¿Avance tecnológico o desempleo?

No es posible predecir los impactos de las tecnologías del mundo digital – la robotización, la hiperconectividad, la inteligencia artificial, entre otros–, en el mercado laboral futuro.

tecnología y desempleo
tecnología y desempleo

El desempleo masivo y permanente es uno de los rasgos más característicos y preocupantes del capitalismo avanzado (Márquez, 2005)1Durante la revolución industrial, la generalización de las relaciones capitalistas fue afirmando un mercado de trabajo moderno, dando al surgimiento del desempleo como fenómeno distinto a la pobreza (Pugliese, 2000). Sidney Webb, Beatriz Potter y William Beveridge, en 1905, fueron los primeros en proponer medidas dirigidas a aliviar la situación de los desempleados, al mismo tiempo que se da reconocimiento a la existencia del desempleo involuntario (B. y S. Webb, 1909). En esos mismos años Beveridge introduce la concepción del desempleo como problema inmanente a la producción industrial (Beveridge, 1930).. También, y paradójicamente, uno de los hechos que la teoría económica convencional ha tenido más dificultades en asimilar y explicar3El paso definitivo en la afirmación del desempleo como fenómeno involuntario, se produce con la postura rupturista de Keynes con respecto a la escuela de pensamiento económico dominante (Keynes, 1936). Esta última consideraba que las causas del desempleo eran los altos salarios y la negativa de los trabajadores a aceptar salarios menores. (Asenjo,1992).

Suele considerarse al desarrollo tecnológico como un proceso irreversible en la historia de la humanidad (Levy y Murnane, 2017). Asimismo, existe una paradójica relación de larga data entre el progreso técnico, el empleo y la prosperidad. Respecto a este vínculo complejo, Ricardo escribía: “Estoy convencido de que la sustitución del trabajo humano por las máquinas es con frecuencia perjudicial para los intereses de la clase trabajadora (…)”2El concepto de desempleo tecnológico resulta de relevancia para explicar los fenómenos de crecimiento económico sin empleo y crecimiento económico con pérdida de empleo (jobless growth y joblose growth) (Pugliese, 2000). (Ricardo, 1817, p. 344). En el mismo sentido, Marx predijo que el proceso de mecanización condenaría a los trabajadores a salarios de subsistencia (Marx, 1906), en tanto, Keynes se manifestó utilizando el concepto de “desempleo tecnológico” (Keynes, 1963), mientras que Leontief afirmo que “el papel de los humanos como el factor de producción más importante está llamado a disminuir (…)” (Leontief, 1983, p.p.3). En los años sesenta se expresó el temor por un escenario extremo –la Singularidad Tecnológica–, en donde las máquinas inteligentes se harían cada vez más potentes, llegando a superar al ser humano, expulsándolo del mercado de trabajo. Como consecuencia, la riqueza y el poder se concentrarían en una pequeña élite de propietarios, creando una desigualdad sin precedentes (Harari, 2017).

En la actualidad, algunos autores pesimistas como Beck (1998), manifiestan que la nueva ley de productividad del capitalismo global en la era de la información, implica trabajadores menos formados y globalmente intercambiables4El crecimiento económico ya no conlleva la supresión del paro, sino por el contrario, prevé la supresión de puestos de trabajo (Salinas, 2001).. En tanto, Frey y Osborne estiman que un 47% de los empleos en Estados Unidos pueden desaparecer (Frey y Osborne, 2017). En cambio, Joel Mokyr en rechazo a las posturas de los “tecnopesimistas”, considera que el futuro traerá ocupaciones5La adopción masiva del correo electrónico hace veinte años llevó a algunos a vaticinar la desaparición del correo postal tradicional. Sin embargo, el auge del comercio electrónico en los últimos años, están poniendo al límite la capacidad de las empresas de logística (González-Páramo, 2017). No obstante, existen diferencias inimaginables entre calidad del empleo de un trabajador del correo en el pasado y la precariedad laboral del personal de las plataformas de transporte y pedidos – modalidad de trabajo on demand–. que nos resultarán tan extrañas como muchas de las actuales a nuestros abuelos (Mokyr, 2014).

