Viviendo en un estado de vigilancia: Una respuesta a la desesperación

El ángel de la Historia ha perdido sus alas. Este ángel conduce ahora un coche fúnebre que transporta a los cielos toda la basura histórica acumulada desastre tras desastre, lo que llamamos progreso. El infierno ha bajado a la Tierra, de modo que ya no tenemos que temerlo como una consecuencia posible después de la muerte porque ya está aquí. La ciénaga de impotencia y desaliento en la que nosotros como humanos vivimos terriblemente angustiados debilita la verdadera esencia de nuestra humanidad.

Hoy, el estado de vigilancia tiene como objetivo la identificación de aquellos ciudadanos que se oponen a sus políticas socieconómicas regresivas, a la eliminación de los programas nacionales de asistencia social, a que se señalen a aquellos ciudadanos disidentes como amenazas para la seguridad. A los ciudadanos de los estados de vigilancia no se les permite articular sus intereses dentro del ámbito de lo público, esto es, no pueden actuar fuera del alcance de los aparatos dominantes del estado y de su poderoso complejo militar e industrial; por este motivo Estados Unidos siempre ha apoyado a regímenes fascistas, en detrimento de aquellos que defienden políticas de liberación y justicia socioeconómica. Los ropajes de la democracia de este país están manchados por la envenenada tinta de la hipocresía.

El mundo está empachado de neoliberalismo galopante y banqueros nepotistas y especuladores  que ondean sus sombreros de cowboy hacia sus amigos políticos megacorporativistas. Esos que buscan “armonizar” las actitudes de disensión acosando y catalogando a los opositores como extremistas y terroristas son los mismos que no encuentran mejor forma de amordazar el disentimiento que criminalizándolo. Nos han embaucado en la creencia de que es preferible vivir en una mentira que exponiéndola. Hemos encontrado más seguridad viviendo como objetos que como sujetos. Nos sentimos libres en tanto en cuanto nuestras ideas coincidan con las del estado y sus millonarios amos de la guerra. Algunas voces críticas indican que regímenes liberales como el de los EE.UU. no pueden convertirse en sistemas verdaderamente fascistas. Discrepo. Las ciencias económicas son hoy día la disciplina de comportamiento humano dominante que nos llevan a mezclar gobiernos y empresas. Asistimos al ocaso de la democracia, al final del camino largo y resbaladizo de la libertad.

Aquí en los Estados Unidos de América registramos la mayor tasa de endeudamiento de particulares del mundo, los índices más elevados de pobreza infantil y adulta, de desempleo y de personas encarceladas de todo el planeta proporcional a nuestra población y sacrificando nuestra soberanía ciudadana. El director ejecutivo de nuestras tiendas Wal- Mart gana 11,000$ por hora.  Nuestra infraestructura se está desmoronando mientras seguimos participando en guerras no declaradas. Estamos a punto de acabar con la brutalidad en Siria y los medios de comunicación se afanan en involucrar a la sociedad civil. Los salarios de los trabajadores en EE.UU. se sitúan en su nivel más bajo desde la década de 1930. Aún con todo, se están implementando recortes masivos a todos los niveles gubernamentales bajo la afirmación de “no hay dinero” para sanidad, educación y otras necesidades sociales básicas. El gobierno federal ha iniciado la puesta en práctica de recortes por valor de 1,2  trillones de dólares, presupuestos “secuestrados” que nunca serán recuperados. La riqueza de la clase dominante en este momento de encrucijada histórica motivada por la crisis se separa por completo de la actividad productiva de la economía real a través de un proceso de financiación, en los cuales las fuerzas productivas de la economía son continuamente menoscabadas.

