El poder dual en el siglo XXI. La construcción de las vanguardias y el olvido de la revolución

I

Desde siempre fue un tanto difícil hablar de Bolivia en términos sencillos. Este pedazo del mundo casi en su totalidad había sido bendecido con una gran cantidad de recursos naturales y estos al mismo tiempo que significaban un sinónimo de orgullo, también significaron casi al unísono la desdicha que se manifestó en una larga sucesión de momentos tristes en la historia. Saqueos, invasiones, hurtos y ultrajes fue la receta que a la postre demostraría que a lo largo del tiempo siempre existen momentos oscuros y en menor medida denotan sociedades que parten de la idea de coexistencia en armonía con las demás. Aun sabiendo que estas ni en muchos siglos más lo comprenderán.

La lógica rapaz del invasor casi siempre fue de la mano con la ignorancia del que solo se presta de la fuerza para lograr su cometido o simplemente para hacer que se acepte su verdad. Incluso al punto de llegar a niveles tales de agresión, que solo muestran la postura decadente del que se sabe superior en fuerza, pero que en mayor suma desconoce totalmente las raíces de la historia. Aquellas raíces que con seguridad en los momentos determinantes demuestran que el punto de quiebre la hacen las mujeres y los hombres de una u  otra sociedad y no los gobiernos con sus aparatos y tramados disfrazados de aspiraciones maquilladas de legalidad.

Así como hombres y mujeres hacen a la vida social al interior de esta comunidad a la que llamamos Bolivia, así mismo existen personajes que por su relevancia han marcado y marcan un antes y un después en los párrafos de la historia nuestra. Este destacar de ciertos hombres ha tenido momentos determinantes en los quehaceres de los que habitamos este país. Por su fuerza, por su pensamiento y por la manera de plantear sus posturas debemos entender que es de suma importancia nombrar a aquellos que por sus actos debemos de juzgarlos.

Uno de estos personajes es justamente Rene Zavaleta Mercado quien teniendo como base fundamental al Marxismo al que lo había estudiado de manera exhaustiva, no se quedó conforme con solo ello, sino que también dedicó gran parte de su vida a desarrollar toda una serie de estudios, investigaciones, ensayos y la construcción de categorías teóricas para la mejor comprensión de esta teoría pero con una diferencia, la visión partiría esta vez desde los albores de los sucesos acaecidos en los países latinoamericanos. Estos a diferencia de los países Europeos o de la Rusia de 1917 claramente tienen una diferencia en cuanto en cuanto a la construcción de sus lazos sociales entre estado y población.

Indudablemente la década de los 50´ corta a puro filo la historia de nuestra nación, es sin el ánimo de equivocarnos la mejor muestra de la construcción de un proyecto de estado–nación en tiempos de democracia. Una democracia tal heredada por nuestros antecesores que si bien tendría sus defectos, aún sigue siendo el cimiento para las posteriores mejoras y modificaciones que se hicieron a la misma, incluso en esta más reciente década. Por otra parte, negar que seamos un estado con una democracia que apenas lleva unas cuantas décadas en su ejercicio y en su implementación sería llenarse de la falacia más ciega.  Este tipo de falacias están omnipresentes en las sociedades y en los estados que más se asemejan al nuestro, una democracia naciente y en formación que es claramente susceptible de cometer errores. Pero si algo hemos aprendido en estas circunstancias es que la democracia con todas sus palabras, es evidentemente capaz de ser modificada en aras de lograr la mejor situación para aquellos que la respetan y la acogen como parte de ellos mismos.

En este contexto hablar de la figura de Rene Zavaleta Mercado se torna indispensable no solo por sus esfuerzos para tratar de explicarnos la realidad nuestra desde una postura marxista, sino también por el tremendo esfuerzo que realiza en las formulaciones teóricas  que plantea, cuyo afán no solo es el de comprender la situación de Bolivia sino también la de nuestra América Latina. En este marco su aporte a las ciencias sociales es digno de ser destacado y más aún es menester el llevarlo a los distintos espacios de debate social, político e ideológico, porque si algo estamos aprendiendo en las sociedades de tinte sudamericano con andamiajes basados en el pensamiento europeo y norteamericano, es que la búsqueda y reencuentro con el pensamiento latinoamericano es una necesidad imperiosa a la hora de desentrañar las verdades nuestras como sociedades, como países distintos en territorialidad, pero iguales en necesidades y aspiraciones como grupos que desde siempre han sido relegados de lo que por derecho les tocaba.

