Los perros en la Conquista de América

En esta entrada vamos a hablar sobre la utilización de perros por parte de los castellanos en la conquista de América y la importancia que estos tuvieron debido al miedo que infundían a los indígenas, los cuales no habían conocido nunca ese tipo de animal.

Hay que señalar que en América existían tres tipos diferentes de perros antes de la llegada de los españoles, a diferencia de los caballos, que si eran totalmente desconocidos en aquellas tierras. Existía el perro de las tierras árticas o esquimal, procedente de las costas de Asia, el perro de las praderas y finalmente los perros mudos o gozques que con frecuencia mencionan los cronistas españoles en el Caribe, México o Perú .Eran de pequeño tamaño e inofensivos y ni siquiera tenían la capacidad de ladrar.

Eran todos estos perros, aquí en esta e las otras islas, mudos, e aunque los apaleasen ni los matasen, no sabían ladrar; algunos gañen o gimen bajo cuando les hacen mal. Gonzalo Fernández de Oviedo.

Las comunidades amerindias empleaban al gozque como animal de compañía, alimento o destinado al sacrificio ritual a determinados dioses. Los españoles no tardaron mucho en incorporar a su dieta alimenticia a los gozques, que se añadieron al gusto gastronómico de los europeos en situaciones de escasez de avituallamientos. Para Guillermo Coma estaban muy buenos abriéndolos por el espinazo y tostándolos ligeramente”.  Para Fernández de Oviedo “El caso es que todos los españoles que lo han probado, loan este manjar e dicen que les paresce no menos bien que cabritos”. El consumo masivo de perros nativos tanto por los amerindios como por los españoles provocó su rápida extinción a los pocos años de la llegada de los españoles a América. 

A diferencia del gozque, los perros peninsulares eran de tamaño mediano o grande, de aspecto fiero y emitían ladridos. Fueron introducidos en América en el segundo viaje de Cristóbal Colón, en el año 1493. Fue el religioso Juan Rodríguez de Fonseca quien llevó a tierras americanas veinte perros, de las razas mastín y galgo. Rodríguez de Fonseca fue el encargado por parte de la Corona española para llevar la evangelización de la religión cristiana a los nuevos territorios.

Los perros españoles fueron utilizados por primera vez contra los indígenas al año siguiente de su llegada a América, en la isla de la Española. Y fueron muy importantes en el primer gran enfrentamiento contra los indios Caribe, el veinticuatro de marzo del año 1495, cuando Bartolomé Colón utilizó veinte perros para completar los doscientos hombres y veinte caballos que tenía para esa batalla.

A partir de ese momento su uso fue generalizado en todas las conquistas que los españoles realizaron en el Nuevo Mundo. Estos perros eran adiestrados para matar y despedazar a los indígenas. Las razas de perros españoles llevados a la conquista principalmente fueron los mastines, los lebreles (galgos), los alanos, los podencos y los sabuesos. Fueron elegidos perros de estas razas debido a su fiereza, valentía y gran capacidad de agarre, ya que estaban acostumbrados en España a luchar contra jabalíes y ciervos, a los que conseguían morderlos sin soltarlos, y además eran utilizados en espectáculos en los que se enfrentaban a toros bravos. Todas estas razas caninas estaban dotadas de una gran versatilidad y capacidad de adaptación a las nuevas condiciones, tratándose de un poderoso instrumento de ataque y defensa.

Los perros provocaban mucho miedo a los indígenas, ya que estos solían pesar unos cuarenta kilos, el peso medio de un indígena, con lo que cualquiera de esos perros mataba a un indio con suma facilidad. Los españoles se dieron cuenta del daño psicológico que la utilización de estos perros provocaba entre los indígenas, ya que al miedo que les producía se unía la vergüenza que luego sentían al verse derrotados por un animal:

“… los amerindios, bajo la “torva mirada y los inauditos ladridos de los perros”, quedaban totalmente aterrorizados y desconcertados.”

“Mucho teme el indio el caballo y el arcabuz, pero más teme al perro, que en oyendo el ladrido, no para indio”. Bernardo de Vargas Machuca.

“Perros enormes, con orejas cortadas, ojos de fiera de color amarillo inyectados en sangre, enormes bocas, lenguas colgantes y dientes en forma de cuchillos, salvajes como el demonio y manchados como los jaguares”  testimonio de varios indios relatado por el fraile Bernadino de Sahagún.

“los lebreles que traían consigo, que eran grandes” y “traían las bocas abiertas, las lenguas sacadas, e iban carleando”. Moctezuma.

Por tanto, desde principio de la conquista los conquistadores colocaron a los perros delante de la filas de tropas provistos con carlancas en el cuello, que eran gruesos collares de púas de hierro para proteger el cuello de los perros de los ataques de flechas envenenadas.

Además de como fieros soldados, los perros españoles tuvieron otros cometidos en tierras americanas. Uno de sus principales cometidos fue el de vigilancia de los campamentos que las huestes castellanas instalaban para dormir, evitando así ataques inesperados y nocturnos de los indios. Por otra parte, si algún indígena que se encontrara retenido en estos campamentos se escapaba, los perros eran muy eficaces para su rastreo y ataque. Debido a esa buena capacidad de rastreo, fueron también utilizados como animales de caza, algo que no les era nuevo, ya que lo hacían mucho en España.

