, la magisteria expresó de manera por demás contundente, su hartazgo ante las imposiciones, su rechazo a la evaluación docente obligatoria y permanente, su oposición a una reforma educativa que en muy poco tiempo les cambió la vida laboral, profesional y en algunos casos, también personal.

Después de las elecciones, la reforma entró en una nueva fase; lo que parecía certeza absoluta fue puesto en duda, comenzaron a circular propuestas de modificación al marco legal vigente, principalmente a la evaluación de permanencia. Se abrió una rendija, una oportunidad para revisar, desandar lo caminado, redefinir, replantear, en fin, construir un proyecto educativo distinto al neoliberal.

Si reconocemos que lo expresado en las urnas es un grito, una exigencia colectiva contra las reformas estructurales incluyendo la educativa, por parte de un régimen voraz y corrupto hasta la médula, habría que reconocer también que este giro político le plantea a las resistencias magisteriales un escenario distinto, que precisa de estrategias de lucha distintas, acordes con el nuevo escenario y las actuales condiciones políticas.

¿Cuáles son las características de este nuevo escenario? En primer lugar, reconozcamos que no es una cuestión de triunfos ni derrotas absolutas, sino de nuevas posibilidades. Con las elecciones, no dimos más que el primer paso para revertir una situación que demanda toda nuestra inteligencia y atención.

Por un lado, el triunfo arrollador de MORENA abrió una rendija, una oportunidad para dar un viraje importante a la reforma. Pero por otra parte, el proceso de reforma no se ha detenido, por el contrario, ha avanzado a pasos acelerados. EPN y el actual secretario de educación Otto Granados, han asegurado que hasta el último día del actual gobierno se continuará instrumentando conforme la ruta trazada. Nada más para que no se nos olvide: entre las campañas y las elecciones, se anunciaron nuevas acciones como la reforma a las normales y la aplicación del Nuevo Modelo Educativo. Evidentemente, para los reformadores el actual NO es un tiempo muerto, al contrario. Por tanto, no debe serlo para las resistencias tampoco.

Así las cosas, conviene prestar atención a tres asuntos, para ubicar en dónde estamos parados:

    • La guerra por la conquista del territorio educativo se trasladó a su centro neurálgico: la escuela y las aulas; el gobierno saliente no cederá ni un ápice de lo ganado, tratará de avanzar hasta el último minuto de su mandato. No vayamos más lejos: la autonomía de gestión, como instrumento de regulación escolar, está interviniendo directamente en aspectos nodales del trabajo docente tales como el uso del tiempo, el espacio y los recursos en el aula. El Nuevo Modelo Educativo pretende que ya no son las maestras y maestros quienes decidan cómo organizar y utilizar estos recursos para enseñar y aprender.
    • La reforma entró en una nueva fase gracias al resultado electoral, significa que se abre un nuevo margen de acción y de posibilidades de transformación que hace unos meses no existía.
    • Frente a estas dos condiciones, las resistencias magisteriales tendrían que revisar y replantear sus estrategias de lucha, identificando los cambios y las vías de incidencia. A juzgar por el avance de la reforma, las baterías tendrían que enfocarse en el componente pedagógico.

En otra entrega, hicimos un llamado a iniciar una Movilización Pedagógica sobre las afectaciones, los efectos y las producciones de todos los programas de la reforma en la escuela (¡Es tiempo ya de una insurrección pedagógica!), nos referimos a una insurrección que no se reduzca a eliminar la evaluación obligatoria, sino que también diga ¡No! al NME, que denuncie sus afectaciones en la escuela y las aulas, que capitalice la experiencia de lo que está ocurriendo ahora mismo con los clubes y la supuesta autonomía curricular para evidenciar el modus operandi y las secuelas de un proyecto neoliberal que ya logró aterrizar en las aulas.

Es tiempo de pasar de posturas reactivas o meramente contemplativas, a asumir el desafío de ir a la ofensiva. Una insurrección pedagógica exige involucrarse, participar activamente en la cancelación de la reforma, hacer a un lado el miedo y denunciar las aberraciones y abusos en la aplicación de programas como escuelas al CIEN, esas que nunca serán documentadas por la Auditoría Superior de la Federación ni registradas por otros órganos de fiscalización que le apuestan a una transparencia opaca y deformante.