El poder en su acepción más simple alude a esa capacidad de una persona o un ente que conferido de los permisos dados por los demás puede tener la capacidad de ejecutar y tomar decisiones que a simple vista pueden ser considerados como hechos en pro de la supuesta mayoría. Rene Zavaleta Mercado no se conforma con la concepción clásica de poder y da un salto más allá y partiendo de la revolución Rusa de 1917 muestra una maraña que allí se atrincheraba para no ser vista por los ojos comunes, esta es la dualidad de los poderes que se dan en las sociedades y mucho más en las sociedades susceptibles de lo que para esa época se esperaba “revolución” (sea esta burguesa o proletaria), casi haciendo un símil Rene Zavaleta Mercado quién desde su juventud ya había vivido las luchas de la revolución del 52´, los exilios, las dictaduras y casi en el ocaso de su existencia el retorno a la democracia a principios de los años 80.

En estas circunstancias es imprescindible hablar de la “teoría Marxista y la cuestión del doble poder”[1] algo que Rene Zavaleta Mercado vislumbró con demasiadas luces en la revolución de 1952, pero ya dando un salto en estas nuevas épocas y sus momentos constitutivos, debemos hacer carne del pensamiento de este autor porque la potencialidad de sus ideas no están trazadas atras pie de los hechos que han acaecido casi desde que nuestra sociedad logró recuperar la democracia, es decir, las nociones de dualidad del poder estánimplícitas en toda la historia contemporánea de este país y quizás en la gran mayoría de historias que se entrecruzan entre todos los que vivimos en el lado opuesto de la centralidad universal, esa que dice con un velo en los ojos, que nosotros somos los atrasados, los de la periferia o más comúnmente los subdesarrollados.

El gran aporte de Rene Zavaleta Mercado es el de haber visto como ojos latinoamericanos las riquezas y las miserias de nuestra sociedad, riquezas porque muestra en la historia grandes momentos como embriones que hacen a la construcción de una revolución que transforme los pilares de nuestras sociedades, y que estas hayan llegado a una culminación exitosa o que se hay mantenido en el tiempo, es motivo de otro debate, y miserias, porque también nos muestra que a pesar de ser sociedades con la fuerza y el coraje de llevar adelante grandes transformaciones para el bienestar de los pueblos y sus habitantes, no fuimos capaces de mantener hasta el final aquellas expectativas que en algún momento se tornaron en ejes de fortalezas inconclusas que fueron devoradas por las lógicas egoístas, por los intereses sectoriales y por la manipulación de fuerzas que hasta el día de hoy aun siendo externas tiran aún con fuerza los hilos de la historia de los países de este lado del mundo.

II

Rene Zavaleta Mercado hace un estudio minucioso de los escritos de Lenin en un primer momento y de Trotski en un segundo, que denotan la visión de lo que después entenderemos como dualidad de poderes:

“El doble poder –según Lenin—se manifiesta en la existencia de dos gobiernos: uno es el gobierno principal, el verdadero, el real gobierno de la burguesía […] el otro es un gobierno suplementario y paralelo, de ´control´, encarnado por el Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado, que no tiene en sus manos ningún resorte del poder, pero que descansa directamente en el apoyo de la mayoría indiscutible y absoluta del pueblo, en los obreros y soldados armados”

A primer golpe de vista, esta definición no contrasta demasiado con la de Trotski quien dice que: “la preparación histórica de la revolución conduce, en el periodo prerrevolucionario, a una situación en la cual la clase llamada a implantar un nuevo sistema social, si bien no es aún dueña del país, reúne de hecho en sus manos una parte considerable del poder del Estado, mientras que el aparato oficial de este último sigue aún en manos de sus antiguos detentadores. De aquí arranca la dualidad de poderes de toda revolución” (1987: 41-42).

