¿Caerá la Ley de Educación Ambiental Integral (LEAI) en la inercia habitual que traiciona las propuestas de leyes que en Argentina responden a las demandas populares, especialmente las referidas al ambiente?

Básicamente definida la inercia es la propiedad de permanecer en un estado de reposo relativo o movimiento relativo. Es decir la resistencia que se opone a la modificación de un estado de equilibrio. Si algo caracteriza, supuestamente, a la propuesta implicada en la LEAI es precisamente el romper definitivamente con la inercia que marco la introducción de la EA en las políticas publicas y la educación formal en el país. Aunque la ausencia de ese marco normativo en modo alguno constituía un equilibrio, sino mas bien fue (es) una prueba mas del desequilibrio que a nivel de la legislación y la justicia, existe en Argentina a favor de los sectores del poder. En este caso del poder extractivista pero también de un Estado timorato que parece seguir prefiriendo no tomar posición frente al desastre ambiental, ni acusa recibo sobre el anacronismo epistemológico que supone negarse a revisionar las categorías que estructuran la educación básica y la formación profesional que han quedado obsoletas frente a la imagen catastrófica de un futuro que ya es presente y que en buena medida fue construido con base en esas categorías. La crisis ambiental sabemos, es la del modelo social en su conjunto; un modelo productivista referenciado en el crecimiento económico y el consumo, la idolatría tecnológica y la ponderación del esfuerzo individual. Se entiende que los sectores, que se benefician de este modelo, cada vez menos, se nieguen a reconocer su inviabilidad. Para ellos no hay fracaso, pero el fracaso reside en la imposibilidad del modelo de servir a la justicia social y la sustentabilidad, algo que le es inherente. Capitalismo y sustentabilidad son opciones excluyentes.