Parte del trabajo tendrán que hacerlo los legisladores, es verdad, a ellos habrá que exigirles que cumplan. Pero otra parte muy importante les corresponde de manera directa a los maestros en resistencia. Suspender la aplicación de un Nuevo Modelo Educativo que forma parte de una reforma que será cancelada, sería una manera concreta de comenzar.

¿Qué puede impedirlo? El miedo tal vez, tan real como el modelo mismo, al fin y al cabo es uno de los efectos buscados del proceso de reforma iniciado hace casi seis años. Pero este miedo, generalmente está asociado o se confunde con otro obstáculo que es posible vencer, todo es cuestión de prepararse para enfrentarlo.

Nos referimos al desconocimiento acerca de qué es y cómo funciona la reforma en la escuela; una de las tareas inmediatas de las resistencias magisteriales sería conocer y documentar con el mayor detalle posible, qué es y cómo están funcionando los diferentes programas y acciones de la reforma, a partir de la experiencia concreta de las maestras. La invisibilización ayuda a naturalizar rápidamente los cambios que están ocurriendo en las escuelas y las aulas, por eso hay que hacer justamente lo contrario.

Se hace necesario evidenciar cómo es que la reforma educativa ultraneoliberal que comenzó en el 2013, está orillando a la escuela pública y a los maestros a una reconversión radical que centra su razón de existir en la rentabilidad y productividad. Retomamos aquí el planteamiento de Petrella (La enseñanza tomada de rehén. Cinco trampas para la educación) respecto a las trampas a las que se enfrenta hoy día la escuela.

    • Hacer de la educación escolarizada un instrumento al servicio de la formación de recursos o capital humano, como descaradamente define el Banco Mundial a las personas. No es gratuito ni neutral, que el actual modelo de organización escolar que impulsa la reforma, sea una réplica del modelo de trabajo empresarial en el que el tiempo, los espacios y los recursos son objeto de un férreo control. Los maestros lo están viviendo ahora mismo con la autonomía curricular; desde el inicio hasta el final de la jornada, están sometidos a un férreo control del tiempo, deben adoptar. En todo caso, para que los maestros sean contratados y las escuelas continúen funcionando, depende de su rentabilidad, por lo tanto, están obligados a venderse, en el sentido de demostrar permanentemente que cuenta con las competencias necesarias para ser empleado.
    • A nivel mundial, cada día gana más terreno la idea de que la educación, incluyendo la que se imparte en las escuelas, es un atractivo mercado de servicios y productos pedagógicos. En los tratados y acuerdos comerciales de los últimos tiempos figura como un objeto de negociación comercial estratégico. La oligarquía mundial y nacional, claman por su liberalización y desregulación total por parte de los estados nacionales. La reforma educativa se enmarca en este contexto y responde a esta lógica; al asignarle a la escuela la función de formar capital humano al servicio del consumo y el endeudamiento, maestros y alumnos deben aprender a aprender a lo largo de la vida. No es que a los reformadores les interese combatir la ignorancia de la que han hecho gala buena parte de los políticos y funcionarios en turno, empezando por el mismo presidente. No es el caso, no hay nobles intenciones, simplemente intereses comerciales; la exigencia del aprender a aprender, que ya se volvió un slogan incuestionable, está encaminada a que sean los individuos los que demuestren que son empleables, rentables, utilizables, en pocas palabras, atractivas mercancías.
    • Si esta exigencia se impone, la escuela se transformará sin remedio, en una máquina de producción de sujetos rentables, que se exigen a sí mismos hasta el agotamiento y se culpan igual por sus fracasos. Ya podemos imaginarnos la competencia encarnizada que se librará en las escuelas, una cultura del éxito basado en el mérito individual siempre demostrable y actualizado según los cambios, los imprevistos y las contingencias que nos presente la vida moderna. La guerra por el territorio educativo que ahora se libra en las escuelas y las aulas, podría transformarse en una cultura de guerra instalada y permanente, entre iguales que luchan por su sobrevivencia para conseguir el éxito individual al precio que sea.
    • La subordinación de la escuela a la tecnología es un planteamiento claro y recurrente en la reforma. Se presenta como algo inevitable e irresistible por su vinculación con el cambio económico, la escuela debe adaptarse sin más a ella. Se nos hace creer que las innovaciones tecnológicas son la puerta de entrada al cielo del progreso social e individual. ¿Cómo enfrentar esto? De ninguna manera negando su influencia, la tecnología ya forma parte de nuestras vidas.
    • El sistema educativo es utilizado para legitimar las ya de por sí profundas desigualdades estructurales. Se pretende formar a niñas y jóvenes bajo la premisa de que el conocimiento es un recurso fundamental de la nueva economía nacida de la revolución tecnológica. Desde esta óptica, la empresa es el sujeto y el lugar principal de la organización de la vida, de la producción, valorización y difusión del conocimiento válido por su aplicación inmediata. El sistema educativo es o debe ser un instrumento a su servicio.