Todos los martes el Presidente Obama revisa su programa de guerra teledirigida y la aprueba. Hace algunas décadas era imposible pensar que aquel avión por control remoto con el que jugaban los niños en los terrenos baldíos cercanos a Astroland Park en Coney Island un día se convirtiertiera en un artefacto diseñado para asesinar a seres humanos de otros países (o incluso a ciudadanos estadounidenses), sin tener en cuenta a las víctimas inocentes que pudieran encontrarse en las proximidades. ¿Podíamos algún día imaginar que aquellos burbujas teleféricas futuristas de Astroland (aquel parque de atracciones de la era espacial de Coney Island) con los que atravesábamos el parque hacia el paseo marítimo, pudiesen ser algún día el regalo de cumpleaños al hijo de doce años, del tipo de la aeronave no tripulada Channel Predator Style Reaper UAV Drone RC Plane Kit, por tan solo 139,98 dólares? Otro juguete del mismo estilo y aún más barato podría ser el armado RQ-1 Predator Unmanned Aerial Vehicle (UAV). Ambos juguetes han sido evaluados con mordaz sarcasmo en internet por parte de las voces más críticas con el programa de asesinatos selectivos de la administración Obama. A continuación señalo uno de mis ejemplos favoritos:

“El detalle más divertido de este juguete son los diminutos fragmentos que pueden quedar diseminados en el área seleccionada (por ejemplo: en la fiesta de una boda) como objetivo tras el ataque con misiles de esta aeronave no tripulada. Después (y aquí es cuando la verdadera diversión comienza)se puede dar la vuelta con el avión y lanzar aún más misiles a la gente que rescata supervivientes o a las que lloran a las víctimas! (*)Seguro que si cualquier otro país hiciese algo parecido tacharíamos estas actividades de atroces actos de terrorismo pero no es así si es el dedo del Tío Sam el que aprieta el botón del joystick.”

Y si a su hijo no le entusiasman los aviones teledirigidos ni la idea de enrolarse en el ejército como opción de futuro, siempre se le puede comprar un videojuego como Manhunt, que pretende desarrollar y alimentar las “tendencias homicidas” de su vástago. O también puede adquirir el juego Resident Evil en el que se puede destrozar con una sierra, o arrancarle los ojos o moler a hachazos hasta la muerte a víctimas (mayoritariamente de raza negra) convertidas en zombies. Hoy en día, especialmente tras las masacres en las escuelas de Columbine y Newton, es aterradoramente posible imaginar a un niño preguntar lastimosamente a su padre: “Papá, ¿qué pasará si no estamos en guerra con nadie para cuando cumpla la mayoría de edad?, ¿cómo voy yo a poder matar a esos malvados como los que los tíos Gregor y Bobby hicieron en Iraq y Afganistán?” Bueno, estoy convencido de que los EE.UU. proveerá a sus ciudadanos con las suficientes guerras en el futuro inmediato para que estos no se vean privados de tan enriquecedora experiencia cuando lleguen a ser adultos.

Hace poco volvía del Instituto Mc Laren de Pedagogía Crítica en Ensenada (Méjico),  para la culminación de un proyecto que empezó con un sueño: Contribuir a la formación de docentes para una educación humana y social de calidad. Uno de los doctorandos del instituto- de nombre Israel- había hecho un vídeo con sus alumnos de primaria de Mexicali y lo proyectó en una clase en la que yo estaba enseñando. El vídeo trataba sobre los corridos alterados o narcocorridos y en él, Israel preguntaba a sus pupilos por qué les gustaba tanto esta música. Sus respuestas me dejaron terriblemente consternado. Lo parafrasearé como sigue: “Nos encanta la violencia y la tortura. A lo mejor de mayores conseeguimos torturar y matar gente.” Aunque no es una traducción exacta, sí ofrecen una idea de las respuestas. Afortunadamente, Israel y otros educadores tienen como objetivo crear un enfoque pedagógico que pueda ayudar a los jóvenes a elaborar un pensamiento más crítico en relación con los narcocorridos y abordar este asunto con sus profesores en la escuela. Por supuesto, las opiniones de estos alumnos de primaria de Mexicali pueden ser compartidas por otros jóvenes de cualquier lugar del planeta. El ejército de EE.UU. obtiene ingentes beneficios tanto de la guerra contra el narcotráfico como del resto de batallas libradas en otras partes del mundo. Resulta vergonzoso el apoyo que EE.UU. facilita, junto a la Asociación Nacional del Rifle, a la cultura de las armas de fuego. Tanto de si se trata de drogas, armas o de la cultura de la violencia que prevalece en EE.UU., en cualquier caso estamos hablando de partes integrantes de una gran industria con fines lucrativos directamente conectada con la lacra del capital, que no entiende de fronteras. Todo esto se integra en la lógica del fascismo, tanto del tipo de los temidos carabineros del régimen de Pinochet como del perpetrado por las Fuerzas Especiales estadounidenses, con sus “entregas secretas” de sospechosos de terrorismo. Estos militares parecen disponer de autoridad legal para mandar a cualquier persona a cualquier base militar en el extranjero para después torturarlo.

