Análisis del duelo en la pantalla a través del caso del ARA San Juan

ARA San Juan
ARA San Juan

DescargarRomina Soledad Soto.
Universidad de Buenos Aires.
rominasoto.psi@gmail.com
Recibido: 01/04/2019 – Aceptado: 08/05/2019

 

Resumen: El presente trabajo hace foco en el caso de la desaparición del submarino argentino ARA San Juan como eje de un recorrido por rituales emergentes en torno a la muerte y el duelo, relacionados con la imagen, el comportamiento y la difusión. Se trata de prácticas que surgen en torno a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), en especial las redes sociales, que contribuyen a la formación de comunidades online de dolientes. En consonancia con esto, se explora el lugar de las comunidades en el duelo digital, así como la creación de memoriales online en torno a casos famosos tomados por los medios de comunicación.

Palabras clave: ARA San Juan, duelo, redes sociales, memoriales online, TIC.

 

Abstract: The current paper focuses on the case of the disappearance of the Argentinean submarine ARA San Juan as the backbone of an analysis of emerging rituals around death and bereavement, related to image, behaviour, and dissemination.  These are practices that emerge around Information and Communication Technology (ICT), specially social networks, and contribute to the formation of online mourning communities. Additionally, it explores the place communities have in digital mourning, as well as the creation of online memorials around famous cases taken by the media.

Keywords: ARA San juan, bereavement, social media, online memorials, ICT.

 

Introducción

El 15 de noviembre de 2017, el Submarino argentino ARA San Juan junto a sus 38 tripulantes y 6 buzos tácticos, perdió contacto con tierra, dando inicio a una búsqueda internacional que comenzaría el día 16 de noviembre, y extendería a lo largo de un año y dos días. Más allá de las diversas y numerosas situaciones anómalas alrededor de este caso, surgieron en torno al fenómeno mediático del ARA San Juan múltiples expresiones virtuales de duelo, dolor, preocupación y reclamos de justicia.

Se tomarán dichos fenómenos emergentes para explicar cómo el panorama actual nos muestra que las TIC atraviesan todos los espacios de la vida cotidiana de las personas, incluso espacios tan subjetivos y personales como el duelo y la significación de la pérdida de un otro significativo. La posibilidad de seguir contactando subjetivamente con el fallecido a partir de la formación de comunidades digitales de dolientes, abre canales de interacción antes inexistentes que le ponen cuerpo digital a ese otro que ya no está, y que permite en ciertos casos hacer reclamos de justicia social. Se podría decir que “las formas y funciones del obituario cambiaron con los avances en tecnología comunicacional” (Carroll y Landry, 2010, p. 342). En la actualidad este tipo de mensajes e información no se encuentran ya atados a un lugar geográfico o bien a una audiencia limitada. La apertura comunicacional posibilitada por los medios masivos de comunicación acorta distancias al tiempo que abre el acceso a la información a colectivos globales de personas en tiempo real y desde una amplia gama de dispositivos. La posibilidad de postear mensajes online al fallecido en sus redes sociales, e inclusive de establecer tales perfiles como memoriales o bien crear páginas conmemorativas tras el deceso, abren estos canales transformándolos en espacios digitales y subjetivos permanentes y públicos para la elaboración del duelo, ofreciendo la posibilidad de recordar al ser perdido en comentarios que pueden ser leídos y a su vez contestados o compartidos por otros.

Marco teórico

El presente paper se sostendrá en el concepto de memoriales online de Walter (1996) quien, desde un punto de vista sociológico, resalta la importancia de la dimensión pública y en línea de estas manifestaciones como nueva forma de expresión del dolor del duelo, contraponiéndolos a los memoriales tradicionales, que se realizan en persona, donde la atención se centra en la familia cercana de modo casi exclusivo, y durante los cuales dicha expresión de dolor tiende a esconderse tras lentes negros y silencio.