Si leemos a contra luz estas afirmaciones, en primera medida encontraremos una falencia que es necesaria aclarar para evitar esas susceptibilidades que solo los ojos ciegos pueden afirmar que nuestra historia va de la mano con las visiones que están a años luz de nuestra realidad, pero que de todas maneras fueron y son sin duda alguna los faros para aclarar en mejor forma las vicisitudes de nuestra realidad social, en segunda, también es innegable que en nuestra realidad tal cual se ha manifestado desde nuestra incursión en democracia, y es que en muchas formas las sociedades nos parecemos seamos de una lado o del otro.

La dualidad del poder existe en realidad y a lo mejor en nuestra sociedad por nuestros hechos acaecidos somos los mejores expositores de esta. Este doble poder esta manifiesto en la parte del estado como entidad que ejerce un gobierno y un mandato, pero que también se solidifica en las fortalezas de los sectores de la sociedad que sustentan al poder establecido para llevar a cabo las aspiraciones de todo el conjunto.

El poder dual se describe como un hecho de facto y no como un hecho legal. El “segundo gobierno” es “un poder directamente basado en la toma revolucionaria del poder, en la iniciativa del pueblo desde abajo, y no en una ley promulgada por un poder político centralizado” (1987: 42).

Efectivamente la dualidad del poder debe de manifestarse en estas dos acepciones: la una el gobierno establecido como parte de la institucionalidad de un estado, y la otra; como aquel ente que capaz de manifestarse de manera férrea en la distintas expresiones del gobierno y por ende del poder, pero debemos tener en claro que ambas son dos nociones de tinte imaginario mientras no estén incrustadas en la conciencia de las sociedades. La construcción de otro estado implica la construcción del imaginario de la sociedad como tal, es decir, la coexistencia de la dualidad del poder implica la transformación del anterior estado establecido con anterioridad pero desde la visión de la revolución que es como ya sabemos la cambio total de lo ya antes existente, de otra forma aquellos logros solo llegarían a llamarse una reforma y creemos que a eso no se refería Rene Zavaleta Mercado.

Si consideramos que el Estado es una noción por fuerza abstracta, que unifica la diversidad concreta de sus elementos, se puede aceptar esta definición, porque el gobierno sería solo el Estado, noción estática, analítica,, puesto en movimiento; el gobierno sería la práctica del Estado. Pero si la dualidad de poderes se refiriera al partido, como germen o Estado potencial, siempre y en todo el tiempo que dure la democracia burguesa, allá donde exista un partido proletario más o menos numeroso y organizado habría dualidad de poderes. (1987: 48).

Ahora bien, convengamos en algo, la dualidad de poderes planteada de manera vigorosa por Rene Zavaleta Mercado es un punto innegable dentro de las sociedades, pero también convengamos en que Bolivia y los países latinoamericanos nos son la “Rusia Zarista” de 1917, ni tampoco los “Soviets” existieron por este lado del mundo. En cambio, ciertamente desde este espacio se han alzado en varios momentos de nuestra historia grandes movimientos marcados por una sola presencia, esta que hoy se conoce como los movimientos sociales. Entonces, en este siglo XXI se debe tatar de hablar de aquellos grandes conglomerados de hombres y mujeres que hacen a la agenda de los países que pretenden instaurar otra forma de entender la distribución del poder.

Este surgimiento de estos sectores no es casual, en el caso de Bolivia ya se veía viniendo desde décadas anteriores a la revolución de 1952, solo como en muchos de los casos estos fuegos fueron apagados por el egoísmo de los otros sectores que con avaricia histórica acallaron aquellas voces que más temprano que tarde lograrían hacer sentir los ecos de sus realidades.