La gente tiene diversas formas de sobrellevar la rabia y la desesperación en un mundo que se ha vuelto loco- locamente fascista para ser más precisos. Para algunos la solución parece unirse a este club. Por ahí fuera hay multitud de Inspectores Javerts (**) deseosos de enjuiciar al ejército de Jean Valjeans creado por la guerra librada por el capitalismo financiero por la igualdad y la justicia. Esto podría implicar la participación en actividades reaccionarias como BlueServo (***). Así, si usted está especialmente interesado, puede colaborar virtualmente con los agentes de la Patrulla Fronteriza de Tejas desde cualquier lugar del mundo. Algunos  se verán desilusionados al no poder dispararle a nadie pero al menos podrán convertirse en agentes virtuales del orden y la ley. De acuerdo con la publicidad de BlueServo, este sistema presta servicio a la Comunidad de Vigilancia Virtual.

Esta aplicación se describe como un programa de vigilancia electrónica diseñado para autorizar a la ciudadanía a participar proactivamente en la lucha contra el crimen fronterizo. La Comunidad de Vigilancia Virtual BlueServo es una red de cámaras y sensores dispuestos a los largo de la frontera entre Tejas y Méjico que provee imágenes en vídeo streaming a www.BlueServo.net. Los usuarios registrados en la página web de BlueServo supervisan directamente cualquier tipo de actividad susceptible de ser criminal en la frontera a través de este muro virtual.

Los voluntarios pueden, sentados delante de sus ordenadores en cualquier pueblo o ciudad del mundo, acceder a las imágenes de las cámaras posicionadas a lo largo de la toda la frontera entre Tejas y Méjico y disfrutar de su nuevo rol de ” Agentes Virtuales del Estado de Tejas”. Según el procedimiento, cuando cualquier tipo de movimiento es detectado por una de las cámaras se envia un informe, y cuando varios informes coinciden, agentes de la Patrulla Fronteriza se movilizan rápidamente al lugar para proceder con la detención del criminal. En uno de estos informes se afirma que Rob Abernethy, un operario de fábrica de Lincolnton de 42 años (Carolina del Norte), observa las cámaras de BlueServo una media de media hora al día porque “así forma parte de un grupo altruista de voluntarios” y asegura que “no hay mucha diferencia entre ver eso o una reposición de la serie Todos Quieren a Raymond…es solo algo con lo que entretenerse”, dice Abernethy en una entrevisa (Constantini, 2013). Así que en lugar de ver repeticiones de sitcoms en el sofá, uno puedo convertirse en un agente del orden virtual y ayudar al Departamento de Seguridad Nacional, Inmigración y Aduanas a hacer su trabajo. Me pregunto a cúantos programas voluntarios de vigilancia más se invitará a participar a la ciudadanía según el capitalismo se vaya reconvirtiendo en una estructura más y más depredadora y el gobierno vaya necesitando nuevas fórmulas para mantener bajo control a los individuos desempleados y a los opositores al sistema. Si usted decide no aliarse con el gobierno, sepa que se pone usted en gran riesgo.

