Sistema educativo = Exclusión, también con la migración

Por el título de la entrada podría parecer que va a ser desarrollado sobre las personas que se encuentran como inmigrantes dentro de un sistema educativo nacional. Será así indirectamente, pero la raíz de la entrada no serán ellos, sino que será el contenido ofrecido sobre migraciones dentro de la escuela y que tiene como consecuencia la exclusión de los migrantes.

Voy a comenzar desde una breve explicación general del por qué considero que el sistema educativo es exclusión para después hacer un recorrido hasta la especificidad del tema en la migración.

Entiendo el sistema educativo como exclusión ya que éste ejerce las funciones de defender los intereses de la hegemonía europea, masculina, urbana, blanca y burguesa. Todo lo que no pertenezca a ese grupo se presenta en él como algo inferior, marginal o sin valor. El sistema educativo es una las organizaciones fundamentales que surtirá de valores y conocimientos a los estudiantes que conformarán la sociedad. Es por ello que la hegemonía, con la connivencia del estado, implanta sus características en los procesos educativos, seleccionando contenidos, perspectivas, metodologías, dando peso a los conocimientos de su interés y ocultando/infravalorando los que no lo son. La población campesina solo existió durante el éxodo rural, Marie Curie es la única mujer científica, América no existía antes de descubrirla los europeos y la clase trabajadora es una fantasía de Marx. Esa es la realidad de la hegemonía a través de nuestro sistema educativo.

Ahora vamos a adentrarnos en la migración y su relación con el sistema educativo excluyente.

La migración es un fenómeno inherente a la realidad de cada país. Todo país emite emigrante y recibe inmigrantes. La movilidad humana siempre estuvo presente en el desarrollo histórico de la humanidad, en algunas ocasiones ocasionada por decisión propia de la persona, en otras obligada por la situaciones de violencia (política, social, religiosa o supervivencia) en la que se vive en su país.

España fue y es país migrante. Nuestra compañera Ana Martínez nos lo recuerda en cada una de las brisas de su blog “De Mar a Mar” principalmente a través de la emigración que literatos españoles emprendieron a Latinoamérica. En el tiempo más reciente existieron principalmente dos booms de la emigración española. El primero durante el golpe de estado franquista que provocó el exilio republicano de cientos de miles de personas al extranjero, y el segundo durante esta última década motivado por el endurecimiento de la crisis y las políticas de austeridad española que han obligado a salir del país a otros cientos de miles para buscar una vida digna.

Por otro lado, la inmigración recibida en España ha sido aún mayor. Hoy día se contabilizan 4.538.503¹ inmigrantes en España, lo que supone un 9,77 de la población española, y ello sin contar a la numerosa población de inmigrantes indocumentados que no son registrados en el censo, y por tanto quedan sin los derechos básicos de cualquier persona. La mayoría de ellos provienen de Rumania y Marruecos, cerca de 1.500.000 entre ambas. Después es la región latinoamericana la que más migrantes aporta, aunque ahora se encuentra en recesión (especialmente los ecuatorianos) debido a la vuelta masiva a sus naciones por la crisis española y la recuperación de sus países. Por último, durante las últimas décadas está creciendo a gran velocidad la migración de los países subsaharianos que buscan una salida al silenciado drama que viven en sus países por las dictaduras, empobrecimiento de sus países (enriqueciendo a las empresas del norte), las enfermedades y la hambruna.

La crisis financiera de Ecuador; la explotación histórica de África que provoca guerras, dictaduras y hambre; la dictadura marroquí o la pobreza extrema en Rumanía son algunos de los hechos por los que llegan estas personas a la decisión, nada fácil, de dejar atrás su nación y en muchas ocasiones su familia para buscar una vida mejor.

Aunque intenten presentarnos la migración como una simple estadística (y cuando se trata de inmigración se le suma problema), la realidad es que es un proceso complejo. Antes que migrantes son personas, con una historia, un conjunto de vivencias y motivos que le empujaron a tener que realizar este camino. Por ello es necesario comprender los diferentes elementos de la migración para ser capaces de entender este fenómeno como un todo al relacionar las situaciones concretas con su efecto, la migración en sí.

Aquí es donde entra el sistema educativo. En él la migración es apenas estudiada como estadística de la cantidad de migrantes y la procedencia o destino de ello. Esto provoca que nuestros escolares perciban la realidad migratoria como un número, sin tener en cuenta las características humanas y sociales comentadas anteriormente que envuelven este fenómeno. Los currículos nacionales deberían incluir la migración como parte fundamental de las sociedades. Establecer contenidos adecuados para ello como las diferentes causas que la provocan, los procesos que envuelve, las consecuencias tanto personales como colectivas, etc. Mostrar que el mundo es un sistema complejo donde la migración es una parte de él interrelacionado al mismo tiempo con guerras, la explotación del sistema neoliberal o la ausencia de medicinas para enfermedades curables. Es decir, mostrar que la migración tiene más de humano que de ciencia estadística.

Mientras el sistema educativo no de valor a la migración, la imagen del migrante (principalmente inmigrantes provenientes de fuera de Europa) continuará siendo fundamentalmente formada por los medios de comunicación que se encargan de incidir reiteradamente sobre cuatro aspectos:

• El carácter de avalancha: se instala la idea de que nuestro país está sometido a una verdadera “invasión”, facilitada por la situación geográfica que la convierte en frontera Norte-Sur. Como la constante imágenes de pateras abarrotadas llegando a nuestras costas.