Para atajar de inmediato el NME y todas las iniciativas ligadas con la reforma educativa, resulta absolutamente necesario reflexionar y actuar con autonomía cognitiva. Habrá que des-construirse, desandar el camino recorrido, encontrar los puntos de continuidad y de quiebre, reinventarnos a nosotros mismos y nuestras prácticas.

Cortar, romper, cortocircuitar los vínculos y modos de ensamble de los distintos programas de la reforma educativa en la escuela y las aulas, compromete a las resistencias magisteriales a prepararse, a pensar cómo y con qué sustituir lo que no queremos, por otra cosa distinta.

Y aquí el asunto se pone interesante, el embate neoliberal nos desafía a desnaturalizar lo obvio, lo dado por hecho, también a no ceder a la tentación de reivindicar la continuidad de prácticas que refuercen la idea de escuela como institución de encierro, disciplina, vigilancia y castigo.

4.5. Forjar otros instrumentos

La embestida de los organismos supranacionales contra la educación pública en distintos países, tiene como rasgo común apoderarse de los territorios educativos nacionales. Una fuerte motivación para emprender esta ocupación, es sin duda alguna, el gran botín económico que representa la educación pública; bajo el disfraz de sociedad civil, filantropía desinteresada o empresas con sentido social, corporaciones multinacionales como Pearson, han logrado hacerse de jugosos contratos y cuantiosos recursos públicos.

Pero el lucro no es el único objetivo, existe una intención superior: orientar la formación de las nuevas generaciones conforme criterios de mercado. Las transformaciones a los sistemas educativos en distintos países y contextos, responden a una lógica de rentabilidad. La calidad ha resultado ser el emblema mundial de progreso, única opción de futuro, máxime si las y los jóvenes aspiran a ser tomados en cuenta en un mercado laboral cada vez más competitivo.

Las reformas, políticas y programas educativos en el mundo tienen muchos aspectos en común; en términos generales, están orientadas hacia la constitución de sujetos emprendedores, capaces de aprender a lo largo de la vida, auto motivados y partícipes activos de los criterios y mecanismos del mercado, aún en contextos de plena precariedad, pues la seguridad laboral y social, la estabilidad, los derechos, son cosa del pasado, el mundo ha cambiado dicen, es necesario adaptarse, acostumbrarse a la incertidumbre. Para encarar las turbulencias de un mundo globalizado y cambiante, hay que aprender a sobrevivir en contextos inciertos e inestables. Luego entonces, la educación ha de contribuir a la construcción de trabajadores altamente motivados, adaptados y adaptables al sistema, extremadamente dóciles, sin mayor crítica y cuestionamiento a la dinámica del consumo y el endeudamiento, mirando siempre de manera positiva hacia el futuro.

Estos preceptos neoliberales se han instalado progresivamente en nuestro país; la reforma educativa 2013 y su modelo educativo trabajan en esta dirección. Sin embargo, por sí solos no podrían haber logrado permear, fluir e infectar a las instituciones, organizaciones y actores del sistema educativo nacional.

