¿Qué es el crecimiento económico? Una crítica interdisciplinaria

Entre 1970 y 2008 la riqueza en el mundo ha crecido a un ritmo de 3,4%  promedio al año, o de manera equivalente podemos decir que la producción mundial aumentó en 2,7 veces.

Durante este mismo periodo de tiempo, dos países vecinos se destacan por su alto crecimiento económico, en primer lugar China  con una tasa de crecimiento medio anual (TCMA) de  6,9% -incrementando su riqueza trece veces-, y en segundo lugar la India con una TCMA de 5,2% -país que multiplicó su producción algo más de  seis veces-. La mayoría de los economistas, ante lo mencionado, estarán de acuerdo en que se trata de dos casos de crecimiento económicos. Tal como se observa en el Gráfico N°1.

Gráfico N°1: PBI anual de China e India, a precios constantes de 1990 (en miles de dólares). Periodo 1970-2008.

Fuente: Elaboración personal  sobre la base  de datos del proyecto Maddison (http://www.ggdc.net/maddison/maddison-project/data.htm).
Fuente: Elaboración personal  sobre la base  de datos del proyecto Maddison (http://www.ggdc.net/maddison/maddison-project/data.htm).

Otros economistas consideran que el PIB es un mal  instrumento de medición de la riqueza de una economía, fundamentalmente porque mide sólo la producción de bienes y servicios generados, independientemente de quién los consume. Sostienen que el PIB per cápita representa mejor el nivel de satisfacción de la población y de su calidad de vida.

Teniendo en cuenta la evolución del PBI per-cápita entre el año 1970 y 2008, en el caso de China el aumento fue de 7,6 veces durante este periodo, mientras que en la India el ingreso individual se incrementó tan sólo 2,4 veces. Por tanto, es probable que muchos de estos economistas, dejen de considerar el caso de la India como un ejemplo de crecimiento económico.

Siendo el PBI per-cápita un cociente, en el numerador se encuentra el PBI -una variable netamente económica- y en el denominador la población-una variable netamente demográfica-, por tanto, su resultado surge de una relación aritmética entre estas dos disciplinas sociales. La diferencia en el resultado la aporta el denominador, a partir de las contradictorias divergencias en el crecimiento poblacional de ambos países -tal como se presenta en el Gráfico N°2-. Pero este tema de investigación pertenece al monopolio de la demografía, tal como se encuentra dividido el campo de las ciencias sociales.

Gráfico N°2: Población anual de China e India (en miles). Periodo 1970-2008

Fuente: Elaboración personal  sobre la base  de datos del proyecto Maddison (http://www.ggdc.net/maddison/maddison-project/data.htm).
Fuente: Elaboración personal  sobre la base  de datos del proyecto Maddison (http://www.ggdc.net/maddison/maddison-project/data.htm).

 

También, se encuentran otros grupos de economistas, que consideran al crecimiento económico, como un objetivo en sí mismo, sino como un medio para incrementar la calidad de vida de la población.  Ellos suelen utilizar como estimador del bienestar de los individuos, al índice de desarrollo humano (IDH), que se componme básicamente de tres factores: salud, educación y riqueza. Teniendo en cuenta el ranking mundial de IDH realizado por Naciones Unidas, en año 1980 China se encontraba en el puesto N° 92 mientras que en el año 2013 se ubica en el puesto N° 91. En el caso de la India se encontraba en el puesto N° 100 en el ranking mundial en el año 1980, y alcanzado el año 2013 retrocede al puesto número N° 135. Por tanto, los economistas que consideran al desarrollo humano como una consecuencia del crecimiento económico, dejaran de considerar el caso de China e India, como países ejemplos de crecimiento económico.

Podríamos suponer que dentro de las ciencias sociales, resultaría relevante para los historiadores analizar la doctrina oficial sobre el crecimiento de la población de Mao – que corresponde a la ortodoxia marxista-

Iniciada la revolución comunista en China en 1949, la doctrina oficial sobre el crecimiento de la población, consideraba al incremento de población como positivo, dado que posibilitaría un aumento de la producción (Bacci,1990). Sin embargo, luego de fracasos en la producción agrícola, en los primeros años de la década del setenta el partido llevó adelante una campaña de control de natalidad –el máximo aconsejable era de dos hijos en las ciudades, y tres o cuatro en las zonas rurales–, y finalmente en 1979 se restringió a un hijo único en todo el país, medida que logró ser efectiva mediante “fuertes” sanciones y controles –sobre todo en el área rural–.

Pero luego de 36 años se produce un cambio en el esquema de planificación familiar, y lo que sigue a continuación puede resultar un tema muy interesante para un artículo  de investigación de un demógrafo.

En octubre de 2015, mediante un escueto comunicado, China ha puesto fin a su denostada política del “hijo único” e informó que permitirá a todas las parejas casadas tener dos, con el objetivo de revertir el rápido envejecimiento que padece su población.

China padece una fuerte carga de dependencia demográfica, y escasea de población joven. Mientras que la India, el segundo país más poblado del mundo, presenta una gran diferencia con su vecina China, ya que tiene el número de jóvenes más alto en el mundo –el 31,5% de la población total tiene entre 0 y 14 años–.

Según el especialista Sergio Carrasco, uno de los motivos de la alta cantidad de jóvenes proviene de los musulmanes, quienes no aceptan ningún tipo de control de natalidad, y apegados a sus costumbres, su principio es tener todos los hijos que Dios les da.
Carrasco señala que para 2035, la India se convertiría en la nación más populosa del mundo.

Probablemente, si un economista lee los dos párrafos anteriores, siguiendo la idea de equilibrio de las fuerzas del mercado que explicitan sus manuales de economía, pronostique que el resultado de esta problemática, será que  el exceso del factor trabajo en la India, se desplazara hacia China y por tanto, es esperable que se llegue a una solución de equilibrio en el mercado de trabajo de ambos países vecinos.

Muy lejos de la racionalidad económica neoclásica, el Gobierno Chino interviene para generar un aumento de la fecundidad en su población, mientras que en la India se espera en los años venideros un crecimiento exponencial de su población debido a que los musulmanes continúan con altas tasas de natalidad.

Si dejáramos las palabras finales en manos de un estudioso de la epistemología ciencia social, probablemente nos advertirá que esta situación se trata de un caso más de la falta de interdisciplinariedad y de la creciente independencia de las distintas disciplinas que conforman las ciencias sociales. Y concluirá, afirmando que es necesario poder flexibilizar los paradigmas sociales, y unificar las supuestas verdades relativas de cada uno de estos saberes.