Vivimos en el crimen perfecto

La ley “es como la serpiente, solo muerde a los descalzos”[1].

Eduardo Galeano

La ley jurídica, como toda institución no es un fin en sí mismo, sino que su razón de ser radica en que debe contribuir (esa es la pretensión) al desarrollo de la vida humana y de las condiciones que la posibiliten. Sin embargo, hoy la legalidad se ha convertido en un fin en sí mismo. Se defiende la legalidad incluso en contra de la vida humana.

Los seres humanos hemos sido convertidos en mediaciones para afirmar y proteger la ley que nos hemos dado, pero no cualquier ley, sino la ley conforme al aumento del capital. En otras palabras, la ley que como pueblo nos hemos dado para nuestro servicio, para ser mediación del desarrollo y afirmación de nuestra vida, se ha tornado en contra nuestra: se ha puesto al ser humano al servicio de la ley.

Esta inversión de la ley ha sido formalizada por la lógica y epistemología jurídica dominante. La explotación, la sustracción de vida en forma de tiempo de trabajo, la usurpación de los recursos naturales en vista del aumento del capital es garantizado mediante la legalidad conforme al capitalismo.

El capitalismo no solamente produce mercancías, sino paralelamente produce una forma de vida de consumo que haga posible el consumo de sus mercancías. Pero además produce continuamente una legalidad que asegure la realización dicha forma de vida, de tal manera que quienes quieran salir  automáticamente aparezcan como criminales. Porque parten del criterio de que la ley es sinónimo de justicia. Es decir, que la justicia es el cumplimiento de la ley y la injusticia su transgresión.

Las consecuencias de esta inversión de la ley han dejado indefensas a las víctimas del capitalismo. En razón de que nos impide disentir contra las leyes que justifican la desigualdad social, la explotación laboral, la contaminación y destrucción nuestras tierras, etc.,   porque automáticamente aparecemos como delincuentes para el Estado de Derecho conforme al capitalismo, que cada día crea más tipos penales para criminalizar la protesta social, principal instrumento de lucha contra la tiranía y la opresión de nuestros pueblos.

El crimen ha sido legalizado, mejor dicho institucionalizado. Pero este hecho no aparece como tal ante los ojos del capitalismo, sino como un  justo castigo. Tan es así que incluso la  víctima vive echándose la culpa de su desgracia y el victimario cada día se envalentona. Vivimos, como diagnosticó Eduardo Galeano en un mundo “patas arriba”, en donde la víctima aparece como culpable y el culpable como inocente.

Jean Baudrillard nos había dicho que no existe el crimen perfecto. Pero los tiempos han cambiado, hoy el crimen es perfecto. Es más, para que el capitalismo pueda desarrollarse no solamente necesita del crimen permanente, sino también del crimen perfecto para que la víctima no tome conciencia de su situación y no se rebele.

[1] Eduardo Galeano decía la justicia. Suponemos que se refería a la justicia de la ley conforme al capitalismo.