En conexión a esto, DeGroot (2008) analiza casos de muertes jóvenes, concluyendo que suelen atraer a desconocidos que se acercan a los diferentes sitios memoriales con el fin de conocer más sobre esta persona que ya no está. Esto se ve claramente en el caso del submarino Argentino, donde el foco de los medios pasaba constantemente del gobierno a las familias, haciendo especial hincapié en la difusión de las fotos e historia de los tripulantes.

ARA San Juan
Imágenes recuperadas de https://www.google.com/search?client=firefox-b-d&q=ara+san+juan+tripulantes+familias

El valor emocional de conocer a las personas detrás de la catástrofe tenía un claro impacto en la comunidad, cuestión tomada rápidamente por los medios masivos para ganar televidentes y lectores, haciendo famosas historias como la de “Comando”, el perro de uno de los tripulantes, que se quedaría esperando en el puerto. Es preciso señalar que las noticias que mayor shock social producen son las que luego más venden y se difunden, lo cual lleva a que los medios masivos de comunicación, que no son otra cosa que grandes corporaciones, dirijan su atención y la de las personas hacia determinados hechos. Esto, acompañado de la constante difusión de dichas temáticas seleccionadas, contribuye así a que los medios instalen así cuestiones en el pensamiento colectivo (Soto, Meinardo, Fiotti y Chausovsky, 2017).

Cabe mencionar que si bien el psicoanálisis ha jugado un rol central en el desarrollo de la teoría moderna sobre el duelo (Parkes,1972; Rando,1991), basada originariamente en la teoría freudiana, en particular, en el texto Duelo y Melancolía (Freud,1917), donde se diferencia la melancolía del duelo y se postula a este último como un proceso intrapsíquico y privado, algunos autores como Hagman (1995), consideran que el modelo psicoanalítico freudiano dejó de lado tanto la importancia del rol que juegan los “otros”, como también los factores sociales que pueden facilitar y/o impedir la recuperación de quienes han sufrido la pérdida de un ser querido. En este sentido, desarrollaremos desde una perspectiva psicológica más amplia, donde se abordará la noción de duelo, considerando al mismo como un proceso intersubjetivo en el cual será necesario transformar y reestructurar el apego hacia la persona fallecida. En su abordaje relacional, la afectividad buscaría preservar o restaurar la conexión interpersonal con los otros, ya que muchas de las problemáticas que pueden surgir suelen deberse al fracaso de los demás para comprometerse con los deudos (Hagman 1995).

Teniendo en cuenta que gran parte del material recopilado para la presente investigación se encontraba en lengua inglesa, resulta necesario expresar conceptos que en dicho idioma se desglosan en más palabras que en la lengua castellana. Desde la psicología y la tanatología, Fonegra de Jaramillo (2001) distingue los términos ‘mourning’ y ‘grief’ en inglés, sintetizados en castellano en la palabra ‘duelo’. En este sentido la autora delimita tres conceptos. El primero de ellos Bereavement, que es entendido como la sensación de haber sido robado, de ser despojado de algo valioso. Equivale a quedarse abrazando un espacio vacío. Por su parte Grief es la reacción de aflicción ante la pérdida. Incluye una amalgama de respuestas con componentes físicos, emocionales y espirituales. Finalmente, con Mourning se refiere específicamente a la acción o tarea, al trabajo psicológico de la elaboración del duelo. Incluye los procesos mediante los cuales el doliente deshace los lazos o desata los vínculos que lo ligaban a alguien que ya no está. En español, el término ‘duelo’ abarca estos tres.

Gibson (2007) señala el hecho de que en la actualidad la muerte ya no es un tabú sino que forma parte de la industria del entretenimiento, si se tiene en cuenta el foco que hacen en ella los medios a la hora de divulgarla. A raíz de esto, la muerte es valuada en términos de cuánta atención puede atraer, definiendo esto último cuánta difusión se le brindará desde los medios en comparación a otras muertes. En este contexto mediático, la realidad actual nos muestra al sujeto contemporáneo habitando un espacio liminal entre la vida online y offline constantemente. En este sentido, el concepto de yo atado (Turkle, 2008) se refiere a los smartphones como objetos a los cuales nuestro yo está amarrado, dada su amplia presencia e influencia en nuestra vida diaria y el sentido de control que brindan a las personas sobre lo que estas comunican a otros, lo que en parte se desprende del amplio potencial de conectividad que brindan. La relevancia de este aporte radica en que cubre una arista necesaria del fenómeno, al explicar por qué las personas recurren a ciertas tecnologías en determinados momentos.