William Lee invento la máquina de tejer en 1589, pero su patente fue rechazada por la Reina Isabel I, quien expreso: Sería la ruina de mis pobres súbditos al privarlos de empleo y convertirlos en mendigos” (Acemogly y Robinson, 2012, p.p. 182). Recién dos siglos después en el marco de la Primera Revolución Industrial –iniciada alrededor de 1770–, el invento fue incorporado por la industria textil. Su introducción masiva genero disturbios en Gran Bretaña y otros países de Europa.

Con la Segunda Revolución Industrial se extiende la producción en masa, permitiendo reducir los costos y tiempos de trabajo. Su correlato fue la introducción de la jornada laboral de cinco días, que incentivo un aumento de nuevos empleos en servicios vinculados al tiempo libre (turismo, personales, etc.). Cabe destacar que los resultados no fueron neutrales, se incrementó la demanda de trabajadores no calificados complementarios a las tecnologías –“ganadores”–, mientras que empleos más calificados fueron sustituidos –“perdedores” –.

En la segunda mitad del siglo XX, la Tercera Revolución Industrial implico la introducción gradual de los ordenadores. Puede considerarse que el desarrollo de las nuevas tecnologías se diseñó para aprovechar la abundante mano de obra con alto nivel educativo–“ganadores”– (Acemoglu, 2002). La progresiva automatización, sustituyo los empleos de mediana habilidad –“perdedores”–. Sin embargo, no afectaron en gran medida a los trabajadores que realizaban tareas manuales no rutinarias –de bajos salarios–.

A partir de la última década del siglo XX la incorporación de tecnologías digitales, dio inicio a la Cuarta Revolución Industrial (González-Páramo, 2016), que implico un nuevo efecto disruptivo sobre el empleo. A diferencia de las anteriores no se prevé un patrón lineal sino exponencial.

La evidencia de los últimos años, es un mercado laboral muy heterogéneo –por industrias, ocupaciones y países–, y una fuerte polarización del trabajo, así como también un aumento de la desigualdad y la exclusión social. Por un lado, la economía colaborativa y la aparición de plataformas digitales está generando un crecimiento vertiginoso de contrataciones de trabajo parcial y en tiempo real, empleo por cuenta propia (Salinas, 2001), con mínima protección social – y baja calidad de empleos–, desvinculadas de las legislaciones laborales (Tirole, 2017). Estos mercados demandan mayor flexibilidad y capacidad de adaptarse a nuevas competencias –a diferencia del perfil profesional o la sobreespecialización del pasado (Bessen, 2015) –. Por otro lado, la diferenciación entre tareas rutinarias y no rutinarias caracterizan al periodo actual. Las primeras, requieran cualificación o no, se pueden robotizar con facilidad. De manera que la diversificación de los objetivos formativos compatible con una fuerza de trabajo versátil, supera la mera adecuación al puesto de trabajo (Ferrández, 1993), y se enmarcan cada vez más en una educación continua para el empleo (Salinas, 2001).

No es posible predecir los impactos de las tecnologías del mundo digital – la robotización, la hiperconectividad, la inteligencia artificial, entre otros–, en el mercado laboral futuro. En un contexto en que no existe consenso en reducir la velocidad de la automatización, para una mejor adaptación, y una disminución de sus consecuencias negativas.

Dada la multiplicidad de factores que median entre el desarrollo tecnológico y el desempleo, a modo de cierre se expresan algunas proposiciones aisladas, en el marco del llamado a la necesidad de una mayor profundización del conocimiento de las problemáticas mencionadas.