Se puede entender también -aceptar o convalidar es otra cosa- que en el campo político y técnico también resulte difícil administrar un reencaminamiento hacia lógicas rupturistas que propongan estrategias de salida del modelo, aún cuando sean necesariamente progresivas. Los costos son muy altos en todos los oódenes. Pero es difícil creer que, salvo esos pocos, haya sectores realmente convencidos de que dentro de la lógica del capital un mundo mejor es posible. Porque no hay un solo lugar del mundo donde las cosas anden bien, donde la falsa promesa del capitalismo se haya concretado. Cada vez es mas evidente e inocultable que el mismo se sostiene con base en la desigualdad y la maldad. Quizás esa certeza inconfesable del inevitable colapso civilizatorio inhiba las iniciativas de cambio radical, por aquello de que las sociedades no se bancan dislocaciones terminales. Los costos. Solo que el cambio climático es una de ellas. La pandemia lo fue, lo es. Pero la costumbre alienada, el miedo a desacreditar el imaginario de bienestar largamente construido sobre bases que se desvanecen en el aire y esa relativísima estabilidad individual, en lugar de motivar estrategias de transformación radical, motiva inercias de todo tipo. Solo los mas pobres o los mas esclarecidos se movilizan por lo básico y no siempre con imaginarios diferentes del hegemónico. Cierto es que los mas pobres y destinados a no caber en un sistema que se achica irremediablemente, son hoy por hoy los mas esclarecidos. Por caso los campesinos del mundo y los indígenas. Pero entonces, ¿dónde daremos la pelea por el cambio de paradigma civilizatorio, si es que vamos a darla? Es una pregunta para los gobiernos que se autodenominan populares, que dicen buscar la justicia social (que hoy es justicia ambiental). Pues, entre tantos supuestos que guían equívocamente esta civilización hay uno que quizás sea mas real, al menos en parte: la educación sigue siendo un camino de cambio de formas de pensar, de re-cambio generacional, un campo disputado por cierto y fuertemente atacado desde el neoliberalismo porque constituye una enorme opción de negocios pero también porque representa una posibilidad real de transformación de formas de concebir el mundo y la sociedad. Pero los procesos educativos llevan tiempo, mucho más del que nos queda, pues cabe recordar que según la opinión taxativamente expresada de la ciencia climática mas reconocida del mundo, diagnósticos públicos y aceptados por la comunidad internacional, el plazo para salir de este sistema civilizatorio (productivo, de consumo, extractivo y consecuentemente relacional) es de entre 30 y 50 años según los cálculos y reconocimientos mas optimistas, a partir de ese momento el colapso climático sera irreversible y bien sabemos que con el sobrevendrá también el colapso civilizatorio. Frente a este definitivo desafío la educación publica es, pese su grave crisis, aun un bastión de acción para la transformación, tal vez uno de los pocos que aún conservan los Estados para actuar. Pues sigue sin ser un espacio en el cual encontrar obstáculos e intereses infraqueables, donde el Estado se enfrente con grandes dificultades para introducir transformaciones de fondo que comiencen a orientar la formación de las generaciones que se educan, más hacia el cuestionamiento del modelo civilizatorio que hacia su permanente convalidación, que es lo que se hace. Podrá haber y los hubo y habrá lloriqueos, cuestionamientos y presiones concretas de los sectores corporativos que suelen digitar directa o indirectamente los lineamientos y contenidos educativos y ven en esas reformas un peligro para sus intereses, pero en el campo educativo el Estado preserva una gran capacidad decisoria difícil de cuestionar que no pone en juego. Se trata de una batalla cultural que no esta dando. El kirchnerismo, y el gobierno actual mucho más, fueron en el terreno educativo poco menos que inertes. De fondo nada ha cambiado, todo ha empeorado. Ni la pandemia logro mover un centímetro el empeño negador de “volver a la normalidad” que  la propició. En lo que a educación ambiental se refiere la cosa es aún mas significativa ya que su necesidad y demanda es indiscutida y apoyada, por convicción o conveniencia, por la totalidad de la sociedad. El camino esta en buena medida allanado. El debate estará en los enfoques y no será menor. Pero primero hay que desbloquear su posibilidad, promoverlo y en eso la autoridad publica puede hacer diferencias, si quiere. La LEAI ha sido un paso importante en este sentido. Porque esta claro que por mas difícil que resulte salirse del modelo, lo cual supone proponer uno alternativo, lo que es impostergable es comenzar a pensar que otro modelo es posible y en ello la educación pública, la escuela y los docentes tienen un rol estratégico que cumplir. De asumirse concienzuda e integralmente tal responsabilidad tal vez para 2030 una primer generación de secundarios y una fracción de universitarios pueda resultar formada prioritariamente en los conocimientos científicos y sociales que demanda una transformación hacia la sustentabilidad, lo que equivale a formarse desde ahora mismo en valores, técnicas, actitudes y estrategias destinadas a combatir el Cambio Climático, detener el extractivismo, sustituir los combustibles fósiles, proteger los bienes comunes especialmente el agua y los territorios donde se cultivan alimentos, transformar la agricultura transicionando del agronegocio dependiente y tóxico a una agroecología sana y soberana, pero también combatir para revertir la concentración de la tierra y la riqueza, democratizar las decisiones de orden tecnológico, orientar la investigación científica hacia la resolución de necesidades endógenas y la búsqueda de recursos sencillos y apropiados para el buen vivir de las mayorías y aceptar la pluriculturalidad. Ello implica aprender y enseñar a vivir con menos, a transitar una vida y un presente mas humilde y menos materialista, para permitir que todos lo puedan hacer y que las generaciones futuras no pierdan al menos la posibilidad de asumir el desafío de reconstituir un mundo habitable a partir de lo que podamos dejarles. Eso sería abandonar el infausto infantilismo dependiente al que el racionalismo instrumental de occidente nos ha condenado, obliterando la capacidad de pensar y sentir con autonomía a partir del sentido común, las identidades culturales, las necesidades vitales y el afecto por el prójimo y por la totalidad de lo que forma y da lugar a nuestra existencia.

