Para una lógica del poder dual

Poder dualSe dice del mundo en el que habitamos, que su existencia está en movimiento al igual que la nuestra como seres de este espacio material.

Si la física demuestra este movimiento constante, en suma quiere decir que nosotros seres humanos estamos al mismo tiempo en muchos lugares y en ninguno a la vez. Quizás vez sea por tal que el hombre desde siempre ha buscado pertenecer a un grupo, una secta, familia, país, etc.

Es justamente en ese afán de pertenencia que ha ido marcando ciertos lineamientos para lo que él considera la correcta y armónica vida en sociedad.

En lo social ha separado a hombres y mujeres, haciendo que los primeros ciertamente se sientan superiores en casi todos los ámbitos de la vida cotidiana, en cambio, a las segundas históricamente se les ha relegado y apartado de los espacios que por derecho le tocaban. En muchos casos simplemente se las redujo a un sujeto de reproducción. En la dimensión familiar la cabeza más visible es siempre la del padre, quedando en segundo plano la figura de la madre. El dilema en estas circunstancias es llegar a comprender el por qué de estas situaciones que a la postre se convierten en prácticas comunes y aceptadas en cualquier región de este mundo. Casi como queriendo decir que la figura de la mujer nunca habría gozado de virtudes sean estas positivas o negativas. Cuando en realidad y en los hechos hemos encontrado desde siempre grandes actuaciones de las mujeres y grandes aportes por parte de ellas en los avances de la sociedad.

Por eso no se entiende la intencionalidad histórica que de un solo plumazo las borró de los hechos históricos, de los aportes en pensamiento y de sus grandes contribuciones en la transmisión de normas y valores. Alguien diría transmisión de cultura y seguramente tendría razón. Porque no es cierto que la sociedad y los estamentos sociales sean quienes determinen los avances o retrocesos de cualquier sociedad.

Existen y coexisten todo el tiempo pugnas y luchas de poder en los espacios políticos, económicos y sociales, que a medida que se enfrentan van trazando los caminos por donde ira transitando una u otra sociedad. Este conflicto de poderes puede desglosarse de muchas maneras porque incluso en su interior coexisten unas tantas otras luchas a nivel micro que también determinan los parámetros de acción de la sociedad.

Pero para no enfrascarnos en un falso debate reduciremos todo este asunto al “poder dual” que es manejado por el marxista Rene Zavaleta Mercado, quien afirma en su teoría que en toda sociedad en realidad siempre se va a encontrar una dualidad de poderes que a medida que se encuentran más se contraponen, pero el uno no es contrapeso del otro, o sea, existe en un determinado momento en la historia de toda sociedad en la que un poder estructurado se enfrasca en la búsqueda del control total no solo de los medios de producción –diríamos en términos marxistas–, sino que también pretende apoderarse de todas las subjetividades de los sujetos, busca apropiarse de sus conciencias porque no le conviene tener sujetos con distintas subjetividades, este poder que surge pretende igualar a todos en el discurso, pero en realidad lo que hace es clasificar a los integrantes de las sociedades. Este poder pretende instaurar nuevas lógicas de vida en sus dominados para que estos después se conviertan en dominantes y sigan reproduciendo la lógica de este poder. Pero el poder como tal, nunca es estático y con cada paso que da más se desestabiliza, porque nadie puede detentar el poder en su totalidad y de manera infinita, es así que surge un segundo poder, pero como ya lo dijimos, no en contrapeso del primero, esa es la riqueza de entender la teoría de la dualidad de los poderes: mientras el primero  se ha consagrado, surge el segundo pero no para hacerle frente como un mero rival, en realidad este segundo poder buscaría convertirse también en el único poder establecido pero desde otra perspectiva. Al segundo poder no le interesa en suma medida los quehaceres del primer poder porque sabe que de una u otra que este solo llegara a su culminación.

Ahora bien, este segundo poder desde su nacimiento siempre tiene por objetivo el consolidarse y es en ese trajinar que puede encontrarse con el primer poder y entrar inevitablemente en conflicto y en esta pugna no buscara destruir al primero, solo tratará de debilitarlo porque necesita de este para fortalecerse.

