Una propuesta alternativa de modelo social desde lo espiritual: El Psytrance como ejemplo de communitas tecnochamánica.

Necesitamos una denominación nueva para este territorio sin fronteras. Los chicos de este libro lo llaman <<Ciberia>>. Ciberia es el lugar donde va una persona que se dedica a los negocios cuando emprende una conversación telefónica, el lugar donde un guerrerochamánico va cuando viaja fuera de su cuerpo, el lugar donde un bailarín de acid house va cuando experimenta el gozo de un trance tecnoacido. Ciberia es el lugar al que aluden las enseñanzas místicas de todas las religiones, las tangentes teoréticas de todas las ciencias y las especulaciones más arriesgadas de todas las imaginaciones. (Rushkoff, 2000, p. 20)

 

Introducción1Este capítulo surge de una investigación realizada para la obtención del título de Doctor en Antropología Social en la Universidad de Sevilla, la cual se encuentra actualmente en fase de redacción con vistas a ser defendida durante el curso académico 2016/17.

Este capítulo parte de una investigación que indaga sobre la centralidad del uso de psicoactivos en los contextos rituales de la comunidad global Psytrance (global tribe2Según lo define el antropólogo australiano Graham St. John (2012), el investigador con mayor producción científica sobre este movimiento cultural.), un movimiento relacionado con la extensión de la música electrónica, la cultura psicodélica y el auge de comunidades contrahegemónicas asociadas a la explosión de formas subjetivas de espiritualidad o religiosidad. La investigación original, como otras investigaciones de Antropología con vocación de orientación pública, tiene pretensiones de aplicabilidad al entender determinados usos de psicoactivos como una dimensión más de la diversidad cultural, ante lo que consideramos necesario realizar un análisis del impacto del sistema de fiscalización y control de psicoactivos sobre las personas y grupos que las utilizan como herramientas para la construcción y la expresión del sentimiento religioso. En este sentido nuestro convencimiento es doble, por un lado hemos de asumir el compromiso de trabajar por la defensa y protección de las múltiples y diferentes prácticas y creencias que forman el calidoscopio humano, por otro lado no podemos permanecer indiferentes ante las perversiones de un sistema hegemónico de control que legitima el estigma para lo diferente y atenta contra los derechos de individuos y colectivos a través de legislaciones monolíticas y unívocas, como en el caso de las políticas de “drogas3El término aparece entrecomillado ya que, pese a ser el más extendido, debido a las connotaciones negativas que se le han atribuido, su uso no es el más idóneo en un contexto científico a no ser que se expliciten las precauciones con las que se ha de tomar. Del mismo modo, esta categoría engloba a una multitud de sustancias diferentes entre sí en relación a sus efectos sobre el organismo humano, y suele utilizarse para denominar a aquellas que no han conseguido integrarse en el sistema legal normativo por lo que implícitamente se cargan de atributos negativos y estigmatizantes. Recomendamos en su lugar el uso de términos como psicoactivos, sustancias psicoactivas o enteógenos para los casos en los que así proceda.” (Gilmore,1986; Romaní, 2004; Room y Mackay, 2012) . Y es que como expone Reynoso (1986), uno de los fracasos más palpables de la Antropología ha sido la permisividad ante las violaciones y omisiones perpetradas en los últimos tiempos contra los derechos de los individuos y colectivos, pese a que sin lugar a dudas esta disciplina se presenta como la más adecuada para apreciar el alcance de estos derechos en diferentes contextos culturales (Messer, 1993).

No obstante, debido a la amplitud del tema y las múltiples posibilidades de análisis que presenta, no resultará posible en este texto profundizar en todos las dimensiones del universo Psytrance, por lo que nos centraremos en su categorización como movimiento contrahegemónico y atenderemos a su dimensión comunitaria, a la cosmovisión que la sustenta y a las prácticas que de ella parten, prestando especial atención al plano ritual como ámbito de especial relevancia para la producción de sentido, el contacto con lo numinoso y la reproducción del propio grupo, como catalizador de la comunidad misma y la experiencia que provee.

Mi primer contacto con el universo Psytrance tuvo lugar en 2009 en Alhama de Granada (Granada, Andalucía), cuando en el fin de semana coincidente con la festividad del Día de Andalucía (28 de febrero) acudí con un grupo de amigos a un circuito de karts en mitad del campo en las estribaciones de la Sierra de Tejada, Almijara y Alhama, donde un recién nacido colectivo de Psytrance llamado “Fullmoongui” realizaba su primera reunión de música trance (un tipo de música electrónica desconocido para mi) bajo la luna llena para celebrar la llegada del cometa Hartley. En ese momento no podía imaginar hacia donde me dirigía el camino que acababa de encontrar, el cual me ha llevado desde ese primer día y el absoluto estupor que me causó el descubrimiento de una realidad de la que no podía sospechar su existencia, hasta el desarrollo de un intenso interés científico por desentrañarlos significados de dicha realidad que se han materializado en la realización de dicha tesis cuyo trabajo de campo me ha permitido adentrarme en las múltiples facetas de este movimiento global, desde el nacimiento del particular movimiento andaluz, a los mayores encuentros del mundo de Psytrance en Portugal (Boom Festival, Freedom Festival), pasando por el desarrollo del mismo en un lugar tan masificado como México DF. Movimiento que, en definitiva, supone una de las múltiples formas en las que se materializa la gran diversidad aparejada al crecimiento exponencial de prácticas y creencias asociadas a la nueva espiritualidad, y que en este texto se relaciona directamente con el desarrollo de estos grupos en el ámbito iberoamericano, los cuales, debido a la gran heterogeneidad de los distintos territorios y los habitantes que componen este contexto cultural, van a constituir expresiones particulares en base a la imbricación e hibridación de las cosmovisiones tradicionales con las nuevas tendencias e ideas surgidas del contexto occidental (De la Torre, 2013).