En la misma línea, Parkes (1998) hace una lectura psicosociológica y transcultural, afirmando que quienes han sufrido la muerte de un ser querido tienen algo en común, por lo que el duelo tiene un sentido universal que trasciende la cultura. Se considera relevante destacar al duelo como cuestión transcultural tal como lo señala el autor, puesto que el presente análisis ubica al uso de tecnología móvil y redes sociales en un lugar similar, por haber sido adoptadas fuertemente a nivel global y por su nivel de pregnancia en diversas áreas de la vida de las personas en todo el mundo. Los fenómenos que se analizan surgen de una combinatoria entre un momento de duelo atravesado por una persona o un grupo de personas, y el uso creciente de tecnología en los rituales funerarios que comienzan a escapar de la esfera de lo analógico.

Brennan (2001) señala el caso de las víctimas de crímenes que se vuelven “famosas” debido a la difusión del caso en los medios. En estos casos en donde las personas no conocían a la víctima antes del hecho, esta se vuelve una pantalla sobre la cual la comunidad proyecta sentimientos, tales como miedo y esperanza.  En este sentido, se evidencia como las redes sociales llevan a los sujetos a colocar en este nuevo espacio público cuestiones que responden a la esfera privada de las personas. Los límites de lo que una persona está dispuesta a compartir se han modificado, tanto en sus contenidos, como en los espacios. Se produce así un intercambio constante de información que, en muchas oportunidades, incluye contenido personal. Se puede decir que las redes sociales favorecen esta exhibición de contenidos asociados a la vida privada.

En relación al caso del ARA san Juan, no es posible omitir el lugar que tuvieron las TIC en torno a la información que circuló sobre el mismo. Las redes sociales vuelven a dejar en claro la importancia que tienen como medio de información, para bien y para mal. En este caso Twitter fue el principal protagonista, difundiendo antes que ningún otro medio la información sobre la desaparición del submarino, y rápidamente aparecieron las fake news y los trolls. En las redes sociales y los medios de comunicación a lo largo de toda la investigación se ha evidenciado la democratización de la información que las redes producen, junto con el manejo político de la misma.

Estado del arte

Walter (2015) establece los memoriales públicos online como nuevas e importantes formas de expresión, en las cuales las mismas personas que en su vida real analógica tienden a esconder sus emociones por convención social – anteojos negros en funerales, por ejemplo – comparten públicamente comentarios sobre y recuerdos con el difunto. Esto se opone a las expectativas que se tienen respecto de la persona que atraviesa el duelo fuera de la pantalla, en cuanto a continuar sobre su trabajo y actividades diarias, en cierta forma escondiendo su estado de duelo (Walter, 2014). Otros autores también señalan que los funerales online y los memoriales en línea posibilitan la asistencia al mismo a personas que por distancia geográfica no podrían concurrir de otro modo. Del mismo modo, también dan posibilidad de asistir a allegados que solo conocieron de forma online a la persona fallecida, tal como es el caso de cuando muere un miembro asiduo y activo de foros de discusión, o un miembro de una comunidad de juego online – lugares donde frecuentemente se forman fuertes lazos interpersonales entre sujetos que nunca llegan a encontrarse en un espacio físico común. Asimismo, diferencian los cementerios virtuales de los analógicos, al decir que en los cementerios reales las personas guardan silencio, mientras que los memoriales online ofrecen un espacio de conversación a los dolientes – con y sobre la persona fallecida. Dichos espacios de conversación se definen como lugares en los que puede crearse una personificación del ser amado fallecido plausible de ser modificada, y en los cuales pueden tener lugar conversaciones con y sobre el difunto (Walter, Hourizi, Moncur y Pitsillides, 2011; Gilbert, 2017).

