Banderas Rojas en la Plaza Dos de Mayo Es un poderoso instrumento de persecución la lucha contra el terrorismo para intentar aplastar todo lo que les muestre resistencia.

Fujimori nunca más
(AP Photo/Martin Mejia)

La historia del movimiento obrero en general y del sindical en particular está marcada por la persecución, la brutalidad y el ignominioso encarcelamiento de muchos de sus dirigentes. Pero esta historia no queda del todo clara si no se resalta la participación de muchos de los cuadros políticos del Partido Comunista Peruano que es uno entre muchas organizaciones políticas que se fundieron dentro del sindicalismo peruano y su Confederación General de Trabajadores del Perú. Esto obedece a la línea política descrita por el fundador del Partido, José Carlos Mariátegui, entre muchos de sus artículos se lee como una de sus preocupaciones centrales, la cuestión obrera y la revolución en el Perú.

En términos generales la composición de los militantes del Partido Comunista Peruano ha sido su extracción obrera – sindical y, como a muchas organizaciones políticas, sólo después del autogolpe de 1992 encabezado por Alberto Fujimori buscaron ponerle fin a todo obstáculo que fuera en contra del plan económico para “liberalizar” la economía peruana y enfrentarse en el plano político a la organización terrorista denominada Sendero Luminoso. Sin embargo, nada de esto sucedió, puesto que ni la liberalización de la economía sirvió para cerrar las brechas de la desigualdad social en el país ni para enfrentar esas mismas condiciones que dieron pie a una de las aventuras más sanguinarias de nuestra historia reciente, Sendero Luminoso.

El autogolpe de 1992 dio comienzo a la implementación del proyecto neoliberal en el Perú. Para ello era necesario tocar dos puntos fundamentales: primero, una política de gasto público que redujera el “tamaño” del Estado y, segundo, desmontar todo el aparato del Estado en el plano de lo conquistado por el movimiento social y político peruano y, en especial, a los partidos de izquierda, quienes representaban en el parlamento y en los gobiernos locales un claro avance hacia otro proyecto, el socialismo.

Para este cometido se debía primero desbaratar de un solo golpe los derechos sociales conquistados por el movimiento social existente y para ello limitó las posibilidades de la organización sindical, precarizó la contratación laboral, creó regímenes especiales laborales, esto junto con la persecución de muchos dirigentes sindicales incluso con su desaparición física, como el sonado caso del asesinato de Pedro Huilca Tecse quien había anunciado la realización de Paro Nacional y jornadas de lucha en todo el país. Este vil acto fue responsabilidad de Alberto Fujimori Fujimori que hasta ahora queda impune.

Pedro Huilca como muchos militantes más fueron de las filas del Partido Comunista Peruano. Pero esto no es un dato anecdótico. Ha sido una política interna la persecución de los militantes de esta organización política pues son los comunistas un sujeto particular de persecución política.

Esto no es reciente. En el año de 1977, durante el exitoso Paro Nacional convocado por la CGTP quienes hicieron frente al gobierno militar de Morales Bermúdez, toda la comisión política del Partido Comunista Peruano fue apresada y llevada a prisión. La política macartista de los gobiernos en el Perú no ha sido ni mucho menos una cuestión aislada sino una acción sistemática y transversal tanto en la formación antisubversiva de las fuerzas armadas, así como en el orden ideológico – educativo.  No existe evidencia en ningún libro escolar de las arduas luchas que conquistaron los derechos de los que ahora tenemos.

Hace unos días, en pleno corazón de la capital, se apreso a otro militante de este partido. Mario Constantino Tacunan quien es secretario de prensa del Partido fue llevado preso por la policía, el motivo según fuentes policiales es “apología al terrorismo” y, más precisamente, el hecho de llevar consigo una bandera roja con una hoz y martillo pintada en su centro. Estará con 15 días de detención para iniciar con las investigaciones. Estas acciones no son nuevas, ya la actual secretaria general del Partido Flor de María Gonzales Uriola fue amedrentada hace algunas semanas por el cuerpo policial en parecidas circunstancias, llevar consigo la bandera roja del comunismo.

Estas acciones dicen obedecen a combatir la apología al terrorismo y con ello evitar el rebrote de la nefasta organización criminal llamada Sendero Luminoso. Sin embargo, las fuerzas de izquierda incluido el Partido Comunista Peruano han sido parte del enfrentamiento contra Sendero Luminoso, tanto en las universidades y los sindicatos, en las rondas campesinas y los barrios populares, han sido diversas organizaciones de izquierda quienes se enfrentaron a Sendero Luminoso en todos los planos. Precisamente han sido estas fuerzas y la gran mayoría social la que estuvo entre dos fuegos. Por un lado, el Estado Peruano que no distinguía entre culpables e inocentes y para ello se puede consultar el Informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación y, por el otro, a Sendero Luminoso quienes actuaron sin piedad sobre aquellos que no se sometían a sus deseos.

La política desde el Ministerio del Interior y del ejecutivo no ha sido otra que perseguir a los dirigentes de base y líderes populares, estas acciones han sido la regla y no la excepción, el objetivo es intentar desarticular a toda fuerza que haga frente a las políticas neoliberales de los gobiernos de turno quienes obedecen a los lineamientos del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Es más, muchos de los funcionarios que componen las carteras ministeriales han trabajado dentro de estas organizaciones y cumplen fielmente con implementar las recetas que están previamente elaboradas.

Es un poderoso instrumento de persecución la lucha contra el terrorismo para intentar aplastar todo lo que les muestre resistencia. Solo el campo de lo popular podrá dar una respuesta que este a la altura y demuestre que solo la acción organizada puede hacer frente a esta arremetida liquidadora y antidemocrática.