…” yendo cierto español con sus perros a caza de venados o de conejos, un día, no hallando que cazar, parecióle que tenían hambre los perros, y toma un muchacho chiquito a su madre, y, con un puñal córtale a tarazones los brazos y las piernas, dando a cada perro su parte, y después de comidos aquellos tarazones, échales todo el cuerpecito en el suelo a todos juntos”. Fray Bartolomé de las Casas.

Estos perros eran también utilizados en la retaguardia con la misión de vigilar a los heridos y al personal que se quedaba en la misma y así prevenir posibles ataques. En la selva venezolana fueron utilizados en la expedición del año 1530 liderada por Nicolás Federmann, conquistador y explorador alemán de las actuales Colombia y Venezuela, en busca de las riquezas de El Dorado para defender a los exploradores de los ataques de jaguares y panteras.

Muchas veces debido a la humedad las escopetas, mosquetes y arcabuces eran ineficaces. Señala Machuca al respecto: “ya hemos visto en repentinas emboscadas no poder encender la cuerda, ora sea por la humedad o por la prisa, y otras veces, aunque lo estén encendidas, no tomar fuego el polvorín y ya que lo tomase no disparar el arcabuz por la humedad de la pólvora”. Entonces, los perros se convertían en fundamentales para rastrear a los indígenas y poder evitar así los ataques.

En algunos casos, las graves hambrunas existentes a veces en América a inicios del siglo dieciséis hicieron que los españoles sacrificaran a sus perros y caballos para poder comérselos. El caso más importante fue la expedición liderada por Gonzalo Pizarro, Gobernador de Quito, al País de la Canela, donde se sacrificaron novecientos cincuenta perros para poder alimentar a los españoles.

Existieron varios perros que se convirtieron en famosos tanto entre los indígenas como entre las tropas españolas. El más conocido fue Becerrillo, un alano grande de manchas de color negro y pelo rojizo que pertenecía al conquistador de Puerto Rico Juan Ponce de León y Figueroa, aunque pasó los últimos años de su vida con el Capitán Sancho de Arango. Tal era su fiereza que se decía que los indígenas preferían enfrentarse a diez soldados españoles que a él. Recibía ración de comida, a veces mejor que la de los soldados y sueldo equivalente al de un ballestero. Murió por una flecha envenenada en el año 1514 pero los españoles ocultaron su fallecimiento para seguir insuflando miedo a los indígenas.

le mataron los caribes, llevándolo el capitán Sancho de Aragón; el cual, por causa deste perro, escapó una vez de entre los indios herido e peleando todavía con ellos; y echóse el perro a nado tras un indio, e otro, desde fuera del agua le dio con una flecha herbolada, yendo el perro nadando tras el otro indio, e luego murió; pero fue causa que el dicho capitán Sancho de Aragón y otros cristianos se salvasen; e con cierto despojo, los indios se fueron”. Gonzalo Fernández de Oviedo.

Leoncillo fue un perro que se dice que era hijo de Becerrillo, propiedad de Vasco Núñez de Balboa, uno de los principales conquistadores castellanos de las primeras décadas de la conquista. Combatió en el Darién, al sur del actual Panamá, muriendo también envenenado. Otros perros de conquista famosos fueron Amadis, que combatió en Santa Marta y Bruto, propietario de Hernando de Soto, que luchó en La Florida.

El lebrel Amadís, viendo la caza, Bien como lobo dentro de cabañas, Unos derriban y otros despedaza Echándoles de fuera las entrañas. Juan de Castellanos

 Una vez que las conquistas en América acabaron y la mayor parte del territorio era controlado por los españoles, los perros pasaron de grandes aliados a un tremendo problema, ya que los veinte perros que llegaron en el año 1493 se habían reproducido por miles. Estos perros se escapaban y mataban al ganado y a los animales de caza,  “más perjudiciales para el ganado menor que lobos en otras partes”   Juan López de Velasco.

Entonces el monarca Carlos V sancionó una Real Cédula el siete de Octubre del año 1541, dirigida al Gobernador Francisco Pizarro y al licenciado Cristóbal Vaca de Castro, caballero de la Orden de Santiago y Consejero de Indias, para que prohibiesen en el Perú la existencia de “perros carniceros”. Esto provocó que los españoles empezaran a aniquilar al mayor número de perros de conquista posible.

Algunos no fueron asesinados sino reconvertidos a nuevas funciones sirviendo a  “españoles e indios en todos los usos que en España, como en la caza y en la guarda de las casas y heredades de sus amos” Bernabé Cobo. Paradójicamente, muchos de ellos salvaron su vida porque se convirtieron en fieles guardianes de algunos indígenas para su protección contra el abuso de los conquistadores.

 “ven a los ladrones y salteadores que andan de noche los negros cimarrones o lo que no son cimarrones o los mismos españoles y algunos indios ladrones”  Felipe Guamán Poma de Ayala.

El programa de radio de Juan Antonio Cebrián titulado La rosa de los vientos dedicó parte de un programa a los perros de conquista castellanos.

BIOGRAFÍA:

  • BUENO JIMENEZ, A. Los perros en la conquista de América: historia e iconografía.
  • GRODSINSKY, S.  Los perros en el descubrimiento y la conquista de América.
  • PIQUERAS, R.  Los perros de la guerra o el “canibalismo canino” en la conquista.

En la próxima entrada  contaremos la Guerra de las 100 horas, conocida popularmente como la Guerra del fútbol, entre El Salvador y Honduras, ocurrida entre el catorce y el dieciocho de julio del año 1969. Explicaremos el porqué de ese peculiar nombre, así como los elementos que llevaron a estos dos países fronterizos a entrar en conflicto armado y las consecuencias del mismo.