Las recetas de los organismos económicos mundiales en materia educativa, han sido secundadas y reforzadas desde diferentes lugares, tanto por parte de quienes apoyan abiertamente la reforma, pero también por quienes dicen criticarla. De forma consciente o no, investigadores y especialistas contribuyeron a desviar la atención hacia la evaluación, fortaleciendo la percepción de que la reforma era laboral y administrativa, velando sus alcances y sobre todo sus repercusiones en la formación de las nuevas generaciones.

Al argumentar que la reforma no era educativa porque carecía de modelo pedagógico, los investigadores críticos al igual que los dirigentes de las secciones sindicales en resistencia, obtuvieron por respuesta la presentación del Nuevo Modelo Educativo en 2016, luego siguió su institucionalización en 2017, hasta llegar a su aplicación en el actual ciclo escolar 2018; todo esto sin mayores resistencias.

Otra vertiente de influencia son los enfoques pedagógicos en boga; inspirados en conceptos, discursos y una profusa retórica empresarial, han contribuido a alimentar una visión reduccionista de la educación, donde el pensamiento crítico solo existe en el papel y la insubordinación reflexiva brilla por su ausencia. Hoy día, lo que se demanda al maestro es lisa y llanamente, mejorar resultados, concretar el aprender a aprender en el alumno, reduciendo una relación sumamente compleja a una cuestión de entrenamiento.

Lo dijimos antes y volvemos a reiterarlo (¿Y si no queremos escuelas de calidad?): la noción de calidad como máximo logro de aprendizajes planteada en la Constitución, más que solución, forma parte del problema. De ahí que insistamos en la necesidad de realizar un análisis profundo y detallado que permita entender el proceso a través del cual se ha ido instalando y naturalizando este concepto, hasta convertirse en una aspiración incuestionable, presente en todos los niveles y ámbitos del sistema educativo.

A nombre de la calidad, se ha echado mano de estrategias para la formación del nuevo capital humano que paulatinamente se han ido ensamblando, articulando y potenciando entre sí.

Comencemos por el principio: ¿qué significa, hacia dónde va y cómo se está desarrollando la calidad como máximo logro de aprendizaje en el sistema educativo, en las escuelas y las aulas?, ¿qué tipo de prácticas ha generado?, ¿cuáles son sus consecuencias?, ¿cómo ha afectado las relaciones y que está produciendo? Resulta completamente necesario cuestionar hasta qué punto la idea de la educación como un proceso amplio y complejo, ha sido sustituida progresivamente por una concepción centrada en la capacitación, el entrenamiento y la evaluación. De igual manera, prestar atención a lo que actualmente está sucediendo con la observación- supervisión de clases y con la obsesión por el control del tiempo dedicado a la enseñanza dentro de las aulas.

Es tiempo de preguntarnos qué repercusiones tiene una enseñanza centrada en el aprender a aprender, hasta qué punto contribuye a potenciar el pensamiento y la comprensión de la realidad ambiental, social, política, económica y cultural, o si la escuela únicamente se está limitando a preparar capital humano, futuros trabajadores que no cuestionen ni critiquen su forma de contratación, que acepten sin chistar un empleo en el que los derechos son cosa del pasado, al igual que la seguridad social. En otras palabras, es preciso desenmascarar la subjetividad que busca consolidar la reforma y su modelo educativo.

Habría que comenzar por analizar la procedencia y las repercusiones del concepto de calidad como máximo logro de aprendizajes. No es nada más el referente de partida, sino también el punto de llegada, de ahí que los aprendizajes clave constituyan el centro de atención del NME. Su definición corresponde a la de competencias, es decir, con el aprender a aprender, aprender a conocer y aprender a convivir como responsabilidades estrictamente individuales.

El planteamiento curricular del NME es bastante claro al respecto. Los aprendizajes clave no solo están expresados en los campos de formación académica de Lenguaje y comunicación, Pensamiento matemático y Exploración y comprensión del mundo natural y social, sino también y de forma contundente, en las Áreas de desarrollo personal y social y en los Ámbitos de la Autonomía curricular, donde se plantea reforzar la educación socioemocional y la formación de clubes, respectivamente.