Antecedentes y origen del movimiento psytrance

Desde su aparición, la música electrónica estuvo asociada a estratos sociales estigmatizados, desarrollándose como una suerte de código liberador que permitió a las comunidades que lo vieron nacer desarrollar espacios de autoidentificación y participación colectiva en los que generar dinámicas inclusivas construidas sobre la base del rechazo del que eran víctimas. Collin y Godfrey (2002) explican que la aparición y expansión de la conocida como “música electrónica” se produce a lo largo de los 70 en locales de ambiente gay de los barrios afroamericanos de Chicago y Nueva York de la mano de algunos de los primeros disc jockeys (Dj) como Franckie Knuckles, Derrick May y Kevin Saunderson, en un momento en el que los homosexuales, rechazados y perseguidos legalmente, se expresaban y reconocían en la clandestinidad. Durante los 80, esta música se expandiría a Europa dando lugar en Inglaterra a la aparición del estilo conocido como acid house, desde donde el panorama electrónico comenzaría a extenderse y a diversificarse, lo que resultó en la creación del movimiento techno4Categoría que usaremos para englobar a cualquier música generada con elementos electrónicos, la cual es completamente intercambiable por la de música electrónica, o por otras utilizadas en el contexto anglosajón como la denominación EDM (Electronic Dance Music). No obstante, resulta importante especificar el sentido del término cuando se use, pues como advierte Nogueira (2008), utilizar el concepto techno puede dar lugar a equivocaciones por existir un estilo musical específico que se denomina de esta manera., esto es, un aglomerado de distintos tipos de música realizadas con ordenadores y sintetizadores. Es importante resaltar que el surgimiento y extensión de estas modalidades musicales se relaciona profundamente con la exclusión, la desigualdad social y la perdida de centralidad de los individuos en el marco de la sociedad, así Collin y Godfrey (Ibíd.) exponen que a la llegada de la música electrónica a la Inglaterra de Thatcher, momento de fragmentación social, paro desorbitado y escasas oportunidades para la juventud, van a ser los integrantes de la clase obrera de los barrios marginales los que tomen el protagonismo y comiencen a realizar eventos de música electrónica como forma de protesta y reivindicación, como vía de escape ante las escasas oportunidades de incorporarse efectivamente a la vida social. Con el establecimiento en 1994 de la llamada Criminal Justice and Public Order Act en Inglaterra, que permitía a la policía detener y sancionar encuentros de personas en torno a la reproducción de músicas consistentes en la emisión de una sucesión repetitiva de beats, el gobierno británico pone coto a la realización de raves en su territorio provocando la salida de las raves del territorio inglés y posibilitando su extensión por toda Europa, asociándose de igual manera en todos los territorios a grupos y personas que sostienen una especie de irreverencia ante lo que se considera como lo establecido, ante la sociedad hegemónica (Montenegro, 2003).

De esta manera, la música electrónica se configuró como una realidad contrahegemónica y, por extensión, se convirtió en objetivo para las estructuras de control de los aparatos de poder de los estados, lógicamente esto no por motivos musicales sino por la visión del mundo que portaban las personas que se aglutinaban en torno a ella así como por generar espacios en las que estos mismos individuos producían y reproducían discursos y prácticas que atentaban frontalmente contra los valores de la sociedad dominante, la cual, según Rushkoff (2000), ha visto en este tipo de prácticas un atentado contra los pilares sociales de corte más tradicionalista desarrollando así respuestas, conducidas por el temor a los cambios propuestos, que se materializan en un mayor control policial, un endurecimiento de las faltas y delitos asociados al uso de psicoactivos, y un uso mayor de los medios de comunicación en pos de generar una imagen distorsionada, nociva, de estas nuevas prácticas y de sus practicantes. En la actualidad, la música techno se ha diversificado enormemente, conociendo el nacimiento de nuevas variantes con diferentes ritmos, sonidos y velocidades. Del mismo modo, las prácticas y valores asociados a estos distintos tipos difieren mucho entre unos y otros, pues mientras que para algunos de ellos ha resultado imposible no sucumbir a la voracidad de las dinámicas del mercado y convertirse en un producto más destinado a grandes masas de consumidores, o ser utilizadas en la captación de nuevos participantes para el sostenimiento de estructuras de poder tradicionales, otras variantes han visto en el lenguaje de la música electrónica una oportunidad para generar modernas communitas con narrativas utópicas, creativas y relativamente impermeables a las dinámicas dominantes, llegando a desarrollar creencias y prácticas asociadas al plano de lo espiritual.