Respecto de la figura del obituario y cómo el mismo ha cambiado a partir de los avances en tecnología comunicacional, se establece que el obituario online presenta la ventaja de poder alcanzar a una audiencia más amplia, por no estar ligado a limitaciones geográficas. Del mismo modo, la tecnología introduce una nueva profundidad con respecto a la cantidad y calidad de información sobre el fallecido que se puede ofrecer (Carrol, Landry, 2010). Adicionalmente, los autores centran parte de su trabajo en el duelo llevado a cabo por adolescentes que han perdido a un par, y exploran la emergencia de un lugar nuevo del que un memorial online provee  a este grupo en particular.

Woodthorpe (2010) habla de la muerte pública en tiempos de tecnologías de la información y la comunicación, y señala cómo en la actualidad las muestras de dolor públicas a través de los medios y las redes sociales constituyen un fenómeno sociológico digno de análisis. La autora analiza casos de muertes famosas así como su impacto en la esfera pública, y señala que el modo en que la muerte se presenta en el ojo público, muchas veces de modo comercial dada la naturaleza corporativa de los medios masivos de comunicación, puede modificar el cómo se vive la experiencia de dicha pérdida. Otros autores toman el caso de muertes famosas, concluyendo que en estos casos muchas veces el público toma a allegados del fallecido con el fin de establecer un nexo con quien ya no está (Courbet, Fourquet-Courbet, 2012). En el caso del ARA San Juan, el nexo serían los familiares de la tripulación, en quienes los medios y redes sociales depositaron su atención, haciéndose eco de su reclamo de justicia y verdad.

Estudios realizados en torno al análisis sobre quién postea, plantean que mientras que en el duelo analógico el lugar central lo tiene la familia cercana, las manifestaciones en línea del mismo duelo provienen primordialmente de amigos y allegados (Doka, 1998). De este modo podría pensarse que el duelo en línea otorga entidad a las personas más allá de la familia cercana, permitiéndoles manifestar su dolor por la pérdida así como su conexión con el fallecido. En relación a esto, al correr el foco hacia sobre quién se postea, se puede destacar que esto se relaciona con el por qué de las redes sociales como sitio donde surgen memoriales. Se hace referencia entonces a que las redes proveen un espacio de interacción en el cual es posible extender las personalidades de las personas en el tiempo, aún más allá de su vida (Giaxoglow, Doveling y Pitsillides, 2017).

Teniendo en cuenta las redes sociales, Klastrup (2014) marca una clara diferencia entre los perfiles memorializados y las páginas creadas con el fin de ser memoriales. La autora señala que los primeros son accesados solo por aquellos quienes estaban conectados a la persona en vida, mientras que los segundos son creados específicamente tras la muerte, y apuntan a un público más amplio. En el caso de las páginas memoriales, es común ver interacciones de personas que no conocían al difunto. En este sentido, la autora plantea que en las páginas memoriales más populares suele darse la ausencia de posteos de personas que poseían una conexión al difunto en vida.

Finalmente y en concordancia con esto, estudios señalan que en la actualidad la cara online del duelo se ha establecido como una parte integral del proceso, y se concluye que la motivación de los sujetos para incluir redes sociales en el mismo tiene que ver con quién se intenta establecer comunicación, es decir, las audiencias esperadas (Moore, Magee, Gamreklidze y Kowalewsky, 2017). Este tipo de manifestaciones abarcan desde el anuncio del fallecimiento a amigos y allegados, comunicaciones “con” el ser fallecido, y mensajes que comparten emociones y recuerdos sobre el fallecido con otros dolientes.

Metodología

Se realiza un estudio no experimental, descriptivo y transversal (Hernández Sampieri, Fernández Collado y Baptista Lucio, 2006).  A través de la recopilación de escritos que fueron seleccionados para visibilizar la problemática que aquí se desarrolla, se realiza una labor crítico interpretativa.  Cabe mencionar que el trabajo se enmarca en una metodología de estudio teórico clásico (León y Montero, 2007). Se realiza una revisión de ideas tomando estudios teóricos y de investigación, relevando, articulando e interrogando la diversidad teórica disponible, para luego, a partir de las elaboraciones bibliográficas expuestas, alcanzar una mejor comprensión de las temáticas mencionadas.

