“Quise comprender el mundo y él ni siquiera hizo el intento conmigo. Me desechó”

Ayer 26 de septiembre de 2015 en México, se llevaron a cabo a lo largo y ancho del país una serie de movilizaciones en apoyo a la exigencia de una parte significativa de la población en presentar con vida a los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” ubicada en Ayotizinapa, Tixtla, estado de Guerrero, quienes un año atrás fueron víctimas de un atentado que lleva indudablemente un sello de represión y corrupción por parte de las instituciones mexicanas. No es en balde que las consignas ¡Crimen de Estado! y ¡Fue el Estado! demarquen tanto la participación de éste en el incidente, así como la pasividad que ha tenido para resolverlo.

Y es que en un mundo donde la pregunta se contesta de esta manera, lo único que genera es que crezcan las consecuencias y no se ataque el problema de raíz; la historia del “México democrático” ha mostrado una manera peculiar para “resolver” asuntos de esta índole (por ejemplo la guerra sucia contra la guerrilla en la década de los años 60 y específicamente la matanza estudiantil en Tlatelolco en 1968). Porque el problema no es lo que hicieron los estudiantes, sino en cómo lo resolvió el Estado mexicano. En este mundo es mejor quedarse callado, no protestar y seguir trabajando para tratar de sobrevivir… ésa es la única regla.

Desde hace un año se han venido presentando movilizaciones y acciones en las cuales han participado diferentes sectores de la población. Y aunque es válido tanto la forma en que se manifiestan, también es válido que haya descontento por los efectos que esto provoque a terceros. No obstante, el asunto a reflexionar es el grado al cual se ha llegado con el fin de priorizar intereses; estos actos sólo muestran que la deshumanización es posible. Ya no hay un sentido de respeto a la vida del otro.

Hoy para este mundo ya no somos imprescindibles.

Finalmente, para todo padre o madre que pierde a un hijo es un martirio el desconocer su paradero. Uno podría resignarse incluso a la pérdida de su hijo siempre y cuando se presentaran las pruebas correspondientes (aunque esto no inhibe que no hagan algo al respecto), sin embargo la “verdad histórica” que el Estado mexicano dio en un primer momento hoy está en ruinas. Esto es importante: el Estado mexicano ha perdido toda credibilidad ante la sociedad; es un secreto a voces… y sin embargo se procura más en aparentar lo contrario ante la comunidad internacional; le es más importante quedar bien con ellos que con nosotros.

Hoy se cumple un año de incertidumbre, de rabia, de tristeza y de indignación para México y el mundo. Ellos y nosotros lo sabemos, pero ahora no sólo se lo exigimos nosotros, sino también los de allá. El asunto medular es saber qué hacer después, seguir exigiendo está en la lista…