Tras las huellas del Marqués de Sade en Cincuenta sombras…

Apenas comienzan a aminorar los efectos del éxito internacional del best seller escrito por la británica Erika Leonard James, cuando aún pululan los estudios sobre la fenomenología de su éxito y surgen posiciones del todo contrapuestas sobre el mismo. Este blog no trata sobre literatura ni sobre propuestas de lectura actuales y, sin embargo, el análisis del fenómeno de Cincuenta sombras de Grey tiene aquí un espacio absolutamente merecido por su polémico contenido en torno a las relaciones de género. Porque nada novedosa resulta esta trilogía, a pesar de su enorme éxito, y En clave de género queremos mostraros un humilde punto de vista sobre dicha cuestión.

Leamos atentamente la siguiente frase: «bastará con que te quedes aquí, prestes mucha atención a mis consejos, presentes un gran fondo de complacencia y de sumisión…». Vemos que dichas palabras podrían atribuirse sin ninguna complicación a la novela de E.L. James y a su exitoso personaje protagonista, Christian Grey. Sin embargo, la frase citada, perteneciente también a una novela, se escribió en el año 1787. Tales palabras podrían resultar, sin embargo, anecdóticas, de no ser porque podríamos encontrar muchos ejemplos similares, además de este, que nos indicarían de nuevo el escaso contenido innovador de la obra de E.L. James. La frase citada sería escrita en el siglo XVIII por Donatien Alphonse François de Sade, o más conocido como Marqués de Sade, del cual proviene el término sadismo, plasmado en la conducta sexual que llegan a desarrollar los personajes de James.

Nada malo tendría, bajo mi punto de vista, que dicha autora hubiese querido inspirarse en el popular y controvertido escritor francés del Siglo de las Luces, de no ser porque su novela ha sido presentada y analizada mayoritariamente, como una revelación sociológica a nivel sexual y de interrelación de los sexos. Una novelística interrelación de los sexos que, ya en tiempos de Sade, sería criticada por falta de igualdad manifestada en el menosprecio ejercido hacia las mujeres por parte de los varones recreados, así como por la falta de dignidad y/o poder de decisión de los personajes femeninos propuestos. Sade, que pasaría la mayor parte de su vida encerrado en prisiones y manicomios, como consecuencia de lo que se consideraban escándalos personales y literarios, se sorprendería quizá hoy con los efectos del tsunami Cincuenta sombras, ya que a diferencia de novelas sadeanas como Justine, ésta se ha convertido popularmente en una especie de biblia femenina que aporta, incluso según estudios supuestamente estadísticos, una exitosa vida sexual carente por lo visto en las mujeres.

Cincuenta sombras nos recrea el clásico y patriarcalista escenario, muy popular en épocas como el siglo XIX y XX con las doctrinas psicoanalíticas en torno a las mujeres, de las necesidades biológicas de los hombres a nivel sexual, del poder de los hombres sobre las mujeres a nivel social, o de la mayor potencia y empuje cotidiano de estos.

«¿Y qué beneficio puede significar para nosotros la virtud de las mujeres? Son sus desórdenes los que nos sirven y nos divierten, pero su castidad es lo que menos nos interesa. En una palabra, cuando las personas de nuestra clase dan, sólo es para recibir»

Esta nueva cita perteneciente también, como la anterior, a Justine o los infortunios de la virtud del Marqués de Sade, nos plantea otra de las ideas fundamentales aportadas por James en su novela, relativa a la importancia de las elites y del poder a la hora de ejercer uno de los tradicionales binomios de la desigualdad del género: «poder-sumisión».

Simone de Beauvoir  escribió ampliamente sobre la figura del Marqués y sus ideas sobre el placer sin demonizarlo, ya que a pesar de que cuestionó el hecho de que los planteamientos en las obras del Marqués se ejercieran sobre víctimas de una violencia tiránica ejercida por ególatras narcisistas, consideró que la obra y vida del Marqués constituía un ejemplo de valentía y demostración de cómo los seres humanos anteponen los intereses personales a los colectivos, a pesar de las consecuencias. Esta demostración de Sade de la importancia del goce y del bien individual, plasmada también por James en el personaje de Grey, se constituía para Simone de Beauvoir  como la causa primordial de los mayores dramas humanos. Un drama humano, el de la desigualdad del género, que permanece muy latente en nuestro siglo (y casi tres después de Sade) en forma de violencia real o literaria. «El verdugo disfrazado de amante se regodea viendo a la crédula enamorada, desmayada de voluptuosidad y de reconocimiento, confundir la maldad con la ternura…», dijo Beauvoir al hilo del análisis de la obra de Sade. Y es que lejos de lo que pueda parecer, el lenguaje que utilizamos o las referencias simbólicas o literarias de las cuales disponemos, nunca son inocentes y pueden acarrear importantes consecuencias sociales, como por ejemplo, la perpetuación de ideas, pensamientos o clichés en torno a las mujeres, que nos impiden avanzar en plena igualdad. Equidad de la que parece que aún distamos, al menos, a cincuenta sombras…