• Peligro para la sociedad de acogida: las condiciones de vida de los países exportadores de inmigrantes hace que surja en la sociedad de acogida el temor a que se extiendan diferentes enfermedades, y también que se instalen pautas culturales consideradas inapropiadas. Como sería el reciente incidente con el ébola.

• Carácter delictivo: la irregularidad es una de las características distintivas del actual flujo migratorio, que a su vez propicia el establecimiento de redes de delincuencia y criminalidad. Prácticamente a diario vemos como la sección de sucesos es ocupada por llegada de cocaína de Colombia, asaltantes del este de Europa o por cédulas terroristas islámicas.

• Precariedad y marginalidad: se produce, también, como consecuencia del carácter irregular de la inmigración, creándose importantes bolsas de pobreza y marginalidad entre estos colectivos.

FUNDACIÓN CIPIE, 2003. (Las cursivas son mías).

Ello provoca que la percepción hacia el inmigrante sea negativa, creando xenofobia y racismo en gran parte de la sociedad. Y el sistema educativo no hace nada efectivo para acabar con ello, o al menos confrontar la lluvia de información negativa acerca de los inmigrantes, vuelvo a incidir, sobretodo de fuera de Europa. Digo que no hace nada efectivo, porque desde hace una década se vienen incluyendo los términos intercultural, multicultural, integrador, etc. en los currículums nacionales y en los discursos que se pretenden educativos, pero que tienen poca incidencia, debido a la superficialidad de sus palabras, en la formación intercultural de la población estudiantil, que a posteriori forma la sociedad.

Y esto lo vamos a explicar a través de la teoría de que el sistema capitalista neoliberal absorbe cualquier voz disidente para introducirla en su propio sistema y así silenciarla desde dentro. Castro lo explica perfectamente cuando dice:

Cuando la periferia construye discursos con carácter subversivo que cuestionan la ideología del poder, suelen ser dos los mecanismos que el centro utiliza para combatirlos: o bien se excluyen totalmente del sistema, se invisibilizan de tal modo que quedan desplazados permanentemente en la marginalidad, o bien (si el poder reactivo de estos discursos comienza ya a abrir brechas en el sistema central, introduciéndose por la fuerza y quebrando sus estructuras) se opta por la asimilación de la marginalidad, por su absorción; el sistema central permite la inclusión de la periferia en el centro bajo la condición de que se adapte a las normas del repertorio dominante y adopte su lógica y lenguaje. (Castro, 2004).

En nuestro caso la periferia serían las organizaciones pro derechos humanos, organizaciones de inmigrantes y movimientos sociales que ante la exclusión socioeducativa que sufrían los inmigrantes exigían la implantación de una educación intercultural de respeto y convivencia entre las diferentes culturas existentes en España. El sistema absorbió esa demanda y comenzó a incluir los términos de respeto a la diversidad de culturas y a instaurar programas de “interculturalidad” que en realidad son programas multiculturales. Esto es debido a que la interculturalidad es un fenómeno en el que las diversas culturas son tratadas de igual a igual, mientras que la multiculturalidad asume una relación hegemónica de poder de una cultura sobre las demás, que es lo que aconteció, y acontece, dentro de las escuelas. La cultura occidental y europea por encima de todas.

Cuando se comenzó en las instituciones gubernamentales a hablar de convivencia intercultural y a incluir los términos relacionados con ella en la legislación educativa, la principal acción que se tomó fue la de incluirla en el currículum para que fuese obligación que apareciese en los libros de texto. Sin embargo, como decía en mi anterior entrada al hablar sobre los libros de texto como propiedad privada, “nos encontramos con una educación en nuestras escuelas que ofrece el conocimiento que a algunos les interesa”. Ese interés no es otro que el de la hegemonía que controla la producción de los libros escolares y los medios de comunicación a un mismo tiempo. Estos libros han sido objeto de diversos análisis por parte de investigadores y como acertadamente dice Van Dijk (2006):

los análisis de los libros de texto muestran que la enseñanza de la sociedad multicultural es, en los mejores casos, fragmentaria, con una mínima información y estereotipos y prejuicios que continúan siendo frecuentes sobre las minorías étnicas o los países y continentes de donde vienen. En general, continúa siendo dominante un sesgo eurocéntrico, en el que nosotros los europeos (holandeses, ingleses, franceses, etc.) somos superiores en todos los campos de importancia, y los otros son generalmente inferiores. (Van Dijk, 2006).

Los europeos somos superiores, los otros son generalmente inferiores. Es el discurso oficial del Ministerio de Educación a través de los libros didácticos que ofrece para nuestros estudiantes.  Esto, junto a la ausencia de contenidos y metodologías interculturales basadas en las relaciones de igualdad entre culturas, y cruzado con las cuatro aspectos sobre los inmigrantes con que los medios de comunicación nos bombardean constantemente lleva consecuentemente a una imagen de ellos que alimenta la xenofobia y el racismo, raíces de la exclusión.

Bibliografía

Castro, O. (2004) Cuando el centro del sistema absorbe la periferia: la evolución del rap a través de la semiótica de la cultura. Entretextos 4.

FUNDACIÓN CIPIE (2003) Informe sobre emigración y racismo. Análisis de radio, televisión y prensa española, Madrid: IMSERSO. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.

Van Dijk, T. (2006) Discurso de las élites y racismo institucional. En M. Lario (coord.), Medios de comunicación e inmigración (pp. 15-36). Murcia: Convivir sin racismo.

¹ Instituto Nacional de Estadística de España. Censo de población 2014. http://www.ine.es/inebaseDYN/cp30321/cp_inicio.htm