¿Por qué llamarlos clubes y no talleres u otra cosa? El nombre no es anodino. Pertenecer y ser miembro de un club, conlleva una intención de subjetivación, es decir, que los individuos se asuman como socios de la empresa, como alguien que puede aportar ideas, conocimientos y sugerencias, siempre y cuando mantenga una actitud positiva y activa, esté dispuesto a participar más allá de la jornada de trabajo, borrando los límites del tiempo y espacio para mejorar la productividad.

No perdamos de vista que el Nuevo Modelo Educativo, es el instrumento para concretar la calidad como máximo logro de aprendizajes en el aula, a través de la educación socioemocional y los denominados nuevos contenidos relevantes, entre los que destacan la formación de emprendedores y la educación financiera.

El riesgo de todo esto es que la escuela se convierta en una fábrica de emprendedores, sujetos capaces de sobreponerse a cualquier situación, siempre participativos, activos y alegres. De ahí la insistencia en que, más allá de la mercantilización de la educación, lo que está en juego es la reconfiguración de la escuela pública en una agencia de servicios, donde son los banqueros y empresarios quienes definen el tipo de sujetos a formar, poseedor de una alta resistencia psicoafectiva al cambio constante, acostumbrados a la incertidumbre, a la realización de actividades cronometradas y a utilizar eficientemente los espacios de trabajo.

No menos importantes son otros cuestionamientos relacionados con las perspectivas de futuro: ¿hacia dónde va la escolarización?, ¿cuáles son sus alcances?, ¿para qué se está formando a los estudiantes en el corto, mediano y largo plazo?

Sobre advertencia no hay engaño: lo que está en juego no es nada más el asalto a la educación pública con fines de lucro y negocios, sino la formación de sujetos emprendedores que no reclamen derechos ni salarios dignos; que se muestren agradecidos por el hecho de pertenecer a alguna empresa u obtener un empleo precario, aceptando sin mayor resistencia las condiciones que le sean impuestas, y además mostrando compromiso, disposición y flexibilidad para elevar la productividad.

En este contexto, el esfuerzo individual y el mérito personal, son ingredientes indispensables para competir en el mundo social y laboral. Y si el sujeto no puede, se cansa o agobia por los fracasos, ahí está el coaching para ayudarle a elevar su autoestima y cultivar su espíritu emprendedor. Como parte de esta racionalidad, resulta necesario promover entre los alumnos el trabajo en equipo, no porque interese cultivar el sentido de pertenencia a una comunidad con fines solidarios ni a favor del bien común, sino porque constituye un medio importante para elevar la productividad. A fin de cuentas, el trabajo en equipo es parte de las actitudes exigidas en el mundo laboral.

Recordemos que el actual modelo económico no tiene que ver nada más con la explotación de la mano de obra, sino principalmente con una economía basada en el conocimiento, ése es el centro de la explotación actual. Para perpetuarse, requiere de capital humano competente, competitivo y dinámico.

Por tanto, no es descabellado suponer que el objetivo fundamental de la reforma educativa 2013, es convertir el sistema educativo en algo lo más parecido posible a una industria, a las escuelas en fábricas y a las aulas en talleres de construcción de sujetos neoliberales flexibles, entrenados para desenvolverse en contextos inciertos, que acepten, se adapten y se acostumbren a la precariedad como forma de vida, que estén siempre dispuestos a trabajar el tiempo que se requiera sin importar horario, realizando tareas cambiantes con entusiasmo y alegría constante, sin protestar ni exigir, sin resistencia alguna.

Todos estos aspectos son presentados en la reforma y especialmente en el NME, como parte de una educación integral. El lema “Educar para la libertad y la creatividad”, es el ropaje retórico detrás del cual se esconde una concepción instrumental y reduccionista de la educación, basada en el desarrollo de competencias, es decir, en la formación de destrezas, habilidades y técnicas aderezadas con una buena dosis de educación socioemocional para aprender a soportar y sobrellevar las exigencias para las que todo emprendedor de alto rendimiento debe estar preparado.

Y para garantizar que así sea, el único modo de comprobar la adquisición y nivel de dominio de esas habilidades, es la evaluación, ya sea en la modalidad de pruebas estandarizadas o por la vía de la certificación.

