Software libre y su necesaria y urgente visibilidad para la Educación (Pública)

@carescano

Gratis. Este es el concepto que viene a la cabeza de muchas personas si son cuestionadas sobre lo que entienden por software libre. Aunque hay bastantes que ni siquiera conocen esa posibilidad de gratuidad, también hay un buen puñado que sí tienen en cuenta su verdadero sentido. Si en la esfera social, en su amplia generalidad, sería fundamental que se comprendiera y se pusieran en marcha prácticas pedagógicas e institucionales de explicación de la filosofía del software libre, en la educación supone además una tarea urgente.

Hace años, Richard Stallman y su familia informática promulgaron los principios y libertades del software libre. Principios de libertad del usuario. También hace años que el famoso eslogan (precisamente atribuido a Stallman) “Think free as in free speech, not free beer” recorre foros y blogs en la Red.  Existen bastantes flujos de información sobre las posibilidades y sentido real del software libre, pero parece que es insuficiente la visibilización de la auténtica cara del concepto. Es conocido que gran parte del problema de la confusión entre la identificación del software libre y software gratuito, como si fuera su clave definitoria, deviene de la doble acepción del término inglés “free”: libre y gratis. Por ello, parece requerir una explicación más clara y directa en el ámbito anglosajón.

El software libre se califica porque nos aporta mayor libertad a los usuarios. Libertad de uso, libertad de estudio (el código del programa debe ser abierto, accesible, transparente), libertad para compartirlo y libertad para modificarlo, mejorarlo y disponerlo así a la comunidad. Esa es su clave y por esos principios, que se tornan en razones de peso, habría que apostar por su promoción sin lugar a dudas dentro de los entornos públicos. Los lenguajes informáticos son cadenas de códigos de conocimiento demasiado importantes como para mantenerlos inaccesibles como procura el software privativo (el software no libre). La libertad es el argumento con más peso en una democracia. En la actualidad la oferta de software libre es muy amplia y en continuo crecimiento, cada vez son más los ámbitos liberados y que pueden competir profesionalmente con software privativo (aunque también hay que reconocer que no todos).

Se decía más arriba que desde la esfera ciudadana y social es importante tener en consideración el uso libre del software en la medida de nuestras posibilidades, pero en la educación urge su promoción, porque precisamente ésta participa de una manera especial e intrínseca de sus más profundos principios de uso, y sobre todo si estamos hablando de una educación pública y de calidad. Si tenemos en cuenta que la educación debe ser un contexto para la formación integral de la persona, abogando por la libertad, autonomía y una ciudadanía crítica, no nos cabe otra posibilidad desde la Educación que implementar prácticas que abracen el software libre como mecanismos de formación congruentes con esas pretensiones. Urge una pedagogía en este sentido. Urge la necesidad de convencimiento de la institución pública educativa para apostar por el software libre. Urge hacer visible que el software libre no se califica en esencia por su gratuidad (algo que por otro lado no es baladí), sino por su libertad. En la casa de cada uno, que cada cual decida, pero no se entiende que la educación formal pública esté mediada por la oferta mercantilizada de un software privativo que negociará con nuestros datos personales, que impide la transparencia de su lenguaje, que subyuga económicamente el concepto de educación, y finalmente, tampoco hay que obviarlo, el uso del software privativo implica un coste excesivo para una comunidad educativa. Para muestra, un botón: la Universidad de Sevilla ha gastado en el presente año académico 240.000 euros en su nueva plataforma de enseñanza virtual, un coste que para los tiempos de crisis que recorren los costales españoles parece -parece no, es- un absoluto dispendio que podría ser solucionado con la sustitución de tal herramienta por otra que sea de software libre. Las hay mejores que la privativa y actual WebCT/Blackboard, y así las utilizan otras universidades (Moodle, un EAV, es un buen ejemplo).

El problema es seguir empeñándonos en un despilfarro de dinero que no tenemos, y lo que es más grave… despilfarro de libertad.

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Fuente Universidad de Sevilla: Anuncio de Licitación: Enseñanza virtual de la Universidad de Sevilla: http://goo.gl/7VJXAT