El Estado tiene un rol clave6Los países nórdicos buscando enfrentar los aumentos de las desigualdades en el acceso a la tecnología entre los trabajadores y las empresas, llevan adelante políticas de “flexiseguridad” –que consiste en una alta protección social con contratos laborales flexibles y políticas de formación y reinserción laboral muy activas–, y de apoyo a las pequeñas y medianas empresas en la transición tecnológica – para reducir los costes más elevados de financiación que padecen–. en incidir que parte de la mayor productividad se debe trasladar al ingreso de los trabajadores, en tanto, esto permitiría generar un nivel de consumo de nuevos servicios7Para algunos autores (Borja y Castells, 1997; Lafontaine y Müller, 1998, etc.), las actividades laborales estarán, en el futuro, crecientemente orientadas a la prestación de servicios y exigirán una mayor cualificación. De este modo, la mano de obra no cualificada será la gran perdedora (Lafontaine y Müller, 1998). y, en consecuencia, un incremento de la demanda de empleo8El desempleo afecta a la seguridad económica de las familias (Farber 1993; Jacobson, LaLonde y Sullivan, 1993; Stevens, 1997) y esto se refleja en una reducción del consumo de las mismas (Urbanos-Garrido y Lopez-Valcarcel, 2014; Yeung y Hofferth, 1998). en estas ramas –intensivas en el factor trabajo–. Siendo prioridades, brindar protección social a los trabajadores en un contexto de aumento de la precarización, y sostener una capacitación en las habilidades complementarias de la tecnología que requiere una economía vertiginosamente cambiante9Acelerar el proceso de emparejamiento entre demanda y oferta de empleo mediante big data, permitiendo anticipar las necesidades de las empresas y la formación de trabajadores. Con el objetivo de reducir el desempleó de tipo estructural –considerado el más nocivo–, entendido como el desajuste en las características del trabajo y las capacidades de los trabajadores (Lawrence,1990).  (Salinas, 2001) –no de puestos de trabajo que van quedando obsoletos–, y no centrarse en generar bajos salarios para seducir a las inversiones de capital productivo10Desde una perspectiva postclásico-postkeynesiano las raíces del problema del desempleo no están en la existencia de salarios elevados. Keynes (1936, cap. WC) encomió, hasta cierto punto, la rigidez de los salarios a la baja, en la medida que una flexibilidad absoluta precipitaría la economía en continuas espirales deflacionistas.. En suma, en condición necesaria una política efectiva de igualdad de oportunidades –educación y salud–, para que la transformación digital sea inclusiva y beneficie a la sociedad en su conjunto (Andres y Domenech, 2017).

Bibliografía

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Acemogly, D. y Robinson, J., (2012). Why nations fail: The origins of power, prosperity, and poverty, Random House Digital.

Andres, J. y Domenech R., (2017). “Reflexiones sobre la dimensión social de la Unión Europea”, BBVA Research.

Asenjo, J. (1992). El desempleo como resultado normal del funcionamiento normal de mercados normales.

Bessen, J., (2015). Learning by doing: The real connection between innovation, wages and wealth, Yale University Press

Beveridge, W.H., (1930). Unemployement. A problem of industry. Londres, Longman.

Farber, H. S. (1993). The incidence and cost of job loss: 1982-91. Brooking Papers on Economic Activity, 1, 73- 132.

Frey, C.B. y Osborne, M., (2017). “The future of Employment: How susceptible are Jobs to computerisation”, Technological Forecasting and Social Change, 2017, vol. 114, issue C, 254-280.

González-Páramo, J.M., (2016). Reinventar la banca: De la gran recesión a la gran disrupción digital, RACMYP, Discurso de ingreso en la Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas, junio.

González-Páramo, J., (2017). Cuarta Revolución Industrial, Empleo y Estado de Bienestar. Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas.

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Jacobson, L., LaLonede, R., y Sullivan, D. (1993). Earning losses of displaced workers. American Economic Review, 83, 685-709.

Keynes, J.M., (1936). The general theory of employment, interest, and money, London, Macmillan.

Keynes, J.M., (1963). Essays in persuasion, Norton. Versión en castellano: Ensayos de persuasión, Editorial Síntesis, 2009.

Leontief, W., (1983). “National perspective: The definition of problems and opportunities”, en National Academies: The long-term impact of technology on employment and unemployment, National Academy of Engineering.

Levy, F. y Murnane, R., (2017). “Dancing with robots: Human skills for computerized work”, en Third Way/Fresh Thinking (thirdway.org).

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Oviedo.

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Pugliese, E., (2000). Qué es el desempleo. Política y sociedad, 34, 59.

Salinas, J., (2001). “TIC: ocupación y formación ¿globalización-desempleo?”. Artículo presentado en CIFO III Congreso de Formación Profesional ocupacional. Formación, trabajo y certificación, realizado del 20 al 23 junio del 2001.

Stevens, A. (1997). Persistent effects of job displacement: The importance of multiple job loss. Journal of Labor Economics, 15, 165-188.