Y en ese proceso “es menester generar [por lo menos] una redefinición de la idea de progreso, proponiendo una nueva cosmovisión que ofrezca un sentido a la existencia mucho más adaptado a la humilde condición humana, y adaptado desde luego a las nuevas condiciones que nos está tocando vivir, a un futuro siempre cambiante de disminución energética (que puede ser brusca) e inestabilidad climática creciente. Y a lo que seamos capaces de anticipar que llegará. En pocas palabras, a convertirnos en adultos”. 1 Esa debería ser la tarea, el objeto primordial y urgente de la educación publica, pues bien afirman  K.Guerrero y L. Iribarren frente al antropocentrismo extractivo, el debate que se abre es si la garantía del derecho social a la educación es factible, cuando no se garantiza la vida -de humanos y no humanos- en los territorios 2

Por ello no bastan las medidas contra el cambio climático, ni alcanzaran para nada las falsas soluciones de la economía circular, mucho menos servirá engañar adosando el sufijo o adjetivo sustentable a toda actividad sospechosa de no serlo.

Bien apunta Vilar: cuando la experiencia nos demuestra la baja o nula eficacia de los esfuerzos, en lugar de presionar a los gobiernos para que reduzcan las emisiones al nivel requerido con un mínimo de incomodidades para la población [que es en definitiva a lo que se limitan los esfuerzos de gestión supranacional y nacional y también el núcleo del reclamo de la mayoría de los movimientos juveniles ambientalistas] – problema que no tiene solución – habría que preguntarse qué podría hacer la población para salirse del marco cognitivo que nos ha llevado hasta aquí y que impide que el problema se aborde adecuadamente. He ahí el verdadero, único y determinante desafió que quienes asumen la responsabilidad de educar y de gestionar las instituciones educativas y diseñar sus marcos normativos y lineamientos conceptuales y contenidos tienen que visualizar. Esa visualización y su traducción en acciones educativas concretas es lo que debería propiciar la nueva LEAI. Entiendo que la misma intenta poner algunos mojones en esa ruta y aunque resultó un refrito de ideas y postulados de difícil convivencia y no sera fácil su operativización, abre un resquicio de esperanza al dotar de un marco legal auspicioso al propósito, especialmente estimulando la confianza y otorgando el permiso tan necesitado que requieren muchos docentes para actuar sin sentir que se salen de la norma. También respalda las acciones educativas de muchos colectivos en lucha. Pero aun falta el brazo fuerte de un Estado que parece no decidirse a darle la importancia necesaria. De ahí el titulo de esta reflexión. Pues el gobierno se apresta a darle sanción al presupuesto 2022 y la LEAI no fue incluida en el, pese a que así se ha determinado en su articulado. Pero también porque ya pasaron mas de 5 meses desde su sanción y ningún movimiento se ha visto en las carteras que son autoridad de aplicación para conformar la Coordinación Ejecutiva de la Estrategia Nacional de Educación Ambiental Integral, ni convocar al Consejo Consultivo.

Poco reflejo tiene la EAI en la pagina del MAyDS, al menos no se condice con la relevancia que le dieron desde esa cartera al momento de su aprobación.

Pero peor y mucho mas determinante, quizás, es el autismo casi total en el que permanece el Ministerio de Educación, que ni menciona la EA en su pagina y ha recluido a la misma, pues esa parece ser la situación, a un área llamada Dirección de Derechos Humanos, Genero y ESI, revelando cual es el orden de sus prioridades y la lógica de su concepción. En principio la ubicación parece coherente, los temas están relacionados sin duda y se trata de tres tópicos o contenidos llamados transversales pero que, por ser los transversales muy deficientemente tramitados en el sistema educativo, ocupan un lugar marginal en la planificación y diseño formal. Los derechos humanos aun sin contar con un espacio específico en la currícula parecen haberse naturalizado gracias al empuje sostenido que el tema ha tenido en el país, la ESI tampoco tiene espacio formalmente constituido dentro de los diseños curriculares pero destaca, incluso en la pagina, y es la demostración de como, cuando el Estado educativo adopta un posicionamiento, con el apoyo de la sociedad puede instalar transformaciones, el tema género que es mucho mas que ESI solo figura nominalmente y la Educación Ambiental ni figura, ni siquiera la ley que fue publicada en el boletín oficial en 3 de junio de 2021 aparece dentro del marco normativo que ese Ministerio divulga. Lo paradógico es que la ley y se supone que los cambios que propicia, fue impulsada por el poder ejecutivo de la mano del MAyDS y del ME. Aunque la historia dice que este ultimo, como siempre, con escaso animo.

