Un grito desde abajo

Las dinámicas latinoamericanas se encuentran en un proceso muy serio de restructuración por parte de algunos sectores políticos, en su mayoría grupos oficialistas que han tomado fuerza en este último periodo. Iniciemos con los intentos fallidos de derrocar el gobierno venezolano y en particular la figura del presidente Nicolás Maduro, reconociendo sus errores estratégicos y las inconsistencias políticas que ponen en riesgos la dignidad humana y un proyecto en defensa de lo público.

Seguimos con la fuerza de Macri y todo los sectores oficialista de la república de Argentina, acá se aplica fuertes políticas de austeridad y su proceso de restructuración económica sobre los proyectos sociales, un gobierno que aumenta sus impuestos, disminuye su inversión en los programas y encamina conversaciones con los famosos “buitres” del Wall Street, los cuales serán pieza clave para la modificación y acciones en los planes de ajustes estructurales del país.

Tenemos la problemática seria del referendo perdido por parte de los sectores de izquierda en Bolivia, los rumores que llegan sobre que el proyecto plurinacional será contraído por las fuerzas oficiales y que el avance teórico, social y práctico del vivir bien, buen vivir y vivir dignamente será sólo un punto de inflexión en la historia latinoamericana – los optimistas consideran que la suerte no está echada y lo que sigue se basa en fortalecer para concretar un proyecto de emancipación en el sur.

La otra parte del fenómeno reside en Brasil – toda una ola mediática de rumores, hallazgos y corrupción sobre la administración de Lula Da Silva, pone en discusión la corriente de izquierda- democrática y las acciones por seguir fortaleciendo programas públicos para los sectores más oprimidos y pobres del país, mientras unos callan, el pueblo se manifiesta y exigen un dialogo sincero y concreto sobre la situación política e institución de Brasil.

Pero en Colombia la situación no se queda atrás, la lógica del gobierno de Juan Manuel Santos se encasillan en concretar un proceso de paz, sin tener condiciones materiales e inmateriales para los sectores populares, campesinos, negros e indígenas- sin menospreciar la clase media que se encuentra en un vacío profundo fruto de la incertidumbre global.

Es justo dejar los fusiles y mirarnos las caras para construir alternativas a nuestra mísera cultura de la violencia, bien lo decía el poeta Gonzalo Arango en una semblanza sobre desquite en la época de la violencia y ahora todavía se siente pero de forma más profunda: “Con razón… Se había hecho guerrillero siendo casi un niño. No para matar sino para que no lo mataran, para defender su derecho a vivir, que, en su tiempo, era la única causa que quedaba por defender en Colombia: la vida”. Véase: http://www.gonzaloarango.com/ideas/desquite.html

La razones son múltiples unos considera que es un fenómeno propio de las democracias, donde unos pierden y otros ganas al final el voto de la ciudadanía es la que pone sus grupos políticos para gobernar desde esa latitud, otros menciona que pensar el SUR es ya un punto localizado por las fuerzas del imperialismo y que los esfuerzos están siendo contraídos por los poderes transnacionales constituyendo todo un plan de choque político en la región. Véase: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/12/opinion/018a1mun

Ya bien lo mencionaba el maestro Wallerstein en un artículo llamado “La caída de la demanda: ¿secuela reptando la realidad?– cuando mencionaba que la ideología neoliberal ha dominado el discurso del mundo en los primeros 15 años del siglo XXI y que ahora la única política viable que auspician los gobiernos y los grupos políticos consiste en dar prioridad al centro del mercado pasando por encima de la esfera pública y la soberanía de los territorios.

Es así que necesitamos un grito desde abajo por constituir un proceso de resistencia cada vez sometido a la defensa de lo púbico, una cultura basada en la construcción de la paz distanciándose de las políticas de grupos que con el tiempo abandonaron su tradición por lograr la búsqueda de un Estado de Bienestar y conseguir poder político desde su condición. Las contradicciones aumentan y la pobreza, la miseria y la fetichización del poder y el capital está cada vez más propensa a instaurarse en un paraíso vuelto inferno antes de tiempo como lo mencionaba el Maestro Estanislao Zuleta.