20 de octubre, la revolución triunfa en Guatemala

Hoy 20 de octubre desde Iberoamérica Social conmemoramos una de las fiestas nacionales más importantes de Guatemala, el Día de la Revolución de 1944, contando lo ocurrido el 20 de octubre de ese año, día en que la historia de ese país centroamericano cambió por completo al triunfar la revolución que conjuntamente realizaron el pueblo y una serie de jóvenes oficiales del ejército guatemalteco. Hay que tener en cuenta que la historia de Guatemala en el siglo veinte no puede entenderse sin tener en cuenta la presencia en el país de la United Fruit Company, compañía frutícola americana fundada en 1899 que plantaba principalmente bananas en varios países latinoamericanos.

Guatemala estaba gobernada en el año 1944 por el general Jorge Ubico Castañeda. Ubico había accedido al poder democráticamente en las elecciones presidenciales del año 1931 y había  vuelto a ganar las siguientes elecciones celebradas en el año 1937. Pero en el año 1942 cuando tenía que abandonar el gobierno, el general Ubico consiguió perpetuarse en el poder de manera dictatorial.

A inicios de Junio del año 1944 el gobierno decreta un incremento del salario de los empleados públicos que menos dinero ganaban, lo que dejaba fuera de esta subida salarial a los maestros, que iniciaron una protesta pacífica. A la misma vez, los estudiantes universitarios también salieron a la calle a realizar manifestaciones pacíficas para pedir al gobierno que cambiara a los decanos de la universidad, que eran elegidos directamente por el Presidente de la República.

En este contexto de protestas contra el gobierno, 311 individuos, la gran mayoría jóvenes universitarios, escribieron una carta al presidente Ubico Castañeda el 22 de junio de 1944, conocida desde ese momento como la Carta de los 311, pidiéndole el restablecimiento de las garantías constitucionales y que dictara las disposiciones pertinentes a fin de que tales garantías tuvieran plena efectividad. Cuatro días después y viendo que el presidente no iba a cumplir las dos peticiones de la carta, los 311 le enviaron al presidente otra carta pidiéndole esta vez que dimitiera.

El presidente dimitió a inicios de julio y colocó en el gobierno a tres militares de la plana mayor del Ejército, Eduardo Villagrán, Buenaventura Pineda y Federico Ponce Valdés. Varias son las teorías sobre los motivos de la renuncia del presidente Ubico. Algunos historiadores piensan que renunció para evitar que hubiera un baño de sangre. Otros sin embargo piensan que colocó en el poder a tres militares incompetentes para en cierta manera vengarse de la sociedad guatemalteca que lo había repudiado.

Pocos días después, los militares Villagrán y Pineda dimitieron dejando a Ponce Valdés como único presidente del país. Desde julio a septiembre de ese año, el presidente Ponce dictó diversas medidas políticas apoyado por el Partido Liberal Progresista con el objetivo de perpetuarse en el poder. En contraposición, una serie de militares de alta en el batallón de la Guardia de Honor empezaron a buscar soluciones durante esos meses para intentar evitar que se perpetuara una nueva dictadura en el país.

En la madrugada del 19 al 20 de octubre de 1944, una vez que se comprobó que todas las unidades que se iban a utilizar en el combate estaban preparadas, los altos mandos de la revolución dieron la orden de comenzar el plan establecido. Dos piezas de artillería fueron situadas en la zona cinco para cañonear el Castillo de Matamoros mientras que dos tanques cubrían el frente del cuartel para evitar fugas desde los altos del Cerrito del Carmen. Otras dos unidades bombardearon el Castillo de San José y se bloqueó el campo de aviación del Aeropuerto internacional La Aurora. Por último, se colocaron cuatro tanques frente al Palacio Nacional con la orden de atacar en caso de que existiera resistencia por parte de las tropas leales al Presidente Ponce.

Mientras ocurría todo esto, Jacobo Árbenz Guzmán, Jorge Toriello y el Teniente Enrique de León Ponce repartían armas a los civiles que querían sumarse a la causa, que empezaron a llegar a la lucha alrededor de las dos de la mañana y que al final fueron un contingente de alrededor de 800 personas que lucharon durante toda la madrugada contra las fuerzas de la policía leales al presidente Ponce, dejando cientos de cadáveres de ambos bandos desperdigados por toda la capital guatemalteca.

