Una institución compleja: la prisión

Esta reflexión surge como resultado de un rumor que espero pronto se convierta en noticia verdadera, debido a que en la institución donde estudio Sociología Rural (Universidad Autónoma Chapingo) sucedió el desafortunado evento de un profesor que llevó un caso jurídico en prisión y que parece ser, ya se encuentra libre. Desde aquí mando mi apoyo al profesor Dr. Félix Hoyo Arana.

Y es que, este hecho fue el que me condujo a pensar en la prisión como una institución que se desarrolla como consecuencia de la propia organización social moderna. Engels hablaba de la familia, la propiedad privada y el Estado; Althusser después agregó la escuela, pero ¿la prisión dónde quedó? ¿cuál es su función?

La prisión en su sentido teórico es una institución nacida del Estado como el lugar donde van todas aquellas personas que violenten las reglas para el desarrollo y perduración de la sociedad que se han establecido en las constituciones (el contrato social de Rousseau). Sin embargo, esta definición normativa tiene mucho contraste con la parte empírica, debido a que la prisión ha fungido en muchas partes del mundo, como un lugar de represión política hacia personas que tienen una acción ideológica diferente a quienes detentan el poder del Estado.

Podríamos afirmar entonces que, quien determina el proceder de lo que violenta la seguridad (o tal vez las condiciones para la producción y reproducción del statu quo) es el gobierno (o tal vez la clase dominante) a partir de una lectura arbitraria de lo que está penado o no.

Lo anterior es el proceso externo que gira en torno a la prisión, no obstante, es cierto que dentro de ella existe un entramado de relaciones sociales bajo un orden jerárquico establecido a partir de la reputación negativa (que delito es el que te ha hecho entrar allí), la pertenencia a un grupo en la prisión y las actitudes que tomes allí para sobrevivir (no quedar en un lugar jerárquico que te suprima). Ya que, a pesar de haber leyes que se permiten una convivencia estable, lo cierto es que premian intereses económicos y jerárquicos que transforman el espacio de rehabilitación social, en uno que puede convertirse en un deformador de individuos. Allí, hasta la representación del orden (los policías) forman parte de las relaciones deformadoras

Hay gente que está en la prisión por delitos cometidos contra otras personas o hacia su propiedad privada, empero, hay otras que están pagando un crimen que no cometieron; esa gente que tiene que verse privada de su libertad por cuestiones políticas ajenas. Aunque todos los que entran allí lo hacen para rehabilitarse y cumplir con el castigo que les corresponde, lo cierto es que su reinserción en la sociedad se vuelve complicada desde el punto de vista social y económico: social por la percepción adquirida al estar en una institución que rehabilita socialmente; económico porque existen empresas que cierran sus puertas a personas con antecedentes penales.

Como sea el caso, la realidad alrededor que se desarrolla en la prisión es sujeto de investigación y análisis, siempre con el fin de entender y comprender. Libertad para quien la haya perdido. No más.