Todos hemos leído algo acerca de los documentos de alto secreto de la Agencia Nacional de Seguridad de los EE. UU. en los que se revela un extenso sistema de vigilancia con sede en EE. UU. y acceso directo a Facebook, Apple, Google, Microsoft y a otros grandes de la tecnología. Probablemente, la información recogida por el sistema Prism ha sido integrada en el club de los Cinco Ojos, entre cuyos miembros también se encuentran el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Forma parte de un programa creado en 2008 tras el inicio de la crisis económica, cuando las agencias de seguridad se centraron en recopilar información confidencial acerca de activistas políticos, principalmente grupos ecologistas, en nombre de intereses corporativos. De hecho, constituye una parte oficial de la planificación estratégica de defensa de los EE. UU. En los círculos del gobierno existe un gran temor acerca del «malestar social provocado por acontecimientos catastróficos relacionados con el cambio climático, el suministro energético o la crisis económica, o con los tres a la vez» (Ahmed, 2013). Los recientes cambios unilaterales de las leyes militares de EE. UU.  han «dotado oficialmente al Pentágono de poderes extraordinarios para intervenir en una “emergencia” o “desorden civil” nacional» (Ahmed, 2013). La estrategia de modernización del ejército del Departamento de Defensa (DoD, por sus siglas en inglés) centra su interés en una nueva «era de constante conflicto» debido a la competición por «destruir los recursos naturales y mercados extranjeros» para nutrir «futuras guerras de recursos por agua, alimentos y energía». El informe predecía que en tales casos se produciría un resurgimiento de «…ideologías antigubernamentales y radicales que potencialmente amenazan la estabilidad del gobierno» (Ahmed, 2003). Una tropa de 20.000 efectivos está preparada para responder ante «catástrofes nacionales» y malestar social (Ahmed, 2013).

Ahmed señala que «en 2010 el Pentágono llevó a cabo simulacros de guerra para explorar las implicaciones de una “crisis económica a gran escala” en los EE. UU. con impacto en los suministros alimentarios y otros servicios esenciales, y para saber cómo mantener el “orden nacional en medio del malestar social” ». Ahmed también puntualiza que «no sorprende que el incremento de la privatización de la inteligencia coincida con la proliferación de operaciones de vigilancia nacional en contra de activistas políticos, especialmente aquellos vinculados a grupos de protesta ecologista y justicia social». Sus últimas palabras deberían sonar a advertencia para todos los enemigos potenciales del estado (aquellos que se preocupan por la justica social y que intentan encontrar maneras de contribuir activamente a construir un mundo más justo y equitativo).

El Pentágono sabe que las crisis medioambientales, económicas y de cualquier índole podrían provocar un miedo generalizado hacia el gobierno y las empresas en los próximos años. Las revelaciones de los programas de vigilancia global de la Agencia Nacional de Seguridad constituyen el último indicador de que actuar como si nada crea inestabilidad en el propio país y en el extranjero, y a medida que aumenta el desencanto con el statu quo, el mundo occidental se ve cada vez más como un enemigo potencial que debe estar bajo el control del estado (Ahmed, 2013).

Cuidado, compañeros ciudadanos, si se involucran en críticas activas de la economía mundial y de las políticas gubernamentales nacionales y extranjeras. Para aquellos que no están dispuestos o no son capaces de crear comunidades comprometidas con la lucha social y la injusticia económica, y deciden mantener su enfado e ira en el interior, pueden aspirar tal vez a desarrollar una serie de variopintos e interesantes síntomas de enfermedad mental y quedar relegados a una vida de aislamiento y desesperación. Bruce E. Levine (2013) se lamenta de lo siguiente:

Existe una predisposición fundamental entre los profesionales de salud mental para interpretar la falta de atención y el incumplimiento como un desorden mental. Aquellos con amplios estudios han vivido durante muchos años en un mundo en el que todos prestan tanta atención que resulta poco estimulante. En este mundo, se acatan rutinariamente las exigencias de las autoridades. Así que para muchos titulados y doctores, los que se rebelan contra esta sumisión de atención y comportamiento parecen seres de otro mundo, un mundo diagnosticable. La realidad es que con suficiente impotencia, desesperanza, pasividad, aburrimiento, miedo, aislamiento y deshumanización, nos rebelamos y nos negamos a obedecer. Algunos de nosotros nos rebelamos a través de la desatención. Otros se vuelven agresivos. Una gran mayoría comemos, bebemos y apostamos demasiado. Hay otros que se vuelven adictos a los medicamentos, tanto ilegales como con receta. Millones realizan trabajos que no les satisfacen, se vuelven depresivos y agresivos pasivos, mientras muchos de nosotros somos incapaces de cortar con esto y convertirnos en unos sin techo y parecer locos. Con un sentimiento de incomprensión y abandono, hay millones que a la larga nos rebelamos contra las exigencias sociales. Sin embargo, dado nuestros medios, nuestras rebeliones son a menudo pasivas y desorganizadas, en vano y autodestructivas. Cuando tenemos esperanza, energía y amigos, podemos elegir rebelarnos contra la opresión social con, por ejemplo, una huelga no autorizada o una comunidad basada en el autoabastecimiento o «vuelta a la tierra». Pero cuando nos falta la esperanza, la energía y los amigos, nos rebelamos de manera rutinaria sin consecuencias y de una forma que comúnmente llamamos enfermedad mental.

Todos nosotros podemos recurrir a la ayuda de nuestros amigos, como dice la canción de los Beatles. Pero en esta rutina de «quedarnos a solas» el tipo de redes sociales que necesitamos para fomentar la lucha política no está a menudo a nuestro alcance. Esto quizá es más teórico que otra cosa.

La política de clases comenzó a desaparecer durante el «giro cultural» asociado al postmodernismo y postestructuralismo y a enfoques conocidos como deconstrucción, esquizoanálisis, lectura reparadora y lógica cultural que defienden la idea según la cual la textualidad precede a la agencia (no hay nada fuera del texto). Aquí el lenguaje se entiende como una antiontología en la que la diferencia se define como una ausencia presente (la «verdad» de la textualidad) y se extiende como un medio de legitimar las relaciones de producción sociales dominantes mediante la distribución de ideas de manera arbitraria, como si no tuvieran relación entre ellas, es decir, como si fueran independientes. Al seguir este enfoque de textualizar la experiencia, los significados son siempre una forma de exceso, algo que no se puede representar, singularidades. Y como argumentan Mas’ud Zavarzadeh, Teresa Ebert y otros, el «colectivo» se reduce a simulacros del lenguaje. Incluso la historia se reduce a una serie de discontinuidades que, por supuesto, son una forma de ocultar y borrar la continuidad del depredador capitalismo. La contingencia se convierte en la lógica social de la verdad. Estoy seguro de que Marx vería estos enfoques teóricos «postmodernos» como abstracciones de las relaciones sociales de la producción. Realmente son críticas de un significado establecido, no de las relaciones sociales de producción, a las que desplazan en su preocupación con la nueva tecnología de los signos. Esta es una manera de borrar las relaciones sociales de producción a través de la idea del trabajo inmaterial en la que los sujetos ya no son las estáticas y sombrías figuras de la producción industrial, sino más bien trabajadores maleables y superficiales que no ocupan líneas de producción sino que se constituyen como máquinas autorreferentes que se introducen en turnos de signos que no tienen ni principio ni fin, únicamente trayectorias de autodeterminación. Se supone que el capitalismo ya no es una brutal cadena de montaje sino que más bien es virtual. Aquí, el conocimiento o la máquina se convierten en la fuerza motor de la historia humana. Sin embargo, como puntualiza Zavarzadeh, la máquina utiliza el excedente de mano de obra para continuar explotando el trabajo vivo.