Rene Zavaleta Mercado tuvo el acierto de plantear la dualidad de poderes que hasta el día de hoy la seguimos desentrañando por ser una de las mejores herramientas para entender muchos de los acontecimientos de esta Bolivia contemporánea. Con una salvedad, y es que Rene Zavaleta Mercado vislumbro el “poder dual” en el contexto de una sociedad naciente a la democracia con impulsos de nacionalismo y donde por cierto, existía una otro poder que se manifestaba en el poder obrero de los mineros (COMIBOL), seguramente Rene Zavaleta Mercado no se había imaginado que décadas posteriores el horizonte democrático en nuestro Estado lo habrían marcado los movimientos sociales, los campesinos, los indígenas, sectores relegados desde siempre, pero no por ellos mudos o desaparecidos.

En tiempos del siglo XXI la Bolivia que hoy conocemos ha logrado grandes avances en temas democráticos, pero hay algo que no debemos desconocer, y es que la dualidad de poderes sigue latente, pero con una marcada diferencia: el primer poder manifiesto en el Estado como asunción del gobierno existe y no es precisamente la cúspide de la “revolución del proletariado”, así mismo; el segundo poder también existe (manifiesto en los movimientos sociales), pero este viene convirtiéndose –si es que ya no lo es– en una “vanguardia”, y en este sentido la dualidad del poder se torna borrosa, porque es de criterio básico que si la primera ejerce el gobierno, la segunda ejerce o debería de ejercer una especie de contraofensiva, de otra manera no existe el “poder dual”, sino solo uno que se consolida trás los lineamientos del segundo, dejando de lado los otros sectores que en suma hacen al mismo estado abstracto.

Desde esta perspectiva la dualidad de poderes se ha transformado en una especie de pulseta entre vanguardias por los que quieren administrar las riendas del poder y aquellos que no quieren perder un centímetro de este. En este punto no debemos olvidar que sociedades como la nuestra no están inscritas en una sola línea cultural, sino todo lo contrario, y ya Rene Zavaleta Mercado nos aclaró con ese su clásico concepto de “sociedad abigarrada”, con la que podemos entender que no se trata deadmitir la existencia de las vanguardias, sino más bien, el fomentar la amplitud de lo que conocemos como sociedad, una creación de identidad que en muchos casos y el caso Boliviano no es la excepción, ya que o no se la tiene o se la tiene solo a momentos, y de paso solo en eso momentos en que nuestra sociedad se siente ofendida, agredida o solo cuando se llega niveles de ataque al orgullo nacional, que para terminar solo duran segundos o minutos en el menor de los casos. Si partimos de esta afirmación, pues entonces, la noción de masa se desvanece y las nociones de vanguardia quedan atrincheradas y en ese sentido perdemos todos los que somos parte de esta sociedad.

La masa es la sociedad civil en acción, o sea, un estado patético, sentimental y épico de unificación, pero ¿qué parte de la sociedad? Un marxista dirá inmediatamente que tiene sus razones para elegir la autodeterminación del proletariado en el seno de la autodeterminación de  las masas. Esto vale, sin embargo, para ciertas sociedades, y para ciertos proletariados. Lo que interesa es que, incluso un número no demasiado grande de hombres, con sentido de la concentración y algún grado de temeridad práctica, puede expresar tendencias que están escondidas en el “sueño” de la sociedad. (…) Una parte de ella quiere (querer equivale a “querer” de modo estatal, a una voluntad de poder) en nombre de otra o, de alguna manera, manifiesta lo que la otra contiene y no conoce aún. (…) De otro lado, cualquiera que sea la extensión de la masa, lo que importa es la recepción de su llamado de masa. (1983: 111-112).

En esta situación la noción de “poder dual” se torna compleja pero exquisita a la vez, porque si la “masa” es la sociedad civil en acción, pues desde hace más de una década que estamos en lo albores de esta, pero entonces, podríamos afirmar que existen distintas formas de “masa” en nuestra sociedad y cada una de ellas anda buscando reivindicar sus anhelos, o sea, existen en constante correlación distintas formas de dualidad de poderes que constantemente se están enfrascando en tensiones y así la noción de vanguardia de los sectores sociales tiende a diluirse mientras no se tenga plena conciencia de que el “poder dual” no se trata de dos poderes existentes legal y legítimamente.