En lo relativo específicamente al movimiento trance, Papadimitropoulos (2009) expone que este surge en la década de los 90 en el Estado de Goa (India) en la década de los 90, lugar al que habían acudido en las dos décadas anteriores personas que se reconocían en el movimiento hippie provenientes de todo el globo, dando lugar a una especie de reinterpretación de la cosmovisión que estos portaban, la cual se vio claramente influida por la democratización en el acceso a la tecnología y la expansión de la música electrónica a la que hacíamos referencia, y que constituye uno más de los hitos  en el aumento de las relaciones hombre-máquina y la generación de identidades híbridas entre lo humano y lo tecnológico.

Junto a estos dos elementos se asocia un tercero, relativo al el auge de la denominada cultura psicodélica y a la explosión de producciones artísticas y científicas relacionadas con el tema desde la década de los 605Los pensadores de lo psicodélico tienen plena vigencia en las décadas de los 60-70, según González Vives, García Albea y López Ibor (2012) cabe destacar en este sentido los casos del Dr. Robert Gordon Wasson, etnobotánico estadounidense y principal investigador y “descubridor” para Occidente de la psilocibina, uno de los alcaloides principales presentes en los hongos del tipo psilocybe; el Dr. Albert Hoffman, químico suizo que sintetizó la dietilamida del ácido lisérgico (LSD); y los Dres. Alexander y Ann Shulgin, matrimonio de químicos estadounidense de origen ruso que desarrolló cientos de sustancias psicoactivas a lo largo de su vida, siendo la más notoria por la gran popularidad que adquirió desde los 70 y que mantiene hoy en día, la MDMA o éxtasis. Sin embargo, no podemos obviar el papel importante que tuvieron otro tipo de intelectuales en la promoción de los beneficios del uso de sustancias psicoactivas, y es que escritores como William Burroughs, Allen Ginsberg y Aldous Huxley, se dedicaron a tratar los estados alterados de conciencia, e incluso investigadores como el psicólogo Timothy Leary  o el antropólogo norteamericano Allan Coult reconocieron en ellos herramientas potenciales para la ciencia y el estudio de la realidad., favorecido directamente por en buena parte lo que propició una fuerte asociación entre algunos de los denominados “movimientos contraculturales” y el consumo de psicoactivos. En este sentido, los movimientos relacionados con la música techno no son una excepción, y ya desde su origen en los barrios estadounidenses y su extensión al viejo continente mantienen una estrecha relación con los psicoactivos que con el tiempo va a convertirse en indisoluble hasta tal punto que sin atender a la importancia que tienen estas sustancias en la lógica de estos movimientos no seríamos capaces de entender qué hacen, cómo lo hacen y por qué lo hacen.

Fotografía 1. Pintura decorativa en una reunión trance en la sierra de Huelva.

Pintura decorativa en una reunión trance en la sierra de Huelva
Fuente: Elaboración propia, 1-5-2014

Espiritualidad, Psytrance y neochamanismo tecnológico

El mundo que hemos construido está en continua mutación, y aunque esto en sí no supone ninguna novedad, si lo es la profundidad y velocidad de los cambios que afrontamos, tanto es así que algunos autores hablan de nuestra sociedad como sociedaddel riesgo (Beck, 2002). Si atendemos a la historiografía de los contextos occidentalizados del planeta, podemos atisbar el profundo impacto que produjo en la vida de millones de seres humanos el incipiente desarrollo tecnológico que se inicia con la revolución industrial entrelos siglo XVIII- XIX, y que da comienzo a un proceso descontrolado de expansión económica y mercantil que se ve favorecido por un importante aumento de la investigación científica y un avance exponencial en el ámbito de la tecnología endécadas posteriores, generando lo que algunos autores han denominado la sociedad de la información (Castells, 2005). Este nuevomodo de estar en el mundova acompañado, como no puede de ser de otra manera, de nuevas formas de verlo y entenderlo. Con el triunfo del racionalismo y el positivismo surgen nuevas disciplinas científicas que cuestionan de diferente forma a aquello que denominamos como la realidad, promoviéndose en ciertos ámbitos una ruptura paradigmática que llevó a cuestionar discursos dogmáticos y cosmovisiones hegemónicas. Una buena muestra de esta situación, la cual conecta directamente con el tema que se trata en este capítulo, la encontramos en el llamado proceso secularizador (etnocéntrico en esencia), en el que algunos pensadores teorizaron sobre el fin de las religiones en detrimento del triunfo de la razón (Nietzsche, 1992; Marx, 2010). Como veremos, esto ha resultado cierto en una parte, pues si bien hay un declive de las formas religiosas institucionales que venían siendo dominantes hasta ahora, asistimos a un florecimientos de creencias y prácticas minoritarias que han desplazado su visión de lo sacro hacia otras dimensiones de la existencia, además, al contrario que en esas formas tradicionales donde la definición de lo sagrado, así como la forma de relacionarse con ello requería del mandato y la intermediación de especialistas pertenecientes a la estructura eclesiástica, en este nuevo contexto la relación con lo trascendente únicamente compete al individuo, por lo que la vivencia de lo espiritual supone un ejercicio de subjetividad (Graef, 2001; Cornejo, 2013).