Grafiquemos un poco la situación, y para ello usaremos la figura de la familia para lograr este cometido: La familia por más que sea un círculo microscópico de poder en su interior alberga muchos otros poderes al mismo tiempo. Esta el poder de la madre, del padre, los hijos, hermanos, masculino, femenino y así sucesivamente, cada uno en su momento ejerce una forma de poder sobre uno o todos los integrantes. Es cierto, en una familia todo el tiempo se dan una sucesiva lucha de poderes porque todos los integrantes tienen sus propios intereses a los que se sienten con la necesidad y obligación de defender. En algún momento puede ser el padre o la madre quien detente ese poder y decida a que escuela irán los hijos por ejemplo, pero es casi seguro que no decidirán a que universidad irán o si estos continuaran sus estudios. Todo esto demuestra que en el transcurso del tiempo al interior de este grupo se vino amasando una cierta dualidad en el poder. Esto quiere decir que en algún momento los hijos sabiéndose poseedores habrían construido un poder alternativo y este no implicó la eliminación de los padres (políticamente hablando), y ni siquiera esa era su intención, en realidad solo estaban gestando el momento oportuno para dar a luz la fuerza de su poder dual.

Este poder dual es intrínseco a toda sociedad y se va repitiendo conforme esta sigue manteniendo sus normas de vida en convivencia. A saber: Los hijos poseedores del segundo poder que estableciéndose esta en un momento de sus vidas, serán padres y detentarán el poder hegemónico sin darse cuenta que por detrás vienen los hijos poseedores del segundo poder en afanes de consolidación.

Los otros poderes

Seguramente otros dirán ¿y que pasa con los demás poderes?, y tendrían razón en hacer cuestiones. Lo que sucede en sociedad es que todo el tiempo los poderes están allí latentes y flotando en espera de que alguien se apropie de ellos y los utilice. Desde esta perspectiva podemos afirmar que existen toda una gama de formas de poder con sus acepciones obviamente, pero cada una de estas es potencia de poder primario (totalizador), y potencia de poder dual casi al mismo tiempo, con esto queremos decir que, no existe en realidad una desfragmentación del poder como lo afirman algunas teorías del poder. El poder es inherente al propio poder, y al igual que las partículas de átomos que conforman la materia, el poder de igual manera se conforma con otras partículas de poder que hacen al poder como un todo.

Como nos podemos dar cuenta, esta reunión de partículas de poder no es amistosa y esto es claro porque al interior de este tramado se juegan intereses y necesidades que serán sustentadas por uno u otro poder en su debido momento. Por lo que concierne, se podría decir que cada una de ellas simplemente está esperando su oportunidad para fortalecer su poder, por ello no entra en conflictos que a la postre podrían debilitarle.

Este aparente desorden y armonía poco amistosa entre todos los poderes se llama convivencia en sociedad y quizás en su acepción más político-filosófica se podría llamar democracia. Aunque desde distintos flancos no estamos muy de acuerdo con las nociones de esta democracia contemporánea que prácticamente ha quedado bastante obsoleta a la hora de su puesta en práctica.

Preferimos asociar las nociones de poder dual una democracia “colectiva”, pero no como aquella democracia al mejor estilo clásico donde se concebía la noción del “demos” como participación, en vez de es ello nos apuntamos a la concepción de “colectiva” porque esta alude a un “todos” como parte de la sociedad y no solo a uno u otro sector. Es de suponer que en estos tiempos, las nociones de poder se han dispersado aún más, y se entiende el poder desde la magnificación de los hechos y resultados de unos sobre los otros o de una sociedad sobre cualquier otra.

Donde la afrenta es mayor, se entiende desde los ámbitos sociales, políticos o económicos, como espacios donde se acepta que el grado de poder también es mayor. Por eso es que en muchos casos dependiendo de la agresión se comprende el nivel del poder.

De allí que se entienda que los excluidos de antes son los que están excluyendo hoy en día porque creen que es su momento, se sienten con el poder suficiente para defenestrar a los que tienen menos poder, sin darse cuenta que solo se han apropiado de un poder primario momentáneamente y que de forma paralela se está gestando el poder dual, el mismo que a su hora desequilibrará la balanza y se apropiará del poder que será primario de por sí y que seguramente solo repetirá las prácticas del anterior.