El Duelo en Tiempo de TIC

Teniendo en cuenta las diferencias en cómo se muestra o presenta el duelo analógicamente versus online, se pueden ver dos perspectivas diferentes, y podemos pensar que se trata de dos espacios diferentes con usos y costumbres distintas (Walter, 1999, 2006). Dos culturas, si se quiere, en las que el duelo se manifiesta de acuerdo a principios diferentes, en parte facilitados por las posibilidades de la tecnología. Se considera que las nuevas tecnologías favorecen la creación de novedosas prácticas que las satelitan fundadas en las posibilidades que brindan y, en este sentido, incluir las pantallas en el proceso de duelo resulta un emergente esperable del hecho concreto de que las mismas forman hoy parte intrínseca de nuestras vidas. También podríamos pensar que ante una situación como la muerte, sobre la cual no se tiene control alguno, cualquier forma de control podría verse como una forma de hacer frente al duelo. En concordancia con esto, se reconoce el uso de TIC como filtro digital de control de las emociones, utilizando objetos tales como smartphones a modo de objetos comunicacionales de preferencia para “limpiar” lo que se dice de vulnerabilidad no deseada (Turkle, 2008). En esta línea, se establece una una conexión entre lo que afirma la autora sobre el uso de tecnología y la conceptualización de Walter (2006), lo que lleva a pensar que este corrimiento del dolor desde los espacios analógicos hacia los digitales, tiene que ver con la creación de un espacio seguro y controlado para la manifestación del duelo. Un espacio transitado inevitablemente por personas que – tal como es común en la actualidad – coexisten en ambos mundos, digital y analógico (Turkle, 2008), y que por ende manifiestan lógica y naturalmente su dolor en ambos, aunque de formas diferentes.

En relación a la temática del duelo manifestado en espacios digitales en tanto espacios controlados, en combinación con el caso seleccionado, puede verse claramente cómo las familias de las víctimas del hecho si bien acudieron a los medios como es costumbre en Argentina cada vez que se siente que el Estado no responde como debiera, también eligieron a las redes sociales como lugar para expresar su dolor y su enojo por cómo se llevaba adelante la investigación.  En este sentido las redes sociales evidenciaron la falta de claridad entorno a la misma, con la aparición de discursos antagónicos, lo cual se vio agravado por las fakes news que no tardaron en aparecer. El término fake news se utiliza para conceptualizar la divulgación de noticias falsas que provocan un círculo de desinformación. Las redes sociales permiten que los usuarios sean al mismo tiempo productores y consumidores de contenidos, facilitando de esta manera la difusión de contenido engañoso o falso, y permitiendo así que una noticia falsa se replique miles de veces en cuestión de segundos. Todo esto contribuye a la falta de claridad y a la desinformación, que no dejó de evidenciarse en este caso.

Imágenes recuperadas de http://politicosenlasredes.com/ara-san-juan/01-BIGDATA-ARA-SanJuan-POLITICOSenREDES.pdf

En relación a esto, Moore et al. (2017) acuñaron la frase “controlar la narrativa” para referirse al control que ejercen los dolientes sobre el evento funerario mediante el uso de redes sociales, las cuales permiten revisar qué se comparte y con quién, así como también el control dado por la estructura de la red sobre la editabilidad de lo compartido. En esta línea, el caso del ARA San Juan contó con la particularidad de las familias utilizando a los medios de comunicación y a las redes sociales como canales de denuncia, reclamando sobre la inoperancia de la Armada Argentina en diversos puntos de la investigación. Aquí ya no se hablaría de la creación de un espacio seguro (Walter, 2006), sino del uso de TIC como promotoras de la democratización de la información y de su libre circulación, contra el monopolio informativo de la Armada que comunicaba la información convenientemente editada para el público general.