A este conglomerado de nuevas prácticas, que ya en su esencia son contrarias a las rígidas doctrinas de las estructuras religiosas institucionales dominantes y promueven la existencia de distintos tipos de comunidades contrahegemónicas (Saldanha, 2006), se leshadenominado como New Age (De la Torre, 2006) o se les ha considerado producto de la espiritualidad holística (Heelas y Woodhead, 2005). En cualquier caso ambos conceptos son consustanciales, y como apuntábamos ponen el acento en la autoridad del individuo en la configuración de lo trascendental y la autogestión de creencias y prácticas (Hanegraaff, 1999). Otro de los aspectos característicos de este nuevo tiempo de lo espiritual, como plantea De la Torre (2014), lo constituyen las dinámicas de apropiación y resignificación de bienes simbólicos que sustentan las distintas estructuras ideológicas de los diferentes grupos, de tal manera que el sincretismo cultural constituye un rasgo fundamental de estos movimientos, en los que sus narrativas se ven impregnadas de elementos de muy variado origen, donde discursos sobre energías, extraterrestres, fuerzas suprahumanas y seres mágicos conviven con teorías y conceptos científicos, donde referencias a la esencia divina de la naturaleza, a deidades antiguas y a creencias orientales se mezclan con modernos instrumentos tecnológicos, en definitiva, se trataría pues de un sincretismo universal que parte de la idea de la pertenencia a un linaje cósmico (De la Torre, Íbid.), a una gran familia humana que es una pequeña parte de un engranaje superior en el que todo en la existencia se encuentra interrelacionado. En este sentido, merece la pena destacar como en este nuevo la tradicional dicotomía razón-espíritu parece haberse superado por completo, y es que como afirma Morris (2009), en el tiempo de la espiritualidad la ciencia puede ser utilizada para legitimar los discursos y prácticas de estos nuevos movimientos. Buen ejemplo de ello lo encontramos enel fragmento que presentamos a continuación pertenece a la publicación en la página web www.goabase.com de un evento realizado por uno de los colectivos andaluces6Un colectivo está formado por un grupo de personas con distintas atribuciones (música, decoración, etc.) que se encargan de disponer de los aparatos necesarios y de gestionar y ejecutar el desarrollo de los encuentros. En Andalucía encontramos en Sevilla los colectivos Psylocibe y Red Dust; en Málaga Skizodelic Mind; en Granada Fullmoongui; y en Huelva al colectivo Transition. de Psytrance, Fullmoongui, que para el evento que denominaron “Interstellar overdrive”, realizado entre los días 13 y 15 de Mayo de 2011 en la Alpujarra granadina7http://www.goatrance.de/goabase/party/details/57962, utilizaban el siguiente mensaje donde podemos apreciar la relevancia de los elementos anteriormente referidos:

La inmensidad del universo es una realidad que nos es imposible conceptualizar. Sistemas estelares que danzan sobre si mismos y a su vez se organizan en sistemas galácticos que a su vez vuelven a danzar en juguetones cúmulos globulares… Esos puntitos de luz que podemos ver en nuestra noche a noche son la mejor evidencia de la inmensidad apabullante de la que formamos parte. Y si las estrellas realizan su perenne baile cósmico y nosotros estamos hechos de polvo de estrellas ¿qué mejor actividad que con nuestra danza representamos el cíclico e infinito movimiento universal? Fullmoongui vuelve a crear otra reunión cuya principal razón de ser es la música y el baile, y cómo no nuestra humilde danza humana será dirigida bajo los efectos hipnóticos y extra-mundanos de los sonidos psychedelic & goa trance…

Este es nuestro pequeño homenaje a nuestra hija Luna, de qué mejor manera que danzando bajo su luz y su magia en los fines de semana que más brille. Intentad respetar el lugar, tirando las colillas en latas vacías por ejemplo, jugad bonito con las sustancias mágicas y sobre todo sed felices.

El movimiento Psytrance está fuertemente imbricado con estas nuevas formas de vivencia de lo espiritual y se configura como un vehículo de expresión religiosa (St, John, 2009; Simão, Malheiro & Tenreiro, 2015). A pesar de la amalgama de creencias que aglutinan los grupos pertenecientes a la New Age y de que los individuos que participan de ella gestionan y desarrollan su propios itinerarios personales (Cornejo, 2013), podemos encuadrar el Psytrance en la denominación de neochamanismo, este fenómeno refiere a la apropiación por parte de grupos urbanos y/o procedentes de contextos occidentalizadosde elementos discursivos y rituales propios del chamanismo clásico (Porras, 2009), reinterpretados y adaptados a las circunstancias específicas de dichos grupos pero siempre sosteniendo una visión dual de la existencia, esto es, tanto chamanismos como neochamanismos comparten la idea de que existe una realidad ordinaria (aquella en las que desarrollamos nuestra vida cotidiana) y una realidad extraordinaria o suprahumana (la morada de la trascendencia), pudiendo diluir las barreras que las separan a través de la utilización de determinadas sustancias o la ejecución de actos concretos en contextos de práctica ritual. El movimiento que nos ocupa desarrolla una variante relativamente novedosa de neochamanismo que se ha denominado tecnochamanismo (Reguillo, 2000; Green, 2010), y que pone de relieve el papel clave que juega la tecnología como herramienta que posibilita la quiebra de la barrera que da acceso a una realidad superior, como modulador de los estados amplificados de conciencia necesarios para este tránsito y, del mismo modo que la ciencia, como elemento discursivo generador de sentido.

