Reflexiones sobre Ayllu y comunalidad para (re)pensar lo colectivo

El ayllu históricamente ha constituido y constituye en la actualidad la base organizativa del mundo andino, y en este caso reflexionaré desde mi experiencia con comunidades aymaras su significación. Es la organización social, jurídica, económica, cultural, territorial y política básica, correspondiendo un grupo de familias circunscritas a un territorio, unidas por lazos de parentesco, de reciprocidad y ayuda mutua, configurando un sujeto colectivo.

El sistema de autoridad se basa en el principio chacha-warmi (hombre-mujer), en tanto jilakatas y mama t`allas, ambos cargos rotativos que poseen como requisito haber pasado otros cargos menores, por lo que estamos ante un modelo de rotación cíclica del poder (Untoja 2001) y de servicio a la colectividad, lo que implica procesos crecientes de responsabilización (Choque 2000).

En algunos casos durante la Colonia se mantiene el ayllu y su control sobre la tierra, a cambio de que los comuneros debían realizar una serie de servicios a los encomenderos u otros agentes del Estado colonial, para luego ser transformados en reducciones, concentrándolos en pueblos como mecanismo de control social. El resultado de esta compleja historia es que el término ayllu o comunidad hace referencia a situaciones relativamente distintas, manteniendo al mismo tiempo elementos en común (Carter y Albó 1988).

Un ayllu está conformado por 20 a 30 familias de una o varias estancias, que se reúnen en un cabildo (kawiltu). Varios cabildos se agrupan un forman un ayllu; un conjunto de estos ayllus conforman parcialidades, la mitad de arriba y otros la mitad de abajo (arak saya y manka saya).

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La lógica de territorialización del ayllu es movible, cambiante, correspondiendo a zonas diversas y a su vez dispersas, por lo que muchas veces es difícil expresar con claridad donde comienza o finaliza un ayllu. En ciertas situaciones la comunidad es considerada como un ayllu, pero puedo decir en mi comunidad que también pertenezco al ayllu de mi línea paterna siendo usado como sinónimo de linaje, o como perteneciente al sector en que vivo o del apu (cerro tutelar) de referencia.

El ayllu puede definirse como una democracia directa limitada. Es democrática en cuanto la asamblea comunal es la máxima autoridad donde se aprueban las decisiones del ayllu y donde se eligen las máximas autoridades, jilakatas y mallkus, las cuales son rotativas. Es limitada ya que únicamente participan personas casadas (hombres fundamentalmente) y quienes poseen tierras (Adolina, Radcliffe y Laurie 2005). El poder comunitario expresado en el sistema de cargos aymara, es una forma de impedir la formación de una burocracia indígena y fuera del control comunitario. La representación no es optativa sino un deber comunitario, organizando las decisiones comunes (Zibechi 2007).

La gran mayoría de las definiciones de ayllu lo concibe como una unidad social que agrupa familias y que vive en un determinado territorio, sin embargo es importante señalar que no sólo abarca a familiares consanguíneos sino también hace referencia a otras formas de parentela, como lo es el compadrazgo, siendo además extensivo el término pariente a elementos de la naturaleza, como chacras, cultivos. Es así que a las papas de sus chacras un ayllu las puede considerar como sus hijas o a la papa nueva como nuera (Rengifo, 1996), del mismo modo como cerros, en tanto achachilas (cerros), wamanis (águilas) o apus (cerro tutelar), son considerados como abuelos. Todos constituyen miembros del ayllu, todos son familiares, siendo también parte de esta parentela los antiguos, llamados también gentiles. Todas estas entidades son parte de la red de cooperación y solidaridad, y del sistema de cargos, por lo que cuando una comunidad de personas está de turno en una festividad el apu y los achachilas también lo están, a través de su presencia en danzas y vestimentas de animales, plantas y flores, o siendo las mismas personas las que hacen danzar a una planta o animal.