El objetivo del giro lingüístico en la academia es desarmar binarios como productos de diferencia, y de este modo, iluminar una nueva economía de poder en la que la palabra es tan material como el mundo. Más que dos opuestos formados por las luchas históricas sobre la apropiación del excedente de mano de obra social, es decir, el opresor y el oprimido, las diferencias entre las clases se reescriben como diferencias dentro de las clases, y por tanto se normaliza el binario de oposiciones sociales encerrado en jerarquías de poder y privilegio estructuradas. Esto permite sanear la pobreza y servir a los intereses de la clase capitalista transnacional. El giro lingüístico promueve la interpretación sobre la explicación. Por ejemplo, en el marco del giro lingüístico se afirma que ricos y pobres comparten las mismas estructuras de diferencia. Pero en este punto de vista falta la explicación causal o racional de por qué los ricos son ricos (porque los pobres son pobres); lo que aquí se oculta es cómo el capital y el trabajo están internamente relacionados. Para empeorar las cosas, aquí los pobres se reconfiguran como ricos en términos de su posesión de antipoder o poder de lo negativo, como la posesión de trabajo afectivo (alegría, superioridad espiritual) sobre los ricos, algo que va más allá de lo material. De este modo, el nuevo giro cultural aparta las relaciones político-sociales de la producción y el capitalismo financiero sigue siendo indiscutible.

Cada mañana abandono a regañadientes mis sueños, me levanto de la cama y me embarco en nuevos caminos. Pero independientemente de lo fuerte que me impulso hacia la luz de cada nuevo amanecer, no me puedo desvincular del pasado, un pasado que cuando se despliega revela un cadáver tras otro girando hasta el infinito, cuerpos relegados al olvido por las fuerzas del progreso. Somos los hijos del futuro nacidos en un punto en el que locos componen sus obras de violencia y destrucción. Entramos en el drama humano como tramoyistas, construyendo el mobiliario de nuestra propia subyugación. Debemos amotinarnos contra los dramaturgos y escribir las páginas con nuestras propias plumas. Esto resulta más fácil decirlo que llevarlo a cabo. Las sirenas de la melancolía parecen ahora más seductoras que nunca porque sus dulces melodías me acercan hacia la órbita de la disolución y desesperación de la que anhelo escapar. Este inflexible dolor ha engendrado un desencanto que a veces abre grietas accesibles en la amargura de la vida diaria de la que podría extraerse la savia de la posibilidad.

Notas del traductor:

(*) [Comentarios disponiles online en: http://www.prisonplanet.com/amazon-page-for-toy-drone-becomes-protest-sounding-board.html]

(**) Mercury Capsule Skyride: Teleférico del parque de atracciones futurista Astroland, situado en Coney Island.

(***)  Javert es un personaje de la novela de Victor Hugo Los miserables (1862). Es un carcelero y más adelante un policía, que dedicará su vida a cumplir la ley. Funciona como símbolo del hombre garante de la ley y perseguidor de la ilegalidad.

(****) Blue Servo:  Proyecto colaborativo (crowdsourcing) para vigilar la frontera de Texas que consiste en una red de cámaras que vigila la frontera. de EE.UU.

Referencias (en inglés)

Ahmed, Nafeez. (2013). Pentagon Bracing for Public Dissent Over Climate and Engery Shocks. The Guardian. Junio. Extraído de: http://www.theguardian.com/environment/earth-insight/2013/jun/14/climate-change-energy-shocks-nsa-prism

Constantini, Christiana (2013). New Technologies Help Border Patrol and Border Crossers, Respectively. Huffington Post. Extraído de:

http://www.huffingtonpost.com/2011/08/22/technology-helps-border-c_n_931639.html

Ebert, T. (2009). The task of cultural critique. Urbana: University of Illinois Press.

Ebert, T., & Zavarzadeh, M. (2008). Class in culture. Boulder and London: Paradigm Press.

Levine, Bruce E. (2013). Living in America Will Drive You Insane—Literally. Salon, July 31. Extraído de:

http://www.salon.com/2013/07/31/living_in_america_will_drive_you_insane_literally_partner/

Traducido y revisado por:

Natalia Peribáñez Holub.

María José Vecino Puerto.