Segunda huella: Aprovechar de la actualidad en crisis

¿Cuántas veces se oye la palabra crisis? Crisis económica, histórica, política, crisis de los valores, del sistema capitalista, crisis de la moral, crisis intelectual y de los intelectuales, crisis cardíaca, crisis del medio oriente etc…

¿Podemos efectivamente sustentar que estamos viviendo un periodo de crisis en múltiples sentidos, que la contemporaneidad está en crisis? ¿Pero qué es realmente una crisis?

Para  comprender el complejo fenómeno mundial que está pasando hay que entender la etimología de la palabra crisis, que no es necesariamente una mala noticia. En la actualidad crisis tiene una acepción más negativa, traducida como: situación difícil y grave que sobreviene, dificultad económica, pero originariamente la crisis era simplemente el anuncio de cambios. Viene de griego krisis (“κρίσις”) que significa  “separación”, “discernimiento”, “decisión”, “juicio”, “resolución” y el vocablo se derivó del verbo krino (“κρίνω), que significa “separar”,“decidir”, “juzgar”, “resolver”.

¿Pero cuándo exactamente separamos, decimos y juzgamos?

Normalmente cuando nos encontramos en frente de una desviación, de una alternativa. De un lado la calle habitual, prosigue directa y podemos casi prever sus curvas, subidas e inclinaciones. De otro lado una nueva trayectoria, llena de imprevistos y novedades que no sabemos hasta donde irá a conducir nuestros pasos.

Además del catastrofismo general, una crisis puede ser vista como un gran recurso, como la posibilidad de imprimir una nueva dirección a nuestra vida, como alternativa a la normalidad que nos agarra con su inexorable monotonía. La vida puede asumir nuevas tonalidades si tenemos el coraje de enfrentar el cambio que el nuevo camino presenta, entonce si tenemos la capacidad de “separar” y “decidir” dentro de las diferentes posibilidades.

Al menos etimologicamente crisis es todo lo contrario a aceptar un destino inevitable. El tiempo de la crisis es el de la decisión porque el hombre no puede encajar su vida en nada, al contrario hincarla en un claro destino con energía, confianza y entusiasmo sincero. Pues el hombre contemporáneo vive de otra forma la crisis, en la modalidad de la pérdida de la seguridad o de la confianza que lo lleva a una decepción constante y a la continua  búsqueda de los culpables de la nueva situación, lo que provoca indignación. En vez de indignación yo propongo de repensar la nueva situación que vivemos intentando invertirla.

El problema es que frecuentemente nuestras opiniones consisten en repetir lo que oimos decir a otros y la oportunidad ofrecida por la crisis de decidir, juzgar y criticar acaba siendo una imposición de opiniones ajenas. De hecho para tomar una decisión necesitamos de un criterio que favorezca la creación del juicio, pero no es cosa simple.

La gran crisis que aparece en mi mente siendo una amante de los discursos filosóficos es:

“La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental”(1935) del gran filosofo alemán Edmund Husserl, una lectura muy difícil mas impresionante por la calidad de los resultados alcanzados, una obra magna que recomiendo a todos, cuya intención originaria apunta a señalar las razones de la crisis vital europea, y que ha sido pensada al mismo tiempo como una introducción a la fenomenología trascendental.

En palabras simples la gran revolución científica europea del XVII  siglo, que continúa hoy con los resultados mas catastróficos de la supertecnologia o tecnologizar a cualquier precio, desencaminó la modernidad en una marcha irrefrenable.

Según Husserl, analizando la situación actual de las ciencias occidentales, es fácil notar como estas se encuentran en crisis. Fruto de un determinado desarrollo de la idea originalmente griega  de teoría y de ciencia, que tomó la propia autonomía respecto a motivaciones practicas, llevando a una serie de consecuencias peligrosas, también para nuestra supervivencia en el planeta.

Husserl parte de una evidencia incontestable:

la ciencia moderna ha alcanzado sus extraordinarios sucesos pero ha perdido su significado para la vida.

La crisis de las ciencias quiere alertar al mundo del creciente peligro del colapso de la perspectiva genuinamente filosófica que ha marcado el progreso de Occidente desde el tiempo de los griegos. Desde el uso del logos como capacidad humana por excelencia a una racionalidad dominadora que no nos dice nada del proprio dominio y su consecuencias.

El modelo de la objetividad científica reduce a sólo teoría el gran ideal del conocimiento, olvidando la parte más importante, la praxis, la existencia o siguiendo las palabra de Husserl el mundo de la vida (Lebenswelt).

La reivindicación fenomenológica del mundo de la vida ocupa una posición central de mi pensamiento, la reivindicación de una subjetividad olvidada e irreducible a una intención puramente epistemologica.

La salida de la crisis en la que la contemporaneidad se encuentra pasa por el re-descubrimiento de las experiencias del mundo de la vida, un suelo para todos, un campo universal, osea la realidad en la que vivimos y que no puede ser capturada solamente por la ciencia (física).

Se impone, pues, una labor de de-construcción de las certezas de la ciencia positivista y de recuperación de la posibilidad de la alternativa, sin tener horror al vacío.

Si de verdad estamos en la crisis, tenemos que aprovechar de ella, permanecer en esta sensación del pasaje en que nos sentimos perdidos, e intentar estabilizarnos en una dimensión de la vida más personal, mientras desgraciadamente los demás siguen viviendo en la sombra de un mundo objetivo y dominador que de la antigua racionalidad griega no tiene nada más.

¡El momento actual de crisis es apto para hacer un cambio real!