Despolitización e indiferencia: la arquitectura de nuestros días

En apariencia, la estética arquitectónica y la política no tienen nada que ver, sin embargo, nos encontramos ante una falsa escisión que es más una estrategia de control y regulación social, que una animadversión tácita. Su banalización posmoderna a través de la “estetización” del espacio, profundizará una fractura que naturaliza el orden social contemporáneo.

El presente artículo, descompuesto esta vez en cuatro partes, pretende inscribirse en la serie de reflexiones de lo que Walter Mignolo ha denominado estética decolonial. Nuestra idea es concentrarnos en el ámbito arquitectónico para ir descubriendo cómo se formó su paradigma estético, y de qué forma, en la ciudad contemporánea, opera como transmisor de la hegemonía cultural eurocéntrica. Desde luego, pretendemos hacer énfasis en la resiliencia de las que denominaremos colonias liminares, es decir, los espacios urbanos marginales donde las formas de vida no terminan por incorporarse a la lógica de la ciudad como espacio de consumo. Estas, han resistido a este proceso desde su origen a través de lo que Foucault llamó heterotopías, y que de alguna manera han […]

Parte V. La geografía de la imaginación

Para finalizar nuestra reflexión -compuesta de cinco partes-, intentaremos explicar la forma en que el espacio global fue subdividido en regiones perfectamente identificadas con la etnicidad de sus pobladores; una correlación significada desde la base del racismo y materializada en la “geografía de la imaginación” desde la que se levanta el espacio urbano-arquitectónico de la modernidad capitalista.

Sabemos que es imposible determinar con precisión el momento en que la realidad logró escindirse por completo de sus componentes simbólicos y constituirse como mera experiencia empírica; pero sabemos que, durante el siglo XI, comenzó a cristalizarse un cambio en la experiencia de ésta -del espacio y del tiempo- que por más de 400 años se mantuvo oscilando entre el pensamiento religioso y los primeros esbozos del método científico. Expongámoslo de otra forma. Cuando Colón decide zarpar del Puerto de Palos en 1492 en busca de una nueva ruta de comercio, el imaginario colectivo aún estaba lleno de los mitos y relatos ficticios medievales que se producían en los márgenes de la experiencia. Los viajes de Marco Polo -por ejemplo- […]

Parte IV. La linealidad del tiempo y del espacio

La línea temporal sobre la que se decidió vaciar la racionalidad moderna posee una cualidad inexorablemente espacial, que fue permeando toda la producción urbano-arquitectónica con la que se colonizó la “periferia”.

Más allá de escudriñar en la filosofía del tiempo y del espacio, en sus definiciones, consistencia y problemática, me interesa reflexionar en la relevancia política de este par de nociones, las cuales, de una manera silenciosa y difusa, han determinado en gran medida el carácter de la modernidad/colonialidad. Por tanto, desvelar el relato que ha acompañado a estas dos dimensiones de la vida social, me parece una buena oportunidad para comprender los mecanismos con los que opera un discurso político que, desde la clandestinidad, ha definido y direccionado todas las prácticas sociales de dominio, opresión y despojo, tanto en la narrativa arquitectónica como en la urbana. Desde luego, también ha fundamentado el discurso y las prácticas de resistencia espacial, proporcionando […]

Parte III. La perspectiva: El punto de vista colonial

Las relaciones de poder se esconden tras la construcción de una realidad que paulatinamente será reducida a los pares oposicionales, y que, como tales, estarán ahí sustentando la pertinencia de este proceso para justificar la supuesta superioridad civilizatoria europea.

La colonialidad espacial es parte de la “metáfora” vertida en la perspectiva; ahí yace representada la utopía moderna que niega tácitamente la producción heterotópica. De ella brotará, en consecuencia, un espacio arquitectónico que intentará constantemente materializar la forma en que esta “metáfora” lo representa. En la entrega anterior introdujimos el concepto de colonialidad espacial como una categoría que intenta dar cuenta del proceso de transformación que sufrió la noción de espacio dentro del flujo de la trialéctica espacial: de ser un concepto enlazado con la reproducción de las condiciones materiales y simbólicas de la vida social, a considerarse una estructura rígida que las soporta y las contiene. Pero también como una forma de nombrar al proceso de imposición que subsume […]

Parte II. Utopía y colonialidad espacial

El cambio de la noción “espacio”, ocurrida durante el proceso de modernización/colonización, modificará el estatuto que en principio tenía la utopía: de ser un relato predominantemente político-social, pasará paulatinamente a ser un horizonte espacial que condensará la materialidad requerida por el programa de dominio ontológico, epistémico y político con el que se construirá el sistema-mundo moderno.

No parece ser coincidencia que Tomás Moro publicara “Utopía” justo en los años en que Hernán Cortés iniciaba la conquista de México y Copérnico desmantelaba el sistema geocéntrico de Ptolomeo; en realidad, la modernidad despegaba sobre una contundente plataforma espacial que conformaría el andamiaje epistémico que posteriormente la caracterizaría. Así, utopía y modernidad se irán convirtiendo paulatinamente en sinónimos en los que prevalecerán los mismos relatos, los mismos procesos y los mismos claroscuros. Su consistencia teórica incluso será la misma, como también lo serán los métodos y estrategias que utilizarán para imponerse como estructuras hegemónicas de la vida social. Hoy, la utopía ha dejado de ser lo que era y de representar un horizonte; su proyecto político, económico y social […]

El giro decolonial en la producción del espacio urbano-arquitectónico

El espacio es mucho más potente de lo que creemos y sabemos; los estudios antropológicos y arqueológicos nos proveen de muchos ejemplos que nos permiten concluir que tanto la arquitectura como la ciudad no sólo han sido estructuras en las que se reproduce la vida, sino que son los vehículos que hacen posible las relaciones sociales.

Habitamos un planeta lleno de ciudades, y tal vez, en la más distópica de las prospectivas, pronto habitaremos una ciudad planetaria. Las cifras del crecimiento urbano son totalmente escandalosas. Para 2015, había ya más de 550 ciudades con más de un millón de habitantes y se piensa que éstas absorberán todo el crecimiento demográfico para el 2050 (Davis, 2006). Hoy podemos afirmar con o sin orgullo, que, por primera vez en la historia de la civilización, más de la mitad de la humanidad vive en ciudades. Esto significa que la mayoría de nosotrxs yace rodeado de aquello que decidimos llamar arquitectura y que -querámoslo o no- forma parte de lo que somos y hacemos. Introducir el giro decolonial en este […]