Otro aspecto posible dentro de la línea del control de la narrativa, se explica en que en el grupo oficial y más numeroso de las familias del ARA San Juan, si bien los usuarios pueden crear publicaciones y enviar mensajes, las únicas publicaciones visibles una vez publicadas son sólo las hechas por los administradores del grupo. De esta forma es posible controlar qué se difunde y cómo, incluso cuando no es posible una supervisión activa constante.

Tal como se destaca al principio de este desarrollo, el duelo online tiende hacia lo social en la elaboración de la pérdida, y en este sentido, las comunidades de dolientes que se generan alrededor de los memoriales online encuentran su explicación en una parte clave del proceso de duelo, en la cual la persona trata de recrear una nueva realidad estable tras el evento del fallecimiento, y para hacerlo “buscamos la validación de nuestra percepción de la realidad comprobando nuestra visión con la visión de otros” (Gilbert, 2017, p. 296). En este sentido, las redes sociales ofrecen un lugar abierto para esta labor 24 horas por día, 7 días a la semana. Se considera que tal vez por esta causa el fenómeno del ARA San Juan encontró terreno fértil en las redes, donde no solo existen innumerables grupos y perfiles dedicados, sino que también se crearon publicaciones diversas alrededor de este fenómeno que los usuarios de la red pueden leer y compartir sin la necesidad de pertenecer a un grupo en específico. De este modo, las redes sociales fueron terreno de intercambio  y búsqueda de información con respecto a la desaparición y posterior búsqueda y hallazgo del mismo.

Asimismo, es posible pensar que el mundo virtual se condensa en la frase “uno que se habla a sí mismo utilizando al otro como partenaire de su fantasía, como forma del monólogo interior.”(Neri, 2001, p. 48).  En este sentido,fue posible ver en el relevamiento realizado, cómo muchas de las publicaciones en las redes se enfocaban no sólo en el caso en sí, sino que se enlazaban con la subjetividad del publicante conectando el caso con ideales nacionales, militares, políticos, etc.

Retomando la idea acerca del aspecto social del duelo, y en concordancia con el uso de tecnología, se ha documentado la ansiedad causada por no tener a mano el smartphone, que se desprende del miedo a perder conexión con la identidad digital que creamos a través de los mismos en conjunción con el acceso a internet que posibilitan (Turkle, 2008). El potencial de conexión de estos dispositivos llevó a su rápida adopción y uno de sus usos frecuentes actuales tiene que ver con la validación de sentimientos: las personas sienten algo y lo comparten digitalmente, esperando ser validados. En esta línea, el previamente mencionado análisis del duelo en espacios digitales en el caso particular de colectivos adolescentes (Carrol, Landry,2010), echa luz sobre este grupo, que suele ser relegado dentro de las prácticas tradicionales, y agregan “los amigos son usualmente marginados ante la muerte, y los memoriales online ofrecen una oportunidad única para honrar una amistad que puede haber sido ignorada en rituales más tradicionales” (Carrol y Landry, 2010, P. 344). Si bien los autores hacen foco en el relegamiento de los colectivos adolescentes en tanto grupo de pares del difunto, algo similar podría afirmarse respecto de los grupos de personas sin conocimiento directo del difunto pero que por alguna razón propia y subjetiva sienten pesar por su muerte.

En este punto, resulta interesante señalar el fenómeno de la fotografía del difunto en internet, el cual funciona como testimonio de lo que fue, y al mismo tiempo inscribe en el presente reflexiones sobre la falta del mismo. En este sentido es posible pensar que los espacios virtuales y la vida online brindan “un lugar específico, vivo y dinámico para la memoria de los muertos” (Triquell, 2011, p.5). En cuestión de horas y a lo largo de meses tras el hecho, las redes sociales se llenaron de fotos de los tripulantes y del submarino mismo con el fin de poner un rostro a los nombres compartidos por los medios. Hoy en día los grupos oficiales aún ofrecen imágenes, pero no ya solo conmemorando los rostros de los tripulantes fallecidos, sino fotos recientes de personas que asisten a marchas y a eventos con el fin de mantener el caso vivo en la memoria y buscar justicia. En este punto es posible situar el rol que tienen las redes sociales en tanto dinamizadoras de los movimientos sociales.  Las redes de movimientos sociales encuentran en las TIC, y más precisamente en las redes sociales, el instrumento propicio para articularse. Sin embargo, se debe remarcar que no son sólo redes tecnológicas, sino también entramados de relaciones entre personas, que en momentos específicos salen a las calles y se encuentran con otros para un accionar en común.