Ante este panorama, la insurrección pedagógica a la que nos referimos en otra entrega (¡Es tiempo de una insurrección pedagógica!), no puede reducirse a una discusión meramente jurídica. Denunciar las afectaciones, efectos y producciones de los programas de la reforma a nivel escolar, pedagógico, subjetivo, institucional, financiero y organizacional, es una primera tarea.

Las comunidades escolares conocen y padecen las consecuencias de la reforma; es a ellas a las que les corresponde evidenciar y denunciar las mil y una dificultades, maniobras y engaños detrás de las acciones de la reforma; son las que pueden provocar cortocircuitos, expulsando de su lenguaje el concepto de calidad como logro de aprendizaje y la pedagogía empresarial como fundamento de sus prácticas.

En otras palabras, es preciso desenchufar todos los programas, incluyendo el Nuevo Modelo Educativo y los clubes de la Autonomía Curricular.

¿Para qué continuar aplicándolos si la reforma educativa se va a cancelar? Eso es lo primero y nada más para comenzar; después viene lo más difícil: prever con qué y cómo sustituir aquello que no se quiere. De ahí que la insurrección pedagógica plantea a las comunidades escolares y especialmente a los maestros, al desafío de imaginar, concebir, proponer, construir un proyecto educativo distinto al neoliberal, que al mismo tiempo supere viejas prácticas verticales, concepciones homogéneas, tendencias uniformantes, que combata las corruptelas, la simulación, las tentaciones autoritarias que históricamente han caracterizado a la escuela y al propio sistema educativo.

En la construcción de un proyecto diferente, el encuentro con otros puede resultar no solo útil sino necesario para visibilizar el entramado político, institucional y programático que ata y encarcela a las comunidades, impidiendo el florecimiento de una educación que reconozca la diferencia, la particularidad y la singularidad.

Con el ánimo de contribuir al debate y la reflexión, dejamos aquí algunas preguntas más. ¿El aprender a aprender a lo largo de la vida como opción de futuro es compartido en las comunidades escolares singulares?

¿La capacitación para enseñar la nueva subjetividad del emprendedor en los alumnos es el motivo y razón de ser de la práctica educativa de las maestras? ¿Cuáles son las vías y posibilidades para construir alternativas distintas, por fuera del modelo educativo neoliberal que ha impuesto y pretende arraigar la reforma educativa?

4.6.Y emprender la fuga…

Seguimos pensando en términos dialécticos, en términos de oposición: tesis y antítesis, poder y resistencia. Así ha sido nuestra historia, en el magisterio y en nuestras prácticas educativas. Somos eso. Hemos sido procesados por ese modo de pensar y actuar. Más aún: en los sectores críticos, como la CNTE o el CEND del SNTE, se refiere a la dialéctica como el camino único en la comprensión y transformación del mundo, la guía fundamental en las luchas del magisterio.

¡Muy bien! Al menos son consistentes. No discutiremos su peculiar versión del materialismo histórico, el tema es lo que produce; sobre todo en la lucha contra la reforma educativa.

Los efectos en la gestión de las resistencias son muy claros. Se trata del viejo tema de los caminos únicos, de la administración de los modos de pensar, analizar e interpretar: una suerte de vigilancia cognitiva. Eso es muy sencillo, porque funciona más como un método de control discursivo que como un instrumento de análisis político. La prueba está en los documentos. No es muy fructífero seguir por ahí, basta darse cuenta de cómo las consignas sustituyen al pensamiento. También así se administra la oposición.

Los efectos en los modelos interpretativos son preocupantes. La dialéctica homogeneiza el territorio de la confrontación. Reconoce la tesis y plantea una antítesis. Es un instrumento agrimensor: disputa los linderos, recorre los márgenes, pelea el reconocimiento: el opositor que en su lucha superará la contradicción. La contradicción es su elemento: la oposición su destino. Nada más.

