El contrato Un día como cualquier otro, mientras revisaba su cuenta de Facebook, vio que le había llegado un anuncio  de una especie de empresa de modelaje.

Con sus escasos 16 años Amalia una muchacha como cualquiera, había desaparecido de su casa. Nacida en un hogar como cualquier otro, siempre gozó de los privilegios de la vida en una ciudad metropolitana. Todos los días iba al colegio y le faltaba poco más de un año para lograr el bachillerato. Desde su punto de vista, asistir al colegio era simple pérdida de tiempo y si estudiaba era por que a plan de garrote moral sus padres prácticamente le obligaban a asistir a la secundaria. Pero en realidad lo que a ella le gustaba era salir con las amigas, irse de pindonga los fines de semana y si se podía echar algunos tragos encima, pues lo hacía, claro, los …

La prisión Se dice de la justicia que ciega esta, pero la justicia también puede ser maldad, porque la manejan hombres que de perfectos nada tienen y que como excusa nada pueden alegar.

Estaba el hombre encerrado entre cuatro paredes. Casi en todo el día el sol ni se asomaba por allí. Tenía que habitar en aquella celda, junto a unas ocho o nueve personas más… y cada uno de ellos tenía su propia historia y sus propios motivos por los que estaban encerrados en aquel lugar. El hombre había llegado allí hacía más de dos años, y en ese tiempo ya se había adaptado al cotidiano vivir de aquella que más que prisión parecía un lugar de tormentos. Estaba acusado de haber violado a su hijastra en circunstancias que nunca se pudieron esclarecer, o lo que es peor, circunstancias que nunca fueron desentrañadas y mucho menos tomadas en cuenta como prueba de …

La reunión Comprendí entonces que las personas luego de mucho maquillaje, al final siempre tratan de aplastar al diferente.

Entramos en aquella extraña sala todos los implicados en el hecho. Éramos como una docena entre mujeres y hombres. Por extraña razón, mientras ingresábamos formamos una línea entre todos, como si fuéramos culpables de algo, o como si fuéramos una especie de reos situándose en la prisión. Ahora que ha pasado el tiempo lo recuerdo. Mi existencia hizo lo mismo, así que supongo que mi ser también es prisionero, así sea mentalmente. La sala estaba vacía, no había un solo mueble, así que todos terminamos en pie y formando una especie de cuadrado en consonancia con aquel lugar. No conocía a nadie de aquellas personas, entre ellos se hablaban y saludaban con una cierta complicidad en la que yo me …

La despedida El dinero no era suficiente, porque el dinero nunca alcanza cuando de veras es necesario.

Cada mañana al despertar sentía en mí ser una corrosión que por instantes me consumía más. Mi garganta parecía cerrarse y con algunas dificultades lograba salivar mientras me esforzaba por darle cuerpo a mi respiración. A menudo el amanecer ya no era grato, las deudas, el trabajo, y para mal de males mi conciencia que a cada minuto me preguntaba ¿qué estaba haciendo? Eran el pan de cada día en mi buen talante. Pero no tenía de otra, debía de seguir remando. Recordaba que desde niño me habían inculcado ciertas consignas y una de ellas, tallada en piel, decía: “A los problemas hay que enfrentarlos, porque por más cobarde que uno sea debe siempre hacerse cargo de ellos”. Acostado en …

El saludo y las preguntas No se encontraban alejados del mundo, pero había pasado que el resto del mundo de forma inexplicable, se había olvidado de ellos.

Los tiempos se mueven galopando y las épocas terminan cabalgándolas. La una se siente por encima de la otra, sin darse cuenta que ambas han sido paridas por el mismo demonio. Así ambas caminan agarradas de las manos y a su paso ven las praderas, las montañas, los poblados gigantes y descomunales. Sonríen mientras ven aldeas, convertidas en pueblos y estos convertidos en grandes ciudades. Se burlan de las fronteras que se han marcado con el hito y el mojón. Se carcajean cuando ven que los hombres son solo vecinos, y que como tales, a veces ni se quieren ver. Así los tiempos y las épocas que se vanagloriaban de haber logrado tanto, y en una de sus travesías encontraron …

La trampa

Un amanecer de más   Aquella mañana amaneció diferente. Todo el cielo estaba como oscuro, muestra clara de la lluvia torrencial que se había manifestado la noche anterior. Un murmullo atormentador me recordaba que debía alzarme sobre mis piernas y comenzar la marcha como todos los días en esta ciudad que es como cualquier otra en cualquier lugar. Un café bien caliente, con su queso a medio quemar y casi derretido, sujetado por una marraqueta partida en dos, sería la mejor propuesta para mejorar esta mañana de porquería. –Me dije a tono alto–, como si mi propia voz me fuera a responder. Alucinación perfecta. Nadie me contestó. De pronto me quede inmóvil, tratando de hacer memoria. Algo tenía que hacer …