Violencia política y memorias de resistencia. Entrevista a Isabel Piper.

downloadpdfPor Francisca Fernández Droguett

Isabel PiperIsabel Piper, psicóloga social, ha sido una de las principales investigadoras en Chile sobre temas de memoria y derechos humanos, y durante años fue una de las profesionales del Instituto de Salud Mental y Derechos Humanos (ILAS), Organismo No Gubernamental que da atención en salud mental, a personas que fueron afectadas directamente por las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar en Chile, entre 1973-1990. Se desempeña como docente e investigadora en el Departamento de Psicología, de la Facultad de Ciencias Sociales, y es coordinadora del Programa Psicología Social de la Memoria, de la Universidad de Chile, y del Doctorado en Psicología de la misma Universidad. Actualmente se encuentra desarrollando una investigación financiada por el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDECYT), junto a su equipo de trabajo, llamada “Memorias de la Violencia Política en Chile: Narrativas Generacionales del período 1973-2013”. Es en el marco de este estudio que se realiza la siguiente entrevista, a modo de problematización sobre violencia política.

Iberoamérica Social: Estimada Isabel, considerando la investigación que como Programa de Psicología Social de la Memoria están llevando a cabo ¿de qué manera están abordando el tema de la violencia política en Chile?

Isabel Piper: Cuando nos planteamos hacer una investigación sobre violencia política, lo primero que pensamos era que no nos podíamos quedar encerradas en la dictadura militar.  Aunque el tema de la violencia política va más allá de la dictadura, ha existido la tendencia de identificar la violencia política en Chile exclusivamente con este período. A nuestro modo de ver, hoy sigue siendo un tema relevante, tiene otra cara y otras articulaciones diferentes a las de la dictadura, pero en la democracia actual todavía se ejerce la violencia política de Estado. Por eso, cuando hablamos de las memorias de la violencia política sostenemos que no es algo propio de las dictaduras y planteamos la importancia de trabajar otros enfoques y períodos. Esto tampoco es un tema tan nuevo, pero cuando se trabaja la violencia política en democracia normalmente se trabaja la violencia policial. Nosotros queremos trabajar diversas dimensiones, como la de los colectivos de resistencia, entendiendo que es imposible trabajar una violencia independiente de la otra, ya que la violencia revolucionaria, contestataria y la violencia política de Estado se articulan mutuamente. El gran argumento de la defensa política de la violencia de Estado es la necesidad de control sobre el terrorismo o de elementos que ponen en jaque la seguridad, y del mismo desde el imaginario social de la resistencia, la violencia por parte del Estado es la que sustenta las otras violencias, o más bien la mayor parte de las otras violencias políticas, y que en el fondo estas otras violencias son una reacción ante el actuar del Estado.

“la violencia por parte del Estado es la que sustenta las otras violencias, o más bien la mayor parte de las otras violencias políticas, y que en el fondo estas otras violencias son una reacción ante el actuar del Estado.”

IS: Isabel, te pido que desarrolles más la idea de la violencia política desde la resistencia.

IP: Los grupos de resistencia se plantean como un proyecto de transformación de la sociedad al margen del Estado o en contra del Estado neoliberal. La violencia política es una respuesta a un orden de dominación que a su vez violenta, y es importante señalar que va más allá de los encapuchados. Un elemento particular de este proyecto, algo a destacar, es que entendemos la violencia dentro del campo de lo simbólico y los significados, de cómo los grupos, los colectivos, interpretan la violencia y cómo la justifican. Lo que se releva es el carácter interpretativo de la violencia. La violencia no la entendemos como la aplicación de una fuerza de un grupo hacia otro, la entendemos como un proceso cargado de significados. Por ello nos interesa trabajar directamente con los sentidos otorgados por los sujetos a través de su experiencia directa o indirecta con la violencia. Estamos trabajando desde diversos contextos históricos, fines de la dictadura militar, la transición hacia la democracia, y la actualidad, desde ciertos tipos de activismos que cuestionan el orden establecido, a partir de quienes justifican la violencia y de quienes no.

IS: En términos metodológicos, ¿de qué manera abordan el estudio? ¿existe algún tipo de segmentación por tramo histórico?

IP: Hay una distinción de tres momentos: los ochenta, marcados por las protestas; los noventa, específicamente la época de la detención de Pinochet en Londres como un momento de reactivación del tema de los DDHH y la violencia; y la actualidad desde el auge del movimiento estudiantil del 2006 hasta ahora. Pensamos que en las distintas generaciones la violencia política se da y se vive de distintas maneras. La violencia en dictadura no es la misma violencia que la de ahora, o la de la transición. Queremos trabajar la violencia desde los sujetos involucrados, quienes han sido víctimas, y/o que la ejercen. Estamos trabajando con dos grupos, uno que desea transformar lo social mediante prácticas que incluyen la violencia como algo legítimo, que lo ejerce, y otro grupo de gente que es crítica a ella. Nos interesa abordar la lucha violenta en democracia, sus significados, a partir del análisis comparativo desde quienes fueron del MIR, del Frente Patriótico, del Lautaro, en los ochenta, y de quienes  lo siguieron siendo en los noventa, por lo que hablamos de distintas realidades políticas y organizacionales.