Por eso dicen que la reforma está mal hecha, que es una reforma laboral, inconsulta, incoherente, administrativa, parcial…La reforma era una política pública, por tanto una verdad racional que los neoliberales perturbaron con sus conceptos extraídos de ramas económicas y no ético-pedagógicas. Por eso las evaluaciones eran necesarias, pero mal hechas, mal articuladas, obesas, excesivas: punitivas.

¡Boberías! La dialéctica es el lado moridor del poder: el opositor que desea el poder: el rival: la imagen especular. No disputa sino la sombra. Por eso lo acompaña siempre sin sobrepasarlo: es su rémora, su crepúsculo, nunca la aurora del porvenir.

Los efectos en las estrategias políticas son más profundos. Más dañinos también. Como en la reforma educativa. Presos en la cárcel cognitiva neoliberal, quienes resisten a la reforma lo hacen en nombre de la trascendencia, de la educación sin adjetivos, de la educalidad en abstracto, o con epítetos propios de las abstracciones vacías: aprendizajes críticos, educación holística, enseñanza liberadora…vacuidades, soserías que no son capaces de identificar la historicidad y conflictividad de los procesos educativos; que sólo buscan su administración o su posesión, nunca su destrucción, reconfiguración o des-territorialización.

Como en la reforma: siempre a la zaga de los acontecimientos, los protestantes nunca fueron capaces de proponer nada, sólo el regreso de lo que habían perdido; que no provocaron ninguna avería, solo la denuncia de sus afectaciones; que nunca convocaron a nadie más que a los seguidores dispuestos a abrazar su lucha, la de ellos, nunca la de todos los demás, nunca la de los diferentes que podrían encontrar un común por el que pelear.

Ese fue el efecto de la gremialización de las resistencias a la reforma educativa; encarcelados por la dialéctica y la oposición, sólo pidieron ayuda para enfrentar sus pérdidas y nunca cambiar las condiciones en las que se planteó la disputa; por eso, cuando ganaron en las urnas la promesa de la cancelación, no sólo son incapaces de comprender la avalancha que se vino encima, no son capaces de identificar los procesos desatados por la reforma, bueno, ni siquiera sus elementos y sus articulaciones, menos han sido idóneos (jejeje) para exigir programas de cancelación efectivos, comprehensivos, aniquilantes. Se quedan en las minucias de su afectación inmediata, que por el mero efecto de auto-organización y auto-reproducción de los programas reformistas, volverán más tarde que temprano si no se extraen desde la raíz.

Ese es el destino de los dialécticos, de los opositores, de los incapaces de pensar en términos de problema – campo – des-territorialización.

Se trata de saltar las condiciones planteadas por el poder, no de buscar el reconocimiento como opositores (de negociadores en la mesa única); se trata de convertirse en técnicos en demolición, de esos que hacen cortocircuitos, de esas que generan sobrecargas y funden los problemas o patean la mesa y cambian las condiciones del problema.

La clave es esta: se trata de fugarnos de las condiciones planteadas por los otros, de los poderosos que trazaron la calidad como problema, los aprendizajes como objetivo y las evaluaciones como técnica de regulación. Ese es el núcleo de la cuestión.

No se trata, en consecuencia, de imaginar otros contenidos de aprendizaje; no se trata de disputar los conceptos de calidad; no se trata de cambiar la evaluación punitiva por otra retroalimentadora; se trata de destruir esa cárcel cognitiva, ese espacio de confrontación y no reconocerse como presos de conciencia en la jaula de la educación neoliberal, sino de hacerla saltar por los aires, demoler sus cimientos, volar el problema y sus referentes: calidad-aprendizaje-evaluación.

¿Fugarse? Sí, pero ¿hacia dónde? ¿Lo sabemos? Quizá no todavía, por eso tendremos que imaginar períodos de transición, seguro habrá equivocaciones y retrocesos, pero el camino está marcado: la insurrección pedagógica; desconectar todos los programas de la reforma; cambiar las condiciones del problema; dinamitar los referentes y el ethos neoliberal; después imaginar, quizá, horizontes educativos rizomáticos, pedagogías del común, escuelas abiertas, profesionales de la libertad y saberes de la vida digna, en donde se valoren las experiencias paralógicas y las prácticas de la creatividad y de la felicidad. ¿Por qué no?