Una palabra cae

Existen diversas formas de comprensión empática en el proceso de investigación. La conversación más allá de la entrevista, puede convertirse en un juego literario de creación libre, que genere una profundidad en el acercamiento a la mirada del otro. Durante el tiempo que compartí con las tejedoras de palma de San Miguel Tequixtepec en la mixteca de Oaxaca, México; imaginé acercarme a su memoria emocional a través de un ejercicio literario. Todo ocurrió en el momento preciso,  una tarde cuando comenzamos una conversación informal pero muy significativa. Ahora que escribo y recuerdo, sigo llena de esa experiencia, mi memoria y la de ellas se han contagiado de un cierto sentido de grupo y las emociones que ello conlleva. Durante el juego de creación literaria, emergió algo que es común en casi todos los espacios sociales, sean indígenas, campesinos o urbanos; el hecho de que a pesar de convivir por años, pocas veces hablamos de nuestras emociones. De tal manera  les propuse jugar  algo que llamamos “una palabra cae”.

Hay que visualizar una palabra y tratar de darse cuenta de que en el momento que pensamos y vemos una palabra, múltiples imágenes, recuerdos, otras palabras y sensaciones aparecen rodeándola. Algo parecido a tirar una piedra en el estanque¹. Las ondas en el agua chocan como las palabras en nuestra imaginación: cae la palabra lluvia, y choca con el olor de la tierra, con ver llover cuando tenía cinco años, con una ventana y el asombro de ver la calle convertida en río, choca con un apagón en casa y los juegos de sombras en la pared…y así sucesivamente rebota, salta entre el espacio y el tiempo, deteniéndose a veces al azar y otras veces de manera consciente. Después, hay que completar el viaje, escribirlo y leerlo en voz alta para todas:

Emma Jiménez:

Casa: es el lugar donde está la familia.

Pensar en llegar a mi casa, estar con mi esposo con mis hijas. Escuchar el correr, el jugar de mis hijas en el patio. Quisiera ya llegar a mi casa para oír la plática que mis niñas tienen con su papá, los cantos, los juegos que ellas hacen, preguntas de lo que ellas quieren saber es lo más bonito que disfruto en mi casa.

Esther Cruz:

Aire: El aire me recuerda los días de la infancia cuando iba ayudar a mi papá en sus trabajos del campo.

Alicia Soriano Cruz:

Sentido: Yo siento ganas de trabajar, hacer algo maravilloso en el presente y en el futuro.

Minerva Benítez:

Aroma: Se siente el aroma muy bonito de las flores, de algunos árboles cuando voy caminando por el campo con mi familia o en el jardín con muchas flores.

Aurora Soriano:

Lluvia: me gusta la frescura del agua, después de llover salgo a la calle a pasearme. Siento el olor de la tierra. Me da gusto porque ya vamos a preparar las tierras para sembrar y me gusta sembrar.

Rocío Lara Jiménez:

Felicidad: Cuando nació mi primer hijo me sentí muy contenta porque lo quería conocer y demostrarle todo mi cariño y amor por igual, cuando nació mi segundo niño sentí mucha felicidad, para mí son lo máximo y mi felicidad más grande son ellos, mi familia y amigos.

Marina Ortiz Santiago:

Amor: cuando se piensa en el amor nos sentimos alegres, contentos de vivir unidos a una o más personas, animales, objetos, en el mismo mundo y cuando otras personas nos tratan con amor nos imaginamos un mundo lleno de rosas y muy felices de vivir. Cuando no vivimos el amor nos sentimos infelices.

Aurea Jiménez:

Agua: porque con el agua podemos vivir o estar jugando en el agua cuando hace mucho calor.

Juana Villegas:

Negro: me imagino algo tranquilo como una noche silenciosa o con muchos ruidos y a veces hasta con mucho miedo porque se oyen los ladridos de los perros y coyotes o el búho y muchas cosas.

Rocío Benítez:

Río: siempre a mí me han gustado los ríos por lo fresco que se siente andar caminando a la orilla del río, los árboles que se mueven con el aire, el agua que corre y por eso cuando oigo la palabra río me imagino andar en el río y sentirme a gusto.

Elizabeth Soriano:

Viajar: es bonito porque conoces  otros paisajes como aprender a comunicarse con otras personas.

Otilia Soriano:

Amor: es sentir amor por los hijos, los hermanos, una amiga. El amor que sentí de mi esposo,  aún muerto está el recuerdo en mi mente, doble amor y a la vez tristeza por mi hijo.

Cada lectura fue escuchada atentamente, cada fragmento de la memoria sensible iba llenando el espacio. El respeto hacia el otro ocurre  como un encuentro con esa otra intimidad que me revela mi propio sentido de ser. Sucede que “somos una especie sujeta al relato…nuestra especie parece estar atada a la necesidad de una regurgitación lingüística de su experiencia. Y esa necesidad de relato es particularmente intensa en ciertos momentos de la existencia individual o colectiva”². En las narraciones de las tejedoras, podemos observar cómo la escritura y la visualización propician relatos condensados, brevísimos, llenos de una disposición poética ante sucesos muy diversos. La distancia se acorta, la mirada se transforma.

El aprender es una disposición del cuerpo, de la memoria y de las emociones que llenan cada instante del tejido de palma. La naturalidad del grupo para aprender entre ellas, para jugar y mejorar sus destrezas, tiene una historia femenina, son las madres, las abuelas y las hermanas quienes conforman una comunidad de aprendizaje.

A partir de la experiencia sensible de cada una en su participación en el seno de la familia, se ha creado, recreado e inventado la forma de aprendizaje colectivo que podemos observar en el taller de palma de Tequixtepec.

La idea de pertenencia cobra sentido siempre en el presente pero su fuerza emotiva radica en la capacidad reflexiva  para conectar las vivencias en el devenir. Múltiples instantes conforman el sentido de ser tejedora: la infancia, la figura materna, los paisajes, la comida…las transformaciones del tejido se tensan entre el pasado y el porvenir para llenar el presente. El acto de tejer en el aquí y ahora tiene sentido por la historia compartida de aprendizajes, una historia que se sostiene por la relación madre-hija. Así es posible sentir y pensar que cada pieza tejida  es una historia.

 

¹ Este ejercicio literario está inspirado en el libro de Gianni Rodari “La Gramática de la fantasía”

² Quignard, Pascal, revista “Le Debat” marzo-abril 1989 p 54.