Beatriz de la Cueva

La mujer castellana en América durante el siglo XVI – nº 2

Beatriz de la Cueva
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En esta segunda entrada de nuestro serial sobre la mujer española en América en el siglo XVI, tras dedicarle la primera entrada a María Álvarez de Toledo, hoy toca hablar de otra mujer de la nobleza castellana que fue casada con un conquistador importante y que tuvo protagonismo en el Nuevo Mundo más allá de su papel de esposa y madre. Nos referimos a Beatriz de la Cueva.

Beatriz de la Cueva y Benavides (Úbeda,  Jaén, 1490-Santiago de Guatemala, 11 de septiembre de 1541) fue la única mujer que durante toda la colonización española en América ostentó una cargo de tan alto nivel como una Gobernación, aunque fuera dos días y de manera interina.

Nuestra protagonista era hija de Luís de la Cueva, II señor de Solera y de María Manrique de Benavides. El abuelo de nuestra protagonista fue Juan II de la Cueva, I señor de Solera desde el año 1458 y hermano mayor de Beltrán de la Cueva, I Duque de Alburquerque. Ambos eran hijos de Diego IV Fernández de la Cueva, vizconde de Huelma.

Por parte materna, su abuelo fue Juan de Benavides, II señor de Jabalquinto, Almanzora, Ventosilla y el Castillo de Estiviel y su abuela materna fue Beatriz de Valencia y Bracamonte, hija de Diego de Valencia —mariscal de Castilla, asistente de la ciudad de Sevilla- y de Aldonza de Bracamonte y Mendoza. También era la sobrina segunda de Francisco I Fernández de la Cueva y Mendoza, II duque de Alburquerque

La vida de Beatriz y de la familia de la Cueva está ligada indisolublemente a la figura del conquistador Pedro de Alvarado:

Pedro de Alvarado y Contreras (Badajoz 1485 – Guadalajara, Virreinato de Nueva España, Imperio español, 4 de julio de 1541), fue un conquistador español. Llegó a América en el año 1512. Pedro es famoso por su participación en la conquista de Cuba, en la exploración por Juan de Grijalva del golfo de México y de las costas de Yucatán, y en la conquista del Imperio Azteca dirigida por Hernán Cortés. Además, se le considera como el gran responsable de la conquista de Centroamérica (actuales Honduras, Guatemala y El Salvador).

En 1527 Alvarado se traslada a la península en el momento de mayor esplendor conquistador para entrevistarse con el monarca Carlos V. Este le nombra Gobernador, Capitán General y Adelantado de Guatemala.

Además, Alvarado aprovecha para buscar una esposa noble española y así subir de estatus social, aunque ya estaba casado por el rito nauhalt con Luisa Xicotencatl, con la que tuvo tres hijos, Pedro, que falleció a los 4 años; Leonor y Anita. Luisa falleció en 1535 al dar a luz a Anita.

Fue la verdadera compañera y amante de Pedro. Luisa acompañó a Pedro en la conquista de parte de México, donde nació su hijo mayor; estuvo presente, junto a sus hijos Pedro y Leonor, en la fundación de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala el 25 de julio de 1524 y acompañó a su amante en la infructuosa conquista de Quito.

Aparte de esos tres vástagos, que sepamos Pedro tenía dos hijos, Diego e Inés, de una mujer indígena desconocida; Gome, de una española de las Azores; y una hija de nombre desconocido engendrada con Cecilia Cortés, prima de Hernán Cortés.

Por mediación de Francisco de los Cobos, Secretario de Estado del rey Carlos, Alvarado viaja a Úbeda para pedir la mano de Francisca de la Cueva, hermana mayor de nuestra protagonista. Todos los hijos de Alvarado habían nacido ya antes del compromiso.

Se casaron en Úbeda a inicios de 1528. Él tenía 42 años y ella 27.  La familia de la Cueva otorgó a Francisca una importante dote de joyas, oro y plata para su casamiento.

Con este casamiento, Alvarado rompe la promesa que le había hecho a Cortés de que se casaría con su prima Cecilia, lo que provocó que las relaciones entre ambos conquistadores se degradaran bastante a partir de ese momento.