III

Si bien la revolución del 52´es el punto de quiebre en nuestra historia que hace a un antes y después en términos democráticos, y además, es una de las piedras base para el análisis de Rene Zavaleta Mercado, no es menester dejar de lado que los sucesos acecidos en la más reciente década de nuestra historia muestran que la “dualidad del poder” tiene distintas facetas y con resultados ajenos a los que seguramente Rene Zavaleta Mercado no habría imaginado.

Por otra parte, olvidar la historia de nuestro país o pretender maquillarla o lo que es peor tergiversarla, solo demuestra nuestro profundo afianzamiento teórico extranjero que hace que en muchos de los casos, solo veamos la historia desde una única perspectiva. Si bien Rene Zavaleta Mercado usa categorías Marxistas para explicar la realidad social de Bolivia, tiene por bien hecho, el llevarlas a otro nivel que ahora nos toca analizar para re-comprender las diversas situaciones por las que pasa nuestra sociedad.

Rene Zavaleta Mercado nunca habla de una vanguardia, y si  lo hizo nunca lo manifestó de manera explícita o apuntando a los movimientos sociales que hoy marcan la vida política de este país, por tanto, comprender la noción de “poder dual” no implica visualizar a otro poder desde los sectores sociales que hoy y con todo derecho reclaman su participación en las decisiones de esta nuestra sociedad. Se trata más bien, de entrar en una franca construcción de una centralidad –si se quiere una “clase”– que no extirpe a las otras que también viven y conviven como grupos, como sectores, con sus necesidades y exigencias, en suma, sectores que también hacen parte de la “dualidad de poderes”.

Bibliografía

 

ANTEZANA, H., Luis, Dos conceptos en la obra de Rene Zavaleta Mercado: Formación abigarrada y democracia como autodeterminación. (Descarga junio 2016). http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/coedicion/olive/07antezana.pdf

NECERSIAN, Inés, 2013. El Pensamiento de Rene Zavaleta Mercado y sus principales contribuciones al campo de las Ciencias Sociales. X jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Buenos Aires. (Descarga junio 2016). http://cdsa.aacademica.org/000-038/154.pdf

OSSIO MENDIETA, Pablo Hernán, 2010. Marx, Kaldor, Thirwall y Zavaleta-Mercado. Algunos pensamientos sobre el modelo económico boliviano. Banco Central de Bolivia. https://www.bcb.gob.bo/eeb/sites/default/files/archivos2/D1M1P1%20Mendieta%20.pdf

PUENTE, FLORENCIA, Actualidad del pensamiento de René Zavaleta Mercado. (Descarga junio 2016). https://www.aacademica.org/000-096/555.pdf

ZAVALETA MERCADO, Rene, 1983. Las Masas en Noviembre. La Paz: Ed. Juventud.El poder Dual. Editorial Los amigos del Libro.

[1] Inés Nercesian nos aclara: Zavaleta publicó un texto célebre muyleído en campo de la izquierda El poder dual en América Latina, publicado porprimera vez por Siglo XXI México, en el año 1974. En efecto, en este texto seobserva un corrimiento desde el nacionalismo revolucionario a la utilización delesquema de reflexión y repertorio conceptual del marxismo. En el comienzo de sutrabajo Zavaleta sostiene que la teoría marxista del Estado y la cuestión del doblepoder es central en la coyuntura de los años setenta, y se ha convertido en unobjeto de discusión clave en el marxismo latinoamericano, en particular con lasexperiencias de la Asamblea popular en Bolivia y de la Unidad Popular en Chile.Tras un análisis detallado de las tesis de Lenin y Trotsky acerca del tema,Zavaleta analiza la “dualidad de poderes en Bolivia”. Sostiene que durante larevolución de 1952 la situación del doble poder existió como un embrión, pues sibien el movimiento obrero tuvo gran relevancia política representados por la COB,hegemonizó el sector burgués que estaba representado en el MNR. Zavaleta sostiene que la revolución de 1952 fue una revolución democrático burguesa.