En relación a esto y considerando que el cambio en los ritos en torno a la muerte implica un cambio en la concepción misma del fenómeno (Van Gennep, 1992) se podría pensar que nos encontramos frente a una nueva modalidad de ritualidad, donde las TIC dan lugar a la ausencia física, generando una presencia inmaterial que favorece la transición del duelo, y donde un conjunto de personas afectadas por la falta puedan acompañarse en su reinserción social, o bien en la misión colectiva que adopten, como en el presente caso. Si nos enfocamos en las redes sociales, “el carácter colectivo y dialogado del muro podría pensarse como una modalidad que contribuye a este tipo de procesos sociales.”(Triquell, 2011, p.6)

Un análisis de los posteos en el muro en relación a quién postea, qué se postea, desde dónde, muestra que las redes sociales ofrecen un espacio no intrusivo de acercamiento a allegados de diferentes niveles de cercanía, desde familiares, hasta amigos, compañeros de trabajo/estudios y conocidos, así como personas geográficamente distantes que encuentran en estos espacios virtuales la forma de dar sus condolencias. En cuánto a qué se postea, las publicaciones en redes tienden a celebrar la vida y recordar momentos de/con el fallecido, en contraposición al habitual pésame a la familia que se da en rituales presenciales tradicionales (Carrol, Landry ,2010). Estos espacios para compartir el dolor, constituyen espacios donde existe el permiso para el diálogo, término utilizado por Moore y Colaboradores (2017) para referirse al permiso que se da uno mismo para compartir sus emociones, el cual se otorga más fácilmente cuando el proceso está mediatizado por las redes debido a la seguridad que el doliente percibe estando detrás de una pantalla versus cara a cara.  Con casos famosos y altamente mediatizados, con fuerte presencia en las redes como el caso del ARA San juan, estos espacios permiten la asistencia como invitado cuando se ingresa a un grupo, pudiendo comentar en las publicaciones del mismo, o bien la creación de subespacios propios de reflexión en el propio muro, dando lugar a la expresión y al diálogo. Gibson (2007) analiza casos de muertes famosas, específicamente celebridades de distintos ámbitos, y señala que “cuando una celebridad/figura pública muere, lo que se pierde es la conexión entre mitos colectivos e ideales, y su encarnación en personas de carne y hueso” (Gibson, 2007, p. 420). En el caso del ARA San Juan, si bien las personas afectadas se tornaron conocidas masivamente tras el accidente, se considera que puede extrapolarse este sentimiento de pérdida, ya que la pérdida que se manifestaba en la red era en torno a sentimientos nacionalistas, de amor a la patria y al servicio. A las víctimas se les otorgó rápidamente el calificativo de héroes, calificación que llegó por parte de las personas expresando su dolor en la red, y no desde fuentes oficiales gubernamentales.

Klastrup (2014) analiza los casos en los que la muerte se vuelve famosa por ser altamente mediatizada y lo relaciona con la privatización de la muerte fuera de la pantalla, señalando la paradoja que opone a ambos espacios.  En este punto, Walter, Pickering y Littlewood (1995) hacen la distinción con los casos de muerte de figuras públicas en los cuales los medios contribuyen con una especie de vigilancia emocional, haciendo foco en las reacciones emocionales de los dolientes. Gibson (2007) reconoce que la intervención de las TIC complica la línea divisoria que separa lo público de lo privado. La autora habla de una cultura de la muerte en los medios , y plantea cómo imágenes de y relativas a la muerte, circulan por la red ya sea impulsadas por los medios de comunicación que llegan a millones de personas, o bien por las mismas personas, que comparten contenido en la red a través de las cámaras de sus smartphones. Asimismo, señala que no todas las muertes tienen el mismo peso en los medios, en términos de valor simbólico y económico. Es así que algunos casos consiguen mucha más visibilidad que otros con menos valor mediático y mercantil.

