Walter Benjamin

Walter BenjaminHace algunos meses atrás en un espacio académico del cual participe como mero visitante u oyente tuve el agrado de estar cerca de un grupo de personajes bastante respetados por su trayectoria académica e intelectual, fue precisamente en ese lugar y en esa  ocasión en la que tuve la oportunidad y el desagrado de escuchar un pequeño debate en torno a la teología y algo de biopolítica, temas que entraron en un clima algo acalorado cuando aparecieron posiciones que contrastaban con la realidad de nuestro tiempo. Así de esa manera aquel pequeño debate al principio enriqueció en demasía los oídos de aquellos que por casualidad paseábamos por los alrededores.

Como es de costumbre en estos casos cada gladiador saco sus mejores armas y desplego su mejor estrategia de lucha intelectual. Era interesante escuchar los argumentos de cada uno de ellos y era digno de respetar la altura con la que se manejaban. Casi al final del debate, uno de los implicados hablo de dos formas de ver la historia y mientras desarrollaba su argumento no se le ocurrió mejor idea que mencionar un nombre… Walter Benjamín. Casi al instante de haber sido mencionado aquel nombre surgieron un par de voces que de manera sacrosanta y con un cierto tinte de desprecio afirmaban que Benjamín era solo un pensador que estaba de moda en los últimos años y que muchos inteligentes lo utilizaban solo para matizar sus pseudoteorías. La forma en la que se increpo por parte de aquellos, era como la ráfaga que solo tira a matar, en este caso las ideas de los otros.

Es de esa manera que entendí que Walter Benjamín seguía teniendo sus detractores. Debo confesar que a estas alturas del partido y en estos tiempos que se jactan de ser de avanzada, no pensé que todavía podían existir estos seres que siguen sin ver la riqueza del bosque porque solo se percatan de la existencia del árbol. Si bien las categorías del marxismo ya han quedado chicas para explicar muchos aspectos de nuestra realidad y de la realidad de las demás sociedades, también es cierto que un marxismo al estilo de Benjamín es digno de rescatarse, al margen de cualquier postura ideológica.

Fue por tal motivo que hace algunos meses me propuse el plasmar algunas ideas acerca de la importancia de leer a Walter Benjamín. Sin pretender ningún acercamiento teórico a su pensamiento, sino más bien con la intención de simplemente motivar al lector a escudriñar en los significados del personaje que envuelve a la presencia de Benjamín. Es cierto y no cabe duda que se debe revalorizar a los pensadores de nuestro entorno más cercano y todo porque la historia no fue justa con ellos, pero con Benjamín siempre se puede hacer una excepción, ya que su pensamiento trastoca las fronteras de aquellas incredulidades que todavía creen que un pensador de la talla de Walter Benjamín sea capaz de moverse en las esferas de la moda simplista.

La frialdad de la filosofía

El pensamiento de Benjamín indudablemente trasluce las fronteras de la filosofía, y lo hace desde un  estilo totalmente diferente al que siempre nos tiene acostumbrado esta. Desde los “clásicos” siempre se ha buscado explicar los hechos del mundo desde la construcción de formas de pensamiento que hasta el día de hoy están incrustadas en todas las formas de conocimiento y en muchísimos espacios de educación. Desde la filosofía clásica siempre hemos entendido el mundo de una forma y son contadas las veces en que posturas filosóficas han hecho el quiebre hablando de temas totalmente diferentes, mundanos y en muchos casos difíciles de entender. Benjamín es justo uno de ellos, un pensador, ensayista y escritor, con un estilo totalmente diferente a la hora de plasmar sus ideas.

Y como no habría de ser un pensamiento diferente si los estudiosos de Benjamín afirman que él quería plantar una nueva filosofía anclada a la religión junto con un pensamiento que se encontrara en consonancia con el materialismo y el misticismo. Al primero, al materialismo, lo reconocemos desde la comprobación de los hechos empíricos, al segundo, al misticismo, lo vemos como una especie de profundidad que traspasa la comprensión del hombre hasta convertirse en algo trascendente. Allí debemos preguntarnos: ¿Qué quiere decir Benjamín con la idea de trascendencia? ¿Qué es el misticismo? Benjamín insiste en reiteradas veces acerca de la convergencia de misticismo y materialismo. Allí es donde él hace un quiebre con la filosofía y da un tremendo salto para su tiempo impulsando un nuevo pensamiento donde se encuentran en debate la cultura y la civilización, las nociones de comunidad frente a la concepción de sociedad. Términos y debates que hasta el día hoy siguen en tremenda pugna y ya Benjamín las había planteado en la Alemania de los años 20.

Esa es justamente la riqueza de Benjamín, la novedad que nos trae a la mesa de los debates de las sociedades. Vivimos tiempos de constante transformación y cambios que hasta son imperceptibles por el ritmo en el que nos desenvolvemos todos en este mundo, pero Benjamín tiene la agudeza de ver esos detalles y nos lo plantea en forma de crítica, en forma de tesis y dirá que muchas de las cosas que la sociedad moderna crea y entrega no son para todos.

La historia en Benjamín

Es cierto que este pensador entra en varias dimensiones del conocimiento para plantear sus proposiciones saltando desde sus estudios de la obra de arte y su relación social hasta plantearnos ideas totalmente complejas como el mesianismo judío ancestral. Pasando por su marxismo que se podría llamar hasta ortodoxo que descartaba cualquier otra opción flácida de marxismo.

Ahora bien, quizás hablar de la historia desde la perspectiva de Benjamín es encontrarnos con el aporte más fuerte de su postura. En términos simples él nos plantea que existen dos historias: la una es la de los vencedores, esa historia que se conoce como oficial y que es la que se maneja en toda la sociedad mundo, es decir, una historia que ha sido escrita solo para mostrarnos una parte de la verdad o de las diferentes verdades que pudieron haber existido, la otra; es aquella historia que no se cuenta, la no oficial, la que se va perdiendo poco a poco porque no está escrita y en muchos casos es aquella historia que solo se transmite de forma oral de los abuelos a los nietos, de las sociedad clandestinas en sus discursos subterráneos, a esa historia Benjamín la manifiesta como la historia de los vencidos. Aquellos que también tienen voz. Solo sujetándonos de este punto podemos afirmar que Benjamín no es un pensador de moda, más bien todo lo contrario su pensamiento es actual ya que va acorde a los tiempos.

No olvidemos que Benjamín con estos planteamientos nos incrusta la duda y que cosa más grave que dudar de la historia que nos han enseñado a creer. Es allí donde encontramos la distinción de derecho y de justicia y para Benjamín la una no puede convivir con la otra, ya que desde la justicia no habría ganadores ni perdedores y más bien todos serían ganadores, pero allí también se descubre las tremendas fuerzas de las grandes estructuras que a plena empuñadura instauran el derecho y cuando esta se implanta se genera la discriminación, las distinciones,  en forma de leyes y con esto las sociedades nunca más serán iguales. Con ello surge la peor blasfemia de estos tiempos: “todos somos iguales ante la ley”. Desde esta perspectiva es imposible construir una sociedad justa en base a las leyes y el derecho.

Acaso no es justo que en estos tiempos las sociedades de este lado del mundo busquen encontrar su verdadera historia, pretendiendo reconocerse como iguales al ser parte del grupo de los vencidos. ¿A eso se podrá llamar moda? Creemos que no, porque no es delito abrir los ojos como despertando de un sueño en el que nos habían contado una sola versión de nuestra propia historia. Aquella en la que “no éramos” y quizás aspirar a reencontrar otra historia en la que “somos”. Simplemente aquello y nada más.