“La violencia no la entendemos como la aplicación de una fuerza de un grupo hacia otro, la entendemos como un proceso cargado de significados.”

IS: En una de las conversaciones previas que tuvimos, me hablaste de otro elemento presente en la investigación, el miedo.

IP: Si, un tema que se ha ido perfilando en torno a la investigación es el miedo como un eje articulador. No es un eje del proyecto pero ha aparecido. Partiendo de la base de que el miedo es utilizado  como una forma de control, nos preguntamos cómo los colectivos se organizan para resistir a los miedos vinculados a la violencia política. Salen a la calle a protestar y saben que los van a llevar presos, que los van a mojar el guanaco (carro lanza agua de Carabineros), saben que les van a pegar, que los pueden torturar, y de igual forma protestan. De alguna manera hay algo que nos permite salir y protestar a pesar de sentir miedo. Lo que nos interesa es entender las formas colectivas de articulación de resistencias al miedo, siendo un tema muy interesante y a la vez distinto en cómo abordar el tema de la subversión. Creemos que el miedo es articulador de distintas experiencias de violencia.

“Lo que nos interesa es entender las formas colectivas de articulación de resistencias al miedo, siendo un tema muy interesante y a la vez distinto en cómo abordar el tema de la subversión. Creemos que el miedo es articulador de distintas experiencias de violencia.”

IS: ¿Qué otros elementos te han llamado la atención durante el desarrollo de la investigación, y en relación a la violencia política en Chile?

IP: Una de las cosas que me ha sorprendido es que no hemos encontrado en los diversos relatos de los entrevistados una crítica moral al uso de la violencia política, ni siquiera de quienes no comparten esta vía, por ejemplo el grupo de sujetos de los años ochenta justifica el no uso de la violencia porque no les ha parecido estratégico. No existe una fuerte sanción moral al respecto, y si la hay no marca tendencia. Un tema que también se ha abordado es la suerte de abandono en que quedaron las personas que participaban de grupos armados en plena dictadura militar, después de los pactos entre la Concertación y la derecha, para retornar a la democracia. Hay gente que involucró su vida, su futuro, dedicándose durante años a un proyecto político, dejando de lado familia, proyectos personales, y de repente todo se perdió, “¿y qué hacemos ahora?”. En  muchos casos ocurrió una suerte de reconversión que  implicó la negación de esa parte de sus vidas, y podemos decir que recién ahora se está empezando a hablar de ello.  En general, respecto al rol que cumplieron los grupos armados durante la dictadura no se habla mucho. Por parte de la sociedad chilena no hay una reflexión mayor sobre el tema. Por eso lo que hacemos constituye un ejercicio de memoria. No son memorias convencionales porque las memorias oficiales dentro de los grupos de derechos humanos son las de las víctimas, pero no en el ámbito de la resistencia, ni mucho menos de la resistencia armada. De hecho los casos emblemáticos de investigación sobre derechos humanos son en torno a víctimas, como el caso “Degollados” o “Quemados”. Del mismo modo en el imaginario social en los noventa la violencia política de la resistencia no existe.

IS: ¿Qué futuras líneas de acción o de investigación surgen a partir de esta experiencia investigativa?

“Cuesta hacer entender la necesidad de trabajar la memoria de otros momentos históricos, no solamente de la dictadura, lo que implica abrir el estudio de la violencia política a otros tiempos y otras perspectivas.”

IP: Uno de ellos es reconstruir memorias de resistencia y sobre también trabajar sobre las memorias de la transición, un tema nada abordado. Todo termina con los ochenta en los trabajos sobre memoria; se empieza con el Golpe militar y termina con el plebiscito de 1988. Otros contextos no existen. Cuesta hacer entender la necesidad de trabajar la memoria de otros momentos históricos, no solamente de la dictadura, lo que implica abrir el estudio de la violencia política a otros tiempos y otras perspectivas. Hay que entender que existen distintos actores sociales que tuvieron diversas formas de construcción de memoria. Otro tema, como señalé anteriormente, es el miedo, pero a mí en lo personal no me interesa tanto el miedo sino las formas de resistencia que se generan desde el miedo. También es relevante abrir el tema de la memoria a otras generaciones y también a otros sujetos, como por ejemplo a quienes no vivieron la dictadura o no fueron víctimas, y que igualmente son constructores de otras memorias respecto a la violencia política. Es importante entender que la violencia también se instala de múltiples formas en la cotidianidad. Eso.

IS: Gracias Isabel por la entrevista.

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Para citar este artículo: Fernández, F. (2015). Violencia política y memorias de resistencia. Entrevista a Isabel Piper. Iberoamérica Social: revista-red de estudios sociales (V), pp. 12-14. Recuperado de http://iberoamericasocial.com/violencia-politica-y-memorias-de-resistencia-entrevista-a-isabel-piper/