Al amanecer del día 20 de octubre el Castillo de Matamoros elevó bandera blanca en señal de rendición y poco después ocurría lo mismo en el Castillo de San José. Vista la situación, los altos mandos de la revolución pidieron desde la embajada americana en la capital la rendición del presidente Ponce y el cese de la resistencia de las fuerzas leales al presidente, cuestión esta que ocurrió tras cuatro horas de negociación.

Uno de los jóvenes que entraron en la Guardia de Honor ese día, el abogado Óscar de León Aragón cuenta lo siguiente sobre aquella noche: “El papel que la población civil jugó en los momentos más cruciales del levantamiento de la Guardia de Honor fue lo que dio el carácter de revolución. Cabe resaltar que, como a las 4:30 horas de aquel 20 de Octubre, el fuego (de las fuerzas leales del gobierno) se acercaba cada vez más a la Guardia de Honor, con la intención, sin duda, de flanquearnos y cercenarnos y que al preguntarle al capitán Árbenz como veía la situación, me contestó que…bien”.

“Nosotros, sin embargo, en su gesto leímos que estábamos pasando el momento más crítico de la lucha, y lo confirmamos cuando se nos ordenó que saliéramos a la calle a traer cuanta gente estuviera anuente a empuñar un arma. Además, un oficial nos dijo que de la entrada de más gente a la lucha dependía el éxito del movimiento. Los soldados de la Guardia de Honor estaban superados por las fuerzas leales al gobierno”.

En conclusión, caber afirmar que las conquistas logradas el 20 de octubre se hicieron realidad gracias a la colaboración entre el pueblo y los oficiales jóvenes del Ejército”

Una vez derrocado el gobierno del dictador Ponce, se formó una Junta Revolucionaria de Gobierno integrada por tres personas, el civil Jorge Toriello Garrido, y los militares Francisco Javier Arana y Jacobo Árbenz Guzmán. Con estos tres líderes se integraban las diversas fuerzas revolucionarias, ya que Arana representaba a la Guardia de Honor, mientras que Árbenz representaba a los militares democráticos de la Escuela Politécnica y Toriello representaba al pueblo guatemalteco, a los estudiantes y obreros que sin duda jugaron un papel decisivo en la noche del 20 de octubre de 1944.

El triunfo de la revolución del 20 de octubre de 1944 es mucho más que el derrocamiento de un gobierno dictatorial colocado de facto en el poder. Ese día comenzó un periodo de diez años en Guatemala caracterizado por una modernización del país y unas mejoras evidentes en la vida de la clase trabajadora. La historiografía ha denominado a este periodo “los Diez años de primavera” o “la Edad de oro de Guatemala”. Este periodo concluyó en 1954 con un golpe de Estado organizado por la C.I.A. contra el gobierno de Jacobo Árbenz Guzmán, ya que este dictó una serie de leyes que le quitaban parte de las tierras no cultivadas que tenía la United Fruit Company para dárselas a una serie de pequeños agricultores del país. Además, el gobierno estadounidense consideraba las políticas del gobierno guatemalteco un acercamiento claro al comunismo y a la Unión Soviética, rival de los Estados Unidos en ese momento por la supremacía mundial, y por tanto tener un gobierno comunista en Centroamérica resultaba peligroso a los ojos del presidente Eisenhower.

El escritor Miguel Ángel Asturias en su tercera y última novela sobre las llamadas repúblicas bananeras, titulada Los ojos de los enterrados”, del año 1978, dice lo siguiente: Derrocar a la fiera militar de turno dejando a la frutera intacta era engañarse, y atacar a la compañía con el dictatorzuelo encima era imposible. Había que acabar con los dos al mismo tiempo”.

En la próxima entrega terminaremos con el serial de emigración desde Oriente Medio a Sudamérica analizando la emigración palestina y sirio-libanesa en Paraguay.