Tirole, J., (2017). La economía del bien común, Taurus.

Urbanos-Garrido, R. M., y Lopez-Valcarcel, B. G (2014) The influence of the economic crisis on the association between unemployment and health: an empirical analysis for Spain. European Journal Health Economy, 16(2), 175-84.

Webb, B. T, y Webb, S., (1909). The break-up of the poor laws, Londres, Fabian Society.

Yeung, W., y Hofferth, S. (1998). Family adaptations to income and job loss in the U.S. Journal of Family and Economic Issues, 19, 255-283.

Notas   [ + ]

1.Durante la revolución industrial, la generalización de las relaciones capitalistas fue afirmando un mercado de trabajo moderno, dando al surgimiento del desempleo como fenómeno distinto a la pobreza (Pugliese, 2000). Sidney Webb, Beatriz Potter y William Beveridge, en 1905, fueron los primeros en proponer medidas dirigidas a aliviar la situación de los desempleados, al mismo tiempo que se da reconocimiento a la existencia del desempleo involuntario (B. y S. Webb, 1909). En esos mismos años Beveridge introduce la concepción del desempleo como problema inmanente a la producción industrial (Beveridge, 1930).
2.El concepto de desempleo tecnológico resulta de relevancia para explicar los fenómenos de crecimiento económico sin empleo y crecimiento económico con pérdida de empleo (jobless growth y joblose growth) (Pugliese, 2000).
3.El paso definitivo en la afirmación del desempleo como fenómeno involuntario, se produce con la postura rupturista de Keynes con respecto a la escuela de pensamiento económico dominante (Keynes, 1936). Esta última consideraba que las causas del desempleo eran los altos salarios y la negativa de los trabajadores a aceptar salarios menores.
4.El crecimiento económico ya no conlleva la supresión del paro, sino por el contrario, prevé la supresión de puestos de trabajo (Salinas, 2001).
5.La adopción masiva del correo electrónico hace veinte años llevó a algunos a vaticinar la desaparición del correo postal tradicional. Sin embargo, el auge del comercio electrónico en los últimos años, están poniendo al límite la capacidad de las empresas de logística (González-Páramo, 2017). No obstante, existen diferencias inimaginables entre calidad del empleo de un trabajador del correo en el pasado y la precariedad laboral del personal de las plataformas de transporte y pedidos – modalidad de trabajo on demand–.
6.Los países nórdicos buscando enfrentar los aumentos de las desigualdades en el acceso a la tecnología entre los trabajadores y las empresas, llevan adelante políticas de “flexiseguridad” –que consiste en una alta protección social con contratos laborales flexibles y políticas de formación y reinserción laboral muy activas–, y de apoyo a las pequeñas y medianas empresas en la transición tecnológica – para reducir los costes más elevados de financiación que padecen–.
7.Para algunos autores (Borja y Castells, 1997; Lafontaine y Müller, 1998, etc.), las actividades laborales estarán, en el futuro, crecientemente orientadas a la prestación de servicios y exigirán una mayor cualificación. De este modo, la mano de obra no cualificada será la gran perdedora (Lafontaine y Müller, 1998).
8.El desempleo afecta a la seguridad económica de las familias (Farber 1993; Jacobson, LaLonde y Sullivan, 1993; Stevens, 1997) y esto se refleja en una reducción del consumo de las mismas (Urbanos-Garrido y Lopez-Valcarcel, 2014; Yeung y Hofferth, 1998).
9.Acelerar el proceso de emparejamiento entre demanda y oferta de empleo mediante big data, permitiendo anticipar las necesidades de las empresas y la formación de trabajadores. Con el objetivo de reducir el desempleó de tipo estructural –considerado el más nocivo–, entendido como el desajuste en las características del trabajo y las capacidades de los trabajadores (Lawrence,1990). 
10.Desde una perspectiva postclásico-postkeynesiano las raíces del problema del desempleo no están en la existencia de salarios elevados. Keynes (1936, cap. WC) encomió, hasta cierto punto, la rigidez de los salarios a la baja, en la medida que una flexibilidad absoluta precipitaría la economía en continuas espirales deflacionistas.
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Doctor en Demografía por la Universidad Nacional de Córdoba.

Licenciado en Sociología y Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires.

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