Ya es materia de preocupación y controversia la interpretación que se dará por parte de diferentes actores políticos (sectoriales y provinciales) y sociales involucrados en su implementación a buena parte de sus prescripciones, pero mucho más preocupante sigue siendo que la autoridad educativa nacional y el propio poder ejecutivo eludan adoptar un posicionamiento claro y firme e inicien ya mismo las adecuaciones necesarias a los diseños educativos y de formación docente que la ley establece y dilaten o pospongan la convocatoria a los actores sociales e institucionales que quedaron vinculados a la gestión de la ley para cumplir con el llamado a la participación social, quizás su mayor virtud. Cuanto más se dilate el proceso de transformación que la ley estaría llamada a iniciar fuera y dentro del sistema educativo nacional de cara a la profundidad y gravedad de la crisis ambiental, menos posibilidades de comprender el escenario que atravesamos como sociedad, la complejidad de la crisis y la capacidad de resiliencia que pueda generarse.

Tengo una profunda desconfianza en que el Estado/gobierno recoja el guante que se arrojo a si mismo con esta ley. Entiendo que la única fuerza capaz de impulsarla serán los diferentes movimientos sociales que deberían involucrarse en ello, para hacerla efectiva de mil maneras en cada contexto. Pero no dejaremos de reclamar a funcionarios y legisladores que sean consecuentes en la práctica con lo que han sabido poner en la letra. Esa falta de consecuencia es una de las causas por las cuales muchas leyes no alcanzan su plena y efectiva vigencia.

 

“Un mundo de arrogancia antropocéntrica adolescente está a punto de finalizar, y es preciso ponerse ya a la labor de construir uno nuevo mucho más adaptado a los límites – también a los humanos y sociales – y en conexión consciente e interrelacionada con el resto de la realidad, material y espiritual, de la que dependemos. Una realidad en la que somos copartícipes y no seres separados oteando desde una atalaya de superioridad. Quienes somos conscientes de ello tenemos la obligación, el imperativo categórico, de contribuir a crearlo, a darle forma y contenido, a co-crearla”. “Porque no estamos frente a ninguna encrucijada. Estamos al final de un camino, el camino del progreso tal como lo teníamos entendido hasta ahora. Asistimos en directo al fin de la civilización veámoslo, como un cierto privilegio vital, siquiera en términos de asistir a la oportunidad de crear otra mucho mejor”. 3He ahí el reto trascendente que implica convertir en estrategia de política educativa los preceptos de la LEAI.

Notas

Notas
1Ferran Puig Vilar Ineficiencia COP-optada (3/3): Trabajo intersticial de supervivencia creativa. https://ustednoselocree.com/2021/11/26/ineficiencia-cop-optada-3-3-trabajo-intersticial-de-supervivencia-creativa/
2Katherine Guerrero-Luciano Iribarren.(Grupo de Didáctica de las Ciencias-Instituto de Física de Líquidos y Sistemas Biológicos (UNLP-CONICET).“CONFLICTOS AMBIENTALES EN HUMEDALES Y EL DERECHO AL TERRITORIO. EXPERIENCIAS DE FORMACIÓN EN EDUCACIÓN AMBIENTAL EN EL DELTA DEL PARANÁ.” Ponencia propuesta al Seminario Ambiente y Derechos Humanos-CCC.
3Vilar ob.cit

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Educador ambiental.

Especialista en Políticas Publicas ambientales INAP_Mexico. Especialista en Auditoría Ambiental Empresarial - IIE - UICN - Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Málaga. Especialista en gestión ambiental Metroplitana -FADU-UBA. Diplomado en Transformación educativa - Multiversidad Edgar Morín.

Coordino la Catedra Libre Virtual de Educación Ambiental y Ecología Politica, en facebook.

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