En el universo Psytrance, el papel protagonista de la tecnología es compartido con la relevancia de determinadas sustancias psicoactivas (donde el LSD ocupa un papel predominante como argumento y como herramienta), la importancia de la música como discurso y como elemento sonoro que por su estructura facilita la amplificación de conciencia, además de generar las condiciones para el baile y la comunicación no verbal, donde el cuerpo es el instrumento principal para el intercambio de información y la correspondencia de emociones. Es a partir de estos elementos como podemos entender el tecnochamanismo en el Psytrance, pues son los principales en el ámbito ritual de este movimiento y los que dotan de sentido a las creencias y prácticas del grupo.

El ritual

Cuando nos adentramos en el estudio de nuevos agrupamientos contrarios a la estructura dominante, de sus creencias y sus prácticas, hay una unidad de análisis que se hace obligatorio atender, el ritual, porque va a ser a través de ella como se materialice, escenifique y corporice el acuerdo colectivo que sustenta la propia existencia del grupo. Específicamente, una aproximación a esta unidad a la que nos referimos nos va a permitir comprender hasta qué punto este tipo de acción social es la que dota de sentido y coherencia a la narrativa alternativa que propone el movimiento Psytrance. El ritual o proceso ritual ha sido un tema de interés clásico para la Sociología y la Antropología (Turner, 1980; Elíade, 1985; Durkheim, 1993; Rappaport, 1999), de manera que resulta complicado condensar en unas líneas la profundidad de un debate académico que continúa en plena vigencia y cuya producción teórica sigues aumentando. Tanto Durkheim como Turner, dos de los principales referentes en este campo de estudios, ofrecen un marco teórico sobre el tema que será el que utilicemos para el análisis de la realidad que aquí planteamos. Ambos entienden el ritual como una suerte de herramienta social, un instrumento que posibilita la generación de dinámicas positivas para las personas y grupos que lo realizan, pues en cierta manera permite solventar las perversiones de la jerarquización y estructuración social dominante, así como reforzar los vínculos, las creencias y la identificación entre los miembros de distintos tipos y formas de agrupamientos.

No puede haber sociedad que no sienta la necesidad de mantener y reafirmar, a intervalos regulares, los sentimientos colectivos y las ideas colectivas que constituyen su unidad y su personalidad. (…) Esta refacción moral no puede obtenerse sino por medio de reuniones, de asambleas, de congregaciones donde los individuos, estrechamente próximos unos a otros, reafirman en común sus sentimientos comunes; de ahí las ceremonias que, por su objeto, por los resultados que producen, por los procedimientos que emplean no difieren en naturaleza a las ceremonias religiosas. (Durkheim, 1993, p. 438).

La práctica ritual o performativa es pues un universal cultural, un hecho social total,que está presente en todo tiempo y lugar en la historia humana8Incluso como plantean algunos etólogos no se trataría de una exclusividad propia de nuestra especie, ya que han sido documentados entre los primates superiores una serie de actos comunitarios, secuenciados y estructurados, realizados en momentos concretos y con una evidente carga performativa, como es el caso de los denominados displays entre los chimpancés, y que invitan a considerar una continuidad y cierto grado de conexión entre dichas prácticas de los primates, los rituales chamánicos clásicos y las modernas performances neochamánicas como las del movimiento Psytrance (Winkelman, 2015).. Según Schechner (2000, p. 13), estos actos “marcan identidades, tuercen y rehacen el tiempo, adornan y modelan el cuerpo, cuentan historias (…)”, esto es, son maneras de actuar que no surgen sino en el seno de agrupamientos organizados y cuya finalidad más destacable es la de materializar el acuerdo colectivo, además de generar las condiciones necesarias para la reproducción del grupo en el tiempo y el sostenimiento del aparato ideológico que le es propio. De esta manera, como apunta Turner (1988), en los momentos liminares que se dan en todo rito se volatiliza la rígida y jerarquizada estructura social dominante, dando paso a un tipo de organización comunitaria sin estructurar o mínimamente estructurada en el que la diferenciación vertical queda diluida dando lugar a una forma de socialización esencialmente horizontal y relativamente indiferenciada, un tipo de agrupamientos que este autor reconoce en el concepto de communitas, que suponen asociaciones efímeras donde la relevancia de los valores comunes es predominante frente al desacuerdo de los intereses individuales que dominan en la forma societaria hegemónica.

En nuestro trabajo de campo hemos apreciado el uso habitual del concepto “familia” entre los integrantes del movimiento Psytrance. Esta es una forma de reconocerse como miembros de una comunidad efectiva y afectiva que surge directamente de la interacción y la experiencia colectiva que provee la ejecución de dicho proceso ritual. Hemos de apuntar que hay distintos tipos de celebraciones que pone en marcha este grupo y que difieren entre ellas en determinados aspectos formales como el espacio físico donde se realizan, el número de personas que participan, las necesidades en infraestructuras o las actividades paralelas que se desarrollan. En cualquier caso, en los distintos tipos de encuentros que se ponen en marcha la lógica de la dimensión ritual, su desarrollo y la centralidad de los elementos simbólicos continúa siendo compartida, como no podría ser de otra manera.