El estatus de la economía del ayllu está dado por la relación entre los ayllus; en el proceso productivo operan como unidades de producción y como dispositivos de poder. Es la comunidad completa la que decide el tipo de producción, rigiendo las formas de organización del trabajo. La reciprocidad es la base del proceso productivo, conocido como ayni, trabajo mutuo entre familias al interior de un ayllu; como minka entre ayllus, preparando las tierras de cultivo, la siembra y la cosecha, como mit´a, para la reproducción de la marka (pueblo), y finalmente como qamaña, como manejo de los pisos ecológicos y diversificación de la producción bajo el principio de vivir bien (suma qamaña) (Untoja 2001).

El nombre de ayllu fue quedando sustituido por el de comunidad, vivenciando múltiples transformaciones, sin embargo su capacidad adaptativa a nuevas circunstancias ha sido su principal fortaleza. El ayllu es parte de la memoria colectiva aymara, se recrea en la urbe, en los barrios. En este proceso la propia idea de comunidad se instala en un pilar de las demandas, una forma histórica de vida presente aún en las ciudades como comunalidad, un modo de ser en el mundo.

La comunalidad ha sido utilizada como un concepto para nombrar y entender al colectivismo indígena, como componente estructural de los pueblos. Es la lógica con la que funciona la estructura social y la forma en que se define y articula la vida social (Maldonado 2002). A través de la comunalidad los indígenas expresan su voluntad de ser parte de la comunidad, refuerzan su sentido de pertenencia a una identidad cultural. Se puede llegar a ser monolingüe en español, no usar la vestimenta tradicional, dejar de practicar rituales, abandonar la comunidad territorial de origen, pero se mantiene la pertenencia comunitaria.

La comunalidad no es exclusiva de los pueblos indígenas, se encuentra presente también en numerosas comunidades rurales y urbanas no indígenas que se rigen por la reciprocidad y la participación en cargos, asambleas, trabajos colectivos, y en algunos casos bajo una territorialidad definida en términos comunales (Díaz 2004).

Lo que define lo comunalitario desde lo aymara es su forma de organización social desde sus prácticas culturales, como el trabajo colectivo, la reciprocidad, el sistema de cargos rotativos, la asamblea como espacio privilegiado para la toma de decisiones, los ritos andinos como expresión/refuerzo de la cosmovisión y el lazo entre comuneros, el ejercicio de autoridad desde la dualidad chacha-warmi, entre otros elementos.

En los contextos urbanos podemos observar diversas formas en que sigue operando lo comunal, como por ejemplo el compadrazgo, las ceremonias de bautizo y de matrimonio, los partidos de futbol, que establecen y refuerzan redes sociales que se extienden más allá de la comunidad territorial misma. Los aymaras en la ciudad han recreado todo un universo simbólico de extensión de la organización social andina.

Bibliografía

Adolina, R., Radcliffe, S. y Laurie, N. (2005) “Gobernabilidad e identidad: indigeneidades transnacionales en Bolivia”. En Pueblos indígenas, estado y democracia. Buenos Aires: CLACSO.

Carter, W. y Albó, X. (1988) “La comunidad aymara: un mini-estado en conflicto”, en Raíces de América, El mundo aymara. Madrid: Alianza Editorial.

Díaz, F. (2004) “Comunidad y comunalidad” en Culturas populares e indígenas. Cultura indígena. Oaxaca: DGCPI.

Choque, M.E. (2000). “La reconstrucción del ayllu y los derechos de los pueblos indígenas”, en García, F. Las sociedades interculturales: un desafío para el siglo XXI. Quito: Flacso.

Maldonado, B. (2002) Autonomía y comunalidad india. Enfoques y propuestas desde Oaxaca. Oaxaca: Centro INAH.

Rengifo, G. (1996) El ayllu, (manuscrito), Perú, Lima.

Untoja, F. (2001) Retorno al ayllu. Una mirada aymara a la globalización. La Paz: Fondo Editorial de los Diputados.

Zibechi, Raúl (2007) Dispersar el poder: los movimientos como poderes antiestatales. Santiago: Editorial Quimantú.