Utopías, distopías y otras contradicciones: las Smart Cities del siglo XXI

Millones de dispositivos móviles interconectados, la proliferación de aparatos de uso común con acceso a internet, y la inminente proliferación de servicios públicos hacia una mayor automatización y control. En el siglo XXI se ha desarrollado un proceso de urbanización a nivel mundial que ha hecho que las ciudades tengan que hacer frente a nuevos retos, como son la creciente concentración de la población, el aumento de los niveles de consumo, mayores necesidades de movilidad o el incremento de la demanda en seguridad ciudadana y de participación en las decisiones. Estos nuevos retos afectan de forma transversal a distintos ámbitos de la ciudad, por lo que su solución debe abordarse con una visión integrada e innovadora desde todas las perspectivas y áreas clave de la misma. Para superar estos retos las ciudades se erigen como un complejo entramado de actores, donde intervienen distintas instituciones, empresas, redes y habitantes.

Se sabe que las ciudades crecen a un ritmo cada vez más rápido, por ejemplo, en el año de 2009 la población urbana superó por primera vez a la rural y las mega ciudades en el mundo (ciudades con poblaciones de más de 10 millones de habitantes), han pasado de ser tres en 1975 (ciudad de México, Nueva York y Tokio) a las 21 actuales.

En este contexto de primacía y desarrollo del mundo urbano es donde ha cobrado especial relevancia el concepto de Ciudades Inteligentes o Smart Cities: núcleos urbanos donde la inteligencia se pone al servicio de los ciudadanos en forma de tecnología y les ayuda a gestionar su entorno -desde aspectos medioambientales a elementos culturales e históricos-, con la finalidad de mejorar la calidad de vida por medio de la interacción de los diferentes elementos urbanos.

Cabe señalar que este tipo de iniciativas van más allá de una meta alcanzable: constituyen procesos constantes de mejora en el que los distintos agentes involucrados (principalmente los usuarios, las administraciones públicas y las empresas tecnológicas) deben estar fuertemente comprometidos. Las ventajas que aportan estos procesos (soluciones inteligentes) son variadas, mientras que para las instituciones supone ir más allá de reducir el gasto y mejorar los servicios, creando nuevos servicios y ventajas añadidas a los ya existentes, los usuarios podrán percibir una mejora y optimización de los servicios municipales más demandados (movilidad, tráfico, atención sanitaria, educación,  etc.)

Como respuesta a la crisis económica global, acentuada en los últimos años en países europeos, los proyectos de Smart Cities por todo el mundo son numerosos, por ejemplo ciudades como Luxemburgo, Copenhague y Barcelona son consideradas en los rankings mundiales como las ciudades con mayor número de implementaciones y soluciones inteligentes. Sin embargo, no existe un único modelo universal, pero para coincidir con algunos de los parámetros mínimos, podríamos englobarlos en las siguientes categorías: medio-ambiente, urbanismo, eficiencia y gestión energética, sanidad y atención personal, entornos de negocio y economía del conocimiento, transporte y movilidad urbana, Gobierno-participación ciudadana, así como actividades de fomento culturales y turísticas. Muchos de los especialistas en el tema han afirmado que la posible implementación de las ciudades inteligentes requiere una integración no solo de los elementos tecnológicos, sino además de todas las capacidades y los capitales -humano, social, cultural, económico, etc.- de múltiples actores. Existen diversas perspectivas respecto al rol de cada actor en estas alianzas y su grado de centralidad.

No obstante, también hay posturas que argumentan en favor de un modelo integral -universidades, gobierno y empresas- que tome en cuenta las necesidades socioculturales locales para impulsar una verdadera traducción cultural respecto a la vida urbana contemporánea. Por ejemplo, una ciudad de este tipo se puede caracterizar, entre las muchas vocaciones y modelos de implementación, en ser una ciudad sustentable: por medio de las nuevas tecnologías se crean e impulsan energías alternativas, sistemas de recolección y procesamiento de basura y residuos, tecnologías de ahorro de energía eléctrica, disminución de niveles de CO2, soluciones del tráfico y movilidad urbana, etc.

Townsend (autoridad global en el tema) nos dice que con el discurso de las Smart Cities estamos entrando en la “primera nueva industria del siglo XXI: la industria Smart City de miles de billones de dólares” (Townsend, 2013: 78). Las consecuencias de esta nueva industria, se enmarcan en tres cosas que se han unido con nosotros, acelerando la vida social hacia el futuro urbanizado. La primera, por primera vez más personas viven en las ciudades; la segunda, las computadoras móviles (smartphones) ahora son universales; y tercero, el Internet de las cosas está en camino de ser omnipresente. El mundo se ha hecho plano, nos dice Townsend y el internet ha conectado hasta los lugares más remotos (Townsend, 2013).

Las ciudades se han convertido en estos espacios de interacción colectiva que proporciona “la fibra conectiva para apoyar un sistema vibrante, social, digital y nervioso; y todo aquel que tiene algo que ver con las ciudades -desde el Ayuntamiento, a los hackers, a los planificadores urbanos, a los círculos académicos, empresarios, y por supuesto el ciudadano– están integrados en grande sistemas que se reintegran constantemente” (Townsend, 2013: 148).

En una compleja mezcla de jugadores (Falconer y Mitchell, 2012) se ha convertido éste movimiento (¿utopía?) global. La zona de disputa de dichos jugadores, la he denominado como la Arena de la Alta Tecnología (Hight Tech Arena). En esta arena, cada jugador ve a la ciudad a través de un lente diferente. En el sector privado, los ingenieros y las compañías de tecnología ven la ciudad como un sistema complejo con múltiples capas. En contra posición, arquitectos y organizaciones no gubernamentales (ONG) ven a la ciudad en términos de personas, la inclusión social, y una  sensación de espacio.

Sin embargo, se tiene que considerar que los líderes del gobierno (como actores y consumidores primordiales de las smart solutions), ven la ciudad en términos de desarrollo económico y servicios urbanos en crecimiento. Independientemente de su punto de vista, la mayoría coincide en una visión común: que las ciudades sean más habitables, sustentables y sostenibles.

Fuente: SmartCitySDK