Un hecho como otro

A finales de junio y principios de julio, se realizó en la ciudad de Cochabamba (Bolivia), el VI Congreso Nacional de Sociología con el título: “ACTUALIDAD DEL PESAMIENTO DE RENÉ ZAVALETA MERCADO” (Recordando los 31 años de su fallecimiento). Este evento fue en parte como un homenaje a uno de los pensadores marxistas más representativos de este país. Pues bien, el evento duró unos tres días y mientras por las mañanas se realizaban exposiciones magistrales  de intelectuales destacados en nuestro medio, por las tardes se llevaron adelante discusiones  académicas y la puesta en debate de investigaciones y argumentaciones de investigadores de distintas tendencias, distribuidos en varias comisiones mismas que iban desde la sociología política hasta una sociología enmarcada en las investigaciones que aluden a los temas de la biodiversidad y la ecología.

Se dice de los congresos de sociología

Alguien alguna vez me enseño que al margen de muchas cosas, de muchas actitudes y de las distintas formas de pensar que cada uno de nosotros tiene frente a los otros pensares, pues en realidad uno debe por lo menos ser un tanto sincero consigo mismo y en menor medida debe de traicionar su conciencia intelectual, me aclaró además que por intelectual ni por si acaso se refería al hombre aquel cubierto de rebosante inteligencia y erudición sobre uno o varios temas que por su importancia hacen que se suelten loas y se levanten laureles para con aquellos que los dominan de manera brillante, de esas que quizás en el fondo no son tan importantes. Aquel hombre ya entrado en el gris otoño de su vida, siempre recalcaba que la conciencia intelectual es aquella que te dice que en tus sueños sabes más que los demás  y que por más saber, en realidad más ignorante puedes ser. De alguna manera hablar con este personaje, me recordaba las presiones socráticas por las que uno debe pasar cuando seguramente con mucho esfuerzo trata de no traicionarse en su moral intelectual, diciéndose para con el mismo: “Las cosas no siempre son como son, y los hombres no siempre son como quieren ser. Los sueños poco a poco se desvanecen y las sombras del desencanto nos envuelven más y más”.

Me pregunto si un evento de magnitudes tales, debe de ser concebido para hacer homenajes a sombras destacadas de la sociedad. Seguramente alguien dirá que es propio de nosotros el recordar los aportes de este o aquel mediano o gran pensador. Pero estoy seguro también que muchos dirían que reducir los aportes intelectuales  a una sola figura es solo mostrar la frágil e inconsistente ambición académica que nacida de un claustro, en un claustro también homenajea. Es cierto también, que por falta de respeto podemos entender, el hacer a un lado a los demás pensadores que con sus propios matices adornan y han adornado las ideas que refuerzan lo que hoy llamamos sociedad.

Los que estudian, o dicho de mejor manera, los que intentamos estudiar en post de encontrar algo más de donde aprender, navegamos a la deriva cuando nos enteramos que son las cúpulas intelectuales las que han perdido el horizonte. Valorar los aportes de un pensador es necesario, reivindicarlo aún más, pero lo cierto es que mimetizar las ideas y reducirlas a unas cuantas capaces de lograr despertar el volcán de la sorpresa en el habido conversador, es subestimar y menospreciar la inteligencia de los pocos que saben que hay cosas, situaciones y acontecimientos en el mundo que por su bizarra situación, merecen ser acurrucadas en el seno de espacios donde la crítica y el entendimiento no sean solo retórica. De otra manera, solo somos un pequeño grupo de medias cortas que apenas podemos con nuestras dolencias académicas, mismas que se manifiestan en nuestras esqueléticas y conservadoras actitudes heredadas de la mala práctica intelectual, a sabiendas de que, la búsqueda de los corderos domados, es la receta oficial.

A pesar de todo fue agradable el ver a un buen conglomerado de estudiantes, profesionales e intelectuales afines a las ciencias sociales o humanas y en este caso a la sociología que tan venida a menos está en mi región, y esto por el simple hecho de haber perdido un tanto la brújula, por el simple hecho de creer que la sociología es otra más de las disciplinas con las que uno debe enriquecerse o en el peor de los casos lograr fama presente y póstuma.

Mientras no se entienda que la Sociología como disciplina en constante potencialidad de Ciencia Social es una de las mejores herramientas para lograr reflexión y crítica al interior de cualquier sociedad o grupo, pues seguiremos a la deriva, creyendo que ser el intelectual ortodoxo que profesa recetas ajenas a nuestras realidades sea una de las mejores expectativas  del conocedor de la Sociología, mientras que los que se dicen Sociólogos solo intenten coptar espacios de poder estatales o privados con el falso argumento de ayuda a la sociedad o a los sectores más desposeídos, cuando en los hechos se busca mejorar solo la propia “situación de vida”. Mientras que los que estudien sociología solo sean sucursaleros del pensamiento externo y foráneo y solo sean repetidores de teorías que se basan en realidades ajenas a la nuestra y de paso la defienda como si fuera la santa biblia en la inquisición, donde a los que no estaban de acuerdo había que quemarlos, pues así la empresa siempre se tornara casi imposible.

Es cierto que hay algunos visos de luz que nos dicen que no todo está perdido, que a pesar del asfalto en algún momento brotaran algunos que harán la diferencia. En fin, para mala suerte de algunos de nosotros, nuestros pensadores regionales de posición crítica y argumento solvente, pues ya están viejos y me temo que a pesar de haber producido intelectual y teóricamente y de haber sido educadores del pensamiento crítico en las aulas de educación superior y en distintos espacios de la sociedad, igual con cada día su luz se va apagando. A pesar de todo ello siento una gran nostalgia al darme cuenta que aquellos no han dejado una potente escuela crítica de pensamiento sociológico con los que fueron en algún momento sus estudiantes. Esta situación es obvia, porque todas las instituciones viven en constante claustro, lo que quiere decir que un pensamiento crítico siempre será rechazado por la vorágine banal y simple de estos tiempos. Por otra parte, a estos pensadores regionales les pasó lo que a todos, o fueron devorados por el consumismo de la fama y las glorias o simplemente se empecinaron en creer que eran los mejores, sin darse cuenta que transmitir la receta de la herramienta perfecta es la mejor manera de dejar alguna huella en este planeta. Además, para colmo de males construyeron sus propios círculos intelectuales en los que entre ellos mismos se endiosaron, olvidando que todos al final somos simples seres humanos y por ende seres que cargamos nuestro propio reloj de arena… y las últimas piedrecillas por el embudo cristalino van descendiendo.