Aunque entre los participantes hispanohablantes el concepto de “fiesta” está muy extendido para referirirse a las reuniones que se realizan, entendemos que desde fuera y debido a la visión dominante que categoriza lo lúdico como un elemento de valor menor, no trascendente, recomendamos el uso del término “encuentro”, que es la traducción del término en inglés “gathering”, usado por este movimiento a nivel internacional. Según nuestro trabajo de campo los tipos de encuentros mayoritarios son:

  1. Raves: reuniones “clandestinas” (no reguladas) en espacios naturales en las que participan un número menor de personas mayoritariamente residentes en la zona donde se realizan (En Andalucía y México DF, por ejemplo, raramente más de 100). Ejemplos de este tipo de celebraciones son numerosos a lo largo de todo el año en los tres lugares que nos ocupan. El espacio principal es el “main floor” o pista de baile y la acción se concentra en torno a la dimensión musical.
  2. Festivales: grandes encuentros internacionales que suelen aglutinar a miles de personas de diferentes países donde la acción se concentra en la dimensión musical y el “main floor”. Algunos ejemplos son: En Portugal el “Freedom Festival”, en Andalucía “Transition Festival”, En México DF “Kupuri”.
  3. Transformational festivals: concepto proveniente del mundo anglosajón para referir a grandes encuentros internacionales donde el espacio destinado a la acción musical continúa siendo uno de los principales, pero donde además tienen cabida otras manifestaciones culturales propias del movimiento (producción artística, producción científica, terapias, sanación, etc.). El mayor evento de este tipo a nivel mundial está en Portugal, su nombre es “Boom Festival”

Fotografía 2. Espacio destinado al Dj en el encuentro con nombre “Dark Andalus” (Cazalla de la Sierra).

Espacio destinado al Dj en el encuentro con nombre “Dark Andalus” (Cazalla de la Sierra).
Fuente: Elaboración propia, 16 Mayo 2015

En esencia, el ritual Psytrance se construye sobre una serie de elementos que son indispensables para el correcto desarrollo del mismo. A pesar de que el conjunto del lugar en sí posee una importancia simbólica clave como demuestra la profusa decoración que es requisito indispensable en estos encuentros y que remite a aspectos ideológicos del propio grupo como deidades orientales o mesoamericanas, referencias al espacio y a extraterrestres, a moléculas y elementos químicos, a la naturaleza y sus habitantes, tanto reales como mitológicos, a fractales y geometría sagrada, etc;  el espacio principal, como hemos apuntado, es el del “main floor” o pista de baile, un lugar donde la gente conecta y se relaciona a través del baile, donde los cuerpos y la comunicación corporal asumen todo el protagonismo al ser estos los receptores del discurso musical lanzado por el Dj, la persona que acumula el capital necesario para construir y reproducir dicho mensaje.

Fotografía 3: Pintura decorativa en un encuentro realizado para la celebración de una unión matrimonial en Los Serpos, Huelva.

Pintura decorativa en un encuentro realizado para la celebración de una unión matrimonial en Los Serpos, Huelva
Fuente: Elaboración propia, 2 Mayo 2014

El lugar destinado a este especialista acapara un mayor nivel de simbolismo, se sitúa en una posición central, más recargada de decoración y, habitualmente, a mayor altura. Esta situación responde a la importancia que esta persona posee, pues hace las veces de moderno chamán al dirigir al grupo y la intensidad de sus emociones a través de la estructura sonora que proveen las distintas variantes de música trance, la cual entendemos como un dispositivo neurotecnológico que favorece la navegación psíquica (Tuzin, 1984). De esta manera, las reuniones de este movimiento suelen extenderse, como mínimo, alrededor de las 48 horas, normalmente en momentos asociados a la liberación de las obligaciones propias de una vida institucionalizada, donde el ritmo y la intensidad de los sonidos varían en función de los ritmos de la naturaleza, esto es, de la noche y el día. En este contexto de música, baile y uso de sustancias psicoactivas, los roles que los individuos portan en su vida cotidiana, así como las normas sociales impuestas que les afectan y la manera de relacionarse ente ellos se deconstruyen y reconfiguran posibilitando la emergencia de una nueva forma de compartir la existencia que se aleja voluntariamente de las dinámicas de la sociedad dominante, las cuales se caracterizan por la limitación de la participación en la vida pública y la pérdida de vínculos solidarios y afectivos entre aquellos que son categorizados como ciudadanos.

