Por una Nueva Universidad Americana: menos colonial, más auténtica, más americana

Por una nueva universidad americanaEl pasado lunes, 1 de junio, nuestro compañero Carlos Benítez y quien les escribe, fuimos invitados a participar en un evento llamado “Por una Nueva Universidad Americana: menos colonial, más auténtica, más americana”.

La invitación nació a partir de la nueva relación establecida entre Iberoamérica Social y Latitudes Latinas, por la cual empezamos a crear espacios de diálogo y debate que busquen el fin que buscamos, alcanzar la justicia social. En el evento también estaban entre otras personas, el profesor José Tasat coordinador del programa “Pensamiento americano” de la Universidad Nacional de Tres de Febrero de Argentina.

Fue un espacio de diálogo importante. Un espacio de lucha para encontrar los puntos en común que nos hacen ver que son más las cosas que nos unen que las que nos separan, pero donde la diferencia está muy presente justamente compartimos un amor por la diversidad en todos sus aspectos.

En mi turno de diálogo intenté hacer una relación entre nuestro trabajo en Iberoamérica Social y el desarrollo de mi tesis. Comencé haciendo una pequeña aclaración de que la Nueva Universidad Americana no tenía que ser menos colonial (como dice el título del evento) sino algo donde la colonialidad sea erradicada de raíz. La colonialidad, desde mi punto de vista, tiene una lógica básica que es la que la hace tan indeseable para la gran mayoría. Esta lógica es la de la imposición de las relaciones verticales que señalan que cosas son válidas y cuales no lo son. La racionalidad científica europea fue impuesta de esta manera en Latinoamérica, considerándose la única forma legítima de hacer ciencia. En cambio, todo lo que no se adapte a esa racionalidad es excluido de ser entendido como ciencia.

Es por ello que mi discurso se basó en la necesidad que tenemos de establecer relaciones horizontales en todos los procesos que emprendemos para acabar con esa lógica de imposición de una realidad sobre otra. Es decir, dejar de ver a las personas como destinatarios de nuestras acciones y convertirlas en protagonistas de ellas. Conocer, dialogar, discutir, reflexionar y decidir. Estos cinco verbos tienen que ser propiedad de cada una de las personas que se encuentran envueltos en los procesos. Estos verbos no pueden quedar solo en manos de una “élite” de la que hoy forman parte los intelectuales, y que terminan acogiendo la lógica vertical de la colonialidad e imponen sus pensamientos protegidos por la “cientificidad” de sus palabras. Tenemos que democratizar la universidad. Y para ello hace falta descolonizarla, porque mientras haya imposición de unos (los que menos) sobre otros (los que más), la democracia solo será una palabra con su significado totalmente distorsionado.

Democratizar la universidad es dejar entrar todas las realidades que existen en la sociedad. Y para ello, es necesario que se conozcan las estructuras, la forma en que se organiza y que se establezcan relaciones horizontales en todos los niveles. Es de esta forma como los estudiantes tendrán la posibilidad de conocer, dialogar, discutir, reflexionar y decidir. Los espacios horizontales tendrían que establecerse en todos los lugares de la universidad, desde la formulación de los parámetros curriculares nacionales hasta el desarrollo de cada una de las asignaturas incluidas en las diferentes facultades.

Desde el desarrollo de mi investigación como profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Bahía, he podido comprobar la efectividad de estos procesos horizontales. Compartir el protagonismo con mis estudiantes en todo el proceso educativo desde la elección del contenido hasta la evaluación fue decidido entre todos. Ni los estudiantes ni yo nos impusimos en las decisiones. Fuimos protagonistas del proceso de forma conjunta. Esto trajo elementos muy positivos. La participación de los estudiantes crecía en cada clase, traían elementos relacionados con la asignatura que integraban sus diferentes realidades en el proceso educativo, conocieron lo que es tener un conflicto de intereses individuales y resolverlo de forma colectiva, y los trabajos realizados, decididos libremente, trajeron conocimientos de la materia desde muy diferentes perspectivas. Diferentes perspectivas que a mí como profesor, se me escapaban, y esa es una lección muy importante que recibí y que todo profesor tendría que tener presente. El conocimiento no tiene límites y, por tanto, nadie puede poseerlo completamente. Aceptar eso es entender que tenemos mucho que aprender de nuestros estudiantes, y que mientras más igualitaria sea nuestra relación, mayor y más completo será el conocimiento de la realidad donde trabajamos. No debemos avergonzarnos en reconocer que nuestros estudiantes poseen conocimientos que no controlamos y que no por ello son menos importantes. Admitirlo es dar un paso para demostrar a nuestros estudiantes que su realidad es tan válida como cualquier otra.

Por otro lado, durante el evento se dieron diálogos muy interesantes que no me gustaría dejar fuera. Sobre todo uno que se repitió en varios de los conferenciantes y que creo que todos compartimos en nuestro ideario para una nueva Universidad Americana. Alguien los llamó musgos, otros ratas, y todos se referían a la necesidad de ir ampliando estas redes, o telas de araña como le llamó Eduardo Oliveira, que vayan dañando las estructuras de este sistema colonial hegemónico que nos impone una realidad sin importarle las realidades con las que arrasa. Crear esos multiplicadores que nos vayan fortaleciendo en nuestras relaciones de confrontación contra este sistema, y que la articulación y la organización de todos los que consideramos que un mundo mejor es posible vaya aumentando para estar preparados para el asalto a este sistema y comenzar el cambio para “Una nueva Universidad Americana, más auténtica, más americana”.

Para finalizar me gustaría volver a agradecer a todos los que hicieron posible este encuentro. Gracias a este tipo de eventos, las telas de arañas siguen expandiéndose, el musgo sigue creciendo y cada día estamos más cerca de acabar con las relaciones verticales. Personal y profesionalmente, gracias.