Otro eje posible de análisis en relación a los posteos en el muro, es la frecuencia de los mismos, la cual, si bien tiene un pico en el momento inmediato tras el fallecimiento, continúa de forma estable – aunque menos frecuente – a través del tiempo (Carrol, Landry ,2010).

Otras líneas de investigación se ocupa de diferenciar las manifestaciones en línea en los diversos grupos humanos teniendo en cuenta su proximidad con los fallecidos. Tal como se mencionó anteriormente, Courbet y Fourquet-Courbet (2012) hablan de casos mediatizados en donde personas próximas al fallecido pasan a ocupar el lugar de nexo entre la comunidad y éste, lo cual podría extrapolarse al caso del ARA San Juan teniendo en cuenta el foco que aún hoy en día pesa sobre las familias. Klastrup (2014) analiza la diferencia entre la muerte analógica, privada y privatizada, y la muerte en la pantalla, la cual suele manifestarse en perfiles memorializados donde los dolientes que conocían al fallecido en vida, es decir, antes de la memorialización del perfil, comparten sus recuerdos sobre la persona. La autora, señala sin embargo un segundo caso en donde el memorial online es muchas veces creado a raíz de la mediatización de la muerte y, a diferencia del caso anteriormente mencionado, se encuentra abierto al público en general. En este sentido, la comunidad que se arma alrededor de este tipo de memoriales se encuentra conformada mayoritariamente por personas que no conocían a los fallecidos, por lo que la dinámica que se da en estos espacios es fundamentalmente diferente.

Discusión

La importancia y uso de las instancias digitales en la muerte se desprende directamente de la importancia y uso que se les otorga durante la vida, la búsqueda de visibilidad y justicia acudiendo al uso de redes sociales es un claro ejemplo de esto. Asimismo, el uso de tecnología para el control  y validación de las propias emociones en la vida diaria, conduce a que naturalmente se trasladen estas prácticas también a los espacios de la vida que tocan la muerte, la cual constituye un estresor. En el caso particular de situaciones donde se percibe desinformación y/o injusticia por parte de las fuentes oficiales, el control de la narrativa se plantea como una instancia de empoderamiento donde dar a conocer la propia versión de los hechos, la historia que se considera ignorada. Es difícil acallar al pueblo en tiempo de redes y periodismo ciudadano.

La red como soporte diferencial para la elaboración del duelo conforma, por ende, un fenómeno que se desprende de la adopción social de las TIC así como de su profunda pregnancia en la vida de las personas. La comunidad que se forma alrededor de la figura del ser fallecido en las redes sociales se manifiesta como mayormente positiva. Asimismo, la función novedosa e interesante que los memoriales online cumplen en los casos de colectivos no objetivamente allegados al difunto, otorga visibilidad a un grupo que suele ser ignorado en virtud de los focos más tradicionales de atención. Para ellos, el tener un lugar donde expresarse de manera segura y controlada para simbolizar la pérdida constituye un espacio de gran utilidad subjetiva para la elaboración del duelo, cuya emergencia se debe al entrecruzamiento de las TIC con prácticas funerarias analógicas.

Por todo lo antedicho, se considera que las prácticas analizadas en este paper se establecen como el resultante lógico y predecible del quehacer digital social en la actualidad. La muerte, como parte de la vida, se encuentra invariablemente atravesada por fenómenos similares. Instancias como el dolor, la falta y la injusticia atraviesan ambos ámbitos, y la red se constituye como un espacio simbólico tanto para la elaboración del duelo como para la militancia de la verdad.

Referencias bibliográficas

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