En el ritual en acción, con la excitación social y los estímulos directamente fisiológicos —música, canto, danza, alcohol, drogas, incienso—, el símbolo ritual efectúa, podríamos decir, un intercambio de cualidades entre sus dos polos de sentido: las normas y los valores se cargan de emoción, mientras que las emociones básicas y groseras se ennoblecen a través de su contacto con los valores sociales. (Turner, 1980: 33)

Conclusiones

En estas páginas nos hemos aproximado a un fenómeno de sumo interés, el del surgimiento de modernas communitas relacionadas con la democratización en el acceso a la tecnología y la extensión y diversificación de la música electrónica, las cuales ofrecen maneras de relacionarse alejadas de las formas paradigmáticas de la sociedad mayoritaria, pero que tiene precisamente en estas y en las condiciones sociales, culturales e históricas concretas de los contextos occidentalizados su razón de ser, esto es, entendemos su aparición como una suerte de respuesta ante las tensiones y situaciones a las que se exponen los individuos en nuestras sociedades hiperindustrializadas, y únicamente a través de dichas circunstancias podemos aprehender la lógica de la existencia de dichos agrupamientos comunitarios, pues como si de una reacción química se tratase, no podemos obtener agua si previamente no contamos con dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno y las sometemos al proceso necesario para ello. Más aún, en el seno de este tipo de comunitarismo encontramos elementos que si bien muchos de ellos se construyen en oposición a determinados modelos hegemónicos, parten de estos para modificarlos, adaptarlos y resignificarlos.En este sentido, y como apuntábamos al principio, el surgimiento y desarrollo de las distintas variantes de música electrónica hasta nuestros días ha funcionado como vehículo del descontento al conseguir integrarse en espacios y colectividades situados en los márgenes o la periferia del modelo societario dominante, no bajo la forma de discursos explícitos de lo político sino a través de la materialización de experiencias comunitarias alternativas, esto es, haciendo real la hipotética existencia de otras formas de convivencia, comunicación, socialización y organización social que parten de la consideración de la horizontalidad como manera efectiva de interacción y de la comunidad en su conjunto como fuente de legitimidad.

El movimiento global Psytrance es un buen ejemplo de este tipo de communitas, sus participantes han construido un discurso sobre el mundo y la existencia humana que presenta elementos propios de la cultura occidental que han sido adaptados para generar una narrativa alternativa. El uso de la tecnología como una herramienta para la liberación de los constreñimientos sociales, el discurso científico como legitimador y sostenedor de creencias espirituales, una concepción positiva de los psicoactivos como herramientas que posibilitan el contacto con la trascendencia o la defensa de la amplificación de conciencia como forma de relación e interacción, son algunos de los aspectos que nos permiten situar a este grupo en el interior de las dinámicas que proponen respuestas reales, respuestas vividas, ante la despersonalización y pérdida de participación de los individuos en la vida moderna. Del mismo modo, podemos definir una realidad como contrahegemónica cuando, como en ese caso, las miradas y voces reactivas generadas se enfrentan a la sanción, ya sea moral o legal, de los aparatos de poder de los estados y, por extensión, de la mayoría de la población, que ven estos agrupamientos con recelo y los categorizan negativamente, ya sea por relacionarse con elementos “prohibidos” o por proponer formas alternativas de relacionarse y organizarse, de manera que se estigmatizan y categorizan como “gente polucionante” (Douglas, 1973) cuyas prácticas se piensan marginales y generadoras de efectos negativos.

Para que la communitas se materialice, tome forma y se mantenga en el tiempo es indispensable el ritual, pues su función principal es “preservar la continuidad de lo vivido” (Lévi-Strauss 1983: 219). Además de cohesionar al grupo, intensificar las emociones, establecer vínculos emocionales y generar un marco en el que desarrollar y cimentar la identidad de la comunidad como una unidad superior de relación; el ritual tiene una importante dimensión terapéutica para los participantes en él. Dimensión que incide sobre distintos aspectos existenciales, por un lado sirve para resolver la situación de anonimato de los individuos en la sociedad mayoritaria proveyendo una experiencia que facilita la resolución de conflictos en la vida ordinaria a partir de un doble contacto, tanto con la vivencia de la experiencia comunitaria y los beneficios que esta aporta, como con lo que se considera la dimensión trascendental de la existencia. Por otro lado, la eficacia simbólica del ritual legitima la existencia de estas realidades y creencias alternativas, haciendo real la posibilidad de construir y experimentar otros mundos. Ambos aspectos podemos considerarlos repercusiones directas de la práctica ritual en este tipos de agrupamientos, cuyo potencial es el de proveer cierto tipo de experiencias terapéuticas dando lugar a una dimensión específica asociada con los encuentros Psytrance que se ha denominado “spiritual healing” (Hutson, 2000).

Por último, en relación a las implicaciones que la aparición y extensión de este movimiento suponen para el contexto iberoamericano, hemos de señalar que estas forman parte de una eclosión sin precedentes de prácticas y creencias asociadas a la construcción subjetiva de espiritualidades propia de la New Age (De la Torre, 2006). El sincretismo intrínseco a estas nuevas modalidades de representación de lo espiritual se construye, como ya apuntamos, a partir de la apropiación, reinterpretación y unión de elementos propios de las culturas tradicionales de cada contexto particular con otros que son específicos de cosmovisiones “ajenas”, tales como la occidental. Este hecho, que viene a confirmar la existencia de una glocalización (Robertson, 2003)también en el ámbito de lo religioso/espiritual, unido a la tremenda diversidad intracultural del contexto iberoamericano está provocando que el mosaico de nuevas creencias sea cada vez mayor y más diversificado. Este hecho es más notable en los países latinoamericanos, en los cuales asistimos a una revitalización de cosmovisiones tradicionales bajo la forma de novedosas interpretaciones, tal y como muestra la conexión particular que se establece en México entre los valores propios del movimiento global Psytrance y las continuas alusiones simbólicas a las llamadas culturas precolombinas, como observamos en la fotografía número cuatro, de manera que se establece una lógica que dibuja una continuidad entre aquellas ideas y las que se han importado recientemente, como muestran las constantes referencias iconográficas a deidades mayas o aztecas en los encuentros de estos grupos, o la participación de chamanes de algunas de las múltiples etnias del territorio mexicano a la hora de comenzar o finalizar alguno de las diferentes reuniones que se realizan en el país, aspectos estos que sirven para legitimar al propio movimiento trance y hacerlo partícipe del establecimiento de una mirada específica que parte de la idea de la pertenencia a un linaje cósmico, holístico e inclusivo, pero que sobre todo lo conectan, al reconocerse y presentarse como herederos de una tradición,  con elementos identitarios ancestrales que vuelven a estar en plena vigencia al ser asumidos y readaptados a las nuevas condiciones económicas, tecnológicas y sociales; dibujando un nuevo panorama para el contexto iberoamericano.

