Apuntes sobre la naturaleza del ser humano contemporáneo

La creación, establecimiento y reconocimiento de nuevas dinámicas sociales corresponde al ser humano políticamente organizado que lucha por reivindicar una forma de vida ecológica y culturalmente viable.

Apuntes-sobre-la-naturaleza-del-ser-humano-contemporaneo
Apuntes-sobre-la-naturaleza-del-ser-humano-contemporaneo

DescargarRené Fernando Ruiz Aguilar.
Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad de México, México.
rrmex.21@gmail.com

 

Pensar los conflictos socioambientales que emergen en los albores del siglo XXI requiere reconocer las implicaciones del sujeto y el modelo de organización que ha determinado buena parte de la problemática. Por ello, más que entender la conflictividad como un objeto propio y autónomo -que lo es en cierta medida- es menester vincularla como heredera de un proceso más complejo que se sitúa, como mencionaremos a lo largo de esta breve aportación/reflexión, en la relación humanidad-naturaleza.

El ser humano es un integrante más de la naturaleza. De hecho, aunque su posición no es la más importante en cuanto a su preservación, sí es el ente más catastrófico –piénsese en el papel que juegan los organismos descomponedores (bacterias, hongos y lombrices, por ejemplo) en las cadenas tróficas frente a los efectos de las industria petroquímica, metalúrgica y agropecuaria tan comunes para la vida humana–. Quizás, en otros tiempos fue distinto -no quiere decir que no hubiera depredación, sino que ésta era menor y formaba parte de los ciclos naturales- y existieron clanes, tribus y posteriormente pueblos, que vieron a la naturaleza como su origen, sustento y trascendencia, a tal grado que la veneraron y pusieron en primer plano nombrándola divina o en algunos casos dotándola de vida social y entendiéndola como un sujeto de derecho y acción.

Sin embargo, con la implantación y desarrollo de la Modernidad prima la visión de ver a la naturaleza como una de fuente inagotable y perpetua de riqueza, entendiéndola como abastecedora de materia prima que puede ser extraída y manipulada con criterios economicistas.

Tal pareciera que conforme el ser humano dejó de mirar las estrellas, los desiertos, las montañas, los mares; de escuchar el canto de las aves por las mañanas o el aullar de los lobos a medianoche, también perdió la costumbre de mirar su reflejo en el río, volviéndose así cada vez más extraño a sí mismo, a los suyos y a su origen. Olvidó quién era, de dónde venía y hacia dónde iba.

Pese a ello, resulta innegable que ha mejorado sus condiciones materiales de vida, con ello su salud y longevidad, pero… ¿hacia dónde camina? –Hacia el desarrollo –dirán unos– ¿de quién y para qué? –replicarán otros– ¿a costa de qué? -pensarán los pocos-, pero la gran mayoría actuará por inercia, y sin cuestionar hará lo que le indiquen hacer. Seguirá caminando a obscuras por el sólo hecho de pensar que cada paso lo alejará de la “barbarie primitiva” de la que proviene y que pretende dejar a través de la construcción de arquetipo capitalista contemporáneo.

A través de miles o quizá millones de años de evolución los antepasados inmediatos del ser humano han pasado de ser poco más que un animal a un hombre que piensa que piensa -ya que nombrarlo hombre sabio resulta un tanto excéntrico debido a su predominante comportamiento irracional, anti-ecológico e inhumano-. Su inteligencia lo ha llevado a superar las debilidades y/o desventajas físicas que pudiera tener frente a cualquier otro ser vivo; de hecho, casi se ha convertido en un ser omnipresente y omnipotente, pero para nada omnisciente, es decir un ser capaz de devastar ecosistemas continentales, estén donde estén, para poder extraer recursos que considera valiosos o útiles, todo ello sin remordimiento.

Reflexiónese sobre el comportamiento del ahora homo œconomicus respecto a las consecuencias de la minería (a cielo abierto o no), la extracción de combustibles fósiles y la actividad agropecuaria, por ejemplo, cuando aun sabiendo que el despliegue de estas fuerzas de producción erradicará, desplazará, enfermará o diezmará la biota del lugar donde se llevan a cabo (incluida la población humana). Es la mirada economicista quien las alienta y enarbola como necesarias para el desarrollo económico de la humanidad. ¿Es posible rotar 180º la dirección de tales cualidades humanas? – El que ahora escribe cree y apoya toda acción que gire en torno al respeto a la vida y dentro de ésta a la que dignifique al ser humano–.

Es preciso reconocer que los efectos de la acción del ser humano inteligente se vuelven cada vez más profundos e irreparables (cuando pudieran ser cada vez más armónicos y trascendentales con la vida del planeta). El desconocimiento y el no reconocimiento de los estragos generados en/desde/por la sociedad sobre las dinámicas ambientales está causando transformaciones radicales en las regiones naturales (conformadas por variables biológicas y físicas), pero también en las creadas culturalmente (conformadas mayormente por cuestiones económicas, políticas, religiosas y territoriales). En la búsqueda de lograr el desarrollo (económico) de la población se ha intensificado del flujo de recursos de un sitio a otro. Esto ha causado desequilibrios colosales y microscópicos en cada espacio y ámbito de interacción humano-naturaleza.

Lo anterior nos ayuda a entender la complejidad que yace sobre las relaciones directas e indirectas que tiene el individuo y colectivo con su entorno. Una modificación paulatina pero constante nos hace ver la evanescencia de la estabilidad socioambiental.

La interdependencia bio-geo-química entre los organismos que habitan un ecosistémicos, que tiene rasgos homogéneos debido a condiciones físicas, está siendo fracturada por el afán del ser humano de uniformar una cultura de consumo y dominio cuasi-divino respecto a los demás componentes del mundo. Nunca el postulado consumo, luego existo tuvo la relevancia imperativa que posee en la actualidad.

Interrelaciones de miles o millones de años y de miles o millones de especies se corrompen por acciones tan complejas como transformar la materia prima en mercancías, industrializadas o no, pero también por otras tan simples como no reciclar los residuos que cada persona genera.

Vale decir que la relación del ser humano contemporáneo con todo lo externo a él es sustancialmente de extracción de recursos y fragmentación de ciclos. Es el Capital -ese ente que todos conocen pero que nadie identifica en la neblina de la globalización- quien termina profundizando este doble proceso de extracción-fragmentación bajo la lógica del sacrificio; es la naturaleza quien carga la cruz más pesada de esta nueva religión llamada capitalismo.

Ahora bien, si el desarrollo de una población depende de variables culturales y ambientales (biológicas y físicas), ¿qué debemos hacer como individuos y sociedades para mejorar nuestra calidad de vida al tiempo que extraemos la menor cantidad de recursos e irrumpimos lo menos posible los ciclos energéticos? La pregunta es compleja, sin embargo, los intentos de respuesta obligadamente han de versar en torno a cambiar nuestras dinámicas de organización social, productiva, económica y política, por otras que reconozcan y respeten toda forma de vida al reconocer que la acción humana es capaz de destruir la frágil interdependencia de especies y su determinación por factores ambientales. Todo aporte en ese tenor redundará en el bienestar social, pero también en el cuidado y permanencia de todos los elementos vivos que componen un territorio.

Finalmente, la creación, establecimiento y reconocimiento de nuevas dinámicas sociales corresponde al ser humano políticamente organizado que lucha por reivindicar una forma de vida ecológica y culturalmente viable. El que actualmente la mayoría de dinámicas sociales decanten en la explotación de todos los recursos disponibles en un territorio, y que localmente se viva en una situación de baja calidad de vida, es reflejo de desarticulación y, por ende, descoordinación, o peor aun de nula formación de consciencia colectiva y ambiental, por parte de la población local.

Entonces, asumamos nuestro compromiso no sólo en términos de voluntad, sino a partir de la complicidad que tenemos en/desde el sistema que nos lleva, sin saberlo explícitamente, a nuestro propio fin.

close

¡SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN!

Te prometemos por la justicia social que nunca te enviaremos spam ni cederemos tus datos.

Lee nuestra política de privacidad para más información.

¿Qué te ha parecido?