La expedición de vuelta hacia América partió de Sanlúcar de Barrameda en el verano de 1528. Debido a las ratas y a la falta de agua potable, se desata una plaga de peste en el barco que afecta a la mayoría de las personas que viajaban en el barco, entre ellas a Francisca.

Como en Santo Domingo no les permiten desembarcar, se dirigen al puerto de Veracruz con las esperanzas de que les ayuden. Allí ponen a los barcos en cuarentena esperando que remita la plaga.

Francisca muere en noviembre de 1528 frente a las costas de Veracruz sin haber pisado América, al igual que muchas de las mujeres de su séquito. Su cuerpo fue llevado a la península y enterrado en Úbeda.

Al enterarse de la noticia de la muerte de su hermana, Beatriz decide no casarse, a pesar de tener un compromiso, con la esperanza de que Alvarado volviera de América y pudiera casarse con él.

En 1537 Pedro viaja nuevamente a España para renovar su título de Gobernador de Guatemala y para buscar financiación para una expedición a las islas Molucas en busca de especies. Aprovechó el viaje para visitar la tumba de Francisca. Allí se encuentra nuevamente con Beatriz.

Beatriz y Pedro se casaron en Úbeda el 17 de octubre de 1538. Alvarado tenía 53 años y Beatriz 33. El matrimonio necesitó una dispensa papal, ya que a la iglesia no le gustó nada que se casara con su cuñada y ese tipo de matrimonios necesitaban la dispensa papal para no ser anulados posteriormente por la Iglesia Católica. Pero Alvarado estaba decidido a renovar sus vínculos con el Duque de Alburquerque y no quería contemplar otra opción más que casarse con Beatriz. La dispensa fue negociada por el Duque de Alburquerque y por el mismo rey Carlos y concedida por el papa Paulo III.

Tras el matrimonio, la pareja organizó su vuelta a América. La expedición partió de Sanlúcar de Barrameda a finales de febrero de 1539. Llegaron sin contratiempos a Puerto Cortés (actualmente en Honduras) el día 4 de abril. Desde allí se dirigieron hacia Ciudad de Guatemala, donde llegaron sobre el día 10 o 12 de ese mes.

La llegada de Beatriz y Alvarado a la ciudad supuso un gran revuelo entre la sociedad guatemalteca, ya que ella llegaba acompañada de 20 doncellas que fueron cortejadas por los caballeros solteros y viudos de la ciudad. La mayoría de ellos sufrían deformidades en la cara y el cuerpo debido a los años de lucha en América:

“Doylos al diablo. Parece que escaparan del infierno, según están de estropeados: unos cojos y otros mancos, otros sin orejas, otros con un ojo, otros con media cara, y el mejor librado la tiene cruzada una y dos y más veces.”

“No hemos de casar con ellos por su gentileza, sino por heredar los indios que tienen, que según están viejos y cansados se han de morir pronto y entonces podremos escoger el mozo que queramos”

(Carmen Pumar Martínez: “Españolas en Indias: mujeres-soldado, adelantadas y gobernadoras”, pp: 109-110)

Poco después de hacer posesión efectiva de su cargo de gobernador y a pesar de ser ya muy rico, la sed de aventuras produjo que Alvarado se decidiese enrolar en la expedición a la islas de las Molucas. Parte de Santiago el 25 de mayo del año 1540

Cuando hace una parada en el actual México, coincide con una sublevación en Nueva Galicia, así que decide luchar contra  los chichimecas en la costa norte del actual México. Nunca volvería a Guatemala. Fue aplastado por las patas del caballo de un soldado castellano en un accidente fortuito.

La noticia de la muerte de su marido desconsoló enormemente a nuestra protagonista. Se negaba a comer, lloraba continuamente. Había estado casada escasamente 32 meses y 18 días. Se estaba preparando, a los 36 años, para una larga viudedad. Pero el destino tenía otros planes para ella….

El 9 de septiembre de 1541, Beatriz deposita la fianza y es declarada oficialmente Gobernadora de Guatemala. Firma el acta como “la sin ventura”, como quería ser conocida desde entonces, algo que escandaliza a los presentes.

Dos días después, la madrugada del 10 al 11, se desata el terremoto que sacude profundamente a la ciudad.

La huida no era una opción. Tribus Quichés y Cachiqueles cerraban la huida por el norte. Los volcanes de Agua (volcán Hunahpú en náhualt, 3766 metros de altitud); el volcán de Fuego (3.763 metros) y el Acatenango (3.976 metros) cerraban el paso por el este y por el oeste. Por el sur, los ríos se habían desbordado haciendo imposible la huida.

Muchos intentaron la huida dirección este por el Camino Real que, atravesando la vegetación del altiplano, llegaba a Puerto Cortés. Pero los carros se quedaban atascados en el barro impidiendo la huida.

Beatriz prohíbe salir de la casa a su séquito debido a que las riadas estaban ahogando a muchas personas. Fueron a rezar a una capilla.  Allí fueron sepultadas por las piedras.

La ciudad queda destrozada completamente por el volcán del Agua:

“Se empezó a oír un rumor estruendoso y grave, de torrentes de agua precipitados [….], acompañados de golpes desapacibles de piedras encontradas en el desplomo de su precipicio, cuyos vuelcos […..] hacían bramar las fieras y balar los animales domésticos en confusas y roncas quejas.

[….] Pero creciendo el rumor, y acercándose las voces, sucedidas de una calle en otra y de uno en otro barrio, se percibió el peligro e las voces difundidas que, proferidas a un tiempo, clamaban: “Que nos perdemos, que nos ahogamos”, envolviéndose estos fatales anuncios en la dulce invocación de Jesús y de María”

(Antonio de Fuentes y Guzmán “Historia de Guatemala o recordación florida”. Libro IV, cap. VIII).

Beatriz no solo fue la única mujer gobernadora en América, sino que además fue la última gobernadora de Guatemala, ya que al año siguiente, en 1542, la corona española incluyó el territorio dentro del Virreinato de Nueva España creando la Capitanía General de Guatemala, (conocido popularmente como Reino de Guatemala), y que incluía los territorios de las actuales Belice, Honduras, Guatemala, El Salvador, Costa Rica, además del estado mexicano de Chiapas y las actuales provincias panameñas de Chiriquí y Bocas del Toro.

La capital de todo el territorio fue situada en Santiago de los Caballeros de Guatemala hasta que un terremoto destruyó la ciudad en el año 1776 y fue sustituía por Nueva Guatemala de la Asunción.

La capitanía estaba controlada por un funcionario de la corona española, ostentando los cargos de capitán general de la capitanía General de Guatemala, gobernador general del Reino de Guatemala y presidente de la Audiencia y Cancillería Real de Santiago de Guatemala. La Capitanía General de Guatemala fue disuelta en el año 1821.

En el siguiente enlace podemos leer un interesante artículo dedicado a nuestra protagonista.

Bibliografía

DELAMARRE, C y SALLARD, B (1994): “Las mujeres en tiempos de los conquistadores”. Barcelona.

GÓMEZ-LUCENA, E. (2013): “Españolas del Nuevo Mundo”. Cátedra. Madrid.

PUMAR MARTÍNEZ, C (1988): “Españolas en Indias: mujeres soldado, adelantadas y gobernadoras”. Anaya. Madrid.

VALLADARES REGUERO, A (1992): “Beatriz de la Cueva: una controvertida figura femenina de la conquista de América”, en Boletín del Instituto de Estudios Giennenses Nº 145: 45-76. Jaén.

 

En la próxima entrada realizaremos un somero análisis de la inmigración japonesa en Brasil.

En cuanto a este serial, nuestra tercera protagonista será María de Angulo. María había llegado a América en el año 1536 en la expedición comandada por Pedro de Mendoza al Río de la Plata. Vivió en Asunción, Santa Cruz de la Sierra y Lima. Su vida es un perfecto ejemplo de las enormes dificultades y penalidades que las mujeres castellanas sufrieron en América durante el siglo XVI.

 

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Autor

Master en archivística por la UNED. Licenciado en Historia por la Universidad de Cádiz.

Especialista en Paleografia y Diplomática.