Fotografía 4: Cartel promocional de rave en Huixquilucan (México DF) para el 6/9/2014. Se aprecian referencias simbólicas a elementos propios de la tradición mexicana junto a propias del mundo psytrance.

Cartel promocional de rave en Huixquilucan (México DF) para el 6/9/2014. Se aprecian referencias simbólicas a elementos propios de la tradición mexicana junto a propias del mundo psytrance.
Fuente: Ollinka Psychedelics

 

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Notas   [ + ]

1. Este capítulo surge de una investigación realizada para la obtención del título de Doctor en Antropología Social en la Universidad de Sevilla, la cual se encuentra actualmente en fase de redacción con vistas a ser defendida durante el curso académico 2016/17.
2. Según lo define el antropólogo australiano Graham St. John (2012), el investigador con mayor producción científica sobre este movimiento cultural.
3. El término aparece entrecomillado ya que, pese a ser el más extendido, debido a las connotaciones negativas que se le han atribuido, su uso no es el más idóneo en un contexto científico a no ser que se expliciten las precauciones con las que se ha de tomar. Del mismo modo, esta categoría engloba a una multitud de sustancias diferentes entre sí en relación a sus efectos sobre el organismo humano, y suele utilizarse para denominar a aquellas que no han conseguido integrarse en el sistema legal normativo por lo que implícitamente se cargan de atributos negativos y estigmatizantes. Recomendamos en su lugar el uso de términos como psicoactivos, sustancias psicoactivas o enteógenos para los casos en los que así proceda.
4. Categoría que usaremos para englobar a cualquier música generada con elementos electrónicos, la cual es completamente intercambiable por la de música electrónica, o por otras utilizadas en el contexto anglosajón como la denominación EDM (Electronic Dance Music). No obstante, resulta importante especificar el sentido del término cuando se use, pues como advierte Nogueira (2008), utilizar el concepto techno puede dar lugar a equivocaciones por existir un estilo musical específico que se denomina de esta manera.
5. Los pensadores de lo psicodélico tienen plena vigencia en las décadas de los 60-70, según González Vives, García Albea y López Ibor (2012) cabe destacar en este sentido los casos del Dr. Robert Gordon Wasson, etnobotánico estadounidense y principal investigador y “descubridor” para Occidente de la psilocibina, uno de los alcaloides principales presentes en los hongos del tipo psilocybe; el Dr. Albert Hoffman, químico suizo que sintetizó la dietilamida del ácido lisérgico (LSD); y los Dres. Alexander y Ann Shulgin, matrimonio de químicos estadounidense de origen ruso que desarrolló cientos de sustancias psicoactivas a lo largo de su vida, siendo la más notoria por la gran popularidad que adquirió desde los 70 y que mantiene hoy en día, la MDMA o éxtasis. Sin embargo, no podemos obviar el papel importante que tuvieron otro tipo de intelectuales en la promoción de los beneficios del uso de sustancias psicoactivas, y es que escritores como William Burroughs, Allen Ginsberg y Aldous Huxley, se dedicaron a tratar los estados alterados de conciencia, e incluso investigadores como el psicólogo Timothy Leary  o el antropólogo norteamericano Allan Coult reconocieron en ellos herramientas potenciales para la ciencia y el estudio de la realidad.
6. Un colectivo está formado por un grupo de personas con distintas atribuciones (música, decoración, etc.) que se encargan de disponer de los aparatos necesarios y de gestionar y ejecutar el desarrollo de los encuentros. En Andalucía encontramos en Sevilla los colectivos Psylocibe y Red Dust; en Málaga Skizodelic Mind; en Granada Fullmoongui; y en Huelva al colectivo Transition.
7. http://www.goatrance.de/goabase/party/details/57962
8. Incluso como plantean algunos etólogos no se trataría de una exclusividad propia de nuestra especie, ya que han sido documentados entre los primates superiores una serie de actos comunitarios, secuenciados y estructurados, realizados en momentos concretos y con una evidente carga performativa, como es el caso de los denominados displays entre los chimpancés, y que invitan a considerar una continuidad y cierto grado de conexión entre dichas prácticas de los primates, los rituales chamánicos clásicos y las modernas performances neochamánicas como las del